Congruencia 

Recorro las calles de la Ciudad de México y me topo con la cara de una presunta criminal a cada esquina. Es verdad que todos tenemos derecho a la presunción de inocencia, pero de eso a toparnos con una imagen que anuncia la serie de la nueva serie de Netflix cuando a la protagonista está acusada de tener nexos con uno de los criminales más peligrosos del mundo, me parece una falta de congruencia terrible.

¿En qué estamos pensando en este país si exaltamos una figura como la de Kate del Castillo? Me resulta tan desagradable ver estos anuncios en los que el título de La ingobernable parece ser un homenaje a una mujer que coqueteó con el mal y a la que se le abrió un expediente por probable lavado de dinero. La señora no andaba en buenas compañías, ni es una blanca palomita que se dejó engañar. Y, en todo caso, es una persona que en este país tiene que ajustar cuentas con la justicia.

Me entristece ver como figuras detestables se convierten en héroes al estilo de Chucho el Roto y se ganan la simpatía de la gente. Platiqué con dos personas que audicionaron para quedarse con papeles secundarios de La ingobernable. ¿Por qué les hubiera gustado participar? La respuesta que me dieron me hizo un nudo en la garganta: es una oportunidad de trabajo que no se podía deshechar y la forma de denunciar lo que está mal hecho. Me enternece que estos jóvenes crean que una serie de ficción contribuye a destapar lo que está mal hecho. Pobres.

Si de denunciar se tratara, debería ser congruente y explicar a carta cabal sus nexos con el narcotráfico. Pero, ahora va por el mundo poniendo cara de inocente, haciéndose la víctima y creyendo que hay más ingenuos a los que les puede acentar un anzuelo mientras abren la boca. Lamento que haya muchos que se ensarten ahí. Por lo pronto, quienes anuncian y quienes toleran esos anuncios ya sabemos de qué lado están. 

Me apena ver el poco respeto que merecen las víctimas del narcotráfico. Los que fueron asesesinados a manos de un sicario cruel son niños, embarazadas, ancianos, hombres y mujeres que encontraron la muerte en forma abominable. Ni él es un Robin Hood ni ella es Lady Marion. Mas bien al revés. México está convertido en una narcofosa. Si rascamos en cualquier lugar, podríamos encontrar restos mortales de alguien. De alguien que desapareció y que puede estar siendo buscado, al que tal vez extrañen, a la que echen de menos. Gente que hace falta. Personas con nombres y apellidos que fueron víctimas.

 Me tranquilizan al decir que pronto quitarán toda esa publicidad, me molesta que no la retiren por incorrecta sino porque se acabará el tiempo que pagaron para anunciar la serie que tiene como protagonista a una probable delincuente. La falta de congruencia es terrible.

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La camiseta del Chapo y el otro detalle

Alrededor de Joaquín Guzmán Loera siempre hay un halo de duda, de oscuridad, de embrollos y sospechas. Cada que se habla del delicuente más buscado del mundo queda la sensación de que ni sabemos todo ni nos lo van a decir. En esa condición, brota esa suspicacia que nos invita a no creer todo lo que se dice. Tanta parafernalia alrededor de su tercera captura me remite a esas películas de acción y, sin embargo, entiendo que así sea. Ni modo que la captura de semejante capo se diera con una sencilla nota de prensa. Lo cierto es que casi cualquier acción, incluso la más correcta, causa dudas en este concepto. Ni hablar de su reingreso al penal del que ya se fugo con tanta fastuosidad y facilidad.

Por eso, toda la especulación que se hace en torno a esta figura, da como efecto esa comezón incómoda, ese presentimiento de que falta algo y sobra mucho. Sentimos desconfianza. No le creemos del todo a las autoridades ni a los especialistas ni a los expertos nacionales ni extranjeros, ni a los policías ni a los políticos, a ellos menos que a nadie. Nos resulta sospechoso que la captura se haya dado en esta fecha ¿le dieron oportunidad de pasar la s fiestas con los suyos o se esperaron a dar a conocer la noricia ya que todos regresábamos de vacaciones? No  sabmeos, sólo sospechamos.

En esa tesitura, mejor nos quedamos con lo que podemos ver. Las pistas que llegan infiltradas en las imagenes a las que todos les ponen poca atención, a mi me jalan la mirada. Lo primero que me llamó la atención fue la camiseta que Joaquín Guzmán Loera traía al momento de la captura. Una pieza de tirantes hecha de algodón, sucia, gris, se veía luída, decolorada, vieja. Me llama la atención que un hombre tan poderoso y con tantos millones se vista como un pobre mecánico de esquina, como si no le alcanzara para andar limpio.

Recuerdo cuando lo atraparon por segunda vez, después de varios años de haberse fugado de Puente Grande. Vivía en un departamento amueblado con sillas de plástico y mesas de fórmica, con camas desvencijadas y mucho desorden. ¿A poco así vive un millonario? En el imaginario colectivo El Chapo Guzmán es un gran potentado, un sujeto poderoso que vive y viste de acuerdo a su inmensa fortuna. Se le representa con camisas de seda, relojes de oro, autos de lujo y rodeado de sirvientes y comodidades. Muy lejos de lo que nos mostraron. Lo creemos una especie de nuevo rico, no un mequetrefe que toma directo de la botella o en vasos de plástico, que usa ropa corriente, come barato y que vive en condiciones miserables. Casi lucía mejor la celda del penal del Altiplano que su habitación en la libertad y el uniforme era de mejor calidad que lacamiseta  mugrosa que llevaba al ser capturado.

Se desluce la figura que emula a Chucho el Roto, un hombre vestido de camiseta gris de tirantes no se acerca a la imagen de Robin Hood y dicho sea de paso, tampoco luce tan maldito, como sabemos que es. Así con las manos amaradas no parecía ese hombre astuto que está siempre al acecho, que tiene alianzas mundiales, que dirige una organización tan global y exitosa, ni mucho menos un potentado capaz de seguir gestionando su negocio tras las rejas y de planear tan espectaculares huídas.

Pero sí es ese personaje malvado que mata, envenena, roba y hace daño. Sí es ese perverso que ni conoce la pidedad y es amo de lo desalmado. Se le notó en un pequeño detalle. Dicen que los ojos son las ventanas del alma. No sé, a veces lo son, otras no. Dicen que en las minucias se ve el universo. Unas sí y unas no, ustedes juzquen. Ayer, una vez que fue bañado, revisado medicamente, fichado, despojado de su camiseta gris, uniformado y presentado a los medios de comunicación Joaquín Guzman Loera hizo algo inaudito. En el momento en que lo bajaron del vehículo militar e iba escoltado por varios elementos de las fuerzas armadas, con la cara agachada por la mano de uno de los custiodios, Joaquín Guzmán Loera detuvo el paso, se soltó la cabeza y en un movimiento suave y calculado, miró a los reporteros, posó a las cámaras y sonrió.

Yo, que estaba siguendo en vivo la transmisión, sentí que la piel se me hacía de gallina.

  

Las maldades del diablo

Cuando era chica, imaginaba que el diablo era un ser poderoso que ayudaba a los malos a cometer fechorías. Siempre imaginé que era una especie de hada maléfica que les concedía todos los deseos que causaban mal en el mundo. Algo así como un rey rodeado de huestes sulfurosas y soldados recios que premiaba a los que contribuían a la traición, al desorden, a la hipocresía, al abuso, al sacrilegio, en fin, a la muerte. En mi lógica infantil, el diablo era un protector de los malos y los buenos teníamos que luchar contra ellos para replegarlos y que no nos ganarán. También creía que los malos siempre perdían y el bien triunfaba.

La vida me enseñó que los malos tienen muchas ventajas. Por años pensé que los diabólicos ganaban, que algo andaba mal porque en el equilibrio de fuerzas, las armas de ellos eran poderosoas y efectivas. Además veía la protección maligna como el reflejo de la impunidad, de la descomposición, de la degradación. Volvía a mis imagenes infantiles e imaginaba al diablo sentado en un trono, entre llamas, frotandose las manos, sonriendo satisfecho, elevando los cuernos puntiagudos y apapachando a sus enviados a la tierra.

Pero, no es así. El diablo es un ser solitario y seductor. Los que caen en sus redes no reciben su protección, entran en un laberinto tortuoso que los lleva al peor de los sufrimientos, la autoflagelación. No exagero. Al ver la forma en que vivía Servando Gómez, en una miseria total, a salto de mata, sin comodidades, asustado todo el tiempo, padeciendo de fidelidades con la fragilidad de un billete y teniendo que demostrar su poder a base de balas, entendí el dicho popular de que en el pecado está la penitencia. ¿De qué le sirvieron los tributos, las cuotas, las extorsiones y todo el dinero mal habido si no tenía una almohada para descansar por las noches? El diablo no le concedió ni eso.

Lo mismo sucedió con el Chapo Guzmán. Lo atraparon en un departamento en el que ninguno de los millonarios de Forbes viviría. Un lugar modesto, sucio, desordenado. Él disminuído, tal vez enfermo, sin atención médica adecuada, corriendo por todo Sinaloa para evitar lo que de todos modos llegó, estar tras las rejas. ¿Para que tanta logística? ¿De qué le sirvió agarrar a billetazos a medio Mazatlán y sus alrededores? De nada. ¿Y Malverde? Lo dejó solo en la hora buena.

También les pasó lo mismo a Hussein, a Gadaffi, a Osama y casi podríamos pensar en cómo terminaron los grandes tiranos del mundo y de la Historia y son finales muy similares. Hitler acabó en un búnker, sitiado por sus enemigos, asustado, antes de llamar a la muerte. La maldad del diablo está en la combinacion seducción-abandono. Primero loa avienta al ruedo y luego los abandona. Así se quedó Judas colgando del árbol aquella noche tan triste. Nadie lo acompañó.

No sólo sucede con los grandes malditos, también los pequeños malvados llevan la misma receta. Esos que perpetran traiciones familiares, esos que envenenan el alma, esos que se quedan con lo que no les pertenece, esos que golpean, que insultan, que bejan, reciben su cucharada diabólica cada que hacen una maldad. El que mata a sangre fria, por la noches padece delirios. El que ofende por deporte se llena la voca de amargura. El que traiciona vive obsesionado con ser objeto de la misma moneda.  Cada uno padece la soledad del diablo. Esa que toma corazones, que amarga almas y arruga rostros. 

No el diablo no es como lo imaginé. No es un hada maléfica que concede deseos a los que se portan mal. Me he dado cuenta que sus armas son poderosas, pero que son como cuchillos de doble filo. Al lastimar, tambien se hacen daño.

La celebridad del Chapo Guzmán

Como si se tratara de una novela policiaca, con una prosa que fluye, arranca un reportaje en el que la importante revista The New Yorker narra la captura del Chapo Guzmán.
Así es, nuevamente Guzmán Loera llega a las páginas de otra revista influyente. Es importante que este personaje llame la atención de estas publicaciones, mientras que otros mexicanos de bien, han pasado su vida acumulando méritos y haciendo las cosas correctamente, no logran alcanzar las flores de estas publicaciones.
Como buen narrador, Patricia Radden Keefe, autor del reportaje, va sembrando pistas sin revelar quién es el personaje central de su historia. Nos cuenta de la aprehensión de un lugarteniente del Chapo en el aeropuerto de Schipol. También nos informa que a este sujeto le gusta viajar, le fascina la buena ropa, y nos hace notar la joya que lleva en el dedo de la mano. Un anillo grueso de plata con la figura de una sonriente calavera. Nos enteramos del arresto de José Rodrigo Arechiga, por una alerta de la Interpol y de que este nombre había usado un pasaporte falso para desplazarse por el mundo.
El artículo está tan bien escrito que hasta es disfrutable, casi tan gozoso como podría ser una novela de Raymond Chandler, lo malo es que estos no son hechos ficticios, no son producto de la imaginación ni hijos de la fantasía. Ojalá, pero no. Son la puritita verdad.
Entonces es cuando me cae el veinte y se me pone la piel de gallina. No es ficción. El Chino Ántrax existe, las fotografías del sujeto posando con un AK42de oro son de verdad y las mascotas exóticas están vivitas y coleando. Lo que se escucha en los narcocorridos no son ocurrencias del autor, ni invenciones inspiradas por las musas. Es cierto.
Se habla de la reputación del Chapo, se le compara con la figura mítica de El Zorro, se le denomina the uncatchable. Pero, como decimos en México, a toda canillita le llega su fiestecita. Por fin cayó el malvado.
Me preocupa el tono. Así cómo sucedió con Al Capone, que fue transformado en un emblema que sirve para dar tours y para hacer souvenirs, así puede suceder con El Chapo. Ya hasta se le ven las ventajas comerciales al apodo, y se exageran los rasgos para que luzca guapo.
Joaquín Guzmán Loera no es un símbolo de otra cosa que no sea la muerte y corrupción, igual que lo fue Capone. Y, que me disculpen sus mercedes, la capacidad corruptora de este señor no se quedó únicamente de este lado de la frontera, también le manchó, y mucho, las manos a varias legiones de personas allende las fronteras.
En fin, no sólo Forbes se ocupó del Chapo, también The New Yorker, así va Joaquín Guzmán por los rumbos de la celebridad.

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Enemigo público número uno

Vaya, parece que la línea fronteriza se movió. Chicago parece ubicarse a unos metros de México. El Chapo Guzmán ha dejado a Al Capone en el segundo lugar, en la ciudad de los vientos, el cartel de Sinaloa a sentado sus reales, su poder logístico y financiero se hace sentir. La ciudad de Obama vuelve a albergar a la banda más grande de traficantes. ¿Qué tiene esta cuidad que resulta tan atractiva para los maleantes?
No resulta tan simpático imaginar que El Chapo se vaya a convertir en un atractivo turístico en la capital de Illinois. Allí, puedes encontrar una serie de artículos, desde pósters hasta pastillitas con el rostro de Al Capone, restaurantes, camisetas, barajas, llaveros, souvenirs que recuerdan y conmemoran las épocas en las que la ley seca era violada por el hombre que conoció la prisión de Alcatraz por culpa de un contador que no pagó los impuestos. ¿Será que ahora veremos lo mismo con el Chapo? ¿Por qué Al Capone es más conocido que Elliot Ness? ¿Se harán recuerdos del bigote o de la metralleta del director del cartel de Sinaloa?
Lo que ya va quedando claro es que el problema del trafico de drogas no se ubica únicamente de este lado de la frontera. También allá hay policías y políticos que se corrompen, que dan ayuda y albergue a delincuentes. El problema, ya se ve, es un problema económico, no territorial. Es un problema de oferta y demanda, no geográfico. Mientras el consumo exceda a la oferta no habrá gendarmes que alcancen.
Lo triste es que la historia nos deja una lección amarga. Muertos y adictos. Dinero y corrupción. Memorabilia y homenajes para el enemigo publico numero uno. Capone es una celebridad. ¿Cuántas películas lo han celebrado? Hollywood ha se ha rendido ante el atractivo del gángster. ¿Hará lo mismo con el capo que hoy en día opera en Chicago?
El Chapo ya ha captado la atención de Forbes, el negocio no está mal. Mr. Guzmán lo logró, es el enemigo público número uno. Se ha fijado una recompensa de cinco millones de dólares por su captura. Una recompensa raquítica dado el grado de peligrosidad de este hombre. ¿A poco nada más de este lado nos toca poner muertos? Un hombre que entra y sale de prisiones de alta seguridad, que cruza las fronteras sin ser percibido. Un hombre cuya fuerza corruptora alcanza a jóvenes adictos, a autoridades sucias, a banqueros convenencieros, que le abren las puertas de la Ciudad de los Vientos.
Habrá carteles con la fotografía de Joaquín Guzmán Loera cruzadas por la palabra WANTED, espero que no se conviertan en objetos de culto. Que la tentación de poner a Al Capone y al Chapo como jalones de mercadotecnia se vengan abajo. No es chistoso. No es honroso.

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