Desilusión

En el mundo de al revés, las cosas suceden en sentido contrario de como se esperan. Así, cuando se debería de estar festejando un triunfo, en realidad se está llorando un luto o cuando la alegría debiera fluir, lo que brotan son lágrimas.
No podemos negar que el actual gobierno empezó a tambor batiente con un pacto político que, en teoría, logró que se dejaran intereses personales a un lado para ver por un México mejor. Se firmaron consensos y se fijó la visión de un plan a largo plazo para tener un país que por fin cruzara las puertas del desarrollo. Lo que se veía imposible se logró, se consiguieron las alianzas para las reformas que planteó el ejecutivo. Todo iba viento en popa y no nos quedaba más que festejar.
Pero, la vieja estructura comenzó a rechinar. Algo, en lo profundo estaba mal y no era posible ignorarlo. Tal como sucede cuando van a llegar las visitas y se avienta el cochinero al clóset y se cierra la puerta a fuerzas, así arreglamos al país en los primeros meses de gestión de la actual administración.
No está mal meter cosas al clóset, siempre y cuando se regrese a arreglarlas. Pero si el puerquero se olvida, no se desintegra, ojalá , pero así no funcionan las cosas. Lo que sucede es que se forma un caldo de cultivo efervescente que estallará en forma escandalosa tarde o temprano. Generalmente, explota en el peor momento: cuando menos lo esperamos, cuando estamos tan distraídos que ni las manos podemos meter.
Ya nos estalló el cochinero del clóset, ya salió toda la podredumbre hija de la corrupción y la impunidad, del clientelismo y el disimulo, de la conveniencia y la comodidad. Resultó ser más maloliente e infecciosa de lo que creíamos.
Nos vendieron un horizonte promisorio y nos ganamos otra desilusión. Otra vez somos los Moiseses que vemos a lo lejos la Tierra Prometida, otra vez algo salió mal y no logramos llegar. La puerta del clóset se abrió y vomitó la incontenible suciedad. Hizo evidente la infección mortal. Sí, sí, ¿y, ahora?
Matar al paciente enfermo, efectivamente acaba con la enfermedad, pero no es una buena solución. Apostar por la destrucción es mala idea. Aquí todos podemos levantar el dedo y juzgar y regodearnos viendo lo que todos hacen mal. Sin embargo, eso no ayuda a México. Con tanta desilusión, la rabia es mala consejera.
Ojalá nos pudiéramos poner a trabajar y cada uno, desde nuestras trincheras, lográramos limpiar nuestros regaderos particulares en vez de seguir regando basura.
En México ha habido los dos escenarios, los de violencia y agitación prolongada , basta echarle un ojo a la historia del país para darse cuenta y, también ha habido paz y tranquilidad. Los mexicanos sabemos vivir en orden y serenidad. Es nuestra mejor apuesta.

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De Lance Armstrong y de Walmart

La noticia se robó las ocho columnas: Lance Armstrong admite, después de años de haberlo negado, que se dopó, que usó sustancias prohibidas y peor aún, que cuando lo hacía no sentía que estuviera haciendo trampa porque todos competían haciendo lo mismo. Y todavía peor, lo negó y lo negó hasta que no pudo más. En entrevista con Oprah Winfrey, Armstrong salió del closet. Y ahí va, un héroe al desfiladero.
Trece años después de subir al podio en los Juegos Olímpicos de Sydney, Lance Armstrong fue despojado de sus medallas. No será invitado a los festejos del Centenario del Tour de France. El prestigio se convirtió en vergüenza. Le dijo a Oprah que tomó decisiones equivocadas y que estaba ahí para reconocerlo. Es un poco tarde, ¿no creen? Admitir públicamente su culpa después de años de negarlo con firmeza y en ocasiones con violencia, parece algo fuera de lugar. Especialmente por lo que este hombre representó. Fue un ejemplo de fortaleza, un sobreviviente que alcanzó la salud y tuvo éxito. Un superhombre que llenó al mundo con sus emblemáticas pulseritas de caucho, que todos usamos, para ayudar a los enfermos con cáncer. Su proceder manchó a la fundación Armstong y a la verdadera noble labor que llevan a cabo.
Más que el dopaje es la mentira reiterada lo que hace que brote el enojo, la decepción y el sentimiento de traición de todos los que le creímos una y otra vez cuando dijo que no, que él no se dopaba. Ahora resulta que siempre sí. El héroe al hoyo.
Con Wal-Mart sucede algo similar. Esta empresa es caso de estudio en muchas universidades del mundo como modelo de crecimiento, expansión y rectitud. Y no. Resulta que no. Que la gran cadena de tiendas tiene una red de corrupción sobre la que ha sustentado su crecimiento. El éxito se nubla ante la evidencia: en los periódicos nos enteramos de que la honorable cadena agarró a billetazos a varios funcionarios delegacionales para abrir un Sam’s Club cerca de la Villa y ya ni hablar del escándalo por los sobornos repartidos para abrir otra tienda en el área de Teotihuacan. Ahí las implicaciones ensucian a actuales gobernadores, funcionarios y ex funcionarios de dependencias municipales y federales, parece que hasta el INAH recibió donativos sin factura.
No se trata de decir que Wal-Mart sí es honrado, pero, al país que fueres hay que hacer lo que vieres. Tampoco se trata de algo menor o focalizado en el territorio nacional. Este es un problema grave para la empresa pues el 20% de sus puntos de venta se encuentran en México y parece que para cada apertura ha habido que incentivar a la autoridad a tomar la decisión en favor de la cadena de tiendas.
Abusos y corrupción.
Pero ellos se dicen honrados. El primer principio de gobierno corporativo de Wal-Mart es: ” actuar con ética e integridad “. Es el primero, el que da sustento y viabilidad a su negocio, según se lee en la pagina electrónica de la empresa. Y ya ven.
Lance Armstrong no admitía su proceder. Wal-Mart tampoco. Armstrong ya confesó. La cadena de autoservicios no.
A mí me entristece. Yo le creí al ciclista cada vez que negó el dopaje, me enojé por el acoso que denunció en su contra. Yo fui de las que defendí a Wal-Mart, diciendo que en México se critica a las empresas que quieren generar empleos y derrama económica. Sin embargo, no me gusta poner la cara y defender un tema para que luego me salgan con que, en un ataque de sinceridad, digan que siempre sí se arrepienten, que honestamente lo sienten. ¿Honestamente? Sobre que bases les creemos si se acaban de desbarrancar. Falta escuchar que tiene que decir la cadena de autoservicios más poderosa del mundo. Ya me imagino.

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