Abrir las puertas

El confinamiento al que nos ha sometido esta pandemia ha representado un reto tan amplio que nos ha sido difícil entenderlo. Miramos alrededor y vemos a gente confinada a piedra y lodo pero, también vemos a personas que no se protegen. Algunos tiemblan de miedo frente al germen y otros creen que no existe. Hay municipios que no registraron contagios y hay otros que ya tienen su red de hospitales saturada. Unos salen para irse de fiesta y otros para ganar dinero y traer el pan y la sal a la mesa de la casa. Nos machacaron hasta los huesos con la campaña de la sana distancia y de repente, nos topamos con que ya vamos a abrir las puertas; incluso cuando el semáforo epidemiológico está en rojo, es decir, cuando nos está alertando sobre un riesgo máximo de contagio.

               El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, presentó el mapa de México con colores del semáforo de riesgo epidemiológico. Al verlo, nos damos cuenta de que en 31 de 32 entidades, el indicador se ve en rojo; sólo Zacatecas está en naranja. “La epidemia no ha concluido, tiene que completar varios ciclos de transmisión en varios puntos del país. No debe nadie confundirse de que se está en descenso, porque no es el caso”, indicó el funcionario, ¿entonces? Hay algo que no se entiende, hay un sinsentido en abrir las puertas cuando estamos en un momento crítico. Por un lado, la gente tiene una imperiosa necesidad de salir a trabajar y por otra se siente que tanto sacrificio de quedarnos guardados va a servir de muy poco si decidimos abrir las puertas en estos momentos.

              Se siente que el Dr. López-Gatell como dice una cosa, dice otra. “La nueva normalidad es porque las actitudes, respecto a la prevención, son elementos que no se pueden quitar, probablemente en años, porque nos permiten convivir con este nuevo virus en todo el mundo”, sostuvo. El subsecretario afirmó que cada mandatario decidirá las actividades que pueden abrir con base a esto. No se le entiende, pareciera que el criterio no es claro, no hay uniformidad y eso da miedo. La información confunde, no es clara.

              Por su lado, el presidente de la república anda inquieto. Ya se le queman las habas para andar de gira, para acercarse a la gente. No se siente a gusto confinado entre las paredes de Palacio Nacional. Quiere salirse y necesita puertas abiertas. En el confinamiento se le han desajustado muchas variables y necesita poner en orden a muchos desobedientes. Aseguró, nuevamente, que se “ha domado a la pandemia” de Covid-19 —lo que contradice el dicho del funcionario de sus confianzas— y reiteró que “no se trata de números, que le mandamos el pésame a las familias”. Está claro, no es cuestión de cifras frías y lejanas, pero los números son objetivos: no mienten.

              Si Zacatecas es el único estado en el que el semáforo no está en rojo, significa que ahí el riesgo es alto —lo cual no es un gran consuelo— y todos los demás estados tienen un grado máximo de riesgo. Si la gráfica que representa el comportamiento del contagio es como el de una curva normal de Gauss, al pasar del punto más alto de contagio, se llegará a un punto de inflexión y eventualmente se entrará en un decrecimiento del número de personas infectadas. No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que todavía no hemos cruzado ese punto, todavía no llegamos ahí. Pero, estamos a punto de abrir las puertas.

              La pregunta que se me viene a la mente es ¿qué significa abrir las puertas? Es necesario tener un protocolo de regreso, saber qué pasos tenemos que seguir para la desinfección, cuáles van a ser las reglas de la nueva convivencia, cómo y dónde debemos usar tapabocas, caretas, guantes. Falta información y se necesita capacitar a la gente para que podamos entender las formas de una nueva sana convivencia.

              Dicen por ahí que Luis XIV, el Rey Sol, decía: “vístanme despacio que voy de prisa”. Todos queremos regresar a la normalidad lo antes posible; no hay quien pueda preferir estar encerrado que vivir en libertad, pero me temo que sería mejor si fuera en forma ordenada e informada. Así que, si vas a abrir las puertas, entérate de lo que debes hacer para protegerte.

Los maestros y la pandemia

Para ser maestro se requiere tener vocación. No cualquiera se para frente a un grupo a dejar lo que sabe y lo que es. Enseñar es un trabajo duro, que requiere de preparación, de preparación previa, de desempeño frente a los estudiantes, de tareas que se deben realizar después del horario de trabajo. El magisterio es una especie de peregrinar en el que los maestros tenemos que caminar contracorriente para lograr nuestro objetivo que es luchar contra la ignorancia y hacer del conocimiento un triunfo.

Nuestra cotidianidad transcurre entre salones de clases, pizarrones, gises, plumones, tareas, PowerPoint. Nos dijeron que eso es arcaico y que la enseñanza debía cambiar. Nos movieron el tapete y tuvimos que cambiar nuestros instrumentos. Adiós al aula, a la escuela, a la universidad, al calor de la convivencia y nos tuvimos que adaptar en horas a medios electrónicos.

Nuestras casas se transformaron en recintos de enseñanza, nuestra computadora en canal de comunicación. Aprendimos a usar plataformas que fueron nuestros nuevos salones, video conferencias que nos cortaban la comunicación cada cuarenta minutos, nos desgañitamos frente a una pantalla y sustituimos las caras de los alumnos por nombres para que el rendimiento del ancho de banda fuera mejor.

Además, nos llenaron de formatos para justificar que sí estábamos trabajando, nos auditaron para verificar que no nos hacíamos tontos, se metieron nuestros salones virtuales a ver lo que hacíamos y por poco se compromete la libertad de cátedra. Nos angustiamos y nos sobrepusimos. Ahora si el modem falla, se nos ponen los pelos de punta y si picamos un botón que no es, sentimos que se nos para el corazón. Hablamos frente a una pantalla y no tenemos la certeza de que nos estén haciendo caso, contamos un chiste sin saber si nos oyeron o si se lo va a llevar el viento, nos partimos el alma para mantener la atención a distancia. Transformamos la lejanía y nos hicimos presentes. Nos cambiaron las reglas del juego y aprendimos de volada.

Si los médicos y enfermeras han estado en la primera línea del frente de batalla, a nosotros nos tocó la segunda trinchera. Los maestros de preescolar y primaria son campeones, les tocó lidiar en campos complicadísimos: tratan con alumnos pequeños y con padres furiosos a los que nada les parece. Los de educación media tienen que traspasar las fronteras de la distracción propia de los adolescentes. Los que estamos en educación superior nos las ingeniamos para generar debate que mueva las neuronas de nuestros alumnos. A todos nos ha tocado contener la tristeza, manejar la apatía, controlar los nervios —ajenos y propios— para hacer posible la comunicación y transmitir conocimiento.

Muchos van a recordar esta pandemia como un periodo difícil. No hay duda. Pero, pocos van a saber decir qué fue lo que hicieron en este tiempo Yo sí que lo sé. En este tiempo tuve el privilegio de estar dando la batalla al Covid19 desde la segunda trinchera. Yo estuve dando clase.

Felicidades, maestros. Lo volvimos a hacer.

Besos

Dice el dicho que un beso y un vaso de agua no se le niegan a nadie. Y, mientras la primavera sigue siendo la época en la que las especies se aparean después del letargo invernal, a los seres humanos ese rubro se nos ha complicado mucho. Las dificultades en el terreno romántico se han multiplicado desde que nos tienen confinados. El tema preocupa y nos pone a imaginar cómo serán las relaciones amorosas después de la pandemia.  A partir del día en que Adán despertó de aquel sueño profundo y se topó con Eva, el amor es un tema esencial que ocupa la mente de la raza humana.

              Cuando se enciende la chispa de la atracción de una persona por la otra y se da paso al deseo de estar juntos, se inicia un camino con múltiples divergencias. Puede ser que un encuentro casual se convierta en algo permanente o que jamás se repita; cabe la posibilidad de que surja una relación inseparable o algo que será efímero. Si se será algo de años o de días, si los involucrados serán inseparables o compartidos, si buscarán la fidelidad o serán abiertos, todo al final se reduce a algo elemental: habrá besos.

              ¿Cómo se ajustará la idea del amor a esta situación de pandemia? Entiendo que todo toma su lugar, eventualmente. De hecho, en los últimos años, las relaciones amorosas se han cuestionado y se han modificado. Desde las aventuras poliamorosas, los amoríos casuales, las parejas abiertas, las tradicionales y cualquier otro tipo de combinaciones, todas se convierten en formas de convivencia romántica que trata actualizarse y estar a la altura de la modernidad.

Además, hay mucha ayuda que antes no había. Todo cabe en una pantalla: nuevas posibilidades para darle flujo a la fantasía erótica o romántica. Hay para todos los gustos y niveles de compromiso. Por ejemplo, las plataformas para conocer personas, hoy el que busca, encuentra. Lo malo es que no hay certeza de lo que se va a encontrar.

              De hecho, pareciera que hay una nueva tendencia para superar la idea del amor y una crítica dura a la familia como la célula mínima que representa a la sociedad. Tampoco es que eso represente una novedad, la Historia nos da ejemplos de estructuras sociales mínimas diversas: clanes, harenes, células multiparentales, comunas y tantas otras. Claro, en estas experimentaciones, también el ser humano se ha topado con grandes barreras y ha tenido que vivir estas consecuencias. Reemplazar la vinculación entre esta chispa primigenia y la necesidad de que el ser amado —deseado— tenga una preferencia exclusiva, ha sido complicado y nos ha puesto frente a un escenario de amargura y en muchos casos de soledad. La apertura abre huecos.

Si ves a tu ser amado de la mano de otra persona, tal vez, se despierten los celos o la envida por las palabras que se le dedican al otro, por los momentos que no te consagra a ti y el amor vuelve al mismo lugar.  Te quiero para mí. Hay una chispa que desata un fuego y, aunque hay otros caminos, el más placentero es el que la Humanidad ha seguido desde antiguo y eventualmente se llega a un punto en el que habrá un beso. ¿Cómo serán los besos después del Covid-19?

En las últimas décadas del siglo XX, cuando aún se exploraban los entresijos del SIDA, las expresiones amatorias se limitaron y se circunscribieron a una fidelidad que llegó a ser temerosa. Cuando se entendieron las formas posibles de contagio y se supo que la solución era tomar precauciones, los preservativos pasaron de ser un método de anticoncepción a ser un procedimiento de protección. Sólo la confianza abría la oportunidad para dejar de usarlo o los temerarios se animaban a olvidarlo. Pero, los besos se ofrecían y se daban con ánimo y gran libertad. Esta cepa de coronavirus se transmite por la saliva y nos deja en un estado de indefensión si queremos besar a alguien.

No me refiero nada más a los besos apasionados que involucran ánimo erótico, también aquellos llenos de ternura que se le da a una hija, al que acompaña el saludo fraternal para un amigo, el que sella un pacto entre colegas, el que se da como un signo de respetuosa despedida. Puede suceder que nos de miedo andar de besucones. Porque, una cosa es vivir con tapabocas y careta y otra muy distinta es dar un beso con ese nivel de protección. Entiendo que para todo hay nuevas formas, pero no hay que darle muchas vueltas: hay cosas que saben mejor a la antigüita. 

El regalo del Coronavirus a las madres de hoy

Todos podemos hacer un recuento de lo que el coronavirus nos a quitado. Nuestra lista puede ser tan larga o tan cortacomo nuestras situaciones personales nos lo dejen apreciar. Hemos perdido libertad de movimiento, tranquilidad, espacios, por enunciar los que son transversales a casi todos los habitantes de la tierra. Sin embargo, esta pandemia nos trae a las madres un regalo que, tal vez, no hayamos gozado antes: tiempo.

​Entiendo que muchas lectoras eleven las cejas y pongan los ojos en blanco. Imagino a todas las mamás con niños pequeños a les pueda resultar especialmente difícil detectar la maravilla del regalo, pero créanme, es una bendición. La maternidad es compleja en todas las etapas. La imagen de la madre ideal se aproxima mucho a la de la mujer abnegada y sufriente que representaban las actrices de la época del cine de oro mexicano. Las cosas han cambiado. Hoy las mujeres salen a generar ingresos para el hogar y ya son pocas las que se dedican únicamente a las labores domésticas. Así, las mujeres ejecutivas, emprendedoras, empresarias salen por las mañanas de sus casas y regresan después de un día de batallar en el trabajo. Pero, hoy tenemos tiempo para dedicárselo a los nuestros.

​Entiendo que hay madres trabajadoras oyen a los bebés llorando, a los niños pequeños emberrinchinados, a los niños en edad preescolar pidiendo atención mientras tienen que atender al jefe que les está exigiendo llenar formatos o atender a juntas vía remota. Ahora las madres que se quedan en casa no cuentan con parques en los que desfogar la ansiedad de sus pequeños, ni mandados que hacer para sus adolescentes ni motivos para escapar de la anarquía en casa.El desafío es grande, no hay duda. Pero, también es un regalo. Tenemos cerca a nuestros hijos. 

​Es verdad, el reto del Covid-19 nos tiene conviviendo veinticuatro horas del día, en espacios que antes se usaban para una cosa y ahora se convirtieron en aulas, salas de juntas, despachos de trabajo y todos tenemos que luchar por la conquista de nuestro propio lugar. Pero, jamás como ahora, las madres hemos tenido el tiempo para estar con nuestros hijos con tanta intensidad. Para muchas mamás, está es una oportunidad única para ver a sus hijos crecer porque están con ellos y no en su lugar de trabajo.

​Uno de los lamentos que tenemos las madres que hemos trabajado toda la vida, se refieren a esos momentos que nos perdimos porque no pudimos estar ahí. Aquellos primeros pasos que no presenciamos, esas palabritas que no escuchamos, aquella plática que nos perdimos, esa ocasión en que nos hubiera gustado estar ahí para ofrecer consuelo. Pero, no estábamos. Y, no andábamos de fiesta, sino que estábamos trabajando, buscando sustento para nuestra familia. Ese es el caso de muchas mamás que salen a complementar el ingreso del hogar o que son el único sustento.

​Pero, hoy existe esa posibilidad. Hoy, con este confinamiento podemos saldar todos esos pendientes que teníamos. El chiste es dar el encuadre necesario. Si en nuestra cuenta debíamos abrazos, cariños, pláticas, juegos: hoy podemos los abonar. Además, lo podemos hacer sin prisas: hay tiempo. Si nos detenemos y lo miramos desde otro enfoque, caeremos en la cuenta de que nuestras vidas eran demasiado agitadas antes, siempre tratando de encajar en cada evento social y actividad profesional que teníamos que desempeñar. Las madres hemos sido como estos animadores de circo que tienen que desempeñarse en tres pistas y hacerlo en forma coordinada y gloriosa.

El regalo de día de las madres de esta pandemia es que podemos estar menos estresadas por estar en algún lugar al mismo tiempo cinco veces al día, y ahora lo podemos pasarcon nuestros hijos. Así, sin forzar situaciones, sin atropellar explicaciones, podemos comunicarnos y decir lo que hemos guardado en el corazón. En este espacio se siente más genuino y natural. lo mejor no tenemos que hacer una gran confesión, ni nada extraordinario que decir, pero podemos centrarnos en el momento, sólo estar con ellos, y ver a dónde nos lleva el día, sin mayor pretensión que la de disfrutarlos.

Si logramos aprovechar esta oportunidad, podremos apreciar la bondad que nos llegó envuelta para regalo en este 10 de mayo.

Cuando los empresarios tomaron la iniciativa

Mi papá suele decir que si uno no resuelve los problemas entonces, los problemas se resuelven solos, lo malo es que no siempre la solución es lo que queríamos. Resulta que los empresarios se cansaron de tocar la puerta de Palacio Nacional, se enfadaron de que el presidente les pintara cuernos y en vez de ponerse a llorar en los rincones, se arremangaron y se pusieron a pensar qué hacer.

Ante la cerrazón del presidente, los empresarios proponen proteger el empleo. ¿Lo hacen porque son muy buenos? No, lo hacen porque son inteligentes. Hoy, el mundo necesita gente que sepa usar la cabeza y a México le urge que sus talentos vengan con ideas que ayuden y no magnánimos que estorben.

El plan es sencillo y por eso puede ser muy efectivo. Adopta una pequeña o mediana empresa, compra ahí lo que venden, si necesitas algo prefiere la tienda de la esquina, la papelería de la colonia, el restaurante familiar o la taquería de a la vuelta.

Los empresarios dejarán de ahorcar a sus proveedores y empezaran a pagar sus facturas rápido, lo cual les generará liquidez y mejores posibilidades. Compraran inventarios en forma anticipada aunque la entrega se haga después, eso mantendrá a la gente activa, trabajando, conservando el empleo y el negocio de quienes están tronándose los dedos y a punto de quebrar.

Se trata de pequeños empresarios que tienen un taller de autos, un zapatero, un salón de belleza, una tortillería, una lavandería, una ferretería que al ser obligados a cerrar ya no tienen ingresos ni forma de cubrir sus obligaciones.

No suena mal, ojalá se logre. Tenemos que cuidar a nuestros pequeños empresarios porque representan en 97% de las empresas en México, ese es el tamaño y la proporción de lo que necesita ayuda que no recibirá de su gobierno.

La vecina vigilante

Hace algunos años, organizamos un grupo de Whatsapp de los vecinos de la colonia. El propósito del chat era mantenernos informados sobre los acontecimientos de nuestro barrio y tener comunicación. Es decir, se buscaba ayudar. Si alguno de nosotros salía de vacaciones, le echábamos un ojo a su casa; si veíamos algo sospechoso, nos alertábamos; si alguien necesitaba un favor, se lo hacíamos.

El chat, a veces tiene mucha actividad y otras está muy en calma. Desde que empezó la contingencia del Coronavirus, la cantidad de mensajes aumentó considerablemente. Fue lindo ver como los vecinos preguntaban por el estado de salud de unos y otros. Pero, poco a poco, empezaron a brotar mensajes que antes no se enviaban: imágenes religiosas que peregrinan de un teléfono a otro, cadenas que exigen difusión so pena de castigos terribles, cuentos apocalípticos sobre los efectos del virus, admoniciones en torno a los excesos de la Humanidad.

Lamenté el giro que tomó el chat. Pero, Paty, mi vecina vigilante escaló el asunto. Se adjudicó el cargo que la facultaba a observar y a sancionar a los vecinos. Primero empezó a sugerir que ciertos hábitos fueran la regla de la colonia. Por ejemplo, prohibió mezclar vinagre con cloro y mandó todo tipo de información sobre los desastres que se causan con esa mezcla; luego dio cuenta de la gente que sale a la calle sin tapabocas; acusó a los que no mandaron a las muchachas de servicio a su casa; denuncio a los choferes que iban a trabajar; se enfureció con el vecino que renta su casa en RB&B.

El domingo abrí la puerta de mi casa para recibir el súper y vi como se asomó y m hizo señas para que me lavara las manos. Paula, mi vecina de al lado estaba regando las plantas y me miró con cara de ¿y ahora, que hacemos con esta? Levanté los hombros y me despedí a lo lejos de ambas.

De repente, las crisis nos sacan el jugo y el alma. Paty se nos convirtió en la policía que sanciona las vidas ajenas. Me quiero dar de baja del chat. Creo que muchos estamos en la misma condición, pero tenemos miedo de que nos vayan a regañar.

¿Qué estuvieron haciendo?

Pienso en la generación de niños que están naciendo en 2020, el año del Coronavirus y en todas aquellas criaturas que vendrán al mundo después del Covid-19. Pienso en ellas porque, aunque haya quienes no se estén dando cuenta, la Humanidad esta cruzando un hito den la Historia. Entonces, todos esos pequeños que han de venir nos preguntarán qué fue lo que estuvimos haciendo mientras el mundo se confinó en la protección de los hogares.

Es curioso, a lo largo de la vida, me han tocado muchas crisis. Soy de la generación a la que ya no la asustan con el fantasma de una crisis económica. ¿Otra? Así crecí, escuchando sobre devaluaciones, inflaciones, ajustes y nuevos comienzos. Me tocó estar en la Ciudad de México en los terremotos de 1985 y en el de 2017. Perdí un negocio con la emergencia del H1N1. En todas estas desgracias naturales y pandémicas, el mundo se paraba en otra forma.

Es decir, salíamos de nuestra cotidianidad y hacíamos otras cosas. Prestábamos manos para ayudar: escarbábamos para encontrar sobrevivientes, cocinábamos y compartíamos lo que había en casa. En los terremotos, echamos la mano desde nuestra mejor forma de hacerlo. En el H1N1, nos confinamos, pero no a este grado y también nos hemos encerrado en las contingencias ambientales.

Pero, ahora, la vida descolocada ha tenido que seguir. Nos movieron el eje de rotación y nos encajaron otro a medio cuerpo y nos ordenaron empezar a girar en instantes. No tuvimos tiempo de reparar en el dolor de perder lo anterior, de despedirnos de lo que hubo ni de limpiarnos las heridas. Fue un se acabo y síguele con lo que viene.

¿Qué estuviste haciendo en el 2020?, me preguntarán y podré responder que estuve dando clase. Que el cambio resultó duro para maestros y alumnos, porque con la rapidez y el vértigo no entendimos a cabalidad que el mundo se movió, que muchos se instalaron en el enojo y la negación y no lograron moverse, pero hubo muchos, muchísimos que decidieron estar ahí usando la tecnología. Que nos reuníamos en forma virtual y que logramos conectarnos. Parecerá poco y no lo es. Estuvimos con nuestros alumnos buscando transmitir lo que sabemos, sin agobiarlos. Muchos maestros hemos estado ocupados en la tarea de hace girar al mundo que sigue sano. A los médicos les toca curar y reparar, a nosotros nos ha tocado preparar a los que enfrentarán los estragos de la pandemia viral.

¿Qué estuvimos haciendo? Yo estuve poniendo los cimientos del mundo que habitaremos después del Covid-19. Lo diré con mucho orgullo. Me tocó una labor noble, una que va a trascender.

¿Qué nos toca hacer en esta contingencia?

El mundo se está encerrando, el confinamiento nos va alcanzando conforme pasa el tiempo. Mientras en Wuhan parece que las cosas se están controlando poco a poco, en Europa la gente se encierra en sus casas y en los países del resto del mundo se toman medidas variopintas al respecto. Más allá de las medidas que cada Estado tome en forma libre y soberana, cada uno de nosotros somos responsables de lo que decidamos hacer y cómo queramos enfrentar esta crisis.

Tristemente, veo que las reacciones del mundo tienden a ser individualistas y no individuales. La desesperanza se esparce con más velocidad que el virus, el miedo es la pandemia más cruel y cuando estamos asustados las reacciones suelen ser violentas y poco virtuosas. Más allá de las suspicacias y de los efectos secundarios que padeceremos después, nos queda lo que haremos ahora que tenemos que hacer las cosas en forma diferente.

Esta pandemia es una desgracia, no hay duda, pero también es una oportunidad. Tenemos que adaptarnos y mientras más rápido lo hagamos, padeceremos menos. Va una lista de actividades que podemos hacer mientras estamos confinados.

Leer es una gran actividad que nos distrae y nos lleva a mundos diferentes que nos alejan del aburrimiento y mantienen la mente activa. Si lo nuestro todavía no es la lectura de largo aliento, les recomiendo empezar con lecturas cortas. Pretextos literarios por escrito es una revista literaria que se puede descargar en forma gratuita en el siguiente link: https://www.porescrito.org/revista/

También podemos escuchar la radio. El oído es un sentido que asociamos con la compañía. En estos momentos, es importante combatir la sensación de soledad. Además, la música eleva los sentidos y los programas de revista nos pueden entretener mucho. Por escrito tiene un programa literario con un menú muy amplio que se puede descargar en el siguiente link: https://www.porescrito.org/radio/ . También se puede escuchar en Spotyfy: https://open.spotify.com/show/5LYpYJ95pkkjMprBgAeon7 y en Himalaya y en IVox.

Código Libre es radio por internet que tiene un gran abanico de programas que satisfacen cualquier tipo de gustos: Código Libre https://www.facebook.com/codigolibreradio/

Aprender es una opción. Esta crisis nos a abierto la oportunidad de saber de cosas nuevas. Coursera tiene gran cantidad de cursos de universidades de prestigio de todo el mundo. Acabo de tomar un curso de literatura contemporánea rusa cuyo anfitrión es la Universidad de San Petersburgo.

Los juegos de mesa son una opción divertida que nos aleja de las preocupaciones y nos acerca a los nuestros. Es una forma relajada de convivencia que siempre es propiciatoria de diálogo y comunicació.

Podemos aprovechar el tiempo para platicar. El arte de la conversación se ha perdido y la hemos sustituido por medios electrónicos. Pero el sabor de una plática de uno a uno con los nuestros puede ser un gran regalo de la crisis y el confinamiento.

Por supuesto, podemos aprovechar los adelantos de la tecnología y encontrar formas alternas para trabajar y estar ocupados y productivos. Lo importante es no sentirnos agobiados, cuidarnos y mantenernos sanos. Esa sí es nuestra responsabilidad individual, no individualizante.

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