Ser Xóchitl o ser Karime

Ya sabemos que hay hombres inquietos que no se conforman con un sólo amor, su generosidad le alcanza para varias mujeres. Sí, pero como dice el dicho, una es la catedral y otras son las capillitas. Javier Duarte entendía bien estos juegos. No es lo mismo ser Xóchitl que ser Karime.

Xóchitl es la capillita que fue expuesta con poca ropa , exhibieron su vida íntima, le reprocharon su ambición, vulgaridad y ya está imputada por cargos de enriquecimiento ilícito. Esta mujer no pu de explicar cómlo le hizo para comorar un departamento de ocho millones de pesos que, sin duda, le regaló el exgobernador de Veracruz. 

Karime Macías es una catedral sólida. Ella vive feliz en Europa. A la esposa de Javier Duarte le bastó decretar que toda esa riqueza que le llegó, le era merecidícima. Y, parece que la realidad le da la razón. De todos los,personajes del desfalco de las arcas veracruzanas, la que esta encantada de la vida es ella. 

No cabe duda, en este mundo tan singular, la tradición se confirma. La señora de la casa tiene preponderancia sobre lo demás. Las promesas de amor eterno que se hacen en el extraradio del hogar, dificilmente prosperarán. Claro, algunos dirán que un fracaso de ocho millones de pesos suena a victoria. Pero, no. No nos dejemos engañar. 

Xóchitl Tress fue evidenciada ante todos como la amante de un pillo que recibió una fortuna, pero si comparamos lo que tiene la señora Duarte, empezamos a entender. La violencia que se ha ejercido contra esta mujer, resulta inequitativa si nos ponemos en perspectiva: llamarse Karime tiene mejor pronóstico si el nombre de tu amor es Javier Duarte. 

Ella tampoco es inocente. Se metió entre las patas del caballo. Duarte era un hombre casado y tarde o temprano la infidelidad pega como un boomerang. El golpe es doloroso en parte porque es inesperado. Pan y circo. El espectáculo es deplorable. ¿De dónde le llegó la seguridad para lanzarse al vacío por un hombre así?

#TodossomosReynosa

La alerta roja se enciende. Las sirenas se escuchan. Las torretas se prenden. El transporte público se suspende. Las calles quedan desiertas. La ciudad tiembla. La gente detiene la cotidianidad. Hay peligro. Reynosa deja su actividad vibrante y pone la vida en pausa. ¿Por cuánto tiempo? La violencia deposita terror. 

¿Qué sentirías si todos los días amaneces con la zozobra de que una bala de alcance a ti o a tu familia? La posibilidad de salir a la calle y encontrarte en medio de fuego cruzado, de repente, mientras vas al pan o a la farmacia es real. La probabilidad de que alguien, a quien conoces y quieres, caiga abatido por una bala sin deberla ni temerla, es altísima si vives en Reynosa. 

La Presidenta Municipal de Reynosa levanta la mano para pedir ayuda, el Gobernador de Tamaulipas busca el apoyo del Gobierno Federal, los mexicanos interrumpimos la respiración. Sabemos lo que está sucediendo ahí, ya habiamos visto esta historia. ¿Cómo es posible que la memoria diera para tan poco? Apenas elevabamos los ojos al cielo para agradecer que Ciudad Juárez estaba en calma cuando en Reynosa truenan balazos como si fueran fuegos artificiales.

La tentación de mirar para otro lado se nos quita. Volvemos la mirada a Puebla, tan chula y tan linda, para enterarnos que los huachicoleros ya la hicieron tierra de nadie. Le enseñan los dientes a la policia, agarran a pedradas a los militares y por si las moscas, usan a los niños como escudos humanos  para protegerse y seguir delinquiendo.

En Guerrero los tequileros asustan a la gente de bien, en Baja California los balazos truenan como en el viejo oeste, los expertos dicen que México vive una guerra de baja intensidad y, al ver las armas que se apuntan a la población civil, la apreciación me parece que está mal calibrada. Cualquier día, aparecen cadáveres colgados de una cuerda en un bajo puente o apilados en la cuneta de la carretera o metidos en la cajuela de un auto. Matan periodistas y escribir se convierte en un oficio peligroso. Se nos va la vida en ello. 

Lo curioso es que perdemos la capacidad de asombro. Lo triste es que ya nada nos conmueve. Lo lamentable es que olvidamos. Todos debiéramos ser Reynosa. Todos debiéramos ser solidarios con los que tienen miedo. El gobernador de Tamaulipas recorre las colonias más peligrosas para demostrar que no hay que temer y la Presidenta Municipal se queja de no tener ni un chipote chillón para defenderse. ¿Quién podrá defendernos?

No hay discursos que alcancen, ni políticos que resuelvan. Nos quedamos solos, encerrados en un cuarto sucio y con la puerta atrancada por fuera. No hay alternativa: o limpiamos nosotros o nadie lo va ha hacer. #todossomosreynosa debe ser un llamado a la reflexión. ¿Qué puedo hacer? Si veo el problema a la distancia, no puedo hacer nada. Está tan lejos y es tan grande que me desborda. Pero si limpio lo que me toca, entonces sí tengo capacidad. 

Si mis posibilidades son limitadas e ínfimas frente al problema de México, no importa. Si no empiezo a poner la basura en su lugar, seguiré viviendo entre la suciedad pestilente que me desagrada. Es mi obligación y mi prerrogativa hacerme responsable de lo que me toca, independientemente de lo que hagan los demás. Si el Presidente es incapaz o eficiente, si los Gobernadores son rateros o son honestos, si los Delegados son cínicos o son honorables, es algo que no incide en mi conducta. 

Si quiero que #todossomosreynosa sea real, tengo que poner mi propia basura en su lugar. Así que. La tolerancia cero empieza en primera persona y la congruencia es la moneda de cambio con la que se debe dar el primer paso. 

Incongruencia

El mundo está atestiguando una baja en la aceleración del crecimiento económico, en muchas regiones la desaceleración se transfroma en decrecimiento. No sólo estamos parados, nos estamos haciendo chiquitos. Nunca como ahora, el anhelo de que la siguiente generación tenga un mejor futuro que sus antecesores parece una fantasía. Los padres estamos enfrentando una cruda realidad: es posible que el porvenir de nuesteos hijos sea más duro que el nuestro. No es pesimismo puro, es verdad que se basa en datos duros. El desempleo no se abate con educación, los egresados de escuelas de nivel superior, al terminar sus estudios salen al mercado y encuentran ofertas poco alentadoras. La mayoría de los trabajos que se ofrecen, suenan más a subempleos que a otra cosa. Hay un desperdicio de las potencialidades y una subutilización de la capacidad técnica de la gente.

No se trata de despreciar ninguna forma de ganarse la vida, pero ver a un médico manejando un taxi, a un abogado sirviendo mesas, a un contador lavando toallas, en vez de estar operando, trabajando en tribunales o dando asesorías, duele. La digitalización de procesos ha hecho que las máquinas sean más eficientes, precisas y fáciles de operar que un empleado de carne y hueso.  Buscar trabajo es cada vez más complicado y encontrar un empleo adecuado es tan dificil que muchos terminan aceptando algo para lo que estan sobrecalificados. La frustración es la emoción regente de estos tiempos. El que quiere y puede trabajar, no encuentra dónde hacerlo.

En esta condición, el emprendimiento es una alternativa. Aterrizar ideas, generar proyectos que creen riqueza y fuentes de empleo es un camino de solución que debería ser apoyado por las autoridades. El emprendedor debería contar con el sostén del Estado y con el acompañamiento de quienes le representan. El fomento de la actividad emprendedora debiera ser una prioridad y no lo es. Al menos, no en la realidad.

El discurso oficial se llena de palabras de apoyo, cualquiera cree en la  buena voluntad y las intenciones, pero en el mar de incongruencias, el empresario nada contra corriente. Además del riesgo propio que enfrenta el que inicia un negocio, está la tramitología, la corrupción y las leyes y reglamentos que lejos de fomentar, inhiben el espíritu emprendedor. En la Ciudad de México se frena el crecimiento de los proyectos. 

Te dicen que emprendas, pero en tu casa no. O,  o tanto. Puedes usar el 20% para trabajar y si hay una denuncia ciudadana, adiós proyecto. Un vecino envidioso está facultado para enviar una inspección que, no sólo irrumpe en la intimidad del hogar, sino que puede transformar un sueño en pesadilla. Una visita de los inspectores puede acabar en una clausura si por alguna razón el negocio creció más de lo que a ellos les parece pertinente. Entonces, hay que crecer, pero poquito. Hay que tener éxito, pero no tanto.

¿Cómo vamos a apoyar al emprendedor, si no le damos oportunidad de crecer? El propósito de todo proyecto es generar utilidades y lograr el máximo desarrollo posible. Pero, si al despegar, el que debiera apoyar es el que te pone el freno, quedamos en un terreno absurdo. Así es la incongruencia.

La propuesta de Pedro Kumamoto

Pedro Kumamoto es el ejemplo de las buenas prácticas  llevadas a la realidad con éxito. Es un joven político mexicano, el primer candidato independiente en ganar una elección para ocupar un puesto de representación popular en Jalisco. Su hazaña consistió en perseguir molinos a pesar de que todo el mundo le advertía las dificultades de avanzar contracorriente. Con más de 50 000 votos a su favor, más que los que recibió cualquier partido político, Kumamoto logró ganar en su Distrito para ser su representante en el Congreso del Estado de Jalisco y lo hizo con un presupuesto modesto.

Es un muchacho valiente, claro y entiende el mundo de forma tal que hace que las variables jueguen a su favor haciendo las cosas como deben ser. No lo conozco, me gustaría porque así, nada más de verlo me cae bien. Y, si por sus hechos los conocereís, con lo alcanzado por este joven ya me cae de maravilla.

Me simpatiza más porque él, a diferencia de tantos, en vez de llorar, de echarse ceniza al pelo, de tomar las calles y quejarse, se pone en movimiento y lanza una propuesta que debemos escuchar. Con los recursos de un milenial que sabe moverse en las redes sociales ya empezó a hacer ruido en torno a lo sucedido en el Congreso con las Leyes de Transparecia y el Sistema Anticorrupción que tanto necesitamos. Subió un video a la Red en el que lanza una propuesta que vale la pena atender. Avanza en vez de quedarse estancado.

En el video, Kumamoto empieza haciendo un recuento de la Ley tres de tres y nos recuerda el gran esfuerzo ciudadano que implicó, luego identifica a los legisladores que en su sector votaron en contra y a quienes de manera cobarde se salieron del recinto legislativo para no votar. A ellos, que fueron elegidos para representar a los ciudadanos y en vez de cuidar sus intereses fueron en contra de sus votantes les pone en la palestra y conmina, con razones, a no volver a votar por ellos. Y nos invita a no bajar las manos, a seguir trabajando para matar al enemigo que nos tiene atrapados, a destruir la corrupción.

Más que gritos y sombrerazos, más que túnicas rasgadas y posturas que nos llevan a ningún lado, acciones. La propuesta de Kumamoto es a salir del letargo, a seguir trabajando. Me gusta, sobretodo, más lo que muestra que lo que dice. Nos hace ver que cuando el objetivo es alto, los obstáculos van a complicar las cosas y sin ánimo nos van a vencer. La corrupción es un animal hambriento, voraz, salvaje y agresivo. También es asustuto y sus cancerberos le son muy leales. La batalla apenas empieza, ni llantos ni lamentos, mejor hechos. Ya es tiempo de limpiarnos las lágrimas, de curarnos las heridas, de sacudirnos el polvo y ponernos a luchar a facor de la transparencia. 

No conozco a este joven político pero me cae muy bien. Me gusta ver a Pedro Kumamoto y me gusta escuchar sus propuestas. ¿Ya sabes quienes son los que votaron en contra de los ciudadanos y de la ley 3 de 3? Averigua y si fue alguien que se llevó tu voto en el pasado, no vuelvas a confiar en él o en ella. Ya ves lo que hacen con la confianza de los ciudadanos. No hay pretextos que valgan.

Nuestro Sistema Nacional Anticorrupción 

Alguna vez, mi maestro Celso Santajuliana me dijo que no todo inicio tiene que ser magistral. Sabía de lo que hablaba y las razones por las que lo decía. Se dirigía a escritores que empezabamos a escribir nuestra primera novela y sabía que muchos soñaban con ser los autores de una obra maestra —todos albergabamos esa fantasía—. A medio curso verificó el avance de las novelas y muchos no habían escrito, destruían sus líneas, arrugaban las hojas, arrojaban el trabajo a la basura, porque nada les parecía digno. Celso se burlaba de ellos y me decía que esos que quieren la gran obra maestra desde un inicio jamás serían escritores. 

Este recuerdo me viene a la mente por las estrepitosas estridencias con respecto a las leyes aprobadas para el Sistema Anticorrupción.  Por un lado, hay quienes sacan las matracas y festejan a todo volumen y, por el otro lado, hay quienes se razgan las vestiduras y se echan ceniza en la cabeza como si estuvieran enterrando a un muerto. Ni una ni otra. Pero si alguna actitud de éstas me parece peor, es la de los que critican sin ver el avance que esto significa.

Es verdad, la ley pudo haber sido mejor. Tiene hoyos, no hay duda. Quedó incompleta y nos huboera gustado un privilegio mayor a la transparencia. Todo es cierto y tan sólido como un lingote de oro, sin embargo, no todo inicio tiene que ser magistral. En ocasiones, es mejor empezar a dar pasos cortitos que quedarse sentado soñando con un maratón. Mirar tan alto es una forma de parálisis. Lo importante es dar los primeros movimientos, aunque las pisadas sean cortitas. ¿Cuántas cosas se han quedado en el tintero de las buenas intenciones por querer arrancar con todo perfecto y sin arrugas? Si en serio quieren saber cuántas, échenle un ojo al Plan Nacional de Desarrollo del Presidente Peña y verán la cantidad de buenas ideas que no se llegarán a concretar, que son necesarias y que están paradas buscando la perfección.

Digan lo que quieran, me parece de celebrar que el Sistema Nacional de Corrupción haya nacido, aunque sea chuequito, mejor eso que los embarazos de la tía Cuca que siempre asustaba con la cosa de que otra vez estaba en cinta y a los quince días salía con que fue un susto. La casa se le llenó de sustos, nunca llegaron los primos.

En esa condición, mejor fea que nada. ¿No creen? 

La ley anticorrupción

Todos arrugamos la nariz y echamos las manos para atrás cuando se habla de corrupción. Muchos justificamos nuestros delices y damos cincuentamil explicaciones, aunque sabemos que lo que está mal, simple y sencillamente está mal. No hay atenuantes ni forma de transformación. Sin embargo, no es lo mismo darle un billete a un oficial de tránsito que recibir millones de dólares para ser el beneficiaro de una concesión gubernamental. Claro, el mal entra por ranuras pequeñitas y avanza hasta convertirse en un mal que se roba el tres por ciento del Producto Interno Bruto Nacional.

La corrupción frena el desarrollo y afecta a las familias, al ciudadano de a pie, genera resentimientos y, sobre todo hace más grande la brecha entre los que todo tiene y los que carecen de todo. Además lo hace en forma ilegítima.

Corruptos hay en todos lados, la tentación ante el arca abierta es muy grande y se necesita una nobleza de semejante proporción para no caer en ella. Los dichos  populares son reflejos de la verdad que se vive: Pena es robar y que te atrapen. ¿Cuántos de los que arrugaron la frente, elevaron el dedo y señalaron envueltos de  indignación por actos de corrupción hoy son  motivo de escándalo? Basta echarle un ojito a los Papeles de Panamá para darse cuenta que en ese selecto grupo caben los de sangre azul, los de la farándula, los políticos, los santurrones, los que se dicen de manos limpias, las hermanas de reyes, los narcotraficantes y la lista sigue y sigue. 

No cabe duda, la corrupción es democratizadora. Todos la reprobamos y muchos disimulan hasta que los agarran con las manos en la masa. En Mexico, a diez días de que culmine el período  ordinario de sesiones, se discute la ley anticorrupción, que es una forma de empezar a limpiar la casa. Lo malo es que les dimos el trapeador y la escoba a los que menos les conviene que se limpie ese cochinero. La evidencia radica en que, a pesar de que es su obligación aprobar esta ley, ya la agarraron de moneda de negociación. 

Unos argullen unos motivos y otros se justifican con otros. Dicen que se pelean y en realidad están de acuerdo. La discusion de las reformas de corrupción son una forma de aliviar al enfermo, pero, ¿para qué curarlo si yo necesito el dinero?, dirán los herederos. Así las cosas, esperamos grandeza de miras en nuestros legisladores. Como en este México mágico todo puede   suceder, en una de esas nos dan la sorpresa y el Poder Legilsativo nos entrega una ley planchadita y lista para ponerse a trabajar. 

  
 

Otra vez El Chapo

En el silencio de una celda vacía se centra la estupefacción del mundo. ¿Cómo que se volvió a escapar? Lo increíble de la noticia llama a la risa y a la broma en primera instancia. Los memes, los chistes, las vaciladas brotan con la facilidad yerba en el ingenio de los mexicanos. Mejor morirnos de risa que de miedo.

Apenas hace unos meses las autoridades exhibían al mundo la imagen de un hombre avejentado, enfermo, con la cabeza gacha y nos presumían la miseria del hombre más buscado, del delincuente más peligroso, de la versión remasterizada de Al Capone.  Joaquín Guzmán Loera, el sanguinario Chapo, reducudido a un guiñapo que vivía en un departamento modestísimo, con muebles de plástico en condiciones de lágrima sería ingresado al penal del Altiplano donde purgaría todas sus culpas.

Más valdría no haber visto tanto. Mejor ni se hubiera hecho tanto ruido de esa captura. Nos enteramos de las tácticas que llevaron a una captura sin balas ni sangre. Nos sentimos orgullosos y la gente de bien sonreímos ante la victoria de los buenos sobre el mal. ¡Ahí tienen todos los que han hecho fama y fortuna enalteciendo las fechorías del narco! ¡Para que vean los que se embelesan con narcocorridos, narcomovelas, narcohéroes! ¡Entiendan, ni es la historia de Robin Hood ni se trata de Chucho el Roto! Pero en pocos meses la ilusión se reduciría a la estupefacción: El Chapo lo volvió a hacer.

El hombre débil y macilento hizo del penal de Maxímizima seguridad de la Nación su cuartel de operaciones y a fuerza de billetazos construyó un túnel para poner pies en polvorosa. ¿Volverá Joaquín Guzmán a vivir en la modestia de un departamento clasemediero? ¿Se irá a disfrutar de una vida de lujos y dispendio en las calles de Chicago? ¿Andará jugando en las olas de Mazatlán?

¿Qué nos queda a nos mexicanos al enterarnos que la puerta del Altiplano fue más grande que la de Jalisco? Me imagino la cara de Osorio Chong al informarle a su jefe semejante notición. El sofocón que se habrá llevado el Señor Presidente y lo descompuesto que estará el rostro de la Primera Dama. Otra vez El Chapo nos la hizo. 

No podemos dejarnos engañar. hay voces que piden la dimisión del Presidente, la reununcia de la Procuradora, del Secretario de Gobernación, del General Secretario, del gabinete legal y ampliado. ¿Para qué? Se van ellos y nosotros nos quedamos aquí, ensartados con el problema que más nis debe de preocupar: ¿que vamos a hacer ahora que El Chapo lo volvió a hacer? A ver si cuando se nos acabe la risa no nos acobarda el miedo.

  

El voto y la fantasía

No sólo son las mantas, espectaculares, anuncios con caras que no conocíamos. No sólo son las promesas fatuas y las toneladas de basura electoral. Hay muchos motivos por los que los ciudadanos  estamos enfadados. El primero y tal vez el más relevante es que los partidos reciben $5,356,771,247.32 pesos para campañas y gastos ordinarios. Así desde la cifra de los millones de millones hasta los centavos se recorre un camino de corrupción y despilfarro en un país que tiene gente en situación de pobreza alimentaria.

Dice Juan Villoro que nunca se dio tanto para tan poco. Nada más de ver la cifra se enchina el cuerpo, ver que no perdonan ni los treinta y dos centavos, enciende el coraje. Tanto dinero tirado a la basura, invertido en hacernos oír babosadas, en inventarnos un mundo de fantasía donde el que promete olvidó que ya sabemos que no puede. Los chapulines se toman la foto, salen retratados junto a frases imposibles y se les ve tan felices. Hay un cartel de Mauricio Toledo en su actual aspiración junto a otro que se quedó colgado de cuando quiso ser delegado. La imagen es poderosa, casi ocupa las mismas palabras, ya sabemos del desastre de su gestión. Lo premian con una silla nueva.

Pero no sólo son las eternas promesas que de ante mano, sabemos que no cumplirán. Es lo que queda pendiente. Como todos andan en campaña, nadie se queda a trabajar. Las oficinas delegacionales, municipales, estatales están vacías. Todos andan en el mitin del candidato. Es decir, a la cantidad multimillonaria que reciben los partidos hay que sumarle el despilfarro de la gente que en vez de estar resolviendo, anda en la calle haciéndole el caldo gordo al futuro funcionario.

Los ciudadanos estamos enfadados de la frivolidad de los funcionarios, del cinismo de los candidatos, de la voracidad de los partidos y de los dinerales que reciben para desperdiciarlo. El desencanto es generalizado, muchos creen que anular el voto nomes una buena opción, pero estamos en un estado de orfandad en el que es dificil elegir al menos malo. Todos son pésimos. Estamos hartos de financiar tanta corrupción, de trabajar para mentirosos que nos quieren dar atole con el dedo.

El pronóstico es una votación desangelada. ¿Quién prefiere salir de la casa que quedarse a ver el tenis o el partido de futbol? Pocos. Entre las fantasías que nos quieren hacer creer los que salen en los cárteles, el mal tiempo, los asesinatos, las amenazas de grupos subversivos, esta elección intermedia no seduce. Sin embargo, hay que ir a votar. No por otra cosa, por cumplir con la obligación ciudadana. Por no traspasar el umbral de los que se quejan sin hacer nada, aunque el voto, uno de los más caros de la historia y del mundo, no vaya a cambiar las cosas.

  

¿Qué ha cambiado en México?

Después de leer Las batallas en el desierto, en que José Emilio Pacheco retrata la forma en que vivía la sociedad durante la presidencia de Miguel Alemán, uno se pregunta irremediablemente ¿qué ha cambiado en México? En la novela se refleja a un Presidente bien parecido, elegante, educado que recorre la República inaugurando monumentos inconclusos que honran a su persona. El México del señorpresidente, de las obras inacabadas, de las ceremonias inaugurales que no son más que puestas en escena, con una escenografía colgada con alfileres que se derrumba cinco minutos después de que se marchó el jefe del ejecutivo y su comitiva. Así sucedió con presas, puentes, carreteras, puertos, caminos. Así sigue sucediendo.

Si eso sucede con las obras que se ven, mejor ni nos imaginamos las que no se ven y no son suceptibles de hacer la fiesta del corte de listón, por eso los denajes no funcionan, por eso hay inundaciones que acaban con casas humedecidas con aguas negras, muebles inservibles y millones en daños y víctimas. Lo malo es aue ahora son más frecuentes estos desastres o se notan más que antes. Sólo que en aquel entonces los niños salían a jugar a la calle, la gente podía caminar a toda hora y se respiraba en paz. No había vándalos que rayaran las paredes de tu casa o que rompieran los vidrios de tu negocio. Los maestros daban clase y los alumnos estudiaban.

Para Pacheco era importante dejar testimonio de un México que se había derrumbado y había dejado de existir. Tristemente no todo se cayó y hay cosas que sobrevivieron o devinieron mal. Los políticos de cara bonita y pocos resultados se pintan de todos los colores y militan n todos los partidos. Entregan obras millonarias, inconclusas e inservibles. La línea dorada del metro es un ejemplo. O, permiten y auspician el cobro de obras que no han sido ejecutadas, como los escándalos del Circuito Bicentenario.  También sigue habiendo desiguladad. Madres solteras que se parten el alma para llevar el pan y la sal a la mesa, sin que nadie se haga cargo de la responsabilidad paterna. Muchachos que dejan la escuela porque sus profesores andan en otro lado o porque están tan mal pagados que perdieron el aliento y ya ni se actualizan ni  encuentran realización en las aulas. Los jóvenes que todos los políticos se llenan la boca al llamarlos la esperanza de México están en un desamparo abrumador.

La corrupción repta a lo largo del territorio y frena al país. Antes, el el tiempo de Miguel Alemán robaban pero dejaban el dinero en el país, al menos eso decían los grandes. Ya hace rato que hermanos incómodos se llevan el botín a Suiza, a las Islas Caimán, a Londres o a San Antonio y siguen participando de la vida en sociedad, apareciendo en las revistas del corazón haciendo lujo de indolencia, cinismo y mal gusto. Sí también eso ha cambiado. No había revistas rosas que nos recetaran las fiestas de los que se creen de la realeza cuando hace dos meses comían tacos parados. 

Tal vez nos hemos vuelto más frívolos y menos reflexivos. Tal vez estamos poniendo poca atencion y andamos distraídos con nuestras pantallas omnipresentes. Tal vez debieramos leer más y darnos cuenta que podemos descubrir que hubo un México que murió y otro que, por desgracia, sigue fatigando a la gente de bien. Seguro debemos elegir mejor. 

  

Los sinsentidos en la Ciudad de México

Parece que en una de las ciudades más grandes del orbe se vive en el mundo al revés. Se escuchan los discursos oficiales, se analizan los planes de gobierno, se examinan los programas de desarrollo y las intenciones que ahí se plasman y uno podría concluír que la Ciudad de México es una chulada que se mueve como relojito bien sincronizado. Sin embargo, al pasar por el tamiz de la evaluación, las cosas cambian radicalmente. 

En lo grande y en lo pequeño hay problemas. Basta detenerse en el asunto de la Línea 12 del Metro, la obra dorada del sexenio pasado y nos topamos con una amarga verdad. Las palabras no honran los hechos. En ese proyecto todo estuvo mal, desde la concepción hasta la ejecución. No hubo un sólo acierto. Tantos errores y cálculos contrahechos parecen salir de un cuento de chistes pero se nos quita la risa al ver el dineral que se tiene que pagar por algo que no funciona. Ya nos dan ganas de llorar cuando vemos los resultados del estudio que se presentó en la Asamblea de Representantes. Se mencionan los errores pero no hay sólo nombre que apunte a la responsabilidad de los hechos. Parece como si los actos se hubiesen generado en forma espontanea y fueran hijos del viento. Todos sacan las manos y fueron tantos los que movieron el asunto que es sencillo salir del tema sin pagar las consecuencias. 

Cada uno desde su trinchera le avienta la bolita al otro. Funcionarios, exfuncionarios, empresarios, inversionistas, todos dicen yo no fui, como si eso fuera suficiente. Nada queda claro y la transparencia es tan limpia como el agua turbia de un río contaminado. Lo cierto es que la evidencia nos dice que un gobierno capitalino galardonado como el del mejor alcalde del mundo tiene esta terrible mancha y un consorico prestigioso que recibió todo el apoyo, falló descomunalmente.

Entonces, cualquiera pensaría que si los grandes fallan, habría que volver la mirada a los pequeños y apoyarlos para que sean los micro y pequeños empresarios los que saquen la casta en favor de esta gran ciudad. Ja, ja, sí, cómo no. Los emprendedores en esta capital sufren el acoso de las autoridades. Están sujetos a inspecciones y verificaciones que constituyen el foco de corrupción más grande que mata el espíritu empresarial. El INVEA está dotado de dientes para clausurar de forma definitiva un establecimiento sin dar oportunidades de corrección por la buena. Las autoridades delegacionales y hasta los comités vecinales tienen autoridad para acabar con un negocio,mincluso antes  de abrir. El empresario en esta ciudad debe calcular en sus gastos una cuota para mantener a raya a estas voraces aves de rapiña. Gastos que no tienen recibo y que por lo mismo, son no deducibles.

Las autoridades saben de estos problemas y en vez de poner manos a la obra para poner remedio, elevan los hombros y le advierten al emprendedor que el camino está dificil y se va a poner peor. Ese es el apoyo y el acompañamiento de las autoridades centrales y delegacionales, una advertencia atenta de que no hay muchas alternativas para florecer. Sin fomento para la pequeña y mediana empresa ¿cómo le vamos a hacer? Los grandes consorcios fallan, fíjense en la Línea 12 del Metro y a los chicos los ahogan. Cuenten las sanciones al consorcio ICA-Alstom-Carso y comparenlo con la cantidad de sellos de clausura que hay en todos los barrios de la Ciudad de México. ¿De qué se trata?

 ¡Ah, pero eso si! La basura electoral nos promete una tierra de gracia y soluciones y cambios espectaculares. Los mismos incapaces que frenan el desarrrollo, saltan a otras aspiraciones sin haber cumplido por las que fueron votados. Es un sinsentido total. Se exonera a corruptos, se disculpa a los grandes y se amaga a los pequeños. ¿Así, cómo?

  

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