Para Dany

Supongo que, como todas las madres, me gustaría echar las manecillas del reloj para atrás. Supongo que me encantaría volver a aquel momento en que le pedí a Dios que me volviera a bendecir con el regalo de la maternidad. Nunca hubo una petición que yo hiciera con tanta consciencia de lo que quería. Estaba tan segura de querer ser mamá de nuevo que el Padre en el cielo me bendijo y tu corazón empezó a latir al ritmo del mío. Supongo que quisiera volver a vivir la alegría que sentí cuando me confirmaron que estaba embarazada otra vez y la emoción de saber que venías en camino. El vértigo de tu llegada, el susto de que tu fecha de nacimiento se adelantara un mes, la maravilla de que llegaras a este mundo sana, fuerte y hermosa serían el anticipo de una vida llena de retos y desafíos.

Supongo que me gustaría volver a verte con el uniforme del kinder Hill’s, o escucharte cantar en la estimulación, o decir que eras  mu mediana con esa vocecita tan grave y determinada. Supongo que sonreiría si te viera llegar con una estrellita en la frente o si me dieras un dibujo hecho con crayolas o si te viera tomar lechitas de chocolate de Hershey’s o si te escuchara cantar qué fácil número. Estoy segura que el corazón se me derretiría si pudiera volver a meterte en el hueco de mis brazos y acunarte y volver a arrullarte como lo hice tantas noches.

Digo que supongo que me gustaría experimentar toda esa sorpresa, todo ese gusto, toda esa emoción de verte crecer y me detengo en seco. Todo eso ha sido tan bello que volverlo a vivir le podría quitar lo perfecto que ya de por sí ha sido. La ruta no ha sido sencilla, ha sido gloriosa. No pude haber recibido un mejor privilegio. Llevarte de la mano es el honor que me llegó de lo alto. Cuando estaba esperando a que llegaras, jamás me imaginé que tendría una nena tan linda que se transformaría en una persona tan independiente, intrépida y resuelta. 

Elevo los ojos al cielo, que siempre me escucha, para pedir todas las bendiciones, para que Dios te acompañe en los momentos de alegría y te sostenga en los de duda máxima, que el gran consolador te cubra con su luz y cuentes con su favor. Que Dios te regale fe para que creas que de su mano todo es posible, esperanza para seguir avanzando con determinación y fuerza y una mirada amorosa para enfrentar al mundo. Le pido que te rodee de ángles que te cuiden y que la muchedumbre de los santos te aconsejen y que la Virgen María te proteja siempre. 

Le pido al Dios tan bueno que en tu camino siempre brille el sol, que si se nubla, sea para refrescarte; que si llueve, sea para fertilizar tus campos; que si baja la temperatura y empieza a nevar, sea para que hagas los monos más hermosos, que si hace viento sea para que puedas elevar tus sueños como papalotes. 

Verte hijita, así sonriendo, es lo que le pedí a Dios y, mira nada más lo que me concedió. Para ti, Dany, mi niña, pido que tengas lo mejor del mundo para que puedas construir, triunfar, vivir y verte feliz.

¡Muchas felicidades, mi vida! ¡Feliz cumpleaños!

Daniela

Hace XV años, Dios mío, intuía lo que iba a suceder, pero a estas alturas no me pasaba por la cabeza que este sería el día. Con el vértigo que siempre la ha caracterizado, decidió llegar y, en un abrir y cerrar de ojos, tuve entre mis brazos a la niña que entre oraciones te pedí. Como siempre, la generosidad de tus bendiciones sobrepasó mi sueño más perfecto. Llegó Dany venciendo todo pronóstico y silenciando toda sospecha. Llegó sorprendiendo y sigue provocando mi asombro.

Así es ella, su seña de identidad es la fuerza. Tan finita, tiene esa potencia que es capaz de desatar huracanes y de apaciguarlos. Podría separar las aguas de los cielos y hacer brotar vida del suelo seco o iluminar mil lamparas en el cielo y hacer que la noche se vuelva día, si quisiera. Sólo sucede, si ella lo quiere. La pusiste entre mis brazos y al acunarla, en un instante todo estaba bien, todo era equilibrio y nada podía romperlo. 

Daniela, Dios bendito, hace justicia a su nombre, tiene una naturaleza extraordinaria que la vuleve excelente para cualquier cosa que se proponga, no sabe de límites y le gusta caminar por el filo de la navaja. Exige y no se conforma, lucha hasta que logra lo que ella se propone, pero sólo si es de su interés si no, no. Pisa con fuerza y camina apresurada. La siguen, la quieren, tal vez por su sonrisa, o porque es muy simpática o por las dos. Es independiente, a veces, atropellada, a veces el vértigo la lleva a lugares de los que debe volver. Protégela, te lo pido.

Ha crecido, Dios mío. Dejó de ser la nena que en la fila del kinder decía que ella era mu mediana, porque se resistía a ser pequeña pero no quería ser la más grande. Brotó y floreció con ese soplo de vida que reservas  para los favoritos. Todo fue tan rápido como la brisa que sopla en la mañana, trae el sol y lo cuelga de lo alto. 

De repente, ya no era necesario tomarla de la mano para cruzar la calle. De pronto, era fácil debatir con ella y difícil  contestar sus preguntas. Sin darme cuenta, el tiempo pasó rapidísimo. Dios mío, quiero decirle tantas cosas que el flujo de palabras se atropella, siento que debo advertirla, que es mi obligación conducirla y arroparla entre los brazos para que jamás nada le pase. Pero, no se debe. No se puede. Son tantas cosas las que necesito contarle, que tengo miedo de abrumarla.

Por eso, hoy que cumple XV años, Dios bueno, te la encargo. Es Dany, la niña que te pedí entre oraciones. La que me concediste por tu bondad, la que pusiste entre mis brazos en el momento preciso, la que luchó por estar conmigo, la que lo logró, la que siempre lo logra, aunque parezca lo contrario. La que sabe ponerse de pie después de un tropezón y morirse de risa. La que se sacude el golpe y sigue pisando fuerte. Es ella, la que se enamoró de París y se prendó de Montmarte, la que sabe de futbol y grita Hala Madrid, la que al dormir,sigue  haciendo los mismos pucheros que cuando era un bebé. Es ella, por la que hoy elevo mi oración. Cuídala, te lo pido. Llénala de bendiciones, ródeala de ángeles y pon a tus arcángeles para que la escolten. Dale tu luz y tu guía. Y a mí, que me elegiste para ser su madre, ayúdame a hacer bien la tarea. Ilúminame. Es mi obligación hacerlo bien, es mi privilegio ser su madre.

  

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: