La ley anticorrupción

Todos arrugamos la nariz y echamos las manos para atrás cuando se habla de corrupción. Muchos justificamos nuestros delices y damos cincuentamil explicaciones, aunque sabemos que lo que está mal, simple y sencillamente está mal. No hay atenuantes ni forma de transformación. Sin embargo, no es lo mismo darle un billete a un oficial de tránsito que recibir millones de dólares para ser el beneficiaro de una concesión gubernamental. Claro, el mal entra por ranuras pequeñitas y avanza hasta convertirse en un mal que se roba el tres por ciento del Producto Interno Bruto Nacional.

La corrupción frena el desarrollo y afecta a las familias, al ciudadano de a pie, genera resentimientos y, sobre todo hace más grande la brecha entre los que todo tiene y los que carecen de todo. Además lo hace en forma ilegítima.

Corruptos hay en todos lados, la tentación ante el arca abierta es muy grande y se necesita una nobleza de semejante proporción para no caer en ella. Los dichos  populares son reflejos de la verdad que se vive: Pena es robar y que te atrapen. ¿Cuántos de los que arrugaron la frente, elevaron el dedo y señalaron envueltos de  indignación por actos de corrupción hoy son  motivo de escándalo? Basta echarle un ojito a los Papeles de Panamá para darse cuenta que en ese selecto grupo caben los de sangre azul, los de la farándula, los políticos, los santurrones, los que se dicen de manos limpias, las hermanas de reyes, los narcotraficantes y la lista sigue y sigue. 

No cabe duda, la corrupción es democratizadora. Todos la reprobamos y muchos disimulan hasta que los agarran con las manos en la masa. En Mexico, a diez días de que culmine el período  ordinario de sesiones, se discute la ley anticorrupción, que es una forma de empezar a limpiar la casa. Lo malo es que les dimos el trapeador y la escoba a los que menos les conviene que se limpie ese cochinero. La evidencia radica en que, a pesar de que es su obligación aprobar esta ley, ya la agarraron de moneda de negociación. 

Unos argullen unos motivos y otros se justifican con otros. Dicen que se pelean y en realidad están de acuerdo. La discusion de las reformas de corrupción son una forma de aliviar al enfermo, pero, ¿para qué curarlo si yo necesito el dinero?, dirán los herederos. Así las cosas, esperamos grandeza de miras en nuestros legisladores. Como en este México mágico todo puede   suceder, en una de esas nos dan la sorpresa y el Poder Legilsativo nos entrega una ley planchadita y lista para ponerse a trabajar. 

  
 

Menos plurinominales

El PRI se adelanta y salta al escenario político con una propuesta que Enrique Peña Nieto había hecho en campaña: reducir la representación plurinominal en ambas cámaras. El PAN dice que la idea era suya y la izquierda hace bizcos.
La representación plurinominal en las cámaras nace de la idea de dar voz a las minorías que dieron apoyo a los candidatos que perdieron en una elección. Se trata de salvaguardar a los pocos para que no se opaquen sus derechos ni se violenten las garantías. Así expresado suena violentamente romántico, justo hasta la medula, tanto así que hasta quisiéramos defender el concepto. La realidad es otra.
Como siempre sucede la cotidianidad es diferente al deber ser. Los abusos de los representantes de las cámaras, el sobre ejercicio de sus presupuestos, el abuso de sus cientas, las fiestas personales en recintos legislativos, las malas compañías hacen que me sienta poco representada por estos personajes por los que ni siquiera voté.
Escucho a José Woldenberg y a Jesús Silva Herzog y a muchas voces serias defender la representación plurinominal y es que el concepto no es malo, pero pienso en estos equilibristas que brincan de la Cámara de Senadores a la de Diputados, que nunca se han sometido a las urnas, que se han autodecretado bonos jugosos por no hacer nada, que se regalan relojes suizos por irse a dormir a sus curules, y lo único que puedo pensar es en apoyar la iniciativa del ejecutivo.
Si la mejor manera de predecir el futuro es mirar al pasado, lo más seguro es que estos legisladores se seguirán sirviendo con la cuchara grande y no se preocupen por un pueblo que ni siquiera votó por ellos, que ni los eligió y que con el que no tiene ningún vinculo.
Por ello, si me preguntan, yo votaré por la reducción de legisladores de representación plurinominal. Al fin y al cabo, no hay tal representación.

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La ignorancia es reversible

¿Tuvieron alguna vez un suéter que se podía usar lo mismo por el derecho que por el revés? Yo sí y lo amé mucho. Era padrísimo porque te ponías el lado que más te convenía según los colores que habías elegido para ese día. Bueno, pues imagino que algo así piensan los maestros en México. Si están frente al aula ponen exámenes, pero si se trata de que se los pongan a ellos la cosa cambia.
El magisterio que es una de las labores más heróicas, sublimes y, es justo decirlo, más menospreciada, hoy se ensucia y sale a las calles, asfixia las avenidas del centro y del oriente de la ciudad, secuestran el Palacio Legislativo y dan el peor ejemplo del mundo. No nada más porque en vez de parecer un gremio de maestros parecen de apaches, también porque no predican con el ejemplo.
¿Será que no hay nadie que les diga que aquello que les genera las ganas de protestar es absurdo, ridículo e incongruente? Especialmente incongruente. Ellos aplican exámenes,¿ por qué no hacerlos ellos? Pero no oigo a ninguno de nuestros representantes decírselos.
¿Por qué no quieren presentar exámenes? Tienen miedo. Lo entiendo. Las pruebas dan miedo. Pero yo recuerdo a mis maestras de primaria, Miss Úrsula y Miss Sarita que me decían: ¿Tienes miedo? Estudia. ¿Por qué no quieren estudiar los maestros? ¿No quieren reprobar? Estudien. Tienen hasta tres oportunidades para pasar las evaluaciones. Me parece mucho más desgastaste salir a las calles, agarrarse a patadas con los policías, plantarse en la explanada de San Lázaro, padecer el sol y la lluvia, comer mal, no tener a dónde ir al baño, que tomar un libro entre las manos y ponerse a estudiar para el examen.
Además, se supone, son maestros porque tienen un llamado, porque la vocación les ha brotado del alma y les gusta enseñar, ¿qué hacen tan lejos de las aulas? ¿Por qué diputados y senadores no se fajan los pantalones y aprueban la reforma educativa que merecen nuestros niños y jóvenes? ¿Por qué el jefe de gobierno del Distrito Federal tolera tantos desmanes y despropósitos? No entiendo.
Lo que no entiendo es que nadie se entere de que la ignorancia es reversible. Reversible también quiere decir cambiar de estado, regresar de un estado a otro. Si los maestros tienen miedo a exponer su ignorancia, si sienten pánico de reprobar un examen, tal vez sea porque nadie les ha explicado que su ignorancia es reversible y pueden volver, con solo estudiar, al estado que originalmente los llevó a pararse frente a un aula: Saber algo que pueden enseñar.
He sido maestra. He dado clase y se lo que es que de repente te agarren en curva, que te pregunten algo que no sabes o que encuentren un error en tus exposiciones. Pero, también se que eso se remedia estudiando. Un maestro siempre estudia. Un maestro de verdad jamás se aleja de los libros. En el momento en que lo hace deja de serlo. Le abre la puerta a la ignorancia y la sienta en el lugar de honor. Pero…, incluso ese terrible acto de soberbia se puede remediar. Es reversible. ¿Cómo? Estudiando. Haciendo eso que en el salón de clases le exigimos a los alumnos. Si, sin duda la ignorancia es reversible. La soberbia, por desgracia, es inflexible.

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