Uber

Uber, empresa internacional que ofrece un servicio de transporte privado, es consistente. Tiene una visión global que aplica sistemáticamente: es mejor pedir perdón que pedir permiso. Así, básicamente, ha entrado a dar servicio a todas las ciudades en que se encuentra. Sin pedir permiso, como lo hacen los taxis en todas partes del mundo, ellos han encontrado una forma de darle la vuelta al trámite y dar un servicio eficiente. También es consistente en algo más, está al pendiente de su cliente, busca su satisfacción.

La gente de Uber vio una estupenda oportunidad de hacer negocio al entender algo fundamental: en el mundo los taxistas abusan de sus usuarios. Lo mismo en París que en Las Vegas, en Barcelona que en Buenos Aires, las tarifas son un enigma y si eres turista estás en condición de ser timado. Muchos dirán que los taxistas están muy vigilados y que no todos tienen malas prácticas, es cierto, pero la mayoría no operan tan correctamente como debieran. Ahí está el éxito de Uber en el mundo, ellos sí.

Los usuarios suben a un auto limpio, con chofer correctamente vestido, con una tarifa conocida y prepagada y disfrutan de un servicio seguro. Como resultado tienen clientes felices. Es una de las aplicaciones del método de Eric Ries, Lean start up, más exitosas que hay y han seguido en su operación el modelo de Michael Porter. Entienden la cadena de valor y defienden su ventaja competitiva, es decir, son un servicio eficiente que tiene  feliz a sus usuarios.

Funciona bajo el precepto económico de Adam Smith, es decir, su tarifa dinámica juega con las reglas de la mano invisible. A mayor demanda, sube el precio y vice versa. Sin embargo, cuando la teoría keynesiana entra en escena el modelo rechina. Es decir, cuando el gobierno manipula la mano invisible y se da un enrarecimiento en las condiciones que detona una demanda aumentada en forma artificial, la tarifa dinámica se vuelve loca y se eleva en forma ridícula.

Para Uber fue algo nuevo lo que sucedió en la Ciudad de México la semana pasada. Hubo gente que pagó hasta diez veces por un  trayecto, la demanda se elevó porque hubo una obligacion de dejar de circular y el transporte público no es suficiente. El mercado no actuó en forma libre. Lo grave no fue lo que sucedió con el sistema de Uber sino que colapsara la movilidad de la capital de la República por decisiones  que, claramente, son improvisaciones que afectan a la ciudadanía y dan resultados muy pobres.

Las autoridades qusieron canalizar todo el enojo de la gente hacia Uber. Los usuarios estan furiosos con la empresa y tenían razón de estarlo. El director general de la empresa salio a explicar el funcionamiento de la tarifa dinámica y, evidentemente, fue peor. Mientras tanto, vehículos oficiales, rutas de microbuses, transporte público seguían emitiendo contaminantes en forma criminal. El insuficiente transporte público, colapsó. La gente no debía ni usar bici ni caminar, el aire estaba muy contaminado, sigue estando.

Pero digo que Uber es consistente, ellos piden perdón. Pero no como el Jefe de Gobierno, lo hacen con palabras y acciones. Mandaron un correo electrónico a sus usuarios ofreciendo una disculpa y reembolsando a aquellos que pagaron tarifas exorbitantes, además, para aquellos que recibieron un cobro más alto de 5 veces la tarifa normal hay dos viajes gratis. Así, también son consistentes, buscan la satisfacción del usuario. Saben como tenerlos contentos.

Uber es una empresa que me cae bien. La he usado de ejemplo en el salón de clase y el análisis ha traído buenas discusiones al aula. Me sirve de ejemplo para decir que sí hay forma de aplicar la teoría a la realidad. Aclaro, la única relación que tengo con ella es como usuaria, mis hijas han hecho uso de sus servicios y están encantadas. 

Al hacer de Uber un caso de estudio he llegado a la conclusión de que la empresa es consistente en dos principios, pide perdón en vez de permiso, es decir, se atreve y tiene al usuario como primera prioridad. No se pierde en decálogos inalcanzables y en misiones redactadas como si fueran tratados eruditos. Pero, eso que puede parecer poco, lo cumplen. Por eso tienen tanto éxito. 

Así las cosas, prefiero la consistencia que los golpes en el escritorio. ¿O no?

  

Tristes y enojados

Los habitantes de la Ciudad de México estamos tristes y enojados. Evidentemente, la tristeza se origina al enterarnos la calidad de aire que en cada respiro metemos al cuerpo. Tenemos la sensación de que cada aliento nos llena de algún tipo de veneno que nos ensucia, nos daña y nos enferma. A nadie le gusta respirar cochinadas que nos lleven a perder la salud. Eso está  claro.

También estamos enojados. Los cambios no gustan. El estilo de vida se modifica de un día a otro. Se nos exigen sacrificios que a cada uno en particular le representan diversos costos. No se trata de encerrar un auto, o de sufrir apachurrones en el transporte público, ojalá fuera sólo eso. Se trata de las consecuencias de parar la capital de la República. Unos no llegaron a trabajar, no porque fueran flojos, porque no hubo forma. Muchos estudiantes no asistieron a clases porque sus padres no tuvieron forma de llevarlos. Muchas frutas y verduras se pudrieron porque no pudieron ser entregadas. La actividad económica se vio frenada, la vida se aletargó para unos y para otros se violentó. Pocos están haciendo su agosto en pleno Abril.

¿Cómo dirigirse al destino si no hay medios? El Metro, Metrobús, la Red de Transporte Urbano colapsaron ante la sobre demanda, las bicicletas no se podían utilizar dada la calidad del aire, el sistema de Uber, que funciona como la mano invisible de Adam Smith aprovecho la excelente oportunidad de mercado y elevo las tarifas ostenciblemente, los taxis eran tan fáciles de conseguir como el agua fría en el desierto. 

Estamos súper enojados porque la contaminación nos cuesta, nos altera los tiempos y movimientos de la cotidianidad y, además, nos mata. Estamos  molestos por la forma en la que la autoridad nos habla, nos chantajea y nos regaña.  Es por la salud de sus hijos, nos dice Miguel Ángel Mancera. Gutiérrez Lacayo de impacienta por la ignorancia que los habitantes de la megalópolis tenemos sobre la materia y exhibe una tolerancia similar a la que tuvo Luis XVI. Lo malo es que la Ciudad de México no es Versalles y los ciudadanos no tenemos guillotinas.

Estamos súper tristes al ver el cielo gris, polvoso y con humo. Las banderas no ondean, no sopla el viento y mejor ni relfexionamos en el hecho de que lo que se ve también se respira. Ahí sí se pone a prueba la democracia: pobres y ricos, empleados y desempleados, trabajadores y patrones, sector público y privado, todos respiramos lo mismo. El ambiente está sucio y eso es más que una metáfora.

Las calles hablan y los funcionarios improvisan. Los niveles de contaminación son algo serio, dice Gutiérrez Lacayo con el ceño fruncido. Pero el transporte público emite humos tan negros que pintan las ropas de los que tiene la mala suerte de estar cerca del tubo de escape, las manifestaciones siguen tomando las calles con demandas que afectan a millones de personas ya que obstruyen la circulación, los carriles especializados son invadidos: los de ciclistas por automóviles, los de peatones por bicicletas, los de autos por peatones. Las patrullas se estacionan en doble fila. Y, claro, los que sustentan la autoridad se echan unos a otros la bolita y no asumen la responsabilidad de está papa hirviente. Sus declaraciones van llenas de pretextos y justificaciones. Esto no entra dentro de mi ámbito de competencia, eso no es mi responsabilidad, esto le toca al de enfrente, eso no me toca a mí. Bla, bla, bla y los pulmones de los capitalinos, ennegrecidos 

El Jefe de Gobierno de la Ciudad de México estira la mano y pide fondos al Gobierno Federal. El Secretario de Hacienda se muere de risa y le dice que en pleno recorte presupuestal ni crea que habrá fondos, menos en tiempos preelectorales en los que jamás se ayuda a los del otro partido. Nadie habla de optimizar gastos, de ordenar los regaderos, de disciplinar alos  mugrosos, de poner la basura en su lugar. Evidentemente, en la comodidad de una oficina no se alcanza a ver el cochinero.

Por eso, ¿cómo no vamos a estar tristes y enojados? 

  

Decisiones desde el escritorio. Otra más del no circula en la CDMX

Si no fuera por la alarma que me causa, me daría risa. Respirar aire de mala calidad no es un chiste. No obstante, parece que las personas que toman decisiones al respecto en la Ciudad de México lo hacen de forma alegre sin pasar por el tamiz del análisis. Es tan cómodo reunirse a debatir en una oficina con asientos de cuero y escritorios de maderas finas que se les olvida pensar en la posibilidad de salir a la calle, observar, poner a prueba sus hipótesis, utilizar el método científico y verificar si lo que se les ocurre en el despacho funciona en la calle. 

Desde el escritorio, agitan el avispero del resentimiento: que los comodinos dejen el coche un dia a la semana, que se den un baño de pueblo y se enteren de lo que se siente subirse al transporte público. En el acto, miles de focas reaccionan aplaudiendo una medida tan acertada, tan ecologista, tan verde y tan vanguardista. En el pináculo de la egolatría, los funcionarios se regodean en su sabiduría. Desestiman la Historia que ya probó que el Programa Hoy no Circula no le funcionó al entonces regente Manuel Camacho Solís, desestiman los muchos estudios que dieron cuenta del fracaso monumental de semejante iniciativa y dejan de escuchar las voces de científicos que advierten el fracaso monumental de sus imposiciones. 

Es muy fácil decretar medidas en contra de ciudadanos que no tienen fuerza para revelarse. La voz de la ciudadanía no se escucha en esos escritorios. Y, ni con buenas razones se les hace entender. Lo peor es que el costo político no se ve reflejado en las urnas. Así somos. El Programa Hoy no Circula no funciona porque el transporte público es insuficiente y no constituye una alternativa real. Cambiar auto por bicicleta le implicaría a una persona que vive en La Quebrada y trabaja en la colonia Del Valle salir con seis horas de anticipación, ¿a qué hora dormirá si tiene que pedalear doce horas para salir y regresar a casa si también tiene que trabajar? El parque vehicular aumenta con estas medidas simplonas y el problema se complica.

Sin duda, es más fácil aventarle el problema a los automovilistas que buscar medidas que sí resolverían los temas de la calidad del aire. Pero hay que aparentar que los señores trabajan para que cobren un sueldo. Por qué no meterle mano a las manifestaciones que bloquean la circulación y aumentan las emisiones contaminantes, por qué no cuidar que las unidades de transporte público, vehículos oficiales, camiones de recolección de basura estén afinados y no emitan humo, por qué no escuchar lo que tienen que decir los estudios de ingeniería de tránsito de la UNAM para sincronizar en forma inteligente los semáforos, por qué no reconsiderar las velocidades de crucero del nuevo reglamento de tránsito.

¿Por qué no abren los oídos? 

Pero no se vale emitir quejas sin dar alternativas. También hay medidas implementables que ayudarían a la mejora de la calidad del aire, por ejemplo, el abastecimiento de mercancías a tiendas de conveniencia y abarrotes podría hacerse en las noches. Los vehículos de carga deberían circula en horarios especiales. La recolección de basura podría hacerse después de las veinte horas. Las actividades de bacheo deberian hacerse en las madrugadas. 

Pero, en plena contingencia, los camiones recolectores obstruyeron la circulación, las actividades de bacheo estorbaron al flujo vehicular, los camiones repartidores se pararon a media calle sin ningún problema. Por desgracia, los funcionarios no se percatan de eso porque no salen a vivir y a verificar lo que sucede más allá de los escritorios.

Un ejemplo, la calle de Patricio Sanz en el tramo de Viaducto a Ángel Urraza: la circulación vehicular de redujo porque se dio un carril para los ciclistas. La velocidad disminuye no sólo por ello, sino porque al tratar de avanzar, ciclistas y automovilistas encuentran varios obstáculos: al señor barrendero que oscila entre un carril y el otro, la mamá que despide a su hijo en la puerta de la escuela y le da siete veces la bendición, el semáforo que da prioridad a los ejes viales, la patrulla que se estaciona en doble fila para que el agente de tránsito se pueda echar sus taquitos de canasta, el camión de refrescos que está bajando las rejas y se estacionó invadiendo media calle, la motoneta que va entregando el periódico, el auto que está parado sobre la banqueta y que hace que los peatones bajen al arrollo vehicular. Todos invadiendo y estorbando al otro. Un desorden.

Claro, el ciclista invade el carril de los vehículos y viceversa, el peatón circula por la calle y las bicis por la banqueta poniendo en riesgo a unos y otros, causando riesgos de vida por accidente y generando mayor contsminación. Dejar de circular un día no alivia estos problemas. Ponerles órden sí. 

Desde luego, eso sí que requiere que los funcionarios salgan de sus oficinas, dejen sus escritorios y se pongan a trabajar. Requiere creatividad más que la facilidad de la prohibición. Eso sí que está difícil, por lo tanto, optan por medidas retrogradas que ya dieron evidencia de la limitada solución. Lo triste es que ni cuenta se dan, desde su bello escritorio todo luce de maravilla.

  

Calidad del aire

Ayer, la calidad del aire fue pésima en la Ciudad de México. La recomendación es encerrarnos, no salir, quedarnos quietos. Movernos no está recomendado. Hacer ejercicio al aire libre, menos. Andar en bici es malo para la salud y usar el coche es criminal. La solución queda en manos de los particulares que o nos alineamos o nos alineamos, no hay de otra. Se fataliza el uso del auto, al que le atribuyen las culpas por ensuciar lo que la naturaleza había limpiaso tan violentamente la semana pasada. Es muy fácil lanzar la responsabilidad a tantos que asumir la que le corresponde al Estado.

Si bien los autos son una fuente de contaminación, no es la única. Investigadores de la UNAM pronosticaron que las medidas del nuevo reglamento de tránsito elevarían los niveles de contaminación. Predicaron en el desierto, no fueron escuchados y la profecía se cumplió. Las autoridades prefieren esconder las manos que asumir la responsabilidad. También, estudiosos de la misma universidad propusieron una forma de programar los semáforos para agilizar la vialidad y bajar los niveles de contaminación, no han sido escuchados. En el Palacio del Ayuntamiento se padece de sordera.

La descoordinación es total. La Comisión Ambiental Metropolitana avisa de la contingencia y la obras viales no se suspenden. Los propios vehículos oficiales obstruyen la circulación y alentan el ritmo de la ciudad, ayudan a incrementar los niveles de contaminación. Ayer, un tapón vial se formó en la calle de Patricio Sanz. El caos vial lleva días. El flujo de circulación de autos se redujo por dar espacio a los ciclistas. En el  carril de los coches, el camión que recolecta la basura se para obstruyendo el paso. Los automovilistas invaden el espacio de los ciclistas. Los ciclistas el de los peatones. Los peatones se bajan al arroyo vehicular. Los autos permanecen parados mientras las señoras salen a tirar la basura. Quince minutos de obstrucción vehicular. ¿No sería mejor recoger la basura a otra hora?

Se ofrecen servicios de transporte gratuitos. Son insuficientes. El Metro y el Metrobús van más apretados que una caja de cigarros nueva y no cabe un alma más. Además no llegan a todos lados. El servicio se hace lento ante una demanda aumentada en un momento y, no podemos negar que se cometen robos y faltas de respeto, especialmente a mujeres que sufren de toqueteos por todos lados. Entre los empujones por salir o querer entrar se provocan accisentes. Ademas la red de transporte no abarca toda la ciudad. Los peseros que suplen las insuficiencias del servicio, contaminan y abonan al problema.

Pero Miguel Ángel Mancera está muy ocupado tratando de adaptar modelos de ciudades extranjeras a la Ciudad de México. Eso en principio no está mal, lo malo es que copia, como un estudiante en examen, en lugar de innovar. Hace una reproducción sin tomar en cuenta las diferencias y las peculiaridades de está megalópolis. Ya nos está empezando a costar tanta necedad, ahí está la calidad del aire. ¿Qué sigue?

  

La mentiras de Grupo México

Las aguas del río Sonora están sucias, ahí el agua no es vida, se mancharon de muerte. No se les puede beber, ni usar para riego, ni para nada. Están como arcillosas, achocolatadas, aceitosas. Los peces flotan panza para arriba, con la boca abierta y los ojos opacos. Las aves que se ensuciaron al buscar la vida, al acercarse a abrevar no pueden elevar el vuelo, están pesadas, el agua las marcó. Están moribundas. Las personas que bebieron de ese afluente se enfermaron debido al derramamiento de sustancias tóxicas con que se contaminó esta vena fluvial tan importante.
No. No se trata de una escena futurista en un cuento de ciencia ficción. Tampoco es un castigo de la naturaleza que se encargó de azotar a la región del norte del país ni es una venganza apocalíptica de los últimos tiempos. La marca en el río Sonora se debe al descuido de una minera, Grupo México al que en la región la gente califica como asesino serial. No parecen estar exagerando, hay que revisar el historial de la minera. Además con su reciente hazaña basta y sobra para ganarse el calificativo.
El derrame de 40 mil metros cúbicos de arsénico, cadmio, cobre, cromo y mercurio en los ríos Sonora y Bacanuchi, provenientes de la mina Buenavista del Cobre, del Grupo México, es uno de los desastres ecológicos más grandes de la historia de la región. Una historia de muerte y desolación: la minería de Asacro-Grupo México dejó un camino de depredación ambiental que ha provocado esa empresa que mintió, que quiso lavarse las manos y dejó un río contaminado.
La presencia del grupo le ha traído amargura y sufrimiento a la región; es ir recuperando la memoria. La empresa habla de utilidades, pero nunca de los muertos; ha dejado una enorme estela de muertos en la región. Es verdad que las empresas tienen como fin principal generar utilidades, pero no es el único fin. Hay que hacer las cosas bien, con responsabilidad.
Grupo México mintió, en forma alevosa quiso cargarle la culpa a la naturaleza, quiso volver la mirada a otro lado. No lo lograron. Son culpables y no hay duda.
Resarcir el daño, pagar multas, apechugar castigos, cumplimentar la ley. ¿Y los enfermos? ¿Y los peces muertos? ¿Y las cosechas? ¿Y la sed?
No se trata de linchar a nadie, pero más allá del daño que es irreparable, quedan las mentiras de un grupo que no se quiso hacer responsable de su cochinero, de su irresponsabilidad y de su crimen.

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Hoy no circula

El Hoy No Circula es un programa de reducción de contaminación aplicado en la Ciudad de México para mejorar la calidad de aire o esa era su intención.
El Hoy no Circula comenzó a operar en los últimos meses del año 1989 y fue planteado para aplicarse únicamente en la época invernal, justo después de la temporada de lluvias cuando las inversiones térmicas incrementan la concentración de contaminantes en la atmósfera del Valle de México, sin embargo, después del invierno de 1990, el programa se estableció de manera permanente. Ese fue el error.
El programa Hoy no Circula consistía en restringir el tránsito a la quinta parte vehicular por un día entre lunes y viernes, dependiendo del último número de la placa vehicular expedida por el gobierno capitalino . En la primera etapa todos los capitalinos cooperamos con gusto. No nos gustaba la restricción de no tener coche por un día, pero nos solidarizamos con la esperanza de que sería sólo por el tiempo de frío. Los efectos positivos se dejaron ver de inmediato, hubo menos tráfico en las calles.
Las primeras semanas los capitalinos estábamos felices con las mejoras a la circulación, pero conforme iba pasando el tiempo, anhelábamos que ya llegara la primavera y con ella la posibilidad de circular a diario. Pero las autoridades capitalinas nos sorprendieron con la novedad de que el programa se haría permanente. Ahí lo echaron a perder.
La gente compró autos de repuesto, el parque vehicular aumentó y el promedio de edad de los autos en circulación envejeció. Consecuencia, mayores niveles de contaminación.
El programa hoy no circula ha probado no ser efectivo. Con los años se ha modificado y sofisticado para impulsar que los autos que circulan en la Ciudad de México sean más nuevos. Se han hecho esfuerzos para mejorar el transporte público y por generar vías alternas de circulación no contaminante. No han sido suficientes. El programa, que en principio fue buena idea, hoy es un engendro que somete a los dueños de un auto a un torbellino de trámites para demostrar que no se contamina. Se convirtió también en un pretexto para extorsión y cochupos.
Los capitalinos que queremos movernos en la ciudad padecemos de un sistema de vialidad caótico, de una red de transporte público insuficiente, malo y contaminante. Los que tenemos auto pagamos impuestos por todo: por comprar un auto nuevo, por tener auto —aunque nos prometieron quitarnos la tenencia—, por la gasolina y así se acumula y se acumula el pago por tener auto. Eso enfada.
La poca sensibilidad de las autoridades del Distrito Federal imponen un Programa Hoy no Circula más restrictivo justo cuando la Linea 12 del Metro está cerrada. ¿Cómo nos vamos a trasladar los capitalinos en esta Ciudad? Con ceguera política agitan el avispero, despiertan al gigante que le encanta armar problemas por cualquier cosa.
Hoy, la amenaza de bloquear la Ciudad de México va en serio. Grupos anarquistas, vándalos y maleantes se mezclan con la gente de bien que no está de acuerdo con el programa desfigurado que proponen las autoridades. ¿Por qué será que ellos que son del PRD a quienes les gusta tanto eso de la consulta ciudadana, no nos consultan antes de salir con sus magníficas ideas? Hoy, viernes 4 de Julio –cumpleaños de mi marido— será imposible circular.
Hoy no Circula, pero nadie.

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Más bicis y mejor educación vial

La Ciudad de México ha hecho grandes esfuerzos para limpiar el aire que respiramos los capitalinos. Por desgracia, no han sido suficientes. En el valle de México circulan más de cinco millones de autos que son los principales responsables de la mala calidad del aire.
Ha habido planes y programas que han tenido éxito en un principio, como Hoy no circula, cuya propuesta fue parar el veinte por ciento del parque vehicular cada día entre semana. Casi todos cooperamos gustosos, al principio, después, buscamos la forma de darle la vuelta. Los programas de verificación vehicular en el que se controlan las emisiones contaminantes no han sido del todo triunfantes ya han sido fuente de mucha corrupción.
Desde mi punto de vista, no es inhibiendo el uso del automóvil que se conseguirán los resultados deseados. Estoy segura de que si incentivamos el uso de la bicicleta, conseguiremos mejores resultados.
Para ello debe haber un programa de protección al ciclista. Carriles exclusivos para circular en bici y desde luego, una mejor educación vial. Los ciclistas somos en México ciudadanos invisibles. Ni los peatones ni los automovilistas nos ven. Continuamente los carriles que se supone dan preferencia a las bicicletas están invadidos por autos, camiones, basura y gente caminado en forma descuidada. Los peatones se cuidan de los coches, pero no les importa abalanzarse sobre un ciclista. Insisto, somos invisibles.
El otro día vi en una de las calles de Coyoacán, donde se supone que los ciclistas tienen prioridad, como una señora que estaba estacionada en uno de estos carriles para las bicis, abrió la puerta de su auto con absoluto descuido y aventó al ciclista quien cayó indefenso sobre el pavimento y casi fue atropellado. Encima, la señora le gritó por haber abollado la portezuela de su auto.
La gente que vivimos en la Ciudad de México queremos contribuir al mejoramiento de la calidad del aire. Hemos acogido con entusiasmo el uso de la bicicleta. Nos gustaría tener mayores rutas seguras, carriles exclusivos para ciclistas y mejor educación vial.
Nos gustaría dejar de ser invisibles. Nos gustaría ver más bicis en la calle y más gente pedaleando para desplazarse por la ciudad. Esto tendría dos beneficios para el Distrito Federal: mejor calidad del aire y mayor diversión.
Sí, queremos más bicis y mejor educación vial.

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