Dos ancianos en la foto: Trump y Kelly

En la fotografía aparecen dos ancianos sentados debajo de un cuadro con la figura de George Washington. Es el Presidente Trump presentando a su nuevo Jefe de Gabinete, el General John Kelly. Ambos visten trajes oscuros, camisas blancas, ambos peinan canas, uno teñidas y el otro muy escasas, casi no tiene pelo.  Ninguno de los dos tiene experiencia política y están en el pináculo del poder. ¿Qué hacen ahí? Nos preguntamos, nos preocupamos.

Como chivo en cristalería, el señor Trump ya se descabezó a Sean Spicer que tuvo un triste andar como portavoz oficial y ni hablar de Scaramucci que en unos cuantos días hizo de la vulgaridad su bandera, de la bajeza su modo de gestión y del vértigo su escalera al infierno. Tal vez por eso, el ceño adusto del general Kelly nos intrigue. ¿Qué pensará su patrón?

Me imagino que un hombre con mano dura es lo que se necesita en el Ala Oeste de la Casa Blanca para pinerle un bozal al primer mandatario estadounidense. El desorden que traen allá es difícil de dimensionar. Tal vez sólo lo lograremos medir el nivel del desastre cuando el terremoto haya terminado. Si es que queda algo cuando pase el temblor.

Por lo pronto, ahí se ven dos ancianos sentados, dando la cara al mundo que los mira con asombro. El rostro del general Kelly se ve agrio, serio, de pocos amigos. Su patrón hace la boca de chancla, una mueca detras de la que se oculta una sonrisa. Enhorabuena al general Kelly, esperemos que no lo alcance la tormenta y que su transitar bajo la tutela de Trump tenga mejor ventura que el de otros que lo han dejado todo por seguirlo. Al tiempo, ya veremos.

El que busca encuentra (Homenaje a los padres de María Bárbara Reyes Muñíz)

Reza el dicho: el que busca encuentra. Buscar es complicado, es desgastante y sobre todo, tienen grandes cantidades de angustia y frustración. Las búsquedas tienen etapas, la primera es darte cuenta de que has perdido algo, es el momento en el que recibes el golpe que te dolerá hasta que pase una de dos cosas, encuentres lo perdido o sepas con cierto grado de certeza lo que sucedió con aquello que se perdió.
Hay de pérdidas a pérdidas, no es lo mismo perder las llaves que perder el coche. No es igual perder algo por descuido que si te lo han robado. No hay comparación posible cuando se ha perdido a una hija.
María Bárbara Reyes fue secuestrada en agosto de 2011, sus captores pidieron rescate y jamás volvieron a saber de ellos. Los padres empezaron a buscarla. En esta etapa, en la búsqueda, pasa de todo, se necesita ayuda, tiempo, dinero, paciencia. Por lo general, todo eso siempre escasea, falla y se acaba. En el caso de los padres de María Bárbara pudo más el cariño que el desanimo, la perseverancia que la desesperación. Su empeño no conoció el límite del ya no puedo más.
Solos, con sus propios recursos, emprendieron una campaña en redes sociales, con carteles, con volantes, con investigaciones, pistas, visitas a uno y otro lado.
Buscaron durante 618 días, por fin, ayer les entregaron sus restos. Lo triste es que las autoridades del Estado de México tuvieron el cuerpo de María Bárbara durante meses y no lo reportaron. No fue mala voluntad, es el reflejo de la desorganización que existe. La iniciativa de los padres venció ese monstruo de miles de cabezas que en su gran desorden pierde de vista la parte humana, que mezcla osamentas de una persona con otra, que no sabe dónde ubicar nada, que todo pierde, que poco ayuda.
“La tristeza y la angustia por la incertidumbre han terminado, en el universo queda un hueco por tu ausencia que no se podrá llenar pero hoy en el cielo están gozando de tu presencia”, se lee en el portal de Facebook de Lourdes, la madre de María Bárbara Reyes Muñiz.
No sabrán. Pues el estado en el que les entregaron los restos lo hace imposible, no sabrán las causas que le dieron muerte a su hija de dieciséis años. Por lo menos tendrán una tumba en donde llorar su ausencia, antes ni eso tenían. Mata más una falsa esperanza que una cruda realidad. La familia de María Bárbara ya sabe qué pasó. Lo malo es que no saben por qué pasó.
La Procuraduría reconoció irregularidades en la identificación del cuerpo al llegar al Servicio Médico Forense de Cuautitlán Izcalli.
¿Encontraran justicia? La respuesta de Alejandro Reyes, padre de la chica, genera decepción. “Dudo que aquí se pueda encontrar justicia.” Por desgracia, tengo que estar de acuerdo con él. Si no recibieron la ayuda elemental para encontrar los restos mortales de su hija, si su cuerpo fue tratado con tanto descuido, no nos queda más que la evidencia de que el proceso para alcanzar justicia no pueda estar muy organizado.
Pero el amor de estos padres que buscaron, que desafiaron al sistema, que no se desanimaron ni perdieron la paciencia, finalmente alcanzó su objetivo. El que busca encuentra. Mi admiración y máxima solidaridad con esta familia.

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