Volver a ver Vaselina

Hay películas que envejecen bien, Vaselina es una de ellas. Hace cuarenta años que John Travolta y Olivia Newton John salieron a escena a reinterpretar una versión de los años cincuenta. Y, aunque la consciencia te hace saber que esa película se estrenó hace mucho tiempo, el número impacta. Sí son muchos años. Tenía miedo de ir y de reencontrarme con un vejestorio que me desilusionara. No sucedió. Le tengo cariño especial a esa película. Cuando la fui a ver, fue la primera vez que mis padres me dejaban salir sola con mis amigos, sin adultos de la familia que nos acompañaran.

Nos llevó Miss Theresa Robinson, nuestra maestra de inglés a todo un grupo de niños de su grupo de sexto de primaria. La mujer era valiente. Llevábamos la advertencia de portarnos súper bien y nos comportamos. Fuimos al Dorado 70, un cine enorme en Plaza Universidad y nos sentamos en la última fila. Cantamos todas las canciones que Miss Theresa nos había hecho aprender de memoria. Salimos felices y nuestros héroes Sandy y Tony no nos defraudaron.

No, no defraudaron ni entonces ni ahora.

En aquella época veía a Rizzo algo vieja para estar en la escuela y con trabajos Olivia Newton John se ajustaba a la edad del personaje. Ahora, me di cuenta de cosas que entonces me pasaron desapercibidas: el tratamiento hollywoodense de los personajes, el estereotipo de la escuela, el baile como motor de alegría dieron y siguen dando a los jóvenes una gran motivación y a los que hacen películas mucho dinero. Hay cosas que no cambian.

Pero, cambiamos nosotros. Pensé en esa niña que fue a ver con sus amigos Vaselina. La vi y ella me vio. Ambas nos sorprendimos de que lo que bien se aprende no se olvida. Recordé y canté todas las canciones con ese entusiasmo infantil de la primera vez. Me enternecí al recordar las sensaciones y preocupaciones de esos años. Espero que aquella niña tan inquieta, tan traviesa, tan malportada, se sienta satisfecha de lo que vio. Estoy segura de que se sorprendió, eso sin duda. Nos sonreímos, eso sin duda.

Al final, ver Vaselina, cantar como niña, ver a ese Travolta que me hizo suspirar, ver los bailes y escuchar las canciones me remitió a esa etapa bendita de la Escuela Emerson en la que mis amigos y yo sentíamos y teníamos en mundo para comernoslo a puños. Recordar es traer al presente esa posibilidad. También, es darnos cuenta que el tiempo no pasó en vano.

Un personaje de armas tomar (Tres anuncios en las afueras)

Hacía mucho tiempo que no salía del cine después de haber visto una película tan compleja. Me reí, me enojé, me indigné, me enternecí, admiré y detesté a los personajes presentados que son tan redondos, tan humanos que me hicieron comprender lo complicada que es la realidad. Tres anuncios en las afueras es una película dura que te mete a la trama, te atrapa, te enreda, te da de vueltas y no te suelta hasta el final. Es de esas presentaciones que te tienen al filo de la silla y que cuando salen los créditos te dejan con la boca abierta.

La trama nos narra la lucha de una madre que, harta del sistema policial, de la inacción y de que no se encuentre al culpable de la violación y posterior asesinato de su muerte de su hija, siente que debe hacer algo y manda colocar tres carteles con mensajes muy directos a la entrada del pueblo. Son mensajes contra el jefe de policía local que dicen “Violada mientras moría” / ¿Por qué no hay detenciones? / ¿Cómo es posible, comisario Willoughby?”

La madre, interpretada por una magnífica Frances McDormand está más sola que la nadie en esta cruzada por buscar justicia, puesto que el padre de la niña está más preocupado sanar las heridas que le dejó la muerte de su hija y por continuar su vida con una muchachita de diecinueve años que por acompañar a su exmujer en buscar justicia. El hijo es un adolescente que está tratando de manejar su propia pena y de contrarrestar los efectos sociales de tener una mamá de armas tomar, ruda ,que no se deja de nadie y que no está dispuesta a agachar la cabeza.

El escenario es un pequeño pueblo provinciano en el sur de Estados Unidos en el que el machismo, el racismo y los prejuicios llevan la voz cantante. Esta película es una crítica a la realidad estadounidense. Lo resumió perfectamente Woody Harrelson, quien interpreta al jefe de la policía: “Uno de los peligros de la actual polarización de la sociedad estadounidense, que quedó partida entre quienes buscan la igualdad y quienes se aferran a dividir. Es una crítica severa a la percepción profunda todo el mundo del puritano racista e idiota.

La película muestra con dureza los motivos y preocupaciones de la gente que se aferra a sus prejuicios y que los ve como una forma natural de vivir , gente que siente que ha sido olvidada por los políticos. Gente que piensa en forma censurable pero que también puede mostrar que tiene buen corazón.

La interpretación de Frances McDormand es prácticamente impecable, una mujer cuya capacidad interpretativa está por encima de cualquier duda. Con ella, vuelve la eterna cuestión de los papeles protagónicos y de calidad para las mujeres mayores.

Martin McDonagh ha asegurado que escribió el guión pensando en ella, pero McDormand asegura que, cuando lo leyó, “pensé que era demasiado vieja para el personaje. Ahora tengo 60 años, y tenía 58 cuando me llegó la oferta.

No es fácil encontrar una buena película que respete el fino equilibrio entre calidad, ritmo, buen contenido y risas,con fondo amargo y sin él. De esto puede presumir ‘Tres anuncios en las afueras’, con un guión intenso, de comentarios afilados y sin tonterías. Es mordaz y es irónica, y tiene la capacidad de provocarte la risa y la sonrisa mientras estás viendo lo que es en realidad una historia con tintes trágicos.

Toca la fibra del corazón de las madres. Cualquiera que haya tenido un hijo va a sentirse removido por una historia en la que el eje es la violación y posterior asesinato de una menor y la injusticia cometida por una policía incapaz de moverse para resolver el caso. Pero, se acerca a la madre de adolescentes que se siente sola frente a las exigencias de hijos que desbordan a sus padres, que los desesperan y que batallan en una época de la vida en que es fácil equivocarse, sentirse desesperado y sin apoyo real. La película no es sensiblera en ningún momento, todo lo contrario.

La fuerza del personaje protagónico nos lleva, por momentos, a sentir una gran ternura y nos confronta con situaciones en las que verdaderamente no sabemos que pensar pues sus acciones son realmente controvertidas. El elenco es genial y las actuaciones de todos es soberbia. Una película que vale la pena ver, sin duda.

La vida inmoral de la pareja ideal (película)

No sé si fue el cartel de la película lo que atrajo mi atención o que en el reparto apareciera Cecilia Suárez o ambas cosas, pero decidimos ir al cine a ver el nuevo proyecto del director cinematográfico Manolo Caro. No nos equivocamos, la elección nos trajo un film divertido y una anécdota bien narrada. La estrategia de tejer dos historias como si se tratara de un lazo retorcido, es un acierto. En un juego de analepsis, se intercalan acciones que se desarrollan en forma lineal y paralela para contar la historia  de amor de Lucio y Martina.

Los protagonistas se reencuentran —aunque no queda claro porque— en San Miguel de Allende, después de casi treinta años sin verse. Cada uno le cuenta al otro una mentira para ocultar la verdad: los dos siguen enamorados, tal como lo estuvieron en sus años de preparatoria y no se atreven a confesarlo. Optan por construir una mentira y ahí corre la primera línea narrativa. La segunda es la historia de amor de un par de adolescentes, su circunstancia, sus amigos, el entorno escolar. El desarrollo de la película se dedica a dejar claro cómo se enemoraron y por qué se separaron. También se encarga de hacernos entender las razones que ambos tuvieron para continuar queriéndose a pesar del tiempo. Las líneas convergen cuando la mentira se deconstruye y la verdad queda clara.

Las locaciones hacen lucir San Miguel de Allende y tienen guiños para las personas que conocen bien el lugar. El teatro, las calles, la iglesia, el centro del pueblo tienden un lazo narrativo que ayuda a la anécdota. Los personajes secundarios están bien delineados, son redondos y están colocados en tiempo y formas adecuadas. La actuación de una Paz Vega embarazada es para desternillarse de risa. La pequeña hija de Andrea Legarreta y Alex Rubin actúa dignamente y cada uno de los papeles que acompañan a los protagonistas lucen espléndidamente 

Cecilia Suarez, extremadamente delgada, actúa en forma magnífica, lo mismo que Manuel García Rulfo, Mariana Treviño, Sebastián Aguirre Boeda, Ximena Romo, Juan Pablo Medina, Andrés Almeida, Natasha Dupeyrón, Eréndira Ibarra, Javier Jattin y, en una participación especial, a la española Paz Vega. Las actuaciones femeninas superan, por mucho a las masculinas. Ellas llevan el peso narrativo de la hiatoria en mejor forma. 

La película funciona, es atrevida, tiene escenas fuertes y plantea una historia de amor que se aleja de los tintes rosas. La estrategia de las historias que construyen una mentira para luego destruirla, funciona muy bien. La música es un elemento cuidado para dar contexto. Las canciones fueron adecuadamente elegidas, la primera escena empieza con una canción de Soda Stereo para darnos contexto y situarnos en el tiempo. El vestuario fue cuidado hasta el detalle de conseguir esas medias con brillos dorados que se usaban en los ochentas. Los peinados de melenas alborotadas y el spray también fueron parte del conjunto narrativo.

La película marcha y la anécdota de ambas historias tiene un desenlace a la vez sorprendente y esperado, lo cual da prueba de que el proyecto funciona. Al salir del cine, todos concordamos que algunas escenas sobraron pero que la elección, sea por el cartel o por Cecilia Suárez, fue buena.

Dios mío, qué te hemos hecho (la película)

Todavía es difícil ver cine de comedia en francés. La cartelera se llena de películas de acción, de dramas y de todo tipo de producciones, en la mayoría norteamericanas y las demás naciones tienen que luchar por un espacio para proyectar sus creaciones, incluso las nacionales. Las oportunidades para ver cine de otras partes del mundo son escasas, por eso, cuando veo que se exhibe algo diferente, de inmediato capta mi atención y trato de ir.

Ese fue el caso de Dios mio, qué te hemos hecho, una película de comedia francesa que sin ser cine de arte, sin grandes pretensiones, llegó a la pantalla para arrancar risas y regalarle oportunidades a las carcajadas. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto en una forma tan blanca. Es una producción que se puede ver en  familia sin la preocupación de pasar vergüenzas,  se puede ver con hijos, con padres y es una excelente pieza para ver con la abuelita. No hay sexo explícito, no hay vulgaridad ni lenguaje soez para provocar el chiste. También es un reflejo de lo que sucede en Francia como resultado de la migración.

Claude y Marie Verneuil son un matrimonio francés muy tradicional, son católicos parácticantes  y padres de cuatro hijas, a las que han tratado de inculcar sus valores y costumbres. La película inicia con La fotografía del matrimonio de su hija mayor con un musulmán, seguida de la de su segunda hija con un judio y al de la tercera con un chino. Para la tercera fotografia el padre ya está descolocado y la madre va vestida de negro. Aunque el matrimonio trata de mantener una mente abierta, les resulta difícil lidiar con la convivencia y en el fondo, siguen depositando todos sus esperanzas de que su hija menor se por la iglesia y parece que lo lograrán, tendrán su boda católica, sin embargo, no es exactamente lo que ellos esperan.

Las situaciones jocosas se dan en la convivencia entre el judío, el musulman y el chino conviviendo con jna familia tradicional francesa que viven en Chillon, donde ser cosmopolita no es tan fácil como París. Una mirada superficial  basta para morirse de risa y cumplir el objetivo de entretenmiento del cine. Pero también cabe un análisis del mosaico en que se están transformando los países eurpeos por el fenómeno migratorio. Los cambios de barrio de Montmatre se reflejan en un comentario de Claude Verneuil, en el que de dice que ya no hay lugares para comer a la francesa, pues todo está invadido de locales que ofrecen comida china, tailandesa, árabe y eso es impensable en un país que siente verdadero orgullo de su comida que es un tesoro nacional. Y las bromas pesadas entre los yernos muestran como Francia se transforma por la presencia de judíos, musulmanes y chinos. En la película se insinúa que China es la que está quedándose con la mejor tajada del pastel. 

Se ve la dificultad de aceptar al diferente, de lo complicado que es tolerar al que piensa distinto y tambien se aprecia como las ideas preconcebidas llegar a alterar los juicios para engendrar conclusiones equivocadas. Es una imagen de lo que está pasando en Francia, sí, pero también en Alemania, en España, en Holanda, en Italia y que se parece tanto a lo que sucede en Nueva York o Loa Angeles.

Al salir del cine, después de tantas risas, me sentí contenta. Tuve la oportunidad de pasarla bien y de eso se trata el cine. También vi el reflejo de la globalizacion en la cotidianidad, en la vida de una familia a la que se puede entender y con la que se puede empatizar. También de eso se trata el cine.



Una respuesta para Sean Penn

Tocó a Sean Penn ser el encargado de entregar el Oscar a la mejor película. Ya habíamos padecido a algunos que aprovechan el micrófono para hacer bromas antes de entregar la estatuilla, al anfitrión Neil Patrick Harris salir en calzoncillos y muchas otras ocurrencias que se hacen para conectar con la audiencia y volverse trending topic en las redes sociales.
Penn salió al escenario con cara avinagrada, como si le doliera el estómago, haciendo evidente que las sonrisas no le aflorarían en esos momentos. Pronunció palabras escuetas para presentar a las películas nominadas, tan intrascendentes fueron que ya se han olvidado, sin embargo, al abrir el sobre, antes de dar a conocer que fue Alejandro González Iñarritu el ganador, preguntó quién le daba los permisos de residencia permanente a estos hijos de puta. No fueron palabras elegantes, ni de alabanza, ni de reconocimiento a un director que se estaba llevando el máximo galardón de la noche.
Alejandro González Iñarritu, en su emoción, desestimó las palabras de Sean Penn. No sé si lo hizo por otorgar la elegancia que le fue negada o porque ni cuenta se dio, pero las luces se centraron en el mexicano que era todo sonrisas y emoción. A diferencia de lo sucedido el año pasado con Cuarón, que se circunscribió a lo estrictamente cinemático, G. Iñarritu recordó a los mexicanos, aprovechó el micrófono para pedir respeto a las manos que trabajan en ese país y pidió por México.
Penn quedó atrás del escenario, en la penumbra y en el olvido. Sin embargo, aunque el festejado de la noche ignoro su pregunta, es preciso contestarla. ¿Quién le dio su green card a todos estos mexicanos que llegaron por la buena a ganar? Los mismos que a tu madre, le pudieron contestar. La madre de Penn, Eyleen Ryan es inmigrante itialiana hija de inmigrantes irlandeses. Sus abuelos paternos son inmigrantes judíos de Lituania y Rusia. ¿O qué creía el señor?
Lo que a Penn y a muchos se les olvida, González Iñarritu lo recordó frente a la audiencia. Estados Unidos es una nación de inmigrantes y hoy una de las comunidades más importantes es la mexicana que dentro del grupo latino es la de mayor relevancia por el número de trabajadores que hay allá.
Lubezki, que ganó su segundo Oscar en años consecutivos dijo antes de que Penn lanzara su célebre pregunta, Mi mensaje es trabajar muy duro. Sí, eso hacen los mexicanos inmigrantes, trabajan duro.
La maravilla es que ahora ya no sólo labran la tierra y limpian mesas. También ganan y se llevan la ovación de la noche. Esa es la mejor respuesta para Sean Penn.
Con delicadeza Alejandro González Iñarritu declaró que lo de Penn fue una broma entre colegas. Tal vez sí, quizás no. Se conocen, es verdad, en 21 gramos el mexicano dirigió al actor norteamericano, es posible que eso le haya dado valor para bufonear. Se le pasó la mano. ¿Qué necesidad? Se puede ser polémico y tener estilo, eso está reservado a pocos. Es lamentable ver que Penn no aprovechase esa oportunidad para mostrar grandeza. Preguntó, ahí está su respuesta.

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Rechiflas

Me habían contado que eso pasaba pero no lo había presenciado. En la oscuridad del cine, antes de empezar con la película, justo después de los cortos, sale una familia reunida en torno a la mesa que recibe una llamada telefónica. Todavía no han pasado ni dos segundos y la rechifla ya es general.
Ya nadie pone atención al chantaje del Partido Verde que nos vende el gran logro de darle cadena perpetua a los secuestradores. La cara de angustia mal actuada, en vez de generar empatía, provoca coraje. Me habían dicho que la gente en el cine chiflaba el disgusto de que hasta en los momentos de entretenimiento tuvieran que padecer el entrometimiento de la basura electoral.
Ayer, no sólo fueron chiflidos, la gente exigía a gritos que quitaran eso, que dejaran que empezara la película y lo pedían en forma enardecida. Sí, los electores están enfadados y por lo menos quieren que los dejen divertirse sin tener que comerse esa sandez mal producida y peor encaminada.
¿Quién se beneficia con esos anuncios? Si el partido político piensa que eso les ayuda, déjenme decirles que es al revés. A mi lado, una señora empezó a aventar palomitas a la pantalla. En medio de tanta rechifla, nadie escuchó más que el enojo expresado por la audiencia. De lo dicho en el anuncio, ni quien quisiera enterarse.
El horno no esta para bollos, los dispendios ya se pasaron de la raya y la gente ni se traga esas payasadas ni quiere que se las sigan recetando. Mucho menos cuando quieren distraerse y pagaron por ello. Las salas de cine deben saber que al público no le gusta que le incluyan en el precio del boleto un anuncio político por el que ya pagaron con sus impuestos.
Pagar dos veces es una pillería. Pagar doble por esas cochinadas es peor. Entrar al cine para ver porquerías electorales es para morirse de coraje. La basura mediática que nos obligan a tragar no ayuda en forma alguna. Ni siquiera los más ingenuos quieren esa sustancia tóxica. El aroma que deja es tan exquisito como el de un pescado podrido y el gusto que provoca es similar al de una manzana llena de gusanos. Oiganlo de una vez, la rechifla es para los políticos y para los que les abren espacios indebidos. Ojalá que lo entiendan los dueños de las salas de cine. El boleto que se paga es para ocupar una butaca y ver una película. No por nada más. No para ir a ver basura que no está en cartelera.

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Whiplash (la película)

¿Cuántas historias hemos visto de alumnos y profesores? El tema a dado para infinidad de películas y sus distintas variantes, el maestro que ayuda a sus pupilos y es un santo, en que abusa de ellos y es un demonio, el del alumno burlón, el del agradecido, el del amor intergeneracional, el del prohibido y todos los matices alrededor de ello. Cuando parece que rodo está dicho y que el tema está agotado, llega un artista y nos sorprende. Eso es Whiplash, una sorprendente pieza artística.
Las interpretaciones sobre el filme son variadas y cada quien se centra en un aspecto específico, como sucede con las obras de arte, dan para mucho. Unos creen que la trama va sobre la superación, otros sobre la música y el jazz o sobre la forma en que las universidades en Estados Unidos permiten tratos humillantes en sus aulas. Hay quienes piensan que es un panegírico a la exigencia, al trato rudo que hace germinar lo mejor de los estudiantes. Todas estas interpretaciones son correctas.
Whiplash es un ejemplo de lo que el cine independiente puede dar, una película aguerrida que toma al espectador de la solapa y no lo suelta hasta el último segundo. Casi desde la primera escena se está al borde de la butaca y desde ahí se ve toda la película. Batacas al vuelo, con ritmos maravillosos, con exigencia de esa que se sustenta en que el éxito con sangre llega hasta que el fracaso aparece en escena. El nombre de la película es el de una pieza de Jazz pero también es una metáfora bien elegida que cumple varias funciones y completa la intención artística.
La anécdota es la de un chico que estudia música, batería en concreto, y que quiere entrar a una banda de Jazz importante y se topa con un profesor estricto hasta la crueldad. Sin embargo, el hilo narrativo aborda, con una sutileza extrema y con un cuidado quirúrgico, el tema de la venganza y la gallardía.
Plantea la pregunta, ¿qué harías si la vida de ofreciera la oportunidad de cobrarle a tu traidor el fracaso que te procuro? ¿Cómo aprovecharías la oportunidad de tener al traidor entre tus manos? Ambos, profesor y estudiante aprovechan esa oportunidad de tomar revancha, ambos se cobran la cuenta de forma magistral e inesperada, tal y como lo hace la gente inteligente, con gallardía.
La fotografía es estupenda, la música excelente, las actuaciones maravillosas. Damian Chazelle dirigió y nos entregó una joya del cine. Las representaciones de J.K. Simmons son precisas, las de Milles Teller también, nos llenan de angustia y de gusto, tanto así que cuando acaba la película queremos saltar a ponernos de pie, ovacionar y aplaudir hasta que revienten las manos. Hay que destacar que Teller personalmente toca la batería, no hay dobles que interpreten esas partes gloriosas.
Pocas veces el cine independiente nos entrega una pieza tan digna de ser vista, tan bien ejecutada como Whiplash. Definitivamente, hay que verla.

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Cerró los ojos (Homenaje a Anita Ekberg)

Andábamos tan ocupados que ni nos dimos cuenta. Cerró los ojos para siempre y casi pasó desapercibido. No fue como antes que el más leve movimiento de sus pestañas causaba terremotos y la insinuación de sus formas arrancaban anhelos. ¿No fue ella la que visitó a la Fuente de Trevi?
Murió en el olvido. La vejez es ingrata y parece que el ocaso se ensaña con quien en la juventud fue bella entre las bellas. Sí, es cierto. Hoy esas proporciones no son estándares de belleza, pero en sus días, la hermosura fue generosa madrina.
Cinecitta la vio florecer y Federico Fellini la hizo musa. La Dolce Vita le otorgó la eternidad por la cual será recordada, enfundada en ese vestido negro sin hombros, caminando entre las aguas de la fuente por excelencia de Roma, esperando a que Marcello consiguiera leche para ese gatito que ella apapachó en el regazo que engendró tantos suspiros. Ven, Marcello fue la orden y Mastoianni se descalzó y se quitó los calcetines en un instante para llegar al lado de la rubia de platino y darle el beso mas apasionado, mientras el público ansioso observaba como el vestido se deslizaba lentamente hacia abajo, provocando la imaginación del que miraba desde la butaca entre la oscuridad.
Los críticos no le concedieron la categoría de estupenda actriz, no importa. Ser bella le bastó. Fue la estrella de la obra maestra absoluta, de la mejor creación de Fellini, un film redondo, perfecto, al que no le sobra un gesto, una palabra, un plano. Más cerca de la vertiente realista del autor pero con una complejidad y riqueza simbólica y formal que recuerda a sus films más complejos y Anita como soberana absoluta.
El film, sin trama específica, narra la historia de Marcello Rubini, un periodista de la prensa rosa, da cuenta, a base de sucesos que le van ocurriendo en forma de episodios inconfirmados, mediante los cuales Fellini satiriza, ironiza y critica la decadente burguesía y sus supérflues ideales. No escapan a la crítica una mirada la religión, a la prensa rosa a los inescrupulosos e insensibles paparazzis, pero lo hace en forma elegante, sutil, dejando que sea el,espectador el,que cierre el círculo. ¡Cómo extrañamos la elegancia en un mundo con expresiones vulgares! No hubo necesidad de ofender, para causar el escándalo crítico deseado.
Todos los personajes están perfectamente definidos. Marcello es un hombre insatisfecho, al cual aquel mundo estúpido no logra llenarle, y quiere buscar una forma de vida más intensa, profunda, espontánea, pero al mismo tiempo, , la inercia de su condición social le arrastran irrevocablemente pertenecer a esa “dolce vita”.
Por supuesto, el film es mucho más complejo que esto, y cada personaje encierra un mensaje, una forma de ver el mundo, o algo que nos permita conocer un aspecto más del protagonista. Una interpretación de Mastroianni que sobrepasa lo magistral.
La dirección es sublime, inigualable, heredando mucho del cine clásico americano, pero transgrediendo a su vez sus normas.
Recordaremos siempre aquel breve baño en la Fuente de Roma protagonizado por Anita Ekberg, la mujer que refuerza en Marcelo el replanteamiento de su vida.
Al final hay una escena que recuerda al Fellini más onírico y surreal : Los invitados de la fiesta, medio borrachos, caminando por la playa, creándose entre ambos elementos un contraste especial.
Murió el pasado domingo Anita Ekberg. Murió sola, en una casa de retiro en Roma, la ciudad que la eternizó y en que que vivirá para la eternidad completa. Casi ni cuenta nos dimos.

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Magia bajo la luna (Woody Allen)

Lo siento, señoras y señores, a mí me gusta Woody Allen, por eso corrí a ver Magic in the moonlight tan pronto tuve oportunidad. Sin duda, esta película no es ni de cerca la mejor de su repertorio pero los que se apresuran a lanzarle de jitomatazos y dicen que la película es un fracaso, exageran.
Allen se nos pone romántico, o eso nos quiere hacer creer. Basta leer el título del film para darse cuenta. Cuidado, con este hombre no todo lo que brilla es oro, y si nos vamos con una primera intención lo mas seguro es que nos dejemos engañar. Woody Allen jamás será meloso, ni optimista, ni en todo caso, bien intencionado con su público. No le interesa cautivar de forma facilona, ni le importa narrar historias de amor. Así que hay que irnos con pies de plomo. ¿O, será que la edad lo está ablandando?
En esta oportunidad, Woody Allen, una vez más, nos saca del ambiente de Manhattan y nos sitúa en la década de los glamorosos años veinte, en una situación que sorprende pero no nos resulta ajena: una estafadora que está viviendo su momento de oro al hacerse pasar por espiritista que tiene cautivada a una familia millonaria que habita en el sur de Francia. Una rica excéntrica que tiene necesidad de comunicarse con su marido muerto y que está dispuesta a pagar carretadas de dinero por el contacto con el espíritu de su cónyuge. Un heredero que se enamora de la medium a la que le propone matrimonio. Un experto que debe descubrir el truco, desenmascarar a la timadora y dejar que la verdad reluzca.
Los escenarios son estupendos, el vestuario impecable, los autos son un lujo. Emma Stone no falla, la actuación de Colin Firth es buena, aunque no le creemos esa vena de galán conquistador a esa edad.
¿Hay o no hay historia de amor? Ese es el enigma. Hay un tono dulzón con el que Woody Allen quiere mimetizar la verdadera pregunta de la película, ¿hay o no hay vida más allá de la muerte? El protagonista, papel que ocupa Colin Firth, es un admirador de Nieztche y creyente fervoroso de que Dios no existe y de que rezar es una pérdida de tiempo. Pero en algún momento de la trama llega a creer y encuentra felicidad.
¿Será que Woody Allen, dada su edad, se está planteando la existencia de un Dios bondadoso o simplemente está jugueteando con nosotros para darnos una vuelta de tuerca?
Si comparamos Magic in the moonlight con Blue Jasmine, no hay forma de que Woody Allen salga bien librado. La película no logra la conexión con el público que logró con su film del año pasado. El espectador se entretiene pero en esta oportunidad, la pinza no se cierra. No está ese toque de sinceridad del ojo del director que sabe como sacudir con su punto de vista agudo, con ese que desnuda la miseria humana.
A pesar de ver escenarios de la Costa Azul y tomas que nos recuerdan la película Para atrapar al ladrón, Emma Watson no es Grace Kelly ni Colin Firth es Cary Grant, ni de lejos. Sin embargo, se agradece el guiño retrospectivo.
Allen se acercó tanto al tono sarcástico que nos privó de enfrentar esa duda que enfrenta a los que creen con los que no tienen fe. Las líneas sorprendentes en las que defiende el ateísmo pero le abre la puerta a la posibilidad de un Dios que da felicidad, quedan diluidas en el miedo del personaje por sonar cursi. La magia de Woody Allen no brilla tanto como en otras oportunidades.
Pero, como sucede con lo que nos gusta, me hago de la vista gorda y digo que sí, que vale la pena verla, aunque al hacerlo, no estaremos disfrutando de su mejor trabajo.

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La dictadura perfecta (una película)

Fui a ver la película a pesar de los malos comentarios que escuché. Le tuve fe a Luis Estrada y a Damián Alcazar y, sobre todo quise corroborar por mí misma si la fórmula ya estaba desgastada, si el humor ya no era tan bueno, si Silvia Navarro está desastrosa, si Tony Dalton se repite en cada personaje, si la anécdota ya na da para más. Es posible que los expertos en cine tengan razón y todo lo anterior sea cierto. No hay sorpresas y a la crítica le asiste la razón.
La dictadura perfecta aprovecha la situación nacional para transformarla en una narración predecible que intenta jalarle los bigotes a los poderes fácticos de la nación. No deja títere sin huarache. Encripta mensajes cuya interpretación no afecta el avance del hilo narrativo. Eso es una ventaja, no hay que estar al tanto de quién es el Presidente de la República o de a quién se caricaturiza con el personaje de Carmelo Vargas o cuál es la televisora a la que se refieren, ni es relevante en qué estado de la República pasa todo.
En el guión, Luis Estrada y Jaime Sampietro mezclan situaciones con las que le guiñan al espectador, nos hacen recordar casos terribles como el de la niña Paullete y el el amor que sus padres desarrollaron por las cámaras o la puesta en escena que favoreció a Florance Cassez, o la suerte de la actriz de telenovela que se convirtió en primera dama. Se tocan temas como secuestro, corrupción, complacencia, el imperdible y desgastado tema del narco, las fosas,etcétera.Se juega con noticias que sorprenden al público en la sala de cine pues parecen las noticias que se escucharon o se vieron horas antes. Revueltas mundiales, enfermedades pandémicas se dan a conocer en la experta y obediente voz de un titular de noticiero. Fallan en los pronósticos de la bolsa y de la cotización del tipo de cambio, gracias a Dios.
Hacen un diagnóstico curioso, en México todavía siguen y seguirán al frente los métodos tradicionales de comunicación. La televisión le sigue ganando a las redes sociales, los medios impresos están por encima de los digitales. Es cierto, a pesar del gran crecimiento que estas formas de comunicación, aquí no se observan los fenómenos de otros países en los que la transmedialidad ya triunfó y en los que lo electrónico ya rebasó a lo físico.
No hay novedades en la película, pero hay que verla. Hace reír, es divertido jugar al descifrador y entretenerse imaginando quién es quién. Es triste ver lo predecibles que somos, lo fácil que es filmar una película que trae las novedades del día. No, no hay novedades, no puede haberlas, el sistema mexicano honra las palabras de Vargas Llosa y nos empecinamos en darle la razón .Sí, seguimos siendo La dictadura perfecta.

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