Donación de órganos

En ocasiones, la muerte trae vida. Un cuerpo que ya dejó de vivir puede traer esperanza a otro que está maltrecho y que tiene posibilidades de volver a funcionar bien si alguien tiene un gesto de generosidad. La donación de órganos es un tema delicado que merece ser tratado con cuidado, que debe tener un proceso de educación y conscientización. No es tan fácil como iniciar una campaña masiva y convencer a la gente de donar sus órganos una vez que la vida haya acabado.

En la consciencia colectiva, nos han querido hacer entender que donar es regalar algo que a uno ya no le va a servir y que puede ayudar a un tercero, sin embargo, es mucho más. Donar un órgano es regalar una transformación, es dar a alguien el boleto para pasar de la enfermedad a la salud. Las campañas en pro de la donación de órganos se han hecho con las personas que al morir puedan regalar las partes de el cuerpo que le  servan a alguien más. Así, con ese enfoque, todos estaríamos de acuerdo en donar, porque no nos vamos a llevar nada al otro mundo. Pero, no es tan fácil.

Es verdad: el que se va, nada se lleva. Tampoco tiene la posibilidad de regresar a verificar que su voluntad sea respetada. Debe haber campañas enfocadas en los deudos. Los que nos quedamos, tenemos que tener la intención de ayuda y la generosidad para dar. La situación no es nada sencilla. Por un lado, se enfrenta la pérdida que deviene de la muerte y por el otro, la urgencia de entrgar partes de tu ser amado porque si no se hace rápido, después no sirve para nada.

También hay que entrenar a los integrantes del cuerpo médico. En la prisa por utilizar los órganos, se presiona a las familias que apenas están procesando la muerte y de repente se ven presionados a decidir. Es duro hacerse cargo de que te entregarán un cuerpo roto, vacío. Hay creencias que no permiten que los cuerpos sin vida sean perturbados. Hay dolores cuya intensidad no permiten ver más allá.

Por eso, las campañas deben estar enfocadas tanto en el que dona como en sus deudos y en quienes van a llevar a cabo el procedimiento. La donación debe ser un proceso amoroso de generosidad y empatía. En mi familia, estamos a favor de las donaciones. Fuimos beneficiarios de la dadivosidad de un joven que donó sus corneas y del desprendimiento de una familia que aceptó entregarlas para que mi abuelita pudiera volver a ver. Sé de la angustia que se vive al estar en una lista de espera y de la gratitud con la que se recibe ese regalo. También entiendo que hay personas que, en medio del dolor, no pueden con la pena y dicen no. Hay quienes después de haber dicho no, se arrepienten y hubieran querido decir sí.

No basta con salir con campañas para que yo diga que quiero donar mis órganos. También hay que acompañar esa decisión con una plática que le informe a los nuestros esa voluntad de dar. Los caminos de la donación se deben preparar desde antes y tienen que venir acompañados de una comunicación asertiva de esa decisión de dar. Es responsabilidad del donador hacer saber a los suyos esa intención. No obstante, no son ellos los que ejecutaran esa determinación, por ello, no debemos olvidar a los deudos.

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