La deuda de los estadounidenses 

Relacionar dos puntos que no tienen nada que ver y hacerlos concurrir en el mismo escenario trae resultados sorprendentes. Especular alrededor de datos inconexos puede servir de poco aunque nos lleva a reflexionar sobre realidades que otros no ven. Por ejemplo, qué tiene que ver el incremento récord en la deuda de tarjetas en Estados Unidos con el liderazgo que Donald Trump ejerce desde la Casa Blanca. Puede ser que nada, que imaginar un punto de contacto entre estos dos datos sea forzar las cosas, o puede que lleguemos a conclusiones sustentadas.

Mi hipótesis es sencilla. Me parece que el pueblo estadounidense no está deteniéndose a pensar. Se cree lo que le dicen sin pasar por el filtro de la reflexión más sutil. Les dicen, por ejemplo, que un país extranjero pagará la construcción de infraestructura en su propio territorio, un muro, y no les explican ni cómo ni cuándo. Les venden crédito caro y lo compran sin recordar lo que sucedió con su sistema financiero por no saber administrar sus deudas.

Desde lejos, pocos entendemos cómo es que Donald Trump llegó a la presidencia de los Estados Unidos. Tampoco entendemos cómo es  posible que los niveles de deuda con tarjeta de crédito hayan superado el hito ominoso de 1.02 billones de dólares al mes de junio, rompiendo el registro establecido justo antes de que el modelo se colapsara en 2008.  Vemos a un pueblo   estadounidense que no quiere ver al futuro, conformándose con un presente que vibra como bomba de tiempo y está por estallar.

Vemos un pueblo estadounidense algo ingenuo que va arrastrando alegremente sus saldos en tarjeta de crédito, mes con mes, cocinándole el caldo gordo a los bancos que están haciendo el negocio más lucrarivo gracias a la credulidad. Nos da ternura escuchar a un presidente que es aclamado por los ineducados, mientras el vociferante les espeta en la cara su falta de preparación.

La deuda de los estadounidenses alarma a los que vemos lo que está sucendiendo por allá. Las alertas en el tablero de control ya se encendieron desde enero. Puede ser coincidencia, puede que no tenga nada que ver, pero las señales están ahí desde los primeros días del año. Todos miramos a Estados Unidos con nerviosismo. La palabra que nos angustia se llama incumplimiento. No podrán cumplir lo prometido. Ni el señor Trump, ni aquellos que sacaron la tarjeta y la deslizaron felices. No queremos ver lágrimas. Ahí están los signos. Puede que, al final, sí sean datos concurrentes.

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Cuando prometer sí empobrece

La fórmula es muy efectiva, se expone una situación muy compleja, se proponen soluciones muy sencillas y se promete felicidad. Eso se llama populismo. Es sumamente atractivo. La intuición nos lleva a pensar: tan fácil como lo presentan no puede ser, sin embargo, incluso la gente más brillante cae en la trampa y cree. ¿Por qué? Por que se juega con la esperanza.

El caldo de cultivo que propicia el éxito populista es el cansancio de un pueblo. Si alguien promete aligerar la carga, la gente acepta, aunque en el fondo sabe que eso es imposible. En el juego perverso, se prometen los anhelos más acariciados, los deseos más generalizados para luego aventarles la realidad como plato fuerte.

Cuando escuché el discurso de Alexis Tsipras, no pude mas que elevar las cejas. Me parecía tan complicado de realizar aquello que prometía que no dejó de llamar la atención. ¿Cómo le va a hacer? Efectivamente, los griegos  viven una situación que los llevó a creer más allá del análisis, los llevó a votar por la ilusión de conseguir lo imposible, los llevó a poner en una situación extrema al Banco Central Europeo y a la zona euro en su conjunto y a cuestionar seriamente a los líderes de los países integrantes. Muchos llegaron a pensar que desde Grecia vendría una transformación de la geografía económica y que ellos le plantarían cara a los poderes fácticos del mundo.

No sucedió así. Como siempre, la cuerda se reventó por lo mas delgado. Las medidas, que puedieron ser más suaves, ahora se han endurecido y la postura encabezada por Tsipras llevó a los griegos a padecer el flagelo de la realidad lisa y llana. No es posible reducir al absurdo la complejidad de un problema que involucra a actores tan diversos. No es creíble que quien despilfarró vaya a trasladarle la deuda al que sí tuvo cuidado con lo suyo. Si alguien ofrece soluciones simplísimas y promete sonrisas, no queda de otra, hay que sospechar.

Las promesas de Tsipras empobrecieron más a Grecia, por eso dimite. No pudo sostener su palabra, no hay forma de hacerlo. El discurso contestatario se diluye ante la realidad, ¿y la esperanza de la gente? No se vale. Hay promesas que sí empobrecen, más allá de los bienes materiales.  Hay que tener cuidado al elegir en quien ponemos nuestra confianza.

  

El tiempo de Grecia

Dice el Fondo Monetario Internacional que el tiempo de Grecia se acabó. Las oportunidades para negociar y renegociar su deuda se acabaron y el país ha sido declarado en mora. ¿Qué quiere decir todo eso? En realidad, eso es lo que el mundo está a punto de descubrir, es la primera vez que un país de este nivel incumple con sus obligaciones en los setenta años de vida del organismo, sin venir de una crisis o de enfrentar un desastre natural. Así que las repercusiones reales apenas las vamos a conocer. Técnicamente, la consecuencia del incumplimiento en el pago es que se le restringen los fondos hasta que los compromisos hayan sido cumplidos. Es decir, hay que pagar para volver a ser sujeto de crédito.

La paciencia de Christiane Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional y de Angela Merkel se agotó. Pagas o te vas, parece ser la consigna. Basta de conseciones, llegó la hora de enfrentar las consecuencias de los dispendios y los gastos excesivos. Pero la paciencia de los griegos también llegó al límite, en las últimas elecciones votaron en contra de la austeridad y a favor de un candidato que prometió menos limitaciones, menos sujeción a los bancos centrales y una política de cara al pueblo. También estamos a punto de saber qué significa eso.

La moratoria declarada a Grecia nos enseñará muchas cosas.  Aprenderemos lo que provoca ir en contra de organismos tan poderosos. Por lo pronto, la bolsa griega cerró operaciones y los bancos no abrieron sus puertas. Tsipras grita a voz en cuello que no tiene miedo y urge a los ciudadanos griegos a votar en contra de las exigencias de los acreedores. Amenaza con dejar la eurozona y llama a votar en el referéndum del próximo fin de semana. 

La gente está dividida. Salen a las calles, unos siguen apoyando a Tsipras, otros quieren aceptar las medidas y reformas exigidas por los acreedores. Piden la dimisión del gobierno y sí tienen miedo de que sus ahorros se evaporen y la economía griega se desintegre. La situación es delicada y afecta a todo el mundo. Esto es la globalidad y lo que pasa allá afeca acá. Por eso, hay todo tipo de iniciativas para salvar a Grecia, hasta un intento de crowdfunding que propone donar tres euros para reunir los mil seiscientos millones que se debieron pagar ayer. No está mal, en dos días han reunido cuatrocientos ochenta y cuatro mil euros, casi una tercera parte de la deuda total. 

Tampoco es que Grecia tenga la exclusividad en la historia de incapacidad de pago, Alemania misma en 1932 dejó de pagar indemnizaciones tras la caída de Wall Street. México en los últimos años del gobierno de López Portillo reconoció, en voz de su Secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, que no había condiciones para cumplir con el pago de la deuda. La diferencia es que en ambos casos siempre hubo una manifiesta voluntad de sujetarse a las condiciones, asumir las consecuencias y obedientemente cumplir. Es decir, se pidió una disculpa sentida, se asumió el regaño y se acató el castigo. Sí, también se recibieron apoyos y se tuvo aue pagar por ellos. 

Ahora, vamos a ver que pasa cuando el niño no obedece. Ya se pasó el momento de las advertencias y la autoridad ya levantó la mano. Grecia está a punto de recibir nalgadas y el mundo de ver qué va a pasar. Ciertamente, como cuando escarmientan a un hermano, el sistema familiar sufre en su conjunto, así el mundo va a padecer junto con Grecia, sea cual sea el resultado del referéndum.

El tiempo de Grecia, en cierta forma ya se acabó y en otra apenas va empezando. Nos toca aprender el significado de estos tiempos y ver las repercusiones. 

  

Las deudas de la izquierda mexicana

La izquierda en México le queda a deber a la sociedad. Parece una constante: justo cuando creemos que va a brillar, se opaca. Ya no nos parecen chistosas sus ocurrencias y las interpelaciones que se escuchaban en voz de Porfirio Muñoz Ledo, que tanto nos divirtieron, hoy suenan tan lejanas, tan ajenas. No nos gusta el desacato en el Congreso, nos molestan las tomas de tribuna y la mayoría pensamos que existen mejores formas de expresar desacuerdos e inconformidades.
Pero la izquierda en México se queda atisbando lo que pudo ser y no es. Me evoca la imagen de una pequeñita que se para de puntitas para ver lo que sucede al otro lado de la ventana, no tiene estatura para elevarse por sí misma. La evidencia de sus compromisos a medias, toman Reforma, molestan a la ciudadanía con campamentos abandonados en los que no hay quien esté al frente. Se anotan al clientelismo que tanto critican y forman alianzas que únicamente ellos entienden. No hay claridad de miras ni solidez en sus valores.
Tuvieron la oportunidad de oro de formar un camino amarillo entre el Distrito Federal y el Pacifico, una ruta turística en la que se desarrollara industria , se generara empleo y se dibujaran círculos virtuosos desde la Ciudad de México hasta Acapulco o Zihuatanejo. La perdieron. Los gobernadores de Guerrero y Morelos al igual que el Jefe de Gobierno pertenecen al mismo partido. En teoría hablan el mismo idioma y no hay impedimentos políticos que se interpusieran en tan buen afán. ¿Qué sucedió?
Guerrero vive momentos de angustiosa ingobernabilidad, el Gobernador Aguirre expone sin pudor su incompetencia y habla de las nulas capacidades que tiene para contrarrestar los efectos del crimen . El Gobernador de Morelos, estado de la eterna primavera, Graco Ramírez tiene indices delincuenciales sorprendentemente altos. Por los caminos del Sur da miedo andar. No se diga escarbar la tierra, todo el territorio se volvió una fosa clandestina. En vez de aprovechar los atributos de los rincones más bellos del mundo, los ensucian y los hacen peligrosos, ¿así cómo?¿A quién le van a echar la culpa los señores de la izquierda? No han dado evidencias de saber administrar el poder, han quedado muy por debajo de la expectativa. Sin embargo, hay gente que todavía les tiene fe, hay huestes fieles que no se han cansado de esperar a pesar de las evidencias . Gente de bien que todavía confía. A ellos es a los que la izquierda mexicana les debe más. ¿Cuándo pagarán con buenos resultados esa deuda ?

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Un regalito para los banqueros

Vaya, vaya. Parece que los banqueros recibieron un regalito que en realidad es un gran obsequio. El gobierno federal se pone generoso y reparte dádivas. Los banqueros se frotan las manos y sonríen. La convención de banqueros de México tiene una cereza en el pastel: la iniciativa de reforma financiera que hoy se presentará al congreso.
Muy bonito, dicha reforma contempla, entre otras maravillas, facilitar al acreedor el cobro de créditos mediante el embargo precautorio de bienes del deudor. Por si fuera poco, que caray, la generosidad del ejecutivo da para eso y para más, también hay que otorgarle más derechos al acreedor, especialmente si son bancos, quė importa que los bancos estén en manos extranjeras, que los deudores sean mexicanos. Eso es lo de menos.
Hay que proteger al acreedor que cobra intereses de agiotista y crearle tribunales especializados en temas mercantiles y otorgarles la capacidad de señalar bienes para liquidar el adeudo. El chiste es facilitar el cobro en caso de incumplimiento. El deudor, desde luego, es lo de menos.
¿Qué no aprendimos la lección? Ya se nos olvidó lo que nos pasó a principios del sexenio de Ernesto Zedillo. Departamentos vacíos, abandonados que perdieron valor, enormes estacionamientos de los bancos con autos embargados que se hicieron viejos, se echaron a perder y ni le sirvieron a Dios ni al diablo. Mal negocio hicieron los bancos que perdieron e hicieron perder. ¿Qué no tenemos ojos para ver lo que está pasando en Europa? Cambiaron el ganar-ganar por el todos pierden.
No se trata de fomentar el incumplimiento de las deudas. No. El que adquiera un compromiso debe honrarlo. Si pides, paga. Pero el problema es que los bancos ofrecen créditos a diestra y siniestra sin estudiar a su deudor, no se fijan si tendrán o no capacidad de pago. En una visión de corto plazo, colocan crédito caro, especialmente tarjetas y luego a embargar.
Sí, sin duda la gente que contrata créditos, que gasta más de lo que puede, tiene que pagar, pero quė hay de los que irresponsablemente reparten deuda como si repartieran volantes en la calle. Tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. Acreedores y deudores son cómplices. ¿Por qué cargarle la mano a un sólo lado? Y sobre todo, ¿por qué al más débil?
Si la vulnerabilidad se castiga en México, que mal trabajo están haciendo nuestros representantes. Ojalá que diputados y senadores tengan memoria y recuerden lo que nos pasó hace veinte años, si no estuvieron ahí, pregunten. O bien, échenle un ojo al mundo y vean.
No es así como se resuelven los problemas.
Los banqueros que se están frotando las manos deberán ser cautos. A lo mejor el regalo se les convierte en manzana envenenada. ¿Quién les dijo que embargar es buen negocio? Miren la banca española, no trae muy buenos números después de tanto desalojo.
Privilegiar la caución por encima del arreglo, de la negociación, es un grave error. Me parece que banqueros, autoridades, deudores y la sociedad en general, ganan más en una mesa de negociación que en un tribunal.

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Chipre

Desde España se observa a Chipre, esa pequeña isla del Mediterráneo, mitad europea, mitad asiática, puerta continental, que también tiene sus problemas. Chipre es muy Europa, según los economistas y eso es raro, lo es más incluso que la propia Turquía que tantos esfuerzos ha hecho por pertenecer a la liga del Euro, sin lograr su admisión.
Chipre debería ser puente entre Europa y Asia pero se volvió un corral. Tiene los ojos de Rusia puestos en ella, una buena parte de su territorio está ocupado por los turcos y además alberga dos bases militares británicas.
Los bancos en Chipre están a punto de quebrar. Dicen que los que deben no tienen para pagar. Los acreedores exigen su pago. Las deudas se deben pagar, de eso ni la duda cabe. Sin embargo es chistoso como la exigibilidad en unos casos es más demandante que en otros.
Los ingleses dejaron como legado del imperio británico las bases de Acrotiri y Dhekalia y no han pagado renta desde los años setenta.
Si los chipriotas en lugar de autorizar impuestos al ahorro en la isla, cobraran a los ingleses lo que les deben, con recargos y actualizaciones, estoy segura de que se aliviaría bastante la situación de este pequeño país.
Por eso yo digo, que los que deben paguen, que paguen todo y bien. Las cuentas entonces ya no le gustan tanto al Imperio.
Chipre es un caso extraño, de hibridación y choque de culturas. Griegos y musulmanes, dos formas diferentes de ver al mundo, de entenderlo. Dos maneras de encuadrar la vida. ¿Cómo resolverá la isla sus problemas?

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