La migración como un derecho.

Mientras la caravana de migrantes centroamericanos avanza en su andar rumbo a Estados Unidos, en medio de la estridencia de declaraciones entre el gobierno electo, los silencios incómodos de quienes siguen gobernando y la inminente visita del señor Pompeo a territorio mexicano, las palabras de Yann Moulier Boutang nos dan otro punto de vista. Una visión diferente y menos estrepitosa.

El economista e investigador francés participó en un conversatorio donde expuso la necesidad de generar políticas de integración que favorezcan a los migrantes. El “Derecho a migrar” fue el tema que abordó en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2018, que tiene por lema “Derechos y libertades”. El fenómeno de la migración no es una novedad, ha sido una constante en la historia mundial y ha dado origen a diversos países de la talla de Francia y Estados Unidos, génesis que no ha sido reconocida por ambas naciones, parece que lo han olvidado.

Según Yann Moulier Boutang, toda migración sin excepción representa un acto de naturaleza dual. Es un acto tanto económico como político en el que el migrante trata de mantener algunos rasgos identitarios pese a la necesidad de adaptación. Esta lucha interna por conservar sus raíces y mimetizarse en el territorio que los recibe es sumamente fuerte. Además, la complicación se agrava cuando las clases bajas y obreras de los países que reciben a los expatriados se ven amenazados por los recién llegados, quienes en esta condición de desprotección se perciben disminuidos. “La relevancia económica de la migración actual radica en la perspectiva de ver con inferioridad a aquellos que llegan, es una mirada que justifica la esclavitud y las malas condiciones de trabajo”, puntualizó.

La manera como los países se han cerrado a los derechos de los migrantes es un sinsentido, es una aberración y además es una tontería. La migración tiene muchos beneficios para la nación receptora, sin embargo, ha sido consistentemente desestimada. Como es el caso de la ciudad de Cali, en Francia, que multó a los campesinos que contrataran migrantes. El municipio enarbola como un gran logro que ahora ya casi no hay gente de fuera trabajando sus campos. Lo cual es un desperdicio económico.

Asimismo, el trato que se le da a los migrantes se transforma en un acto político, según Moulier-Boutang, “existe la idea de que los migrantes causan problemas, pero hay que entender que la sociedad que los recibe es la que tiene estos problemas y tratan de echarle la culpa a los migrantes, proyectan ciertos problemas a la cuestión migratoria sólo porque ahora la migración se hace más evidente”. Con esta visión, un tanto infantil, se pasan por alto los grandes beneficios que traen consigo las personas que llegan. En muchos casos, lo que traen son soluciones que no se valoran lo suficiente.

En un principio, dice Moulier-Boutang, los migrantes trabajaban en lugares cerrados y alejados como fábricas o campos, lo que los mantenía convenientemente ocultos durante el día de trabajo, pero las posibilidades laborales se han expandido y esto ha hecho que se vuelvan más visibles. “Son útiles mientras permanecen, ocultos pero se vuelven un problema cuando se vuelven evidentes. No se ha asumido que los migrantes han formado parte activa e importante a lo largo de la historia.”

Si, como lo hace Yann Moulier-Boutang, empezáramos a ver que la migración es un derecho y se debe pasar de una política de asimilación a una política de integración que favorezca a los migrantes con documentos, que eviten la discriminación en el mercado laboral y den la posibilidad de instalarse en el país con derechos, estaríamos propiciando mayor armonía y beneficios para quienes llegan y para la nación que los recibe. “Hay que pasar de lo internacional a lo transnacional, sólo así vamos a poder resolver el problema del siglo XXI: la migración.”

Ver la migración como un derecho nos pone en otro escenario. Uno en el que hay posibilidades de que todas las partes tengan un beneficio. Unos buscan trabajar y según los cursos de economía elemental, el trabajo es la fuerza que propicia el progreso.

El cumpleaños del Presidente Obama

Barack Obama cumple 55 años. El primer presidente de raza negra de los Estados Unidos es un hombre que conoce y entiende el papel histórico que está jugando. En esa condición, se mueve y emite mensajes que las futuras generaciones recordarán, sabe que sus discursos se convertiran en tema de estudio y por lo tanto, aprovecha las oportunidades para decir y promover los cambios que le interesan. Siempre trae un tema entre manos. Evidentemente, en el último cumpleaños que celebrará siendo presidente, capitaliza los micrófonos y se hace cargo.

El tema de su fiesta fue el derecho que las mujeres tenemos a ser tratadas como iguales.El cambio no vendrá si esperamos a que alguien más lo haga o a que se dé en un tiempo mejor. Somos aquellos que se ha estado esperando. El cambio lo debemos hacer nosotros. Se centra en el tema con palabras sencillas: Debemos cambiar la actitud con la que educamos a nuestros hijos, sacar a nuestras hijas de la actitud de recato y timidez y a los hijos a ser asertivos, que silencia las voces de las hijas y crítica a los niños que derraman lágrimas.

La voz de Obama se eleva en contra de ese reflector crítico que apunta a las mujeres y les hace el andar pesado. Una mujer que trabaja se mira con recelo por no estar en casa cuidando a sus hijos, se le recrimina por no ver los primeros pasos de sus hijos y se le condena por no ir todos los días a recogerlos al colegio y, ¿quién paga las cuentas? No se trata de haber renunciado para sentarse a comer bombones, se trata de ir a buscar sustento, en la mayoría de los casos. Hoy en día. El porcentaje de madres solas ha crecido notablemente, sea por viudez, abandono, elección o por la razón que sea, las mujeres han tenido que tomar las riendas y dejar el calor del nido. Las más criticadas son las que lo hacen por una elección gozosa, porque les gusta más trabajar que lavar trastes y cambiar pañales, las que tienen más éxito que sus parejas, las que cambian el rol porque son más efectivas generando riqueza que cuidando la casa.

La elección del tema que Obama aborda justo el día de su cumpleaños no es gratuita, tiene una esposa brillante y dos hijas. Sabe lo complicado que es ser mujer en un mundo en el que el discurso dice que estamos súper liberadas y en realidad hay niñas a las que se les sigue mutilando, a las que se les niega la posibilidad de educación, a las que se les exige de más, a las que se les forma detrás de sus hermanos, a las que se les deja de valorar, a las que se les obliga a cerrar la boca, a las que se les exige no brillar tanto para no opacar al hombre, a las que se le prohibe vestirse como se les venga en gana, a las que mueren por condición de género.

No pasa nada más en Nigeria, ni se mutila únicamente en el Sahara. En esta misma semana murió una mujer en Londres por heridas de puñal, en la mismísima Gran Bretaña, centro de la flema y la mente abierta, se mata a una ciudadana norteamericana presumiblemente por su condición de edad y sexo. ¿Qué nos espera en lugares escondidos en los que anidamos machos y apabullamos lo femenino?

Generalmente, el día del cumpleaños se reciben regalos, Barack Obama prefirió dejarnos un regalo. Poner al mundo a pensar sobre la condición de la mujer en el mundo es algo que todos, independientemente de nuestra condición, debemos agradecer. ¡Feliz cumpleaños, señor presidente!

Derechos de las víctimas de delitos

Los que hemos sido víctimas de un delito grave, en primer lugar queremos sentirnos seguros y en segundo lugar queremos que se haga justicia. Con frecuencia nuestros anhelos se romperán en mil pedazos ya que no sucederá ni una cosa, ni la otra. Ni seguros, ni con justicia. Por desgracia, en el lenguaje cotidiano, las palabras inseguridad, violencia, crimen, se aparejan con injusticia, negligencia, abandono, impunidad. Eso es sumamente desesperanzador para el que padece un hecho de este estilo y altamente atractivo para quien lo perpetra. La cosa debería operar al revés.
Las personas que hemos sufrido un delito, mientras estamos en el ojo del huracán, queremos ser escuchadas, atendidas, asistidas y acompañadas por la autoridad, tener la certeza de que el Estado se encargará de resolver la situación. Lo mismo si te roban el auto, la cartera, si te timan, si te agreden física o moralmente, si eres víctima de un pandillero o del crimen organizado, las víctimas esperamos atención.
Después, queremos que se investigue lo que sucedió, deseamos obtener información sobre las investigaciones y avances del caso. Por último, necesitamos ver que al responsable del delito se le imponga un castigo, saber que aquel que nos dañó ha recibido su merecido y no volverá a hacer daño.
Algunos, también en estricta justicia, querrán ver que se les restituye el daño que les fue ocasionado. Es decir, las víctimas de delitos quisiéramos ver un equilibrio en la justicia. Por desgracia, esos solamente son anhelos.
Las pandillas de delincuentes raramente encontrarán castigo, los malandrines no enfrentarán justicia y seguirán haciendo fechorías apadrinados por la impunidad. Ese es el amargo sabor de boca que tenemos las víctimas del crimen en este país. No hay investigación de los delitos y, si la hay, es deficiente. Las víctimas estamos fuera del sistema judicial, quedamos reducidas a la categoría de testigos de los hechos y si tenemos suerte, la autoridad perseguirá a los delincuentes, sin tomar en cuenta la angustia, el dolor, el trauma y los costos económicos por haber sido blanco de la maldad. De informar de los progresos de una supuesta investigación mejor ni hablar, eso es tanto como entrar al mundo de la fantasía.
La maldad germina y se reproduce. La autoridad que debiera estarnos protegiendo, ya que ese es el contrato social, está transigiendo, complaciendo y beneficiando al que infringe la ley y daña al semejante.
No se castiga porque no se investiga. No se da seguimiento efectivo a los crímenes. Pareciera que lo importante es dar un paliativo a las víctimas y que después se callen el hocico y no den lata. Padecemos el olvido de las autoridades que deberían estar al pendiente de nosotros. Nos dan atole con el dedo, nos relegan a la esquina en lugar de perseguir al criminal. No hay quien se ponga a trabajar en políticas preventivas que ayuden a tener un entorno seguro.
Es urgente escuchar a las víctimas, sí. Es de mayor urgencia castigar a quienes hoy gozan de las mieles de la impunidad. Es preciso que se reconozca el derecho de las víctimas a tener justicia, es decir, a ser atendidas, escuchadas y acompañadas en el momento; a que se persiga a quienes les hicieron daño y que estos sean castigados con la misma fuerza y dimensión de su delito y que les sea resarcido el impacto económico.
Esos son, en teoría, los derechos de las víctimas. Esa debería ser la lógica actitud de la autoridad. Mientras se siga ignorando este punto central, la lucha contra la delincuencia será desequilibrada. El plato de la balanza seguirá cargado al lado incorrecto. El delincuente se sentirá seguro, su víctima desprotegida y lo que es peor, será víctima varias veces. Es decir, lo será del delincuente, de la autoridad que abusa del poder, de la negligencia con la que su caso es tratado, de la falta de investigación y de un Estado que no sabe proteger.

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Hay modos

No siempre podemos darle gusto a todos. Al emitir una opinión no hay forma de creer que todos estarán de acuerdo. No tengo esas fantasías. Al revés, me gusta que la gente me diga, que se genere el dialogo, que me muestre su punto de vista y que me haga ver otros horizontes. Del debate, que no del pleito, surge la posibilidad de afiliarse a la opinión ajena. Ya ha sucedido. Otras también me ha pasado que mientras más escucho la defensa de una posición más me gusta la mía.
Esta semana he escuchado los puntos de vista de quienes defienden las manifestaciones de los maestros en la Ciudad de México. Me dicen que los maestros tienen razón pues la propuesta que el Ejecutivo le envió al Congreso no fue consensuada con el magisterio, con los alumnos, con los padres de familia. De acuerdo. Me explican que las evaluaciones propuestas para los maestros son una imposición de la OCDE y que no funcionaran en México, que generarán la misma corrupción que el ENLACE, no se pero, o.k., de acuerdo. Me informan que la reforma educativa salió de un escritorio y que no contempla la realidad de las aulas, ni respeta la libertad de cátedra. No me extrañaría que así fuera, y eso es grave.
Concedo que muchos de los maestros tengan razón en sus protestas. Respeto profundamente su derecho a decir que NO. Pero, no hay forma de que yo entienda que para hacerlo se falte a la civilidad, se apachurre a los inocentes, se quemen vehículos, se lastime a otros seres humanos. No. No hay forma de que yo apruebe esos modos.
Ya me dijeron ignorante, patricia, me acusaron de ser de ultraderecha y casi, casi amante de Porfirio Díaz, ni modo. Hay formas que no me gustan. No me gusta la violencia, no hay forma de justificarla. No hay forma de que se pueda simpatizar, por más reivindican le que se su causa, que se dañe a inocentes, y se destruyan patrimonios en aras de un ideal, por más alto que este sea. No me gusta la forma en que el CNTE nos afecta para hacerse escuchar. Esos no son modos.

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La cordura de Nueva York

¿Cuál es la función del estado? La función del estado es proteger a sus ciudadanos, especialmente a los sectores más vulnerables. Niños, ancianos, enfermos, discapacitados, víctimas de delitos deben encontrar en el estado una figura protectora, que los ampare y los defienda de aquellos que pudieran abusar de su condición. Si el estado desampara a los más débiles falla en su función.
Discursos podrán ir y venir, palabras inteligentes podrán distorsionar la realidad, gritos podrán silenciar a la verdad, pero cuando no se atiende, ni se cuida ni se refuerza el eslabón más débil de la cadena social, la fuerza misma del estado se vulnera. El hilo siempre se revienta por su parte más delgada.
Los legisladores de Nueva York lo entendieron y enhorabuena por ellos que acordaron aprobar la ley más estricta sobre el control de las armas de fuego en Estados Unidos. No les tembló la mano, no se dejaron confundir por ideas ambiguas ni se dejaron arrastrar por intereses de terceros. Asumieron su responsabilidad, se pusieron de acuerdo en la que sería la primera legislación respectiva al control de armas desde la matanza en una escuela primaria de la ciudad de Newtown.
Nueva York se pone al frente y, también, hace un llamado a que otros estados y Washington para que sigan el ejemplo.
“Esto es un flagelo para la sociedad”, dijo el Gobernador Andrew Cuomo sobre la violencia con las armas de fuego.
Miembros de los partidos Demócrata y Republicano dejaron a un lado sus diferencias para impulsar un proyecto de ley que evite más matanzas como la cometida hace un mes en la escuela de Newtown, en Connecticut, donde un joven mató con un fusil de grueso calibre a 20 niños y seis maestros, luego de asesinar a su madre. Pusieron en la mirilla a las pistolas.
“En qué momento hay que decir `no más pérdida de vidas inocentes”’, planteó Cuomo.
El senador Jeffrey Klein, líder de la Conferencia Demócrata Independiente en el Senado estatal, dijo que la legislación es histórica. “La iniciativa será el conjunto de normas más estricto en la Nación para el control de armas”, afirmó.
Con gran claridad Klein señaló que no se trata de quitarle derechos a nadie, sino de tener una sociedad segura con una ley que “fije un camino para que el resto del país haga lo que es correcto”
El proyecto prevé una prohibición más rigurosa de las armas de asalto y nuevas restricciones sobre las municiones y sobre la venta de armas de fuego.
“La iniciativa está bien equilibrada, protege la Segunda Enmienda, que otorga a los civiles el derecho a la posesión de armas”, dijo el líder republicano del Senado, Dean Skelos. “La propuesta estará dirigida contra aquellos que traigan armas ilegales al Estado, contra aquellos que matan gente en la ciudad de Nueva York”.
En tanto, Cuomo dijo que quería que se obrara con rapidez sobre la iniciativa para impedir una marea de fusiles de asalto y municiones durante su intento por enfrentar el millón de esas armas que considera existen en Nueva York.
Hay detractores y críticos a esta ley. El senador republicano Greg Ball describió la iniciativa como oportunismo político en una crítica inusual hacia el popular Gobernador, al que sus partidarios consideran posible candidato a Presidente del país en 2016.”No hemos salvado vida alguna esta noche, salvo una: la vida política de un Gobernador que quiere ser Presidente”, lanzó Ball.
Creo que Ball tiene razón, tal vez Cuomo quiera ser presidente. Si es así ha elegido la ruta adecuada: entender cual es la función del estado, que es proteger a a sus ciudadanos, especialmente a los sectores más vulnerables de la población. A los inocentes, como él los llamó.
¡Bravo por la cordura de Nueva York! ¿Qué esperan Connecticut y Colorado, los estados que han sufrido las últimas masacres, para hacer los mismo?

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