Maduro, el insostenible

En la imagen se ven tres cajas de trailer, una amarilla en el centro y dos color celeste que están atravesadas sobre los carriles de una autopista. Frente a estos estorbos, hay una especie de malla anticiclónica y en tres carriles hay unos bloques de concreto. La fotografía muestra una vista aérea de la frontera entre Cúcuta, Colombia y Táchira, Venezuela. Está bloqueada para impedir el paso de ayuda humanitaria. La mente preclara que pergeñó semejante idea es la de Nicolás Maduro.

Como sucede en estos tiempos, en las redes sociales hay muchos simpatizantes del régimen chavista en México. Elevan el puño a favor de la revolución bolivariana y cuando alguien opina en contra de Nicolás Maduro se rasgan las vestiduras y gritan que todo esto se debe a los abusos y al aislamiento al que se han visto sometidos por el enemigo maldito que representa Estados Unidos. Para ellos, el mal está en el exterior y es culpa de los yankees todo lo malo que pasa en Venezuela. Es ese cruel cerco económico, igual al que le impusieron a Cuba, lo que los tiene así.

Pero, si entre Castro y Chávez había grandes diferencias; entre Castro y Maduro hay una fundamental: astucia. No imagino a ningún mandatario que goce de sus facultades mentales alegar que el envío de alimento y medicina sea una provocación. El fundamento que los que apoyan al sucesor de Chávez tienen, es decir culpar al bloqueo económico del extranjero de la precaria situación venezolana, se las acaba de tirar Maduro a base de arrogancia y falta de sensibilidad. Si Maduro se hubiera tomado el tiempo de leer a Maquiavelo, se habría enterado que lo peor que puede hacer un mandatario es tener con hambre al pueblo.

Imagino a Maduro como esos changos que agitan el avispero seguros de que van a conseguir miel y no se dan cuenta de lo que están provocando. Mientras en México unos apoyan a Nicolás Maduro a la distancia, hay venezolanos que están enfermos y no tienen medicina, hay hambrientos a los que se les está negando alimento. No se puede tapar el sol con la sombra de un ideal bolivariano. Simón Bolívar ya se habría levantado en armas para liberar a Venezuela, esa era su naturaleza.

Hoy, la diplomacia trata de arreglar lo que Maduro descompone. No se trata de apoyar a Guaidó, se trata de ver las razones del pueblo venezolano al que no hay necesidad de bloquearlo desde el exterior. Su presidente ya lo está haciendo. Maduro está bloqueando la entrada del convoy de ayuda humanitaria, habrase visto. Esa posición es insostenible.

Expulsar diplomáticos

Parece que España resuena al mismo ritmo diplomático que México. Allá, igual que aquí, declararon al Embajador de Corea del Norte persona non grata, es decir, ya no es bienvenido en tierras nacionales. En diplomacia, cuando un extranjero es catalogado así, la persona está impedida de seguir en ese territorio. Es la calidad de censura más seria que cualquier nación le puede dar a un individuo, es la sanción máxima que un extranjero se puede ganar. Como la acción de la diplomacia es tender puentes de entendimiento, este tipo de acciones son muy raras. Por eso, en México nos resultó muy extraño ver que se hiciera uso de semejante recurso. Nos sorprende más, dada la tradición de relaciones exteriores de nuestro país.

La explicación no nos convenció del todo. Aparentemente, tanto en España como en México no se ve con buenos ojos el avance militar y los estallamientos de bombas. Si Corea del Norte está haciendo pruebas nucleares, una cosa es reprobar la práctica y otra muy diferente es correr al embajador. Por supuesto, se abre una ventana de sospecha que nos pica la curiosidad. Más aún, cuando España hace lo mismo. ¿Pues, qué andarían habiendo estos señores? ¿Estarán involucrados en prácticas reprobables en territorio nacional?

Extraña porque sólo México y luego España han expulsado al embajador de este país. ¿Será que vamos a la vanguardia de una fila de paises que harán lo mismo? Ni Macron ni Merkel han hecho ecos y de Trump, mejor ni hablamos. El presidente de Estados Unidos se la pasa graznando amenazas terribles y en Asia ya nadie le cree nada. Pero, ni los estadounidenses que han sido foco de burla constante, se han puesto tan delicados. 

Me pregunto que habrán estado haciendo estos sujetos.

La visita inesperada

El día de ayer, recibimos en la capital de la República Mexicana una visita inesperada. Los mexicanos nos enteramos con horas de anticipación que el señor Donald Trump venía al país . La primera reacción fue elevar las cejas, ¿a qué viene este sujeto? y enseguida nos enteramos que acudía a una invitación hecha por el Presidente Peña. Entonces sí que nos fuimos para atrás. La información no la emitió el vocero de la presidencia, quien nos dio cuenta de semejante noticia fue la  oficina de campaña del Candidato Republicano. Al principio, parecía una broma pero la confirmación llegó a través de tuits tímidos que nos decían que el señor sería recibido en Los Pinos. Nos quedamos con quijadas al suelo.

La pregunta persistió, ¿a qué viene este señor? y se añadió otra: ¿por qué lo invitamos? Las respuestas a la segunda pregunta van desde la conveniencia de ir limando asperezas con un hombre que posiblemente despache en la Oficina Oval hasta imaginar que vendría a escuchar como le pediríamos cuentas por tanto insulto proferido por una boca deslenguada. También, cabe la posibilidad de que el Presidente Peña haya querido expresarle de viva voz que los mexicanos somos gente buena, trabajadora, industriosa y hacerle notar lo difícil que le sería la vida a los estadounidenses si se bloquea la relación con su principal socio comercial. A lo mejor quiso presentarse como una figura protectora de los connacionales que viven allá. Es posible que se hubiera gestado la idea de que al hablar con este señor sobre la grandeza de nuestra nación, pudiera germinar algo de buena voluntad y reconociera lo equivocado que había estado. No, nada de eso sucedió.

Trump se reunió con el Presidente Peña, hablaron y luego dieron una conferencia de prensa. El presidente le dijo al candidato que no había forma de que México pagara un muro y el candidato dijo que los mexicanos eramos buenas personas. ¡Bravo! Las criticas a la diplomacia mexicana resuenan por doquier. Son tan evidentes que lo único que me llama la atención es imaginar quién fue el cerebro brillante que aconsejó semejante despropósito y, me pregunto, en qué momento pensó Enrique Peña que esto podía ser una buena idea. Pudo serlo, pero no lo fue. Con la popularidad por los suelos y el desprecio que se le tiene a Donald Trump en este país, se cocino una receta pésima. Aunque, a decir verdad, siguiendo la teoría de Sun Tsu, al enemigo hay que tenerlo cerca. Ahí podemos justificar al gobierno mexicano.

Sin embargo, la pregunta persiste a pesar de que Trump ya se fue. ¿A qué vino? Escucho muchas voces decir que si esto hubiera sido un partido de futbol, la Presidencia de la República resulto goleada. No estoy de acuerdo. A Trump tampoco le fue bien. Se exhibió como un tipo hipócrita. Un ignorante que no sabe de geografía: no se enteró que en México también estaba en suelo norteamericano. Un asno petulante e ignorante. Un cobarde. A pregunta expresa sobre quién pagaría el muro, se achicó y dijo que no se había tocado el tema. ¿Por? ¿Qué no es ese uno de los bastiones de su campaña? Tal vez le tuvo miedo a Enrique Peña y por eso prefirió hacerse el disimulado. Se achicó y en vez de sostener que tenía intenciones de hacernos pagar, se reservó y cuando se sintió en territorio seguro, fue a Phoenix a gritar que de este lado nos tocaba solventar los gastos del muro.

En términos generales, la visita inesperada de Trump fue una patada innecesaria. No se le debió haber invitado, menos un día antes de la entrega del Informe. No hubo un impacto positivo, al menos no a corto plazo. A la distancia, Hillary Clinton acaricia al gato. Con la boca llena de razón dice: ” Un año de insultos no se borra con unas horas de palabrerías” ¿Adivinen quién ganó? El galimatías no esta fácil de resolver.


 

Cuba y Estados Unidos, ¿buenos amigos?

Por cincuenta y seis años, Cuba y Estados Unidos supieron ser muy buenos enemigos. Tanto en lo político como en lo comercial, estas dos naciones fueron peor que perros y gatos. Los sistemas antágonicos de ver el mundo hacían que la estrecha distancia entre la Península de Florida y la isla fuera inmensamente más grande que los metros que en realidad la separan.

A los cubanos les tocó apechugar embargos, sustos, declaraciones y ellos reaccionaron con coqueteos al comunismo poderoso, que durante la Guerra Fría, era como estar seduciendo al demonio. Estados Unidos vio en la isla una amenaza, un bastión enemigo en los umbrales de su territorio. Por años, pensar en el Caribe era olvidarse de Puerto Rico y sentir dolores de cabeza generados por un General cada vez más viejo que fumaba puro pero sabía meter el dedo en las llagas más sensibles. 

Ayer, Kerry estuvo en La Habana para reabrir las puertas de la embajada estadounidense en territorio cubano. No es poca cosa. Es algo tan simbólico que esa puede ser la seña por la que se recuerde a la administración de Obama. La ceremonia tuvo un detalle que es preciso resaltar. Los mismos marines que bajaron la bandera de Estados Unidos hace 56 años fueron los mismos que ayer la izaron y la pusieron a ondear. Dos hombres blancos y un afroamericano que ya no lucían jóvenes pero sí con ese porte que da el uniforme militar, repitieon el acto que hace tanto tiempo marcó en el mundo una de las enemistades más encarnizadas del mundo, sólo que ahora fue al revés. ¿Se podrán revertir los sentimientos alojados en el imaginario de ambas naciones por casi seis décadas? Veremos.

Obama se alza con un éxito. Lo imposible se logró. Los límites se superaron y las fronteras se conquistaron. ¿Sí? Quién sabe. Todo es muy lindo frente a los medios de comunicación. Por lo pronto, gracias a Obama, la bandera de las barras y las estrellas ondea en el mar Caribe en la Isla de Cuba. La amenaza china está neutralizada, por lo pronto. Lo de la amistad es otro tema. No hay que echar campanas al vuelo.

Recuerdo que cuando era chica y me acercaba a mi papá a pedir un permiso imposible, él muerto de risa me decía: Sí, claro. Te doy permiso cuando Cuba y Estados Unidos sean amigos. O sea, nunca. ¿Será que ahora  conseguiría el permiso de mi padre? No lo creo. Cuba y Estados Unidos todavía no son amigos. Basta revisar las declaraciones de Fidel Castro en el periódico Granma de ayer para darse cuenta de lo que digo. El general revolucionario quiere que Cuba sea indemnizada por los años de embargo. ¿Será por eso que Kerry no durmió en la isla y sólo hizo una visita de doctor?

No, Cuba y Estados Unidos no son amigos, todavía. Están iniciando un camino que está lleno de fantasmas y está mal pavimentado. Hay que limpiar muchas cosas y recomponer otras. Sin embargo, creo que es muy posible que al final de su administración, el Presidente Barack Obama, pise territorio cubano y en una de esas, hasta se quede a dormir.

  

El discurso de Netanyahu

¿En qué piensa un hombre cuándo pronuncia un discurso en contra de su anfitrión? Con la sensibilidad de un hipopótamo y pensando que estaba haciendo una gracia, el Primer Ministro de Israel fue a pronunciar un discurso frente al Congreso Norteaméricano. Se le abrieron las puertas del Capitolio y arremetió contra la política estadounidense con respecto a medio oriente. La intención de los repúblicanos al externderle la invitacion a Benjamín Netanyahu era clara, querían hacerle pasar un dolor de cabeza al Presidente Obama. Los motivos del israelita estaban a la luz, hacía campaña proselitista aprovechando los reflectores que le daba la tribuna de Capitol Hill para llamar la atención mundial.

Hay que decir que lo logró. Sin embargo, no siempre que se llama la atención se genera un efecto positivo. Los votantes en Israel estallaron furiosos al ver a su representante pronunciando un discurso nada diplómatico en contra del Presidente de su principal aliado en el mundo. Sin el apoyo norteamericano, el Estado de Israel tendría serios problemas. Eso lo saben todos, especialmente los que se encuentran en una situación tan vulnerable como la que viven los habitantes del territorio israelí. Si así, con todo y el apoyo norteamericano, sufren ataque terroristas y gracias al respaldo estadounidense, lo que ellos hacen encuetra miles de disculpas, sin ese apoyo la circunstancia geopolítica sería muy diferente.  

Evidentemente, el discurso no cayó simpático en la Casa Blanca. Obama dijo en forma diplómatica que no lo pudo ver y que sólo leyó la transcripción. También dijo, y es verdad, que Netanyahu no hizo ninguna propuesta que generara valor. En pocas palabras, el Presidente de los Estados Unidos le dijo al Premier Israelí, veniste a gritar a mi casa y no trajiste nada que valga la pena. Un desastre de la diplomacia de Israel en voz de su Primer Ministro.

Con el discurso, no ganó Obama, que fue regañado en su propio territorio, no ganó Benjamín ya que sus votantes despreciaron sus palabras y generó todavía más encono de Medio Oriente. ¿Quien ganó? Creo que nadie. Ni siquiera los republicanos que tronaron en aplausos para el señor Netanyahu. Digo que ni ellos, ya que así se ponen en evidencia. Contratan personajes para que le falten al respeto a una figura del Estado Norteamericano. Sus votantes no son tontos y ponen atencion. Ese gesto, tal vez travieso, les puede costar muy caro.

Un mensaje diplomático

De niña, por el trabajo de mi papá, tuve la suerte de convivir con mucha gente que trabajaba en la Secretaria de Relaciones Exteriores. Conocí diplomáticos de carrera y también a gente que llegó ahí por los avatares típicos de la política mexicana que le ha gustado usar a la cancillería como receptáculo de personas a las que no se sabe dónde colocar. De inmediato se notaba la diferencia entre unos y otros. Los embajadores de escuela son personas que se distinguen por su trato, sus buenas formas y esa habilidad para decir las cosas más terribles, siempre con una sonrisa, con claridad y contundencia pero dejando una sensación de que a pesar de todo, la armonía imperaría. Los improvisados, los que llegaron a Relaciones Exteriores por recomendaciones o por razones diferentes a las del mérito, generalmente cometían errores que los diplomáticos serios tenían que arreglar.
El arte de la diplomacia, porque es un arte y de eso ni duda cabe, es la capacidad de decir la verdad sin causar alarma. La regla de oro es “Todo se puede decir y hay que hacerlo de la forma más adecuada”. En el ambiente de las relaciones exteriores forma es fondo. México tiene escuela y prestigio en estos terrenos, por eso al ver el actuar de ciertos funcionarios de la Secretaria de Relaciones Exteriores siento preocupación.
Hace poco escuché al subsecretario De Icaza decir en una reunión con inversionistas europeos que México está en paz. De Icaza no es un improvisado, tiene años desempeñandose en estos terrenos ¿qué le pasó? El secretario Meade se reúne con el cuerpo diplomático, da instrucciones para presumir al país, para invitar inversionistas, para informar que ya se hicieron las reformas necesarias y que todo quedó más que bonito para que vengan a emprender con su dinero en un país cuyo mejor atractivo es que aquí reina la concordia. ¿Y eso? Por su parte el presidente Enrique Peña Nieto instruye a embajadores, cónsules y demás gente en el servicio exterior para que salgan al mundo a cantar las preces y loas de lo bien que el PRI está haciendo las cosas por medio de su gobierno. Bueno, ¿en qué quedamos? ¿Dónde viven? ¿En qué están pensando?
La importancia de decir todo en la forma más adecuada, es que al hacerlo se pretende generar confianza y evitar suspicacias. En el pasado, era fácil tapar el sol con un dedo, dorarle la píldora a la gente de afuera y presumir que en territorio nacional todo eran maravillas. El país estaba según el humor del señor Presidente. Si el señor Presidente valoraba que todo estaba bien, entonces todo estaba bien y sus operadores se encargaban de hacer parecer que así era. Piensen en los tiempos de Díaz Ordaz o de Echeverría. Los estorbos se retiraban y el polvo se escondía debajo del tapete. Hoy, eso no es posible.
Mientras Peña, Meade, De Icaza van repitiendo discursos sobre la calma del país, el periódico español El País le da ocho columnas a la violencia que reina por acá:México enfrenta una guerra en Michoacán. Parece que del otro lado de la península están más enterados de la situación de nuestro país que nuestros propios gobernantes.
De la manera más diplomática que puedo, señores funcionarios, les pregunto ¿Qué no están enterados del enfrentamiento abierto entre narcotraficantes y grupos de autodefensa? ¿Qué no saben que los maestros están inconformes y en varias ocasiones han tomado las calles de la capital de la República perpetrando actos vandálicos? ¿Ya se les olvidó que el día de la toma de posesión del Señor Presidente, hubo disturbios? Me preocupa que la gente que debiera estar al tanto de estos detallitos no lo esté.
Les recomiendo que se den una vueltecita por los caminos de Michoacán, o por los de Guerrero, o que recorran las autopistas del país, elijan el rumbo que quieran para que vean lo ridículo de su discurso. Decir que México está en guerra es grave, que lo reporte un medio extranjero es peor, que nuestros funcionarios ni se enteren es desastroso. Al verlos, recuerdo a los tres chiflados, un trío de cómicos que en su bobería no captan las señales de lo que está sucediendo a su alrededor. El resultado de su despiste era la risa de su audiencia. Lo alarmante del despiste de nuestros funcionarios es que ellos no dan risa, causan preocupación.
Se les olvida que los ojos del mundo, hoy, pueden llegar hasta el último rincón y darse cuenta de la realidad. Un diplomático de verdad acentuaría las grandes oportunidades que se han abierto a partir de las reformas y presumiría los planes que el Gobierno llevará a cabo para combatir la violencia. Eso les ganaría respeto. Me preocupa que el plan para abatir la criminalidad, el narcotráfico y los problemas del país, sea ignorarlos.
El mensaje diplomático del gobierno mexicano es débil ya que tiene una falla estructural, no refleja la verdad. ¿Y si en lugar de salir a presumir la casa, primero la limpiamos? ¿Si en lugar de pasarle el trapo por dónde ve la suegra, le metemos las manos en serio a los problemas para resolverlos? ¿Si en lugar de decir lo que no es, mejor decimos la verdad y nos concentramos en lo que sí es cierto? Eso sería un verdadero trabajo diplómatico, ¿no creen?

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Antipáticos y soberbios

En un mundo global como en el que vivimos, cruzar fronteras es lo natural. Nos dicen Las líneas territoriales se han vuelto tenues. Nos mienten. Son delgadas para ciertas mercancías y en ciertas direcciones, en otras se elevan murallas kilométricas para evitar los cruces indeseables. Es decir, si un país rico le quiere vender a uno pobre, las facilidades para pasar de un lado a otro deberán de darse sin complicaciones, en el sentido inverso habrá dificultades arancelarias, aduanales, tramites, impedimentos físicos y si ninguno de los pretextos anteriores sirve, entonces habrá sospechas.
No debería ser así, pero en este mundo tan desigual, eso es lo que pasa. Claro, hay de fronteras a fronteras. Hay líneas que no se deben traspasar por ningún motivo, aquellas que involucran el honor, las buenas costumbres, la lealtad entre socios, la confianza entre vecinos, la ayuda entre pares. Cuando se cruzan estas líneas, sin alertar, se comete traición. El que avisa no es traidor. En el momento en que se descubre una traición, especialmente si el traidor no se lo espera, si lo agarran con los dedos en la puerta, lo lógico, lo decente sería pedir una disculpa lo más sincera posible y tratar de dar una explicación de lo que llevó a perpetrar esa mala practica. Si no se puede alcanzar la sinceridad, por lo menos una de dientes para afuera. Eso se llama diplomacia. Así se empieza el camino para recomponer algo que está mal.
Sin embargo, la soberbia hace que se actúe al contrario, que se trate de justificar lo que esta mal hecho enarbolando la bandera del bien común. ¡Patrañas!
El presidente Calderón fue espiado mientras estaba ejerciendo el cargo por agencias de inteligencia norteamericana. Lo supimos, otra vez, gracias a Snowden. ¿Así tratan los estadounidenses a su socio comercial? Sí, así lo trata. Mejor saberlo que ignorarlo.
Con estos sujetos no hay méritos que valgan. Felipe Calderón cooperó, hasta llegar muy cerca de los limites de la sumisión, con las administraciones estadounidenses. No ha habido otro presidente que pusiera tanta disposición a cooperar, que abriera las puertas de las agencias mexicanas al servicio de las del vecino del norte. No, no ha habido otro y ni así les satisfizo. Espiaron a Calderón.
¿Qué quiero decir eso? Evidentemente, no nos tienen confianza. Sin novedad al frente, mi general. Ya sabemos que los gobiernos estadounidenses son paranoicos, desconfiados, que viven aterrorizados por el terror, por la probabilidad de que alguien les llegue a perturbar la paz en su territorio, y tantos otros miedos que van prorrateando, a veces en serio, a veces por conveniencia.¿Hay justificación para cruzar esas fronteras? No. Nada justifica el espionaje, si quieren saber algo, que pregunten. La vocera de la Casa Blanca hizo muy mal al tratar de justificar esos procederes. Mejor callados.
Pero ¿qué sucede si a un niño lo atrapas con las manos en la masa haciendo una travesura y no lo castigas? Lo volverá a hacer, una y otra y otra vez, hasta que las consecuencias de sus actos provoquen una reacción que lo orille a no repetirlo jamás. Si no, lo seguirá haciendo. Lo mismo sucede en la diplomacia. Al enterarse el gobierno mexicano de que su entonces candidato a la presidencia, hoy nuestro flamante presidente, fue espiado, el secretario de relaciones exteriores ni siquiera alzó las cejas. No. Así no es.
En cambio, Dilma Rousseff montó soberano escándalo cuando se enteró de qué ella fue espiada, en Francia, por practicas similares, el embajador de Estados Unidos fue llamado a la Quai d’Orsay a rendir explicaciones. Acá, cero y van dos veces que nos enteramos de que a nuestros vecinos les gusta poner el ojo en la cerradura de nuestros personajes y nuestros diplomáticos piensan que ellos están para tomar té y vivir del presupuesto.
¿Dejarán de espiar a Brasil y a Francia a raíz de estas acciones? ¡Claro que no! Pero se siente bonito que la gente haga el trabajo por el que se le paga.
El presidente Obama, célebre Premio Nobel de la Paz, debería de hacerse cargo de la situación. Cuando un poderoso abusa flagrantemente de un débil genera resentimiento. El resentimiento en el fondo de su esencia es un ya me las pagaras, y un resentido no olvida. ¿Para qué instilar estos sentimientos? ¿Para vivir paranoicos?
Así como nosotros debemos de enterarnos de que nuestros vecinos son desconfiados y metiches, ellos deberán saber que se han vuelto unos antipáticos. Que las prácticas que se deciden desde Quantico o desde el edificio Hoover afectan a ciudadanos de Oklahoma o de Nueva York, tarde o temprano. Que la soberbia engendra odios que estallan contra inocentes.
Tal vez, en lugar de salir a justificar las prácticas que son imposibles de tolerar, la vocera de la Casa Blanca debió guardar un prudente silencio, debió ser su jefe el que diera la cara. Es mucho pedir y es evidente que la tan esperada disculpa no llegará. A pesar de que los atraparon con las manos en la masa, estos sujetos no se disculparán con el mundo por sus malas prácticas.

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Metiches

No representa ninguna novedad decir que a los Estados Unidos les gusta espiar. Todos sabemos que a los yankees les fascina meter la nariz en todos lados. No en vano tienen tantas agencias de inteligencia. No sorprende enterarnos que Enrique Peña Nieto fue sometido a un proceso de espionaje mientras era candidato a la Presidencia de la República.
Lo que sí sorprende es la mesura con la que la Cancillería reacciona ante el asunto. En Brasil tan pronto como la cadena O Globo dio a conocer que tanto Enrique Peña Nieto como su actual presidenta, Dilma Rousseff, fueron espiados, llamaron al embajador para que rindiera explicaciones del incidente. En cambio aquí, el canciller Meade dice que entre diplomáticos se sabe que todos los países espían y que esas prácticas suceden. Eso es cierto, como también lo es que esas prácticas son ilegales. No se trata de rasgarse las vestiduras porque escucharon las pláticas de un ciudadano cualquiera, se trata de que se vulneró la privacidad de un probable futuro mandatario de una nación amiga. Además no entiendo porque Obama recurrió a prácticas tan desleales. Estoy segura de que si le hubiera preguntado a Peña lo que quería saber, él se lo hubiera dicho, sin necesidad de pasar la vergüenza de haber sido balconeado por Snowden, otra vez.
A Obama le truena en la mano el cuete de la vergüenza internacional por ser metiche. A este destacado Premio Nobel de la Paz, uno de sus soldados lo pone en evidencia y le muestra al mundo que este hombre con sonrisa perfecta, hace cosas indebidas. En pocas palabras lo agarraron con las manos en la puerta y se machucó. La postura de los brasileños es levantar la voz y decir ¿Por qué rayos metes la mano ahí?, la del canciller Meade es la de una madre bondadosa que le dice al chiquillo malcriado, sana, sana, colita de rana. Eso es prácticamente darle permiso de que lo vuelva ha hacer.
Meade llama a cuentas al embajador Anthony Wayne y este no ha acudido. La explicación de la Secretaría de Relaciones Exteriores es que tenemos tan buenos lazos de amistad con los Estados Unidos que no hay necesidad de elevar el tono. A mi me parece que hay mucha necesidad de elevarlo.
Si el tonto blandengue se debe a las buenas relaciones de ambos países, imagínense lo que sería si fueran malas. No en balde se dice que la confianza apesta. Si así es como nos quieren, ya me imagino porque no los quieren hacer enojar ni con la menor solicitud de una justificación.
No, no es novedad que los Estados Unidos anden de metiches y quieran saber hasta lo que no les corresponde. Sin embargo, el hecho de que sean por todos conocidos sus prácticas de inteligenciano significa que deban de ser justificadas.
Me parece que, ahora que Enrique Peña va a ver a Obama en la reunión de San Petersburgo, no estaría mal que le preguntara que más quiere saber y así le quita la tentación al presidente metiche, de volverse a poner en vergüenza, ¿o, no?

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Hillary Clinton

Pocas personas pueden comparar su trayectoria con la de Hillary Clinton. Dejó su escaño como Senadora para fungir como Primera Dama de Estados Unidos, fue precandidata presidencial, participó en una campaña reñídisima para lograr la candidatura de su partido; una competencia histórica: los demócratas estaban por decidir si llevar a la primera mujer o al primer negro a la silla presidencial. Perdió la dama y se convirtió en la secretaria de estado del hombre que la derrotó. Un reto nada sencillo de encarar. Le habían dejado la casa muy desordenada. Era más fácil equivocarse, hacer mal las cosas que tener éxito. Hillary lució e hizo lucir a su jefe. Es una mujer brillante. Inteligente. Astuta. Experimentada.
Durante los cuatro años de su gestión, la diplomacia de los Estados Unidos enfrentó grandes tareas, con una visión coherente y mesurada. Hillary Clinton en control y cómoda. Asumió el cargo, de forma natural, con un país sumido en un par de guerras que iban perdiendo, con una sociedad temerosa, con resentimiento mundial y con China como un tigre asiático, grande, hambriento y en crecimiento.
Su trabajo lo dio dimensión y estatura. Es un ícono. Tomó el toro por los cuernos, tendió puentes, se alejó de las recriminaciones, restauró y comenzó a tender puentes políticos para restaurar las fisuras de los años en que las administraciones anteriores decidieron enemistarse con el mundo.
Clinton cree en el liderazgo norteamericano, lo ha dicho, también cree en restablecer la confianza, en construir alianzas internacionales, en la diplomacia por encima de las armas, en que la paz duradera se refuerce. Es una mujer con una estructura mental práctica. Tiene visión de estado. Atiende al presente y no se olvida del largo plazo.
Ahora dice que se retira. Esta mujer inquieta, que no se dejó seducir por los titulares de los periódicos, por la opinión de los especialistas, por los chismes de las revistas de corazón o amarillistas, que no se dejó influir por las encuestas de popularidad y que supo administrarse para alcanzar los objetivos que se planteó, deja la oficina.
Hillary Clinton dice que se va a su casa, que quiere disfrutar de ser abuela. Algunos dicen que se quiere recuperar de achaques de salud. Los mal pensados dicen que se va a preparar para suceder a Obama en el 2016. ¿A quién le creemos? Creo que la trayectoria de esta talentosa mujer aún no ha acabado. Estoy segura de que habrá más Hillary Clinton.

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Florence Cassez libre

Se ha ordenado la liberación inmediata de Florance Cassez. La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia acordó por mayoría de 3 votos otorgar a la francesa un amparo liso y llano para que sea liberada de inmediato, por las graves violaciones a sus derechos de presunción de inocencia y debido al proceso irregular al que fue sometida.

La ministra ponente Olga Sánchez Cordero, cambió el sentido de su proyecto, que proponía amparar a Cassez para que se le dictara una nueva sentencia, y propuso su liberación inmediata mediante un amparo liso y llano que deje en libertad de inmediato a la ciudadana francesa sentenciada a 60 años de prisión por secuestro y delincuencia organizada.

“En el ánimo de construir una resolución en este asunto, retomaría mi posición inicial, sobre los efectos y propongo cambiar los resolutivos de mi proyecto, propongo un amparo liso y llano”, dijo después de escuhar las posturas de Arturo Zaldívay y Gutiérrez Ortiz Mena.

Me imagino lo feliz que están Florence Cassez, sus padres, el cuerpo diplomático francés y los detractores de Genaro García Luna. Me imagino, con mucha precisión, lo que sienten las víctimas de secuestro.
No sabemos, jamás sabremos si está resolución de la Suprema Corte, abona a la justicia o no. No lo sabremos porque la evidencia fue muy manipulada, se le privó de derechos que le permitieran al juzgador tomar decisiones objetivas.
Me parece terrible que una mujer inocente haya permanecido ocho años en la cárcel. Me parece indignante que una secuestradora salga a la calle, con una pena condonada que debió cumplir. El delito de secuestro es grave. Causar tanto dolor no tiene nombre. Causarlo a personas inocentes es imperdonable, seas quien seas.
Yo no se si Cassez es inocente o culpable. Ella sí. Sí que lo sabe. Lo que sí se es que en este caso eso es lo de menos. No tendremos acceso a la verdad. Me gustaría saberla. Lisa y llana, como el amparo que le fue otorgado.
Los delitos que le imputaron son muy graves y aunque no lo fueran, lo mejor sería conocer lo que realmente sucedió. Por ella, ya que jamás se nos quitará la duda de si fue capaz de torturar como dicen que lo hacía, su nombre estará asociado en el inconsciente colectivo con el de delincuentes, en su caso siempre quedará la sospecha de que no fue un acto de justicia sino de favores diplomáticos. Sí, lástima por ella. También por las víctimas que hoy no se sentirán arropadas por la justicia, que tendrán miedo de topársela algún día, que se preguntaran cómo pudo suceder algo así, que sin duda estarán acongojadas y temerosas.
Caminará libre Florence Cassez por las calles de México. ¿Qué revelará su mirada? ¿Injusticia, dolor, arrepentimiento, alivio, resentimiento? Tal vez en su mirar esté la clave de la verdad. Ustedes, ¿qué piensan?

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