Lo que los académicos le agradecemos a Miguel Ángel Osorio

Ni hablar, es de bien nacido ser agradecido. No hay mejor muestra de la nobleza humana que el agradecimiento y sin duda los académicos tenemos tanto que reconocerle al Secretario de Gobernación. Desde que empezó su gestión nos a nutrido de  material para llevar al aula y nos ha generado una gran cantidad de ejemplos para compartir con nuestros alumnos que sinceramente, es necesario hacer mención por tan relevantes colaboraciones. No tenemos que mirar tan lejos para hacerle ver a nuestros estudiantes lo que no se debe hacer y las funestas consecuencias de irse por el camino torcido.

Desde las negociaciones con los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional hasta las de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, tenemos para dar y regalar modelos de lo mal hecho, casos de estudio de  lo que no hay que hacer, anécdotas para morirse de risa y motivos para hacer entender que las malas parácticas traen resultados infames. Cuando quiero hablar de motivos por los que es mejor retirarse de la mesa, vuelvo la mirada al Palacio de Cobian, cuando quiero abordar el tema de un mal negociador, leo lo que sucedió en las oficinas de Bucareli, cuando busco un tema de no caer en malas prácticas, la oficina del Secretario de Gobernación me genera tantos ejemplos que no he tenido que repetir. Siempre hay algo nuevo.

Especialmente, cuando busco un ejemplo para negociar pésimo, Osorio no me falla. Tengo material para llenar horas y horas.Lo que sucede con la CNTE me deja hablar de como las negociaciones desniveladas no llevan a ningún lado, es más, no son negociaciones. Si una parte cumple todas las demandas, cede a todas las exigencias, consiguen todo lo que piden y aún así no hacen lo que prometen, como sucede entre Gobernación y la Coordinadora, no hay negociación, hay otra cosa: chantaje. Y, así, se inicia una cadena de pasos fallidos que no tendrán fin. Se abre el vórtice    hambriento que jamás se sacia. No tiene fin.

Por eso, la Coordinadora tiene amagado al Secretario de Gobernación. Protestan, exigen, vandalizan, violan la ley, hay muertos y consiguen todo lo que exigen a cambio de nada. El Secretario cede sus puntos de fuerza: libera a los ocho dirigentes sindicales sin pagar fianza, pagan salarios retenidos a maestros que faltaron a dar clases por andar en manifestaciones, secuestrando camiones, robando mercancías, rompiendo vidrios, rayando paredes y pagan todas las comisiones sindicales. Todo con tal de apaciguar a estos vándalos y hacer que reine la tranquilidad, lo que es su trabajo. El Secretario de Gobernación debe velar por la gobernabilidad.

Pero, hace todo mal. Por andar negociando en lo oscurito, ya le salió el monstruo. Los pactos por debajo de la mesa hicieron que el chango le jalara la mano. Claro que su contraparte se ríe mientras se relame los bigotes. Nunca va a parar, ¿para qué si así está consiguiendo todo lo que quiere y puede obtener aún más? El que se aparta de un proceso transparente se llena las manos de ollín y si no me creen,véanle las manos al Secretario Osorio. El que se sienta a dialogar con los que violan la ley , se salpican la camisa con sangre, ya hubo muertos. El que está frente a un negociador que sólo quiere hacer su voluntad y no es capaz de ceder nada, no está negociando, está recibiendo instrucciones. Y, así, puedo hablar horas y horas con mis alumnos… 

¿Cómo no voy a estar agradecida con Osorio? Me da tanto material para dar clases, para escribir artículos y dar ejemplos. Insisto, es de bien nacido ser agradecidos: gracias, señor Secretario. 

Otra vez, no sabemos qué pasó

Las explicaciones se contradicen, las versiones se contraponen y unos y otros se sienten poseedores de la verdad. Lo cierto es que hubo balas y hubo muertos. ¿El pretexto? La reforma educativa. Lo curioso es que entre los muertos, no había maestros. Lo cierto es que los ánimos están caldeados y las cosas se salieron de control. En Oaxaca no hubo eso de muerto el perro se acabó la rabia. Al revés, con la pericia de un osos hamnriento las autoridades bajan el panal y agitan el avispero. Después, los actores esconden la mano y ponen cara de inocentes. Pero ya hubo sangre.

El Gobernador, Gabino Cué sostiene la mirada y dice enfático que él no traicionó a nadie. Los maestros lo llevaron al poder, las cuotas corporativas lo sentaron en la silla del Gobierno y, al llegar a cobrar por su participación —una vez más—, los ojos se volvieron a otro lado. Nadie vió lo que pasó en Nochixtlán. Oaxaca se hizo ojo de hormiga. Los oídos tapiados dejaron que la lumbre llegara a los aparejos. La Llorona saldrá a alas calles a gritar la muerte de sus hijos.

La Policia Federal, la recién estrenada Gendarmería, los civiles, la CNTE, saben que pasó. Poner cara de corderito no es la estrategia. Ahí hubo balas,  vandalismo, provocaciones, bombas molotov y todos esos desmanes tienen poco que ver con la educación que México requiere. Por un lado, la reforma puede estar mal o puede estar peor, puede que los maestros tengan o no razón, puede que las autoridades fallen en sus planteamientos, pero la violencia de los reclamos y de quienes intentan callarlos ya cobró vidas.

Nadie sale con las manos limpias y los que observamos de afuera no entendemos qué sucedió. Ya se encierran en el Palacio de Covián, ya marchan por Reforma, ya bloquean autopistas, nadie habla de lo que pasó. Con la misma astucia que se usó en el caso de Ayotzinapa, nos tratan de dar atole con el dedo. Nos cuentan cuentos. Nos ignoran. Nos creen tontos.

La verdad huye de los extremos y de los que se quieren hacer las blancas palomas. Y, otra vez, no sabemos qué pasó.

Lo que sucedió en Oaxaca y la respuesta de los intelectuales

Algunos de los mejores cerebros de la Nación firman una carta dirigida al Presidente Peña, al Secretario de Gobernación y al Secretario de Educación que es al tiempo un reproche y una advertencia. Es reproche porque les dicen que los hechos violentos en Oaxaca no debieron llegar a esos niveles, ni debieron cobrar la vida de esas personas. Es una advertencia, pues ponen el dedo en el renglón que más duele, hay que buscar medios de pacificación no de enfrentamiento.

Las palabras de los intelectuales, escuetas, sencillas y claras llevan razón, nada hay peor que sentir que vivimos en un polvorín que está a punto de estallar. Las más malas noticias son las que se manchan de sangre. De eso no hay duda ni hay mucho más que decir. Es el Estado el que debe buscar por caminos pacificos, acuerdos y eencontrar formas para que todos podamos vivir en santa armonia.

En esta condición, la CNTE ha estado violando la letra que ya es ley. La Reforma Educativa esta aprobada y promulgada. Se acabó el tiempo para quienes no quieren tomar en sus manos el borrador, el gis, los libros y ejercer el  magisterio para dose dignamente frente a un salón de clases con alumnos. Maestro es el que enseña, no el que estalla vehículos ajenos, en que toma autopistas, el que vandaliza negocios o el que amanaza con palos y piedras. Eso no es derecho de manifestación.

Tampoco es maestro el que rapa a viejecitos y los hace caminar descalzos, ni el que se roba las cuotas de sus compañeros, ni el que evade impuestos, ni el que vive de un sueldo que nonha devengado. Los maestros no son criminales. Son los que siembran conocimiento y semilla de esperanza en la tierra fertil de la juventud y la niñez. El magisterio ha sido empujado a la calidad de nuevo proletariado, según decía Humberto Eco. Nada los faculta para violar la ley.

Tampoco el pueblo le manda al Estado a salir a agitar el avispero. El Gobierno debe buscar las mejores formas de diálogo y convencimiento. Ni puros palos ni puras mieles han funcionado. Aquí el problema ha sido que el problema se ha dejado crecer y la impunidad ha sido madrina de mucho malandrín.

La Reforma Educativa no merecía tener mártires. No de esta forma ni por estas razones. Pero, a lo largo de la Historia, los sindicatos y corporaciones han sido brazos de gestión política que han sido alimentados para grillar en vez de trabajar. Cuando se les deja de usar, de privilegiar, gritan y braman los estertores de su muerte. Hay que hablar con claridad y hay que ser coherentes. No está nada bien que un tercero vea su auto en llamas, a su abuela sin zapatos, su negocio destruido, su casa llena de basura, a su hijo muerto. No está bien que haya habido muertos en los enfrentamientos contra la CNTE. 

Los intelectuales llevan razón, hay que tranquilizar las aguas. Hay que esperar los peritajes y ver de dónde salieron las balas. Y, más que nada, hay que encontrar la paz que traemos tan extraviada.

¿No que mucha queja?

No hay mejor forma de predecir el futuro que echarle un vistazo al pasado. Los patrones se repiten una y otra y otra vez. Einstein dijo que para obtener resultados diferentes hay que hacer cosas diferentes. Pero si seguimos haciendo las cosas igual, ¿cómo vamos a lograr algo distinto?
Las furiosas y apasionadas huestes de la CNTE, estos profesores tan comprometidos con la educación y el bienestar de la infancia en México, han desquiciado la capital de la República con sus súper legítimos reclamos, en varias ocasiones, causando daños, destrozos y perjuicios.
Comerciantes del centro de la ciudad han quebrado, propietarios han sufrido daños en sus inmuebles, turistas han sido ahuyentados y han jurado no volver, el aeropuerto internacional de la Ciudad de México ha sido bloqueado y sus usuarios afectados, muchos han llegado tarde a sus trabajos, enfermos no han podido franquear las barreras para llegar al hospital, la policía ha sido lastimada, la autoridad más…y la lista de molestias, agravios y afectaciones que estos profesores han causado en aras de defender el alto valor de la educación de los mexicanos sigue y sigue. Eso sí, no todo ha sido pérdida, mientras los negocios bien establecidos pierden, los ambulantes hacen su agosto en el mes de octubre y ven elevar su nivel de ventas a velocidades vertiginosas. La informalidad crece y los que pagan impuestos se van desvaneciendo. Así está la cosa en la Ciudad de los Palacios.
Los capitalinos tenemos que apechugar. El Gobierno del Distrito Federal se justifica enarbolándose la bandera de prudencia. Lo cierto es que tal como sucedió hace más de seis años con el plantón que bloqueó el Paseo de la Reforma, en el que las carpas lucían vacías y el plantón abandonado, así luce la explanada del Monumento a la Revolución.
Los plásticos que sirven de tiendas de campaña están solos. Parece que los fines de semana hasta los valores descansan, la CNTE respeta el día dedicado a Dios y se van dejando descuidada la sede de la lucha por la defensa de sus más altas convicciones. Parece como si las razones de su lucha tan legitima hubieran quedado colgadas de un clavo, como si la demanda popular los domingos no tuviera razón de ser o necesitara descanso.
No. No entiendo y al mismo tiempo me queda claro. Parece que hubiéramos regresado el minutero y estuviéramos viendo el mismo espectáculo de hace años. Arengas apasionadas, plantones desolados. ¿Cómo no? ¿Cómo esperar resultados diferentes si las variables son las mismas? Un gobierno tan prudente que se confunde con complaciente. Es tal el nivel de prudencia que casi podemos sospechar de complicidad.
Mientras las autoridades sigan siendo invisibles la CNTE seguirá intensificando sus protestas, anunciando bloqueos en refinerías y pozos, tomando calles, avenidas, puentes, puertos, autopistas, acordonando oficinas gubernamentales, amenazando a empresas trasnacionales y complicando el escenario nacional. Ah, pero eso sí, con carpas vacías y plantones abandonados.
¿No hubiera sido bueno que el Gobierno del Distrito Federal retirara todos esos plásticos que no son de nadie, porque no hay nadie en ellos? ¿No hubiera sido una magnifica oportunidad para evidenciar que hasta los propios maestros ya están cansados?¿No hubiera sido genial que por una vez se actuara a favor de los ciudadanos que queremos trabajar y poner a andar este país?
La CNTE aprovecha para mostrar músculo, protesta por la reforma energética, fiscal, en los próximos días lo hará por el buen o el mal clima. ¿Y cómo no? Se les abre una ventanota de oportunidad y ellos toman ventaja de ella.
Las cosas,cuando no están bien, hay que decirlas. Lo que veo es que mientras los dirigentes de la CNTE anuncian la virulencia de sus quejas e intensifican sus protestas, el plantón de la explanada del Monumento a la Revolución luce desolado, entonces ¿No que mucha queja?

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Un rescate alternativo

México es un país con lugares maravillosos, vistas increíbles, hoteles de calidad mundial, gastronomía sorprendente y música que alegra el corazón. Mi país tiene las mejores playas del mundo, un clima agradable todo el año, sitios arqueológicos, ciudades coloniales, pueblos mágicos que le dan gusto al sibarita más exigente. Por si la oferta no estuviera completa, el tipo de cambio del peso mexicano frente a las monedas internacionales hace que los precios que se pagan por los servicios sean sumamente económicos. Es decir, el turista que visita México recibe más y paga menos que en otros destinos.
Mientras en España, Portugal, Italia y Grecia se ve con esperanza la llegada de visitantes, en México no estamos dándonos cuenta de las posibilidades que ofrece la industria sin chimeneas que genera movimiento económico, generación de empleos y derrama de beneficios. Los países que han sido golpeados más duramente por la crisis del Euro aprovechan sus bellezas y cosechan los beneficios del flujo turístico a sus países.
En la Ciudad de México se inició una campaña internacional para promover las bellezas que el visitante puede disfrutar en una de las capitales mundiales más grandes y diversas del mundo. Se muestran los Museos, las pinturas de Diego y Frida, los parques, Chapultepec, La Alameda, los monumentos, las calles, los edificios, los centros comerciales que hay en México, D. F. Se deja ver la parte ultramoderna de Santa Fe, las ruinas de pirámides circulares –únicas en el mundo–, los retablos barrocos de las iglesias coloniales, la Avenida de los Insurgentes, El Paseo de la Reforma, en fin, las estampas más bellas que representan la grandeza de la capital.
Pero los maestros de la CNTE toman las calles y bloquean el Paseo de la Reforma y los accesos al aeropuerto más importante del país. Los turistas se van de la ciudad furiosos, sin poder disfrutar de aquello que se les prometió y que es real, pero que gracias a una turba de protestantes, no pudieron ver.
¿Cómo decirles a estos visitantes que vuelvan? ¿Cómo hacerles ver que la ciudad sí es bella y que no todos los mexicanos estamos de acuerdo con lo que ellos vieron? ¿Cómo hacerles entender a los maestros que el daño no sólo queda en las aulas? Se priva a los niños del derecho a ser educados y se ahuyenta la posibilidad de un impulso económico.
El gobierno de la Ciudad gasta en promoverla y tolera a quienes vienen a faltarle al respeto. El Banco de Mexico baja la tasa de interés en un intento de reactivar el paso y los manifestantes molestan a los turistas que genera empleos e impulsan la economía.
El turismo ha sido para España, Italia, Portugal y Grecia una palanca que activa al país y una reforma financiera alternativa. Lo que no se ha logrado por medio de políticos y Bancos Centrales, se logra con la belleza propia de los lugares, con la amabilidad de quienes los habitan y la hospitalidad de su gente.
México tiene los medios para hacer lo mismo que estos países europeos, para desatorar el desarrollo e impulsar el bienestar, pero en vez de apoyar lo correcto parece que nos gusta hacer lo contrario. Los mexicanos somos amables, cálidos y sabemos atender al visitante. El dicho de mi casa es tu casa nos ha hecho famosos en el mundo. Pero si las autoridades del Distrito Federal no imponen orden, si no cuidan yo dan a respetar a la Ciudad, los turistas seguirán huyendo de aquí.
A los turistas no se les engaña con discursos demagogos, ellos eligen y, evidentemente la gente no visita lugares en los que hay violencia, disturbios y bloqueos.
Faltan varias reformas por aprobar, muchas expresiones de desacuerdo están por venir. Cada quien está en su derecho de manifestar su opinión, si y sólo si no le faltas a los demás. Por el bien de todos, hay que respetarnos, hay que ordenarnos. Hay que dar la bienvenida a los que nos visitan y aprovechar la belleza de nuestra tierra para retomar el ritmo y crecer.

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Hay modos

No siempre podemos darle gusto a todos. Al emitir una opinión no hay forma de creer que todos estarán de acuerdo. No tengo esas fantasías. Al revés, me gusta que la gente me diga, que se genere el dialogo, que me muestre su punto de vista y que me haga ver otros horizontes. Del debate, que no del pleito, surge la posibilidad de afiliarse a la opinión ajena. Ya ha sucedido. Otras también me ha pasado que mientras más escucho la defensa de una posición más me gusta la mía.
Esta semana he escuchado los puntos de vista de quienes defienden las manifestaciones de los maestros en la Ciudad de México. Me dicen que los maestros tienen razón pues la propuesta que el Ejecutivo le envió al Congreso no fue consensuada con el magisterio, con los alumnos, con los padres de familia. De acuerdo. Me explican que las evaluaciones propuestas para los maestros son una imposición de la OCDE y que no funcionaran en México, que generarán la misma corrupción que el ENLACE, no se pero, o.k., de acuerdo. Me informan que la reforma educativa salió de un escritorio y que no contempla la realidad de las aulas, ni respeta la libertad de cátedra. No me extrañaría que así fuera, y eso es grave.
Concedo que muchos de los maestros tengan razón en sus protestas. Respeto profundamente su derecho a decir que NO. Pero, no hay forma de que yo entienda que para hacerlo se falte a la civilidad, se apachurre a los inocentes, se quemen vehículos, se lastime a otros seres humanos. No. No hay forma de que yo apruebe esos modos.
Ya me dijeron ignorante, patricia, me acusaron de ser de ultraderecha y casi, casi amante de Porfirio Díaz, ni modo. Hay formas que no me gustan. No me gusta la violencia, no hay forma de justificarla. No hay forma de que se pueda simpatizar, por más reivindican le que se su causa, que se dañe a inocentes, y se destruyan patrimonios en aras de un ideal, por más alto que este sea. No me gusta la forma en que el CNTE nos afecta para hacerse escuchar. Esos no son modos.

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Imponer el orden

Yo no se si los estudios del CISEN estuvieron mal hechos, si calcularon mal el activismo del CNTE, si no previeron los daños colaterales, o si el Gobierno del Distrito Federal rechaza o apapacha a al turba de maestros que tienen casi paralizada a la capital de la República Mexicana. Ayer todo el día oí claxonazos. La gente, harta del caos magisterial se pegaba a la bocina de sus vehículos y la hacía sonar, como si eso fuera a obrar la maravilla de hacer entrar en razón a estos salvajes que indignamente se hacen llamar maestros.
Lo de los bocinazos, que empezaron desde antes de las ocho de la mañana, es un pálido reflejo de la desesperación y la rabia de los ciudadanos de bien que quieren salir a trabajar para llevar de forma honrada el pan y la sal a sus mesas. El mal humor, el dolor de cabeza y el tiempo perdido de los habitantes de la ciudad son males menores frente a la serie de delitos que este enjambre de revoltosos están perpetrando en absoluta impunidad. Ayer, además de bloquear el Periférico, destrozaron banquetas en Avenida Chapultepec; se roban la luz en el Zócalo, cierran estaciones del Metro, usan tanques de gas sin cuidado alguno, y vandalizan autos y microbuses. ¿Y las autoridades?
Recuerdo que en las clases de Civismo me enseñaron que mis derechos terminan en dónde empiezan los de los demás. Claramente, a los señores maestros les faltaron muchas clases de civismo. A lo mejor se fueron de pinta o de plano no entraban a esa clase. En esa clase nos decían que los seres humanos, al vivir en sociedad, renunciábamos a la facultad para imponer el orden por nuestra propia mano y le dejábamos esa responsabilidad a las autoridades. Eso, en teoría, porque se persigue el bien común. ¿Será que el bien común está más cerca de los maestros vandálicos que de los hombres y mujeres de buena voluntad que queremos hacer las cosas bien?
Mancera dice que no quiere derramamiento de sangre. Ja, lo mismo dijo Pilatos. A veces la cobardía se esconde detrás de los derechos humanos.
¿Cómo estará la cosa que la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal ya se pronunció en favor de que se use la fuerza? ¡Claro! Nadie debe exceder los límites de la legalidad. El que los traspase debe ser sancionado. Estos sujetos no se cansan de pisotear la ley y lo hacen muertos de risa. Dado que los ciudadanos, civilmente hemos dejado el ejercicio de la fuerza a las autoridades, es momento de exigir que los gobiernos, federal y de la ciudad, pongan manos a la obra.
Por favor, no me refiero a mesas de negociación. Esas son ridiculeces. Estos malandrines no entienden con palabras y buenas razones. Sus prácticas no son civilizadas, son vandálicas. Para acabar con el abuso que han hecho de su derecho a manifestarse es necesario contestar de forma contundente. Necesitamos acciones de las autoridades, que defiendan a los ciudadanos inocentes que sufren los desmanes de gente que pelea por seguir en la flojera. ¿Quién va a pagar por todos sus destrozos? ¿Quién va a resarcir los daños? Llegó el momento de meter en cintura a esta gente.
Es tiempo de imponer el orden. Ya.

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Güevonazis

Paco Calderón es uno de los caricaturistas más agudos que tenemos en México. En sus cartones se produce la magia que sintetiza el sentir de muchos por medio de la imagen. Sus caricaturas tienen esa capacidad, nada fácil de lograr, de integrar el tema de tal forma que a un tiempo, critica y nos dibuja una sonrisa. Es más, a veces hasta nos gana la risa. Calderón es bueno para dibujar y es mejor para abreviar. A él, a su ingenio, se debe el mérito de esta maravillosa palabra que da título a esta entrada.
En México escribimos la palabra güevón con g para destacar que es una grosería, que es un insulto. Así se designa a una persona que ha llevado la pereza a un grado superlativo. Es tal el nivel de flojera que el acto ejercido por un güevón, es decir, una güevonada, es casi un sinónimo de tontería. La palabra en el diccionario editado por la Real Academia Española aparece escrita con h, no con g, y es definida como un adjetivo de uso vulgar para definir a alguien que además de perezoso es imbécil. La g que adopta la palabra es para ponerle acento peyorativo.
Según José Rafael Herandez Ferrerira, la h devino g por una curiosa génesis que se traspasó del lenguaje oral al escrito. La historia es que a los trabajadores petroleros que eran cesados por flojear en las horas de trabajo, sus jefes extranjeros les decían go home, la g se adquiere por la primera letra del verbo en inglés. ¿Será cierto? No sé, no importa.
Lo cierto es que el idioma es un ente vivo que se transforma. Huevón se vuelve güevón para darle potencia al adjetivo. Pero si se quiere definir a un flojo con ideología se gesta la palabra güevonazi.
Insisto, la capacidad de síntesis de Paco Calderón es extraordinaria. Un güevonazi será algo así como un flojo con ideas cercanas al Führer. O sea, un sujeto baldragas, negligente pero dispuesto al sacrificio que sea necesario con tal de no mover un dedo. Si el sacrificio es colapsar la Ciudad de México, cercar el aeropuerto de una de las metrópolis más grandes del mundo, tomar por asalto la plancha del zócalo, poner entre las cuerdas al Jefe de Gobierno, o traer al salto de mata al Congreso, mejor.
A un güevonazi no le interesa si el pronóstico de crecimiento de la economía cayó, si el tipo de cambio sufre alteraciones, si la inflación se eleva o si el turismo se aleja a toda velocidad del país. Les importa un pepino si la corrupción va a la alza, tal vez eso hasta les alegre, o si la lógica está o no de su lado. Para ellos lo relevante es salirse con la suya a como de lugar. Lo de menos es que ellos mismos estén aniquilando a la gallina de los huevos —con h— de oro que los sustenta. Tal vez ni cuenta se den.
También en México de le denomina güevón a aquel que es un cínico. La referencia es en torno a los genitales masculinos. Si se expresa que son grandes, significa que quien los poseé tiene mucha cara para hacer algo sumamente desfachatado. No tienen vergüenza de dar una versión falsa o distorsionada de los hechos y lo hacen con suma tranquilidad.
Sí, no hay duda de la capacidad de síntesis de los caricaturistas mexicanos, en especial la de Paco Calderón. Nos hace reír y al mismo tiempo nos hace pensar en estos personajes de la vida nacional que brotan de un sistema que tolera conductas que son mejores escritas con g en vez de con h. Aunque en el diccionario aún no existe la palabra para denominarlos en forma oficial, ya sabemos de qué se trata. ¿O no?

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¿A qué le tienen miedo?

Los miedos, ya sabemos, son extraños y en ocasiones brotan de lo absurdo. Para aliviar el miedo es necesario buscar su origen y resolver aquello que nos asusta. No hay como caminar con un niño en la oscuridad para demostrarle que no hay porque temer, para darnos cuenta de que debajo de la cama no hay monstruos basta con asomarse.
El miedo, al ser una sensación tan primitiva, detona reacciones que se aproximan más al instinto que a la razón. ¿A qué le tienen miedo los maestros? Quedarse sin trabajo en estas épocas es una amenaza que sin duda asusta, pero me temo que la cosa no va por ahí. Sospecho que los libros les causan una fobia inconfesable y por ello se alejan del salón de clases y toman las calles de la Ciudad de México para no enfrentarse a esos enemigos de más de cien hojas.
¿Y los diputados? ¿A qué le tienen miedo nuestros legisladores? No entiendo la necesidad de andar en sedes alternas, brincando de un lado al otro de la ciudad, como sacándole la vuelta a los manifestantes de la CNTE. Hay que dialogar y hacer uso de la palabra para hacerles entender que México necesita maestros que al pararse frente a un salón de clase sepan de lo que están hablando; que no les de miedo presentar un examen y ser evaluados; que sientan la confianza de que al corregir a sus alumnos lo están haciendo sobre bases bien fundadas. Me temo que los señores representantes del pueblo tienen miedo de enfrentar al magisterio, pues es por todos sabido que no hay mejor técnica de enseñanza que el ejemplo, y…, ejem, ejem, tal vez ellos no tengan mucho para presumir.
¿Y el Jefe de Gobierno? ¿A qué le tiene miedo? Es probable que la enorme silla en la que le tocó sentarse todavía no le acomode, a lo mejor no se ha dado cuenta que es su obligación preservar el orden y garantizar la seguridad a los ciudadanos. Seguro no se ha dado cuenta que la Ciudad no es un ring boxístico ni el es un arbitro. El es el Jefe de Gobierno. En sus funciones no está poner mesas de dialogo, es más, ¿para qué querría la CNTE hablar con él? ¿Será posible que Miguel
Ángel Mancera aún no se entere de sus funciones? ¿A poco no sabe que en su descripción de puestos no está incluido el legislar? ¿Ni andar ofreciendo intermediación es en asuntos que no le corresponden? Su obligación es enterarnos de lo que sucedió con los muchachos de Tepito que llevan una eternidad desaparecidos. Tal vez le parecen pocos todos los pendientes de la Ciudad y el aburrimiento que le causan sus pocas responsabilidades lo lleven a ofrecer, desinteresadamente, su valiosa y eficaz ayuda, en temas que claramente no son de su competencia.
¿Y el Secretario de Educación a qué le tendrá miedo? De todos, él es el que luce más asustado. Se le percibe arrinconado. No se le ve en escena. ¿Por qué se asustan si la razón está de su lado?
Tal vez le teme al entuerto que quedó sin las evaluaciones magisteriales.
¿Y si enfrentaran el miedo? ¿Y si caminaran por la oscuridad y descubrieran que no hay monstruos? ¿Y si leyeran? ¿Y si se dieran cuenta de que los libros no les van a hacer daño y estudiar no los va a lastimar? ¿Y si estudiaran?
Tal vez así sí se les quitaría el miedo.

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