Desconfianza

Cuando dejamos de creer que alguien va a actuar en forma correcta, cuando la suspicacia se hace presente, hay un freno que se aplica y el flujo normal de la vida se ralentiza por pura precaución. Sucede a nivel global y personal. Cuando falla la certidumbre y creemos que las cosas terminaran diferente de lo que nos prometieron, desconfiamos.

La confianza es un elemento frágil, se rompe pronto si no la cuidamos. Por eso, el prestigio debe cuidarse, el buen nombre debe construirse. El que no lo hace, pierde credibilidad y un chaparrón de infortunios te vienen encima. En el caso de Rosario Robles, no es que la gente le quite de entrada la presunción de inocencia, es que no le tenemos confianza.

Ayer escuché a cierta locutora que defendió a Robles sosteniendo que la prisión precautoria impuesta por el juez es excesiva ya que el delito que ella supuestamente cometió no merece ir a la cárcel. Imaginando que este punto de vista tuviera sustento, el problema que tiene Rosario es que hay sospechas que justifican la falta de confianza que se le tiene.

La historia de Robles nos lleva a recordarla como una mujer inteligente, sí, pero siempre metida en enredos. Rosario se ha rodeado de asuntos espinosos que llevan a la gente a no tenerle confianza a pesar de que dio la cara, cosa que no han hecho otros implicados.

Es verdad, tal vez Rosario Robles tuvo el arrojo de presentarse y enfrentar los cargos. Es posible que al juez se le haya pasado la mano. Es cierto que otros de sus compinches andan a salto de mata. Pero, ella perdió la confianza. Es una pena, tal vez la estén usando de chivo expiatorio. Sí, pero ella anduvo metida en un ajo que tiene que explicar y pocos creen que haya actuado en forma correcta.

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¿Por encima de la ley?

La editorial de la revista The Economist nos plantea está pregunta respecto al presidente de los Estados Unidos ¿puede estar por encima de la ley? Los recientes acontecimientos que revelan las fechorías de Paul Manafort, su exjefe de campaña y de Michael Cohen, su antiguo abogado nos llevan a esta reflexión. Que estos señores hayan sido encontrados culpables de las acusaciones que enfrentaban no sorprende a casi nadie. Aunque la presunción de inocencia debe prevalecer, también es claro que si huele a estiercol, se oyen mugidos y sale leche, por ahí hay una vaca.

El predicamento en el que se encuentra el presidente Trump no se resuelve con declaraciones flamígeras ni con actitudes cínicas. La pregunta que el pueblo norteamericano se debe plantear es si algún ciudadano puede estar por encima de la ley. La fidelidad de sus huestes le alcanzará para torcer la ley, hacerla moño y seguir apoyando a un sujeto que claramente da evidencias de no tener respeto por las regulaciones.

El problema, según The Economist, no es legal, es político. Sin embargo, me parece que el meollo del asunto tiene que ver con la confianza que el pueblo estadounidense tiene y puede perder en la persona que dirige sus destinos. Es vergonzoso ver al habitante de la Casa Blanca dar este tipo de espectáculos. Siempre supimos que esa era la arena en la que Trump se desempeñaba. Pero, ¿será que los estadounidenses quieren un payaso que no respeta la ley para seguirlos representando?

¿Quién puede estar por encima de la ley? Esto es lo que nuestros vecinos deberán empezarse a preguntar.

(The Economist, 25/08/2018)

Permisos de construcción

Por un tiempo, los permisos de construcción en lo que fue el Distrito Federal estaban restringidos. Después del terremoto de 1985, se hicieron intentos serios de desconcentrar la ciudad más grande del mundo. Se buscó dar oportunidades a las personas para ir a vivir a otros lugares y construir en el área metropolitana no era fácil. Fueron los años en los que la periferia se desarrolló y lugares como Ecatepec y Ciudad Neza crecieron en densidad demográfica.

Pero, llegó López Obrador a la Jefatura de Gobierno y la cosa cambió. Los gobiernos perredistas se dieron cuenta del gran negocio que representaba eso de dar permiso a las constructoras y se abrió la puerta que antes se había cerrado. De repente, las colonias se transformaron: las casas se demolían para construir edificios con microdepartamentos que más que viviendas, parecen cajitas de cerillos.

Nada interesó que el agua fuera a escasear, que no hubiera suficientes servicios, que las aglomeraciones y el tráfico se fueran a multiplicar. Lo importante era llenar las arcas con billetes contantes y sonantes. El paisaje incorporó maquinaria, grúas, manos de chango y la industria de la construcción floreció. Los edificios se multiplicaban como una plaga de langostas y la composición urbana se modificó.

Los gobiernos de la Ciudad de México desde el año 2000 hicieron de la legislación de uso de suelo la mejor mina de oro. Por un lado, los permisos para construir se repartían como si fueran indulgencias en la Edad Media, o se vendían o se otorgaban a quien mejor le convenía a los gobernantes. Las clausuras se daban a pequeños negocios que no tenían proximidad con algún influyente.

En el desorden se forjó el caos que representa la vida en la Ciudad  de México. Improvisaciones, construcciones, influyentismo, bicicletas, peatones, automóviles, trailers, máquinas, todos luchando por un espacio, mientras la luz, agua, drenaje, gas, recolección de basura se vuelven bienes escasos, caros e ineficientes. Tuvimos que aprender a lidiar con hoyos, baches, socavones, llantas ponchadas, aglomeraciones, tráfico, estrés, contaminación, contingencias. No son modos de vivir.

¿Y si aprovecháramos esta oportunidad para reflexionar? Tal vez, el sismo de este diecinueve de septiembre nos lleve a pensar que tantas construcciones en un suelo tan movedizo no es buena idea. Quizás podamos pensar que tantos departamentos no son lo mejor porque no tendrán los servicios necesarios para vivir adecuadamente. En 1985, se pusieron parques memoriales donde antes hubieron edificios caídos. Pero, desaparecieron para dar lugar a nuevos edificios, con espacios más pequeños y hacinados. ¿Y si volvieramos a hacer parques memoriales?

¿Y si aprovechamos la oportunidad para reflexionar sobre la ciudad en la que queremos habitar? ¿Y si las autoridades tuvieran el honor y la consciencia de dejar de firmar permisos de construcción y pensaran más en los habitantes que en sus bolsillos?

 

 

Ser Xóchitl o ser Karime

Ya sabemos que hay hombres inquietos que no se conforman con un sólo amor, su generosidad le alcanza para varias mujeres. Sí, pero como dice el dicho, una es la catedral y otras son las capillitas. Javier Duarte entendía bien estos juegos. No es lo mismo ser Xóchitl que ser Karime.

Xóchitl es la capillita que fue expuesta con poca ropa , exhibieron su vida íntima, le reprocharon su ambición, vulgaridad y ya está imputada por cargos de enriquecimiento ilícito. Esta mujer no pu de explicar cómlo le hizo para comorar un departamento de ocho millones de pesos que, sin duda, le regaló el exgobernador de Veracruz. 

Karime Macías es una catedral sólida. Ella vive feliz en Europa. A la esposa de Javier Duarte le bastó decretar que toda esa riqueza que le llegó, le era merecidícima. Y, parece que la realidad le da la razón. De todos los,personajes del desfalco de las arcas veracruzanas, la que esta encantada de la vida es ella. 

No cabe duda, en este mundo tan singular, la tradición se confirma. La señora de la casa tiene preponderancia sobre lo demás. Las promesas de amor eterno que se hacen en el extraradio del hogar, dificilmente prosperarán. Claro, algunos dirán que un fracaso de ocho millones de pesos suena a victoria. Pero, no. No nos dejemos engañar. 

Xóchitl Tress fue evidenciada ante todos como la amante de un pillo que recibió una fortuna, pero si comparamos lo que tiene la señora Duarte, empezamos a entender. La violencia que se ha ejercido contra esta mujer, resulta inequitativa si nos ponemos en perspectiva: llamarse Karime tiene mejor pronóstico si el nombre de tu amor es Javier Duarte. 

Ella tampoco es inocente. Se metió entre las patas del caballo. Duarte era un hombre casado y tarde o temprano la infidelidad pega como un boomerang. El golpe es doloroso en parte porque es inesperado. Pan y circo. El espectáculo es deplorable. ¿De dónde le llegó la seguridad para lanzarse al vacío por un hombre así?

#TodossomosReynosa

La alerta roja se enciende. Las sirenas se escuchan. Las torretas se prenden. El transporte público se suspende. Las calles quedan desiertas. La ciudad tiembla. La gente detiene la cotidianidad. Hay peligro. Reynosa deja su actividad vibrante y pone la vida en pausa. ¿Por cuánto tiempo? La violencia deposita terror. 

¿Qué sentirías si todos los días amaneces con la zozobra de que una bala de alcance a ti o a tu familia? La posibilidad de salir a la calle y encontrarte en medio de fuego cruzado, de repente, mientras vas al pan o a la farmacia es real. La probabilidad de que alguien, a quien conoces y quieres, caiga abatido por una bala sin deberla ni temerla, es altísima si vives en Reynosa. 

La Presidenta Municipal de Reynosa levanta la mano para pedir ayuda, el Gobernador de Tamaulipas busca el apoyo del Gobierno Federal, los mexicanos interrumpimos la respiración. Sabemos lo que está sucediendo ahí, ya habiamos visto esta historia. ¿Cómo es posible que la memoria diera para tan poco? Apenas elevabamos los ojos al cielo para agradecer que Ciudad Juárez estaba en calma cuando en Reynosa truenan balazos como si fueran fuegos artificiales.

La tentación de mirar para otro lado se nos quita. Volvemos la mirada a Puebla, tan chula y tan linda, para enterarnos que los huachicoleros ya la hicieron tierra de nadie. Le enseñan los dientes a la policia, agarran a pedradas a los militares y por si las moscas, usan a los niños como escudos humanos  para protegerse y seguir delinquiendo.

En Guerrero los tequileros asustan a la gente de bien, en Baja California los balazos truenan como en el viejo oeste, los expertos dicen que México vive una guerra de baja intensidad y, al ver las armas que se apuntan a la población civil, la apreciación me parece que está mal calibrada. Cualquier día, aparecen cadáveres colgados de una cuerda en un bajo puente o apilados en la cuneta de la carretera o metidos en la cajuela de un auto. Matan periodistas y escribir se convierte en un oficio peligroso. Se nos va la vida en ello. 

Lo curioso es que perdemos la capacidad de asombro. Lo triste es que ya nada nos conmueve. Lo lamentable es que olvidamos. Todos debiéramos ser Reynosa. Todos debiéramos ser solidarios con los que tienen miedo. El gobernador de Tamaulipas recorre las colonias más peligrosas para demostrar que no hay que temer y la Presidenta Municipal se queja de no tener ni un chipote chillón para defenderse. ¿Quién podrá defendernos?

No hay discursos que alcancen, ni políticos que resuelvan. Nos quedamos solos, encerrados en un cuarto sucio y con la puerta atrancada por fuera. No hay alternativa: o limpiamos nosotros o nadie lo va ha hacer. #todossomosreynosa debe ser un llamado a la reflexión. ¿Qué puedo hacer? Si veo el problema a la distancia, no puedo hacer nada. Está tan lejos y es tan grande que me desborda. Pero si limpio lo que me toca, entonces sí tengo capacidad. 

Si mis posibilidades son limitadas e ínfimas frente al problema de México, no importa. Si no empiezo a poner la basura en su lugar, seguiré viviendo entre la suciedad pestilente que me desagrada. Es mi obligación y mi prerrogativa hacerme responsable de lo que me toca, independientemente de lo que hagan los demás. Si el Presidente es incapaz o eficiente, si los Gobernadores son rateros o son honestos, si los Delegados son cínicos o son honorables, es algo que no incide en mi conducta. 

Si quiero que #todossomosreynosa sea real, tengo que poner mi propia basura en su lugar. Así que. La tolerancia cero empieza en primera persona y la congruencia es la moneda de cambio con la que se debe dar el primer paso. 

Incongruencia

El mundo está atestiguando una baja en la aceleración del crecimiento económico, en muchas regiones la desaceleración se transfroma en decrecimiento. No sólo estamos parados, nos estamos haciendo chiquitos. Nunca como ahora, el anhelo de que la siguiente generación tenga un mejor futuro que sus antecesores parece una fantasía. Los padres estamos enfrentando una cruda realidad: es posible que el porvenir de nuesteos hijos sea más duro que el nuestro. No es pesimismo puro, es verdad que se basa en datos duros. El desempleo no se abate con educación, los egresados de escuelas de nivel superior, al terminar sus estudios salen al mercado y encuentran ofertas poco alentadoras. La mayoría de los trabajos que se ofrecen, suenan más a subempleos que a otra cosa. Hay un desperdicio de las potencialidades y una subutilización de la capacidad técnica de la gente.

No se trata de despreciar ninguna forma de ganarse la vida, pero ver a un médico manejando un taxi, a un abogado sirviendo mesas, a un contador lavando toallas, en vez de estar operando, trabajando en tribunales o dando asesorías, duele. La digitalización de procesos ha hecho que las máquinas sean más eficientes, precisas y fáciles de operar que un empleado de carne y hueso.  Buscar trabajo es cada vez más complicado y encontrar un empleo adecuado es tan dificil que muchos terminan aceptando algo para lo que estan sobrecalificados. La frustración es la emoción regente de estos tiempos. El que quiere y puede trabajar, no encuentra dónde hacerlo.

En esta condición, el emprendimiento es una alternativa. Aterrizar ideas, generar proyectos que creen riqueza y fuentes de empleo es un camino de solución que debería ser apoyado por las autoridades. El emprendedor debería contar con el sostén del Estado y con el acompañamiento de quienes le representan. El fomento de la actividad emprendedora debiera ser una prioridad y no lo es. Al menos, no en la realidad.

El discurso oficial se llena de palabras de apoyo, cualquiera cree en la  buena voluntad y las intenciones, pero en el mar de incongruencias, el empresario nada contra corriente. Además del riesgo propio que enfrenta el que inicia un negocio, está la tramitología, la corrupción y las leyes y reglamentos que lejos de fomentar, inhiben el espíritu emprendedor. En la Ciudad de México se frena el crecimiento de los proyectos. 

Te dicen que emprendas, pero en tu casa no. O,  o tanto. Puedes usar el 20% para trabajar y si hay una denuncia ciudadana, adiós proyecto. Un vecino envidioso está facultado para enviar una inspección que, no sólo irrumpe en la intimidad del hogar, sino que puede transformar un sueño en pesadilla. Una visita de los inspectores puede acabar en una clausura si por alguna razón el negocio creció más de lo que a ellos les parece pertinente. Entonces, hay que crecer, pero poquito. Hay que tener éxito, pero no tanto.

¿Cómo vamos a apoyar al emprendedor, si no le damos oportunidad de crecer? El propósito de todo proyecto es generar utilidades y lograr el máximo desarrollo posible. Pero, si al despegar, el que debiera apoyar es el que te pone el freno, quedamos en un terreno absurdo. Así es la incongruencia.

La propuesta de Pedro Kumamoto

Pedro Kumamoto es el ejemplo de las buenas prácticas  llevadas a la realidad con éxito. Es un joven político mexicano, el primer candidato independiente en ganar una elección para ocupar un puesto de representación popular en Jalisco. Su hazaña consistió en perseguir molinos a pesar de que todo el mundo le advertía las dificultades de avanzar contracorriente. Con más de 50 000 votos a su favor, más que los que recibió cualquier partido político, Kumamoto logró ganar en su Distrito para ser su representante en el Congreso del Estado de Jalisco y lo hizo con un presupuesto modesto.

Es un muchacho valiente, claro y entiende el mundo de forma tal que hace que las variables jueguen a su favor haciendo las cosas como deben ser. No lo conozco, me gustaría porque así, nada más de verlo me cae bien. Y, si por sus hechos los conocereís, con lo alcanzado por este joven ya me cae de maravilla.

Me simpatiza más porque él, a diferencia de tantos, en vez de llorar, de echarse ceniza al pelo, de tomar las calles y quejarse, se pone en movimiento y lanza una propuesta que debemos escuchar. Con los recursos de un milenial que sabe moverse en las redes sociales ya empezó a hacer ruido en torno a lo sucedido en el Congreso con las Leyes de Transparecia y el Sistema Anticorrupción que tanto necesitamos. Subió un video a la Red en el que lanza una propuesta que vale la pena atender. Avanza en vez de quedarse estancado.

En el video, Kumamoto empieza haciendo un recuento de la Ley tres de tres y nos recuerda el gran esfuerzo ciudadano que implicó, luego identifica a los legisladores que en su sector votaron en contra y a quienes de manera cobarde se salieron del recinto legislativo para no votar. A ellos, que fueron elegidos para representar a los ciudadanos y en vez de cuidar sus intereses fueron en contra de sus votantes les pone en la palestra y conmina, con razones, a no volver a votar por ellos. Y nos invita a no bajar las manos, a seguir trabajando para matar al enemigo que nos tiene atrapados, a destruir la corrupción.

Más que gritos y sombrerazos, más que túnicas rasgadas y posturas que nos llevan a ningún lado, acciones. La propuesta de Kumamoto es a salir del letargo, a seguir trabajando. Me gusta, sobretodo, más lo que muestra que lo que dice. Nos hace ver que cuando el objetivo es alto, los obstáculos van a complicar las cosas y sin ánimo nos van a vencer. La corrupción es un animal hambriento, voraz, salvaje y agresivo. También es asustuto y sus cancerberos le son muy leales. La batalla apenas empieza, ni llantos ni lamentos, mejor hechos. Ya es tiempo de limpiarnos las lágrimas, de curarnos las heridas, de sacudirnos el polvo y ponernos a luchar a facor de la transparencia. 

No conozco a este joven político pero me cae muy bien. Me gusta ver a Pedro Kumamoto y me gusta escuchar sus propuestas. ¿Ya sabes quienes son los que votaron en contra de los ciudadanos y de la ley 3 de 3? Averigua y si fue alguien que se llevó tu voto en el pasado, no vuelvas a confiar en él o en ella. Ya ves lo que hacen con la confianza de los ciudadanos. No hay pretextos que valgan.

Nuestro Sistema Nacional Anticorrupción 

Alguna vez, mi maestro Celso Santajuliana me dijo que no todo inicio tiene que ser magistral. Sabía de lo que hablaba y las razones por las que lo decía. Se dirigía a escritores que empezabamos a escribir nuestra primera novela y sabía que muchos soñaban con ser los autores de una obra maestra —todos albergabamos esa fantasía—. A medio curso verificó el avance de las novelas y muchos no habían escrito, destruían sus líneas, arrugaban las hojas, arrojaban el trabajo a la basura, porque nada les parecía digno. Celso se burlaba de ellos y me decía que esos que quieren la gran obra maestra desde un inicio jamás serían escritores. 

Este recuerdo me viene a la mente por las estrepitosas estridencias con respecto a las leyes aprobadas para el Sistema Anticorrupción.  Por un lado, hay quienes sacan las matracas y festejan a todo volumen y, por el otro lado, hay quienes se razgan las vestiduras y se echan ceniza en la cabeza como si estuvieran enterrando a un muerto. Ni una ni otra. Pero si alguna actitud de éstas me parece peor, es la de los que critican sin ver el avance que esto significa.

Es verdad, la ley pudo haber sido mejor. Tiene hoyos, no hay duda. Quedó incompleta y nos huboera gustado un privilegio mayor a la transparencia. Todo es cierto y tan sólido como un lingote de oro, sin embargo, no todo inicio tiene que ser magistral. En ocasiones, es mejor empezar a dar pasos cortitos que quedarse sentado soñando con un maratón. Mirar tan alto es una forma de parálisis. Lo importante es dar los primeros movimientos, aunque las pisadas sean cortitas. ¿Cuántas cosas se han quedado en el tintero de las buenas intenciones por querer arrancar con todo perfecto y sin arrugas? Si en serio quieren saber cuántas, échenle un ojo al Plan Nacional de Desarrollo del Presidente Peña y verán la cantidad de buenas ideas que no se llegarán a concretar, que son necesarias y que están paradas buscando la perfección.

Digan lo que quieran, me parece de celebrar que el Sistema Nacional de Corrupción haya nacido, aunque sea chuequito, mejor eso que los embarazos de la tía Cuca que siempre asustaba con la cosa de que otra vez estaba en cinta y a los quince días salía con que fue un susto. La casa se le llenó de sustos, nunca llegaron los primos.

En esa condición, mejor fea que nada. ¿No creen? 

La ley anticorrupción

Todos arrugamos la nariz y echamos las manos para atrás cuando se habla de corrupción. Muchos justificamos nuestros delices y damos cincuentamil explicaciones, aunque sabemos que lo que está mal, simple y sencillamente está mal. No hay atenuantes ni forma de transformación. Sin embargo, no es lo mismo darle un billete a un oficial de tránsito que recibir millones de dólares para ser el beneficiaro de una concesión gubernamental. Claro, el mal entra por ranuras pequeñitas y avanza hasta convertirse en un mal que se roba el tres por ciento del Producto Interno Bruto Nacional.

La corrupción frena el desarrollo y afecta a las familias, al ciudadano de a pie, genera resentimientos y, sobre todo hace más grande la brecha entre los que todo tiene y los que carecen de todo. Además lo hace en forma ilegítima.

Corruptos hay en todos lados, la tentación ante el arca abierta es muy grande y se necesita una nobleza de semejante proporción para no caer en ella. Los dichos  populares son reflejos de la verdad que se vive: Pena es robar y que te atrapen. ¿Cuántos de los que arrugaron la frente, elevaron el dedo y señalaron envueltos de  indignación por actos de corrupción hoy son  motivo de escándalo? Basta echarle un ojito a los Papeles de Panamá para darse cuenta que en ese selecto grupo caben los de sangre azul, los de la farándula, los políticos, los santurrones, los que se dicen de manos limpias, las hermanas de reyes, los narcotraficantes y la lista sigue y sigue. 

No cabe duda, la corrupción es democratizadora. Todos la reprobamos y muchos disimulan hasta que los agarran con las manos en la masa. En Mexico, a diez días de que culmine el período  ordinario de sesiones, se discute la ley anticorrupción, que es una forma de empezar a limpiar la casa. Lo malo es que les dimos el trapeador y la escoba a los que menos les conviene que se limpie ese cochinero. La evidencia radica en que, a pesar de que es su obligación aprobar esta ley, ya la agarraron de moneda de negociación. 

Unos argullen unos motivos y otros se justifican con otros. Dicen que se pelean y en realidad están de acuerdo. La discusion de las reformas de corrupción son una forma de aliviar al enfermo, pero, ¿para qué curarlo si yo necesito el dinero?, dirán los herederos. Así las cosas, esperamos grandeza de miras en nuestros legisladores. Como en este México mágico todo puede   suceder, en una de esas nos dan la sorpresa y el Poder Legilsativo nos entrega una ley planchadita y lista para ponerse a trabajar. 

  
 

Otra vez El Chapo

En el silencio de una celda vacía se centra la estupefacción del mundo. ¿Cómo que se volvió a escapar? Lo increíble de la noticia llama a la risa y a la broma en primera instancia. Los memes, los chistes, las vaciladas brotan con la facilidad yerba en el ingenio de los mexicanos. Mejor morirnos de risa que de miedo.

Apenas hace unos meses las autoridades exhibían al mundo la imagen de un hombre avejentado, enfermo, con la cabeza gacha y nos presumían la miseria del hombre más buscado, del delincuente más peligroso, de la versión remasterizada de Al Capone.  Joaquín Guzmán Loera, el sanguinario Chapo, reducudido a un guiñapo que vivía en un departamento modestísimo, con muebles de plástico en condiciones de lágrima sería ingresado al penal del Altiplano donde purgaría todas sus culpas.

Más valdría no haber visto tanto. Mejor ni se hubiera hecho tanto ruido de esa captura. Nos enteramos de las tácticas que llevaron a una captura sin balas ni sangre. Nos sentimos orgullosos y la gente de bien sonreímos ante la victoria de los buenos sobre el mal. ¡Ahí tienen todos los que han hecho fama y fortuna enalteciendo las fechorías del narco! ¡Para que vean los que se embelesan con narcocorridos, narcomovelas, narcohéroes! ¡Entiendan, ni es la historia de Robin Hood ni se trata de Chucho el Roto! Pero en pocos meses la ilusión se reduciría a la estupefacción: El Chapo lo volvió a hacer.

El hombre débil y macilento hizo del penal de Maxímizima seguridad de la Nación su cuartel de operaciones y a fuerza de billetazos construyó un túnel para poner pies en polvorosa. ¿Volverá Joaquín Guzmán a vivir en la modestia de un departamento clasemediero? ¿Se irá a disfrutar de una vida de lujos y dispendio en las calles de Chicago? ¿Andará jugando en las olas de Mazatlán?

¿Qué nos queda a nos mexicanos al enterarnos que la puerta del Altiplano fue más grande que la de Jalisco? Me imagino la cara de Osorio Chong al informarle a su jefe semejante notición. El sofocón que se habrá llevado el Señor Presidente y lo descompuesto que estará el rostro de la Primera Dama. Otra vez El Chapo nos la hizo. 

No podemos dejarnos engañar. hay voces que piden la dimisión del Presidente, la reununcia de la Procuradora, del Secretario de Gobernación, del General Secretario, del gabinete legal y ampliado. ¿Para qué? Se van ellos y nosotros nos quedamos aquí, ensartados con el problema que más nis debe de preocupar: ¿que vamos a hacer ahora que El Chapo lo volvió a hacer? A ver si cuando se nos acabe la risa no nos acobarda el miedo.

  

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