Manifestación de taxistas

Ayer, igual que muchos capitalinos, no pude llegar a trabajar. El bloqueo que los taxistas hicieron paralizó la Ciudad de Mexico. Nos pasó lo mismo que Madrid, Berlín y otras ciudades europeas en las que la queja contra las compañías como Uber, Cabify o Didi. Parece que no les gusta la irrupción de la tecnología y que quieren privilegios en vez de competir en un mercado libre.

Fueron años de maltrato, de mal servicio, de autos sucios, choferes groseros, mal manejo, abusos. Y, aunque las plataformas empezaron muy bien y ahora ya no tanto, el problema está en otro lado. El clientelismo le aprieta el cuello a la Jefa de Gobierno. Sabe que parte de du cantera de votantes pagó por una placa para ser taxista. Sabe que muchos gremios de taxistas gozan de las prerrogativas de la lealtad y no sabe como abordar el problema. Pero, a decir verdad, no es la única que no sabe que hacer.

Ayer, escuelas, universidades, institutos, empresas decidieron seguir la vida como si en la Ciudad de México no pasara nada. Se exigió a estudiantes, profesores, trabajadores, ejecutivos acudir a sus lugares de trabajo o estudio poniendo en riesgo a la gente y contribuyendo a aumentar en nivel de problemas.

Hubo personas que se levantaron temprano para ir a clase de siete de la mañana o para empezar su labor y que pasaron diez horas paradas en sus autos sin poderse mover. Fue un absoluto desperdicio de tiempo, una calamidad, una frustración enorme que se aparejó con la angustia de una sanción por no haber llegado. Ya no hablemos de las emergencias.

Entiendo, hay empresas que no pueden parar y pérdidas que nadie quiere asumir por una razón más próxima a la sinrazón. Pero, hay otras que debieron parar: las instituciones educativas debieron proteger a maestros y estudiantes en vez de abonar al problema. Vi camiones escolares parados por horas y horas con niños desesperados y aburridos. Supe de madres que se quedaron atascadas en el tráfico por querer ir a rescatar a sus hijos.

Claudia Scheinbaum dijo que un porcentaje menor al uno por ciento son los quejosos y lo declara casi orgullosa. Me apena ver su incompetencia, si ese es el porcentaje ¿por qué no tuvo la capacidad de negociar con tan poquitos taxistas? Paralizaron la ciudad y el costo social fue muy alto.

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