Siete años

Hace siete años empecé a escribir este blog. Como todo lo que se inicia, hubo incertidumbre, ¿quién me leerá?, dudas, ¿es serio escribir un blog?, cuestionamientos, ¿para qué? Y entre todas las preguntas que se me ocurrieron antes de empezar, la que jamás se me ocurrió plantearme fue ¿por cuanto tiempo? Seguro pensé que lo que durara seria bueno.

Lo que jamás me imaginé al empezar a escribir este blog hace siete años fue la cantidad de satisfacciones que me iba a traer. Gracias a este blog, he recibido mucho. Me ha dado la posibilidad de reencontrarme con gente del pasado, de comunicarme con mis alumnos, lo mismo con los que están en el aula, como con aquellos que hace muchos tiempo que pasaron por mi salón, me ha acompañado al andar por el Camino de Santiago, ha viajado conmigo a Sudamérica, a Europa, a Asia. Ha contado sobre mi experiencia en Jerusalén, en el Roland Garros, en aquella final en que Roger Federer alzó por única vez la Copa de los Mosqueteros, ha felicitado a los míos en sus logros y ha contado mis tristezas y preocupaciones. Se ha metido conmigo en las pastas de los libros y me ha impulsado a escribir columnas de opinión en publicaciones como Forbes, WSI, Correo. Ha reportado sobre los premios y se a topado con uno que otro tropiezo. Vienen conmigo a San Miguel de Allende y a Acapulco.

En este blog se reúnen muchos lectores de tantas partes del mundo y esa diversidad me sigue pareciendo un misterio. Y, lo más importante que me ha dado son lectores. Gracias a los que han estado aquí desde el primer día, a los que van llegando, a los que no se han ido. Estas ventanas se abren para mostrar lo que estoy pensando. Gracias a los que se asoman desde España, Colombia, Puerto Rico, Australia, Austria, Dinamarca, Israel, Noruega, Francia, Italia, Estados Unidos, Japón, a los de cada rincón de este mundo que vienen a ver lo que hay por aquí, gracias a mis paisanos, a cada mexicano que me sigue.

Escribir.

Escribir es como lanzar una botella al mar que lleva un mensaje, es la esperanza de que alguien la encuentre, le quite el tapón, saque el mensaje y lo lea. Gracias, porque cada día tengo la satisfacción de que esa botella sufre el milagro de la multiplicación. Gracias por darme la satisfacción de saber que me leen. Cada año se aumentan el número de visualizaciones y mi agradecimiento se vuelve exponencial.

Gracias por ayudarme a cumplir estos primeros siete años.

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Muchas vidas

Cada 5 de noviembre pasa algo similar, me pongo en tono reflexivo. Eso de cumplir años me pone a pensar, creo que eso es una de las ganancias. También me da por recordar. Algunos recuerdos son propios, otros vienen recuperados por la voz de mi mamá, de mis tías, de mis primas, de mis amigos, incluso de palabras de mis hijas o de mi marido: de mi gente.

Es curioso, a veces siento que he vivido varias vidas. En esas muchas vidas, la protagonista parece una persona distinta a la que soy. A la distancia y con el tiempo, las cosas cambian. De todos los cumpleaños que me ha tocado vivir, hay muchos que no recuerdo. Mi mamá me cuenta que cuando me festejaron el primero, todo era de Caperucita Roja, ahora me explico todo. En mis XV años, me vestí de largo y usé un vestido azul clarito, un tono como de bebé, me he puesto vestidos blancos, huipiles oaxaqueños y yucatecos. En las fiestas he tenido payasos, Tontolín vino cuando cumplí nueve y Platanito hace como once años. Ha habido mariachis, marimba, trío. He tenido regalos envueltos, llamadas telefónicas, risas y silencios dolorosos. De todo.

En general, mis cumpleaños han sido muy divertidos. De niña, una vez mis papás me llevaron con mis amigas al Teatro Lírico a ver Papacito piernas largas, otra fuimos a ver a Jorge Kaiser a un lugar que se llamaba Kloster y me cantó las mañanitas desde el escenario y yo me sentí súper importante. Hace tres años, mis alumnos me llevaron a cenar y en otras ocasiones me han llevado pastel al salón. Muchos cumpleaños me ha tocado trabajar y partir pastel con mi equipo de trabajo. Los he festejado en La Piedad, con gelatinas de pescaditos que hacía mi tía Rosita y piñatas de cántaro que mi Tía Marta decoraba. Mi Mami Lolita me hacía chile chino porque me encantaba. Me ha tocado estar en Acapulco con los míos, una vez fuimos a San Miguel,de Allende. Creo que la mayoría los he pasado en mi amadísima Ciudad de México. Por suerte, siempre he estado acompañada por gente que me quiere.

Fue un 5 de noviembre cuando Carlos me pidió que me casara con él.

No me ha tocado estar sola, aunque unas he estado rodeada de muchas personas que hoy ya no están cerca; otras nada más he festejado con mis hijas. Unos han sido sencillos y otros complicados. Me imagino que viene en el paquete de ser quien soy. Los chistoso es que en esta fecha, siento que he sido muchas personas a lo largo del tiempo. Casi me parece increíble que fui una niña que era pésima para comer o que alguna vez en secundaria se me ocurrió que estudiaría química, parece que fue en otra vida cuando jugaba atrapados en el patio de la Escuela Emerson o en la que usaba uniforme del Colegio Simón Bolívar o en la que manejaba un VW Sedan todo destartalado para ir a la Ibero. No me sorprende que en ocasiones la imagen del espejo me agarre desprevenida. ¿Quién le diría a todas esas que hoy me gusta recibir libros como regalos de cumpleaños? Segura era otra Cecilia Durán Mena la que podía leer sin lentes.

De todas las que he sido, algunas me caen mejor que otras. Pero, con sinceridad, con todas he disfrutado mucho. Me gusta como se oye mi nombre completo, con apellido de padre y madre, y la piel que habito. En todas esas vidas corre un hilo conductor que soy yo misma, que es la identidad de ser quien soy. Por años he ido a la Basílica de Guadalupe a dar gracias, a encomendarme y a pedir protección. He recibido muchos milagros, ni duda cabe.

Cumplir años y sonreír, cumplir años y agradecer. Sí, agradecer por todas esas vidas, por esta vida. Repetir la oración que me enseñó Bibi, siempre así, señor, siempre así. Siempre cerca de ti.

Seis años y seguimos escribiendo

Me toma por sorpresa, parece que no ha pasado tanto tiempo y ya llevamos seis años de unirnos a través de estas ventanas. Escribir, lanzar palabras al aire con la esperanza de que alguien las alcance a ver, que alguien reciba el mensaje y de alguna forma dé señales de haber leído. El proyecto parecía descabellado. Lo era y lo sigue siendo. No obstante, las ideas que no nos hacen reír, los planes que nos parece que serán difíciles de concretar, cuando rinden frutos, nos siguen sorprendiendo.

¿Cómo es posible? Estas ventanas se abren en México, España, Estados Unidos, Rusia, Austria, Japón, Australia, Inglaterra, Escocia, Israel, Palestina, Argentina, Perú, Uruguay, India, Finlandia, Francia, Portugal, Italia, Guatemala, Canadá, Bangladesh. Nunca lo imaginé. Este blog sigue cosechando lectores. Se asoman a esta ventana y se quedan a seguir leyendo.

Gracias.

Gracias a todos los que a lo largo de seis años me han acompañado. A los primeros y a los recién llegados, a los que se asoman a diario, a los que lo hacen de vez en cuando, a los jóvenes y a los que guardan la juventud en el espíritu, a los que han pasado por las aulas en que he impartido clase, a los que me conocen en forma física y a los que se han vuelto cómplices en forma virtual, a todos ustedes que me leen vaya todo mi agradecimiento sincero y profundo.

Son seis, vayamos juntos por más letras y renglones, por más motivos que nos lleven a reunirnos en ese punto mágico que se llama lectura.

Gracias, siempre.

Cumpleaños feliz

Cada cinco de noviembre llega cargado de emociones. Cumplir años es así y la intensidad aumenta con los años. El baúl que contiene los recuerdos se hace más grande y cada año vivido lo engorda más. La tentación que existe cada día de cumpleaños es la de abrir la cerradura del pasado y husmear en lo que había, traer al presente lo que sucedió. Por supuesto, otra posibilidad es mirar al futuro para planear lo que habrá.

Entre ese eje de reflexión andaba cuando mis hijas y mi marido entraron cantando las mañanitas. Pensar en lo rápido que pasó un año más y todo lo que me tocó vivir me lleva a sonreír. El corazón se llena de agradecimiento, pasaron muchas cosas buenas. Abro el cerrojo del baúl y en el balance de lo que entró este año vivido hubo muchas más risas. Las lágrimas me llevan a recordar a mi suegro que partió y nos espera del otro lado. 

¡Abre los regalos!, me dicen mis hijas. Siento miedo de romper las envolturas: ¡pantuflas y Santa Terrsa de Jesús! Abrazos ymás  abrazos. Y tan alta vida espero. Miro al frente, el baúl de recuerdos está lleno de motivos de agradecimiento. El futuro habrá de llegar igual, la mejor manera de predecir el porvenir, es echando un vistazo al pasado. 

Había estado valorando ciertas decisiones que le dieran una vuelta de tuerca importante a la vida, meditando sobre un cambio de rumbo, ¿para qué? Todo va viento en popa, no tiene sentido buscar alternativas,  cuando las cosas van bien. ¿Par qué buscar otros campos si en los que estoy hay flores y frutos? Hay que espolvorear mucha alegria y fertilizar el agradecimiento.

El cumpleaños me lleva a mirar a la que soy y a la que quiero ser. Quiero verme con menos exigencia, con menor severidad. Queiro darme un abrazo grande, cariñoso, ¿indulgente?, amoroso. Como ese que recibí de Carlos a primera hora, lleno de complicidad, o el de Andrea y Dany que llevaba tanta ternura. Rodearme con brazos protectores. 

Por eso, en este día tan lleno de emociones atesorables, miro al Dios de mi vida que para mí se llama Jesús y doy gracias por su generosidad sin límites y por ese amor tan inconmensurable que siempre me ha dado. Con humildad, ofrezco mi frente para recibir todas las bendiciones del cielo. Doblo el cuello para pedir perdón por mis pecados. Abro los brazos para sentir la presencia de los cuatro arcángeles que me custodian, del ejército de ángeles que me protegen, de la muchedumbre de los santos que me aconsejan de la madre María que me arropa. Recibo con emoción la bendición de Dios y me meto a su corazón, que es mi lugar de seguridad.

Con esa certeza quiero vivir y por ello celebro un cumpleaños feliz.

Cinco años, muchas gracias

Me resulta increíble pensar que ya son cinco años los que cumple este espacio. Un lustro de estar convocando, en torno a estas ventanas, a que se asomen a ver lo que estoy pensando. Es curioso, al pensar en este tiempo, me sorprendo al darme cuenta los cambios que hemos experimentado en el mundo, sin embargo, lo que ha permanecido es esa voluntad de reunirnos alrededor de estas letras que una veces lucen felices y animadas, otras tristes y sombrías, algunas furiosas y flamígeras. Palabras críticas, jamás complacientes, que han buscado desde la sinceridad del corazón, llamar la atención de quien está del otro lado y por la magia de la lectura encontrarnos en este mismo punto.

Como sucede siempre, la elasticidad del tiempo me hace sentir que no es tanto tiempo el que llevo escribiendo estas ventanas, sin embargo, cinco años ya cuentan. En aquellos primeros días, el susto del que inicia un camino me llevaba a cuestionar la validez de escribir un blog. Las críticas sobre la legitimidad de estos espacios hacía que me temblaran las piernas, pero como quien decide lanzar un mensaje al mar en una botella, corrí al encuentro de este espacio que me tenía reservadas enormes satisfacciones: lectores de tantas partes del mundo se acercaron a ver lo que estaba pensando, muchos se quedaron y ya no se fueron, otros acaban de llegar. Nos hemos acompañado en el camino, a lo largo de estos cinco años.

En este tiempo, he recibido numerosos comunicados de los lectores que pasan por aquí, he tenido la suerte de conocer a algunos personalmente. Están los asiduos y los que recien se estrenan, alumnos, maestros, conocidos, amigos, personas que viven cerca de mí, sea porque sin mis vecinos de cuadra o porque viven a kilómetros de distancia, tal vez separados por mares y océanos pero que vienen a asomarse y llegan puntuales a las citas de estas ventanas. Benditos todos los ojos que han recorrido estos renglones.

Muchos de los que se asoman, pasan a ver lo que escribí ese día. Otros abren ventanas del pasado. Hay muchos que hacen ambas cosas el mismo día. Les gusta saltar de una ventana a otra. Tambien están los que me regalan un poco de su tiempo diario y pasan la mirada en forma apresurada. Hay de todo tipo de visitantes en este espacio. 

Alguna vez, alguien me preguntó las razones que me llevan a escribir este blog. Son tantas las explicaciones que puedo dar, tantas las que se me ocurren, y sinceramente, todas se pueden condensar en una: quiero que me leas. Hemos alcanzado juntos esta meta. Hemos cruzado de la mano el umbral de los cinco años. Me felicito con el enorme agradecimiento que da saber que están ahí, que flexionaron las rodillas y sacaron el mensaje enrollado en esta botella virtual.  Vienen a asomarse y ya van cinco años que lo estamos haciendo posible.

Leer y mas leer, como lo dijo Sor Juana. Escribir sin fatiga con la ilusión de encontranos en el misterio de la palabra. Quien diga que  no hay palabras, miente. Hay una que tiene la suficiencia de la exactitud: gracias.

Gracias.

Gracias por tanta fidelidad.

Si como sostiene Ian McEwan, la lectura es la mejor forma de telepatía, si tu pensamiento y el mío convergen en estas ventanas, tal vez estamos mas cerca de lo que pensamos.

Gracias por pasar a ver lo que estoy pensando. Ya son cinco años. ( 5 es mi número favorito )

Boleto a Tokio

Veintidós y seguimos sumando

Mi Gordi, en los aniversarios uno suele mirar atrás, contar una y otra vez la misma anécdota aderezando ciertos detalles incluyendo algunas cosas y olvidando otras. Sintiendo como nos vamos alejando cada vez más de aquella fecha que juramos no olvidar jamás. Pero, como un par de veleros, hace veintidós años soltamos las amarras y empezamos a avanzar y aquel punto de arranque está cada día más lejano y, sin duda, algo desdibujado. 

Algunos se quedaron en el muelle, agitando las manos diciendo adiós. Otros, nos han acompañado desde entonces y unos pocos más han llegado después. El tiempo nos ha transformado en un catamarán de doble quilla. La individualidad de cada uno no ha estorbado el camino del otro, ha contribuido a darle rumbo. Sin duda el peso específico de nuestras ideas y el impulso de nuestras mañas han dado ritmo ha esta vida en común que es nuestro matrimonio. 

El tiempo ha cambiado y nos ha cambiado. No vivimos en el lugar que elegimos para iniciar nuestra vida juntos, nos mudamos. Nuestra primera licuadora se descompuso hace años, el equipo de sonido que nos regalaron ya ni funciona, ya fue sustituido por algo mejor. Han desfilado varias televisiones y nuestra primera sala, esa que nos tardamos tanto en pagar, la vendimos ¿te acuerdas? Pero, sigue llegando el mismo periódico a la casa. Cada domingo, sales al puesto de periódicos a traerme el ejemplar dominical que tanto me gusta leer. Vamos juntos a La Villa y nos hincamos frente a la Guadalupana.

Haz hecho las locuritas que te he pedido. Eres un esposo generoso.  

Hoy, después de veintidós años de compartir prosperidad y adversidades sigo teniendo ganas de hacer planes contigo. Mi mejor ilusión es seguir viviendo como hasta ahorita, como siempre lo hemos hecho, usando esos apodos cariñosos que nos dijimos desde el principio. Que sea yo simpre tu Gordi y mi Gog tú. Que nos gane la risa después del enojo. Que en la salud y la enfermedad conservemos el buen humor. Que en nuestra mesa no falle la conversación entretenida. Que nunca nos abata el aburrimiento. Que la cotidianidad no nos gane la carrera. Que los buenos argumentos ganen. Y, que cuando todo falle, venga el gran amor que te tengo a remediarlo todo.

Después de veintidós años, no importa que aquel punto luzca tan lejano. Lo importante es que tu mano sigue en la mía y así, vamos avanzando juntos, como nos lo prometimos esa noche, frente al altar de Dios.

Cuatro años, muchas gracias

Estoy de plácemes.Estoe blog cumple cuatro años. ¡Sí, cuatro! El regocijo me hace estallar de felicidad y es que la aventura de escribir y ser leída ha tenido frutos maravillosos, todos muy agradecibles. Es increíble, el paso del tiempo me sorprende. Ya son cuatro años de estar abriendo ventanas y de estar mandandando invitaciones para que se asomen a ver lo que estoy pensando. La celebración viene por todas las veces que éstas han sido aceptadas.  Dice Ian McEwan que la mejor forma de telepatía es la escritura. El pensamiento de uno pasa a la mente de otro a través de la palabra.

Lo que inició como una especie de experimento se ha consolidado y somos una comunidad que en la cotidianidad se encuentra a través de estas palabras. Ni en el mejor sueño me hubiera imaginado el alcance que este espacio llegaría a alcanzar. Lectores de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Uruguay, Perú, Japón, China, República Checa, España, Portugal, Islandia, Suecia, Finlandia, Nueva Zelanda, Austraia, Guatemala, Argentina, Puerto Rico, Grecia, Rusia, de los confines del mundo y desde luego de Méxicollegan a asomarse con mayor frecuencia de la que pude imaginar.

Me a tocado escribir desde mi casa, en la oficina, en la universidad, en un barco, en un tren, en un camión, de vacaciones, en El Camino, en México y fuera de mi tierra. Me ha tocado narrar de lo propio y lo ajeno. La risa, la indignación, el asombro, los cariños, los amores, las tristezas, las puestas de sol, los,planes, las satisfacciones, en fin, mi vida de escritos cotidianos ha quedado en este espacio. Escribir se ha convertido en el hábito que le da forma a mi vida. La pluma es el timón que da dirección. Mis momentos más felices transcurren escribiendo.

Sin duda, el camino de las letras es misterioso. Las palabras tienen pies propios y una vez publicadas recorren los rumbos que les da la gana, van como misioneras buscando su espacio y me llena de ternura saber que han sido recibidas. Lo mismo opioniones que críticas, reseñas que narraciones, viajes que hechos cotidianos, en este ejercicio varipinto y personal, muchos se suman y traspasan el umbral para ver qué hay en el interior de estas ventanas.

La maravilla de la tecnología nos hace aprovechar ventajas que otros en épocas pasadas hubieran deseado tener. Puedo escribir y ser leída. Puedo opinar y encontrar consensos y desacuerdos. Puedo estar presente allá donde tú estás, con la velocidad de la luz, a cualquier hora con la facilidad con la que se abre una ventana y te deja ver lo que habita mi mente en ese momento. Es una bendición vivir en una época en la que la voz se puede elevar y la pluma puede escribir sin que medie otra cosa que dos voluntades que se encuentran. 

No hay festejo que valga si no viene acompañado de palabras agradecidas. Muchas gracias a todos los que hacen posible este ejercicio telepático, a los que entran y aceptan la invitación. A los que leen. A los aue vienen a visitar a diario, a losque  ocasionalmente están aquí, a los que llegaron lor casualidad y se quedaron, a los que me acompañan desde el primer día,  a los aue hoy se asomaron, a los que conozco físicamente, a los que tengo el privilegio de ver sólo en forma virtual, a los que conocí por este espacio, a todos y a tantos mi mejor palabra por tantas que han leído aquí. Gracias.

Gracias, los espero siempre.

Todas las Cecilias que soy

Las Cecilias que han habitado este cuerpo que hoy cumple cincuenta años nos hemos congregado para festejar la vida y dar gracias. Llegar al cumpleaños de oro es traspasar un hito. Por eso hemos sido convocadas todas para mirar al cielo y con reverencia dar gracias.

Como si fuera un gran banquete estamos, estas Cecilias que somos, sentadas en torno a una epsecie de mesa redonda —nadie ocupa el presidio, no hay cabeceras— la Cecilia niña que no paraba de platicar con sus compañeros de banca y que exasperaba a sus maestros, la que subía al camión escolar por las mañanas y a veces se mareaba, la que fue la primogénita después de haber sido tan esperada, la nieta consentida, la amiga de Alma y Leticia, la que se puso uniforme y fue al Simón Bolívar, la que estaba enamorada de Andy Gibb, la que encontró en Lety complicidad, la que supo rodearse de las mejores como Olga, Elvira, Claudia y Diana; la que entró a la Ibero y ahí encontró a sus verdaderos hermanos, Bibiana y Arturo. A la que fue al ITAM. La que daba clases de inglés desde los quince. La amiga de María Elena y Merick. Todas están contentas y dialogan entre sí.

Todas contemplan a aquella que iba de vaciones a La Piedad, la que se asomaba debajo de la cama para ver si había monstruos, la que llegó con el vestido de Primera Comunión, la que se hincó en el Santo Sepulcro, la que detesta el hígado encebollado, la que olvidó y la que intenta olvidar, la recuerda detalles con precisión. La que se para frente al salon de clases, la que le gusta estar en el reflector, la que va a la Villa los domingos antes de las seis de la mañana, la que recibió la bendición papal, la que tiene gatitas, perros y un perico, todas esas aparecen en escena.

También están las que se cayeron, las que se asustaron, las que no entendieron, las que lloraron, las que se han sentido solas, las que tienen un humor terrible y un genio que no aguantan. Esas no están tan animadas pero también están. Están las que hicieron daño, las que decidieron mal, las que han dicho mentiras, las que han avergonzado, las que no se portaron bien, las que fueron groseras, las que perdieron el camino, las que se desesperaron, las que fueron injustas, las insoportables, las antípaticas y las soberbias. Las tenebrosas. Están sentadas mirando, dejando claro que ellas también son parte y que están convocadas. Hacen presencia para no ser olvidadas.

Con ellas está la que tomó la mejor elección y se casó con Carlos, la madre de Andrea y la de Danny. La hija que quiso ser buena y se subió en una ráfaga de viento. La hermana mayor fija la mirada, la mujer que ha ganado y la que ha perdido. La que es clara y la que se confunde. La que se muere de risa y la que llora a mares. Está la que piensa que contar es poner números en secuencia y la que está segura de que se trata de escribir y narrar. Está la que se cree mucho y la que busca ser sencilla. Está la que es proclive al riesgo y la que quiere ser prudente.

No podía faltar la de la raqueta que ama el tenis, la que prefirió a Alain Prost sobre Ayrton Senna, la que adora a Roger Federer y le cae bien Nadal, la que se siente feliz en el jueves pozolero de Acapulco, en el Malakoff con un créme bruleë, la que entiende el exilio de Dante, la que adora a Bananna Yoshimoto, a Murakami, a Rulfo, a Ibargüengoitia, a Ortega y Gasset, a Unamuno, la que sueña con la Bahía de Santa Lucía y las calles de Chueca o de Montmartre, la que se pierde en la Libelula de alas rojas, en El Guernica o con los magos de Coronel. La que es oaxaqueña por puro gusto y la que da gracias al cielo por haber nacido en la Ciudad de México. La que da su resto por un chamoy, un chocolate de metate, un tequila o una salsa de molcajete. La que abre puertas y la que es necia. La que tiene fuerza y la que es débil. La valiente y la que tiene la piel de gallina.

Todas las Cecilias que he sido están bien materializadas. Todas las puedo ver. Hay otras que son transparentes, son siluetas, son las que van a ser. También están. Todas nos tomamos de la mano y con serenidad entramos a los huecos de las manos del Altísimo y, como quien está en casa, damos gracias a Dios. Ha sido un buen recorrido, he tenido un buen camino. Todas somos esa Cecilia que con humildad dice hoy, ¡Bendito sea Dios! Ya tengo cincuenta. 

  
 

Tres años

La idea de comenzar a escribir un blog me sonaba descabellada y era, al mismo tiempo, una gran ilusión. Para quien escribe, un anhelo es encontrar lectores, es buscar gente que acepte la provocación de empezar a leer.  Este espacio nació con la esperanza de tender lineas que lograran atrapar el interés de la gente, fue como empezar a correr con una red que busca enganchar la atención de las personas y luego aspirar a su fidelidad.

Con valor y también con temor, se abrieron estas ventanas con la invitación de que quien quisiera, pasara a ver lo que estoy pensando. La incertidumbre se afincaba, la duda era si habría alguien que se interesaría, si no sería una péridida de tiempo, si escribir un blog era serio y el temblor casi detiene la mano. El valor se apuntalaba en el enorme gusto que siento al escribir, en la sensación de libertad que me da elegir palabras y en la emoción de dar click al botón de publicar.

Las formas tradicionales de hacer las cosas encuentran en los avances tecnológicos nuevos modos de expresión. Un poco de curiosidad, un ¿y por qué no?, el gusto por la aventura, el cálculo del riesgo, la exaltación que causa entrar a terrenos desconocidos, la conmoción de enfrentar un misterio, todo se mezcló en una caja mágica y parece que fue ayer que ganó la inquietud de experimentar. Como en el cuento de las habichuelas mágicas, se sembró una semilla y brotó un tallo sorprendentemente fuerte que ha crecido constantemente.

Después de tres años hay más de mil personas suscritas al blog, hay lectores de varias partes del mundo: España, Estados Unidos, Japón, Francia, Nueva Zelanda, Uruguay, Inglaterra, Guatemala, Canadá, Australia, Bélgica, Argentina, Israel, Italia, Dinamarca, Puerto Rico, Chile y un gran número de mexicanos. Con mucho gusto y agradecimiento, encuentro que los lectores sí aceptaron la invitación. Les gusta leer las opiniones políticas, las crónicas de viaje, las reflexiones del Camino de Santiago, las críticas de libros, películas, los temas de alta dirección, pero los más visitados han sido las narraciones en las que la fantasía tiene rienda suelta. Nos hemos ido conociendo y hemos ido fortaleciendo el lazo de comunicación  que tiende un escritor con quien lo lee.

Pierdes el tiempo, me decía un gnomo fastidioso que a veces se alberga en la mente. Pierdes el tiempo, me dijeron algunos rigoristas que ven en la publicación de un blog algo menor. Pierdes el tiempo, opinaron los tradicionalistas que no ven en la tecnología una opción verdadera. Por suerte, ni el miedo, no los gnomos, ni los rigoristas tienen la voz tan fuerte. Aquí la voz cantante la tuvieron quienes pasaron a asomarse desde el primer día y lo han seguido haciendo durante tres años. Gracias a todos ustedes, que siguen ahí, el blog florece y da frutos. De esta simiente brotaron las colaboraciones para periodicos y revistas que se fijaron en este espacio y me abrieron las puertas de la oportunidad.

Festejar es dar las gracias a todos y cada uno de ustedes que siguen ahí. A los que tienen tiempo acompañandome y a los recién llegados, muchas gracias. Gracias por todo y por tanto. Después de tres años, el temblor y la ilusión siguen intactos. En ocasiones sigo sintiendo ese miedo, la constante es el gusto de unir palabras en las que tú y yo nos encontramos. Con un enorme regocijo y con el mayor de los agradecimientos festejo con ustedes este tercer aniversario.

  

 

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