Bajo las faldas de Claudia

Sí, la Ciudad de México amanece cada mañana con una Jefa de Gobierno. Es la primera mujer electa para gobernar la capital de la República. No es poca cosa. Claudia Sheinbaum toma las riendas y con un tono de voz tranquilo, con un lenguaje cuidadoso, con actitud femenina mete a veinte millones de habitantes bajo sus faldas. Así, sin decir agua va, le avisa a los granaderos que su corporación va a desaparecer y al estilo de su jefe, Andrés Manuel nos deja con los ojos redondos como plato.

En campaña, Claudia se forjó una imagen a la sombra de López Obrador. Nos dijo que es científica, tiene un doctorado en ingeniería energética, se asume de izquierda, sonríe con un dejo de timidez y a diferencia del Presidente, se nota que hace un gran esfuerzo por gritar consignas.

Me gusta su forma cautelosa que huye de las promesas grandilocuentes, me gusta la austeridad que dice abrazar y que sea ella la que escribe sus discursos —o eso dice—, se viste en forma sencilla: sus pantalones caqui, su blusa blanca, su mascada amarrada al cuello es el conjunto de todos los días que casi parece un uniforme.

Me irrita que una científica tenga argumentos tan endebles para explicar sus acciones. Dijo que desaparece a los granaderos porque se lo pidieron los estudiantes del 68. ¿Qué son esas ocurrencias? Un científico observa, analiza, comprueba, tiende escenarios y toma decisiones sustentadas en los resultados esperados que salieron del análisis y la observación.

¿Será que la Jefa de Gobierno no ha visto cómo los manifestantes rompen vidrios, lanzan bombas molotov, incendian autos? ¿Nadie le dijo lo que pasa en los partidos de futbol con las barras? ¿No se enteró que hubo quien le prendió fuego a la Puerta Mariana de Palacio Nacional? O, ¿será que esta mujer trae compromisos pasados o que su propio pasado la determina? Hay muchas preguntas que se responderán observando.

El reto que se plantea es tan grande como la extensión de la Ciudad de México y la población de veinte millones que habitamos aquí. No todos estudiamos en el sesenta y ocho —la mayoría de los que vivimos aquí no pertenecemos a ese grupo—, necesitamos una Jefa de Gobierno que se deje de romanticismos y se ponga a la altura de la encomienda. En esta ciudad hay muchos problemas y el principal es la seguridad. ¿Así lo piensa combatir?

Es bueno que quien dirige la Ciudad de México sea una mujer, que Claudia haya roto ese techo de cristal, pero la cuota femenina da poco combustible. Ser mujer no es un atributo que la vaya a llevar lejos si no da elementos que demuestren que es competente y que sirvan para evaluar su desempeño.

Por lo pronto, aparentemente sin granaderos, amaneceremos bajo las faldas de Claudia en esta ciudad hermosa y complicada.

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¿Hay esperanza para el NAICM?

De repente, eso de separar a la economía de la política no resulta tan buena idea. Las finanzas se apoyan en las matemáticas y los números son fríos, objetivos, leales: dicen la verdad y no hay manera de matizarlos. Así que, aunque nos pintemos de rojo, de azul, de verde, o de todos los colores del arco iris, dará lo mismo. Poco valen consultas ciudadanas, porque si el pueblo sabio no entiende, si los legisladores no saben y los asesores no se atreven a decirlo, no importa, los números están ahí con su contundencia para explicar porque suspender la obra del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México es una estupidez. Las cifras van descorriendo el telón y por ahí se ve una esperanza. Pareciera que la cuarta transformación no entendió nada sobre los bonos del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de Mexico.

El hecho es que están metidos en un lío. Los bonos emitidos para la construcción del aeropuerto en Texcoco son de seis mil millones de dólares. Insisto, es deuda que se emitió para la construcción del proyecto en Texcoco y no se puede cambiar a Santa Lucía o ningún otro lugar. Los contratos marcan que, en caso de un conflicto, como éste del que hablamos, las cortes que median son las de Nueva York. Los tenedores, en caso de que haya juicio, tienen derecho a que se las pague anticipadamente sus 6 mil millones y a otro tanto por penalización. Ante la amenaza de litigios, Urzúa, el secretario de Hacienda y Herrera, su subsecretario, se adelantaron y trataron de generar un signo de confianza comprando 1,800 millones de dólares en el mercado. No estuvo nada mal ya que los bonos han bajado ya por la decisión de esta administración sobre el aeropuerto un 30-37%.

Además, la canasta viene llena. La Secretaría de Hacienda entiende lo que la de Comunicaciones y Transportes debiera haber explicado. Como hay esta deuda pendiente, es decir los bonos tan comentados, no puede suspender la construcción. Por eso es que la obra sigue.Y, aquí surge un rayo de esperanza para el proyecto de Texcoco, sale peor cancelarlo que seguir adelante. Es como tener un préstamo para una casa y usar el dinero para hacer otra sin avisar al Banco. Sería suicida repudiar esta deuda. En Argentina, por un problema de este tipo, se contaminó la deuda externa, porque las calificadoras la degradaron. Entonces, como nadie está peleado con el dinero, ni la economía se puede divorciar de la política, la administración lopezobradorista toma acciones. Por eso anuncian que continuarán con las obras “mientras evalúan”. El problema de fondo es que no pueden controlar a los inversionistas extranjeros, donde predomina la influencia de grandes inversionistas de Estados Unidos tan poderosos que ni Trump, con toda su popularidad y respaldo se ha metido con ellos. Lo más sensato sería que tras la evaluación que los señores de la cuarta transformación están haciendo, decidan que siempre si va el proyecto original del aeropuerto. Los números no mienten y no fallan.

Es el peor error en la historia moderna de México después de la nacionalización de la banca de José López Portillo es la cancelación de este proyecto, eso nos indican los números, los expertos internacionales y el sentido común.

Nos puede salir más caro el caldo que las albóndigas. Es mejor reconocer que calcularon mal y que se fueron de bruces, es más sensato y conveniente seguir y terminar el aeropuerto de Texcoco. Las necedades no llevan lejos a nadie, las decisiones sustentadas en números, sí.

Frida Sofía

El nombre me pone los pelos de punta. Hace un año, las personas que vivíamos en la capital de la República Mexicana amanecimos con el ánimo por los suelos, sentíamos la garganta hecha nudo y una especie de polvito que nos picaba el cuerpo. Después del sismo del 19/09/17, porque la ironía no nos dispensó la mala broma de repetir la tragedia de un terremoto en la misma fecha, en el mismo lugar con casi tres décadas de diferencia, amanecimos alicaídos. Muchos salimos a la calle para ver en que podíamos ayudar, llevábamos a los centros de acopio alimento, agua, medicinas, picos, palos, cuerdas o lo que hiciera falta y queríamos ser útiles y solidarios. Por primera vez en mucho tiempo, la calle fue de los ciudadanos. Nos sentíamos más seguros afuera que en nuestras casas. No teníamos miedo de hablar con desconocidos, no nos asustaba que alguien nos fuera a asaltar o a hacer daño.

Otra vez, como hacía años no nos pasaba, nos sentamos frente al televisor para informarnos. Las redes sociales daban cuenta de muchos lugares en los que se necesitaba ayuda que luego resultaban ser falsos y, entonces, la televisión mexicana perdió una oportunidad de oro que la tragedia le estaba poniendo en bandeja de plata: ser una fuente confiable y creíble de información. No, no todos estuvieron a la altura de las circunstancias. En medio del dolor, de la destrucción, de los recuerdos surgía un nombre: Frida Sofía.

Nos enfrentaron a la realidad de la escuela Enrique Rébsamen, a imagenes de pequeñitos que fueron sacando de entre los escombros y luego nos dijeron que había una niñita que se llamaba Frida Sofía que estaba atrapada entre los pedazos que quedaron de esa construcción que después nos enteraríamos estaba rodeada de irregularidades, de permisos falsos, de certificados ilegales y de corrupción dolorosa, de esa que cuesta vidas. Pero, nada de eso importaba. Lo que queríamos era que Frida Sofía saliera con vida.

Televisa hizo una transmisión en la que casi segundo a segundo nos iba informando sobre los avances de ese rescate. Primero nos dijeron que era un niño, pero no sabíamos su edad. Me venció el sueño y me quedé dormida pidiendo a Dios por esa criatura. Soñé pesadillas. Mi primer pensamiento a día y medio del terremoto fue el niño que ya era niña y que se llamaba Frida Sofía. Puño en alto y todos guardaban silencio en los alrededores del Rébsamen y yo desde la casa también lo hacía y rezaba quedito. Hasta Denise Maerker engolaba la voz y todos llegamos a creer que si teníamos la esperanza en alto, lograríamos ver como sacaban a una nenita de las entrañas desbaratadas de una construcción vencida.

La tragedia subió de tono cuando empezó a llover en la Ciudad de México. La transmisión cambió de tono, la preocupación nos llevó al paroxismo y otra noche más me venció el sueño. Entre sueños, rezaba por Frida Sofía, por sus padres y sus familiares. En la mañana, me pregunté dónde estaría la familia de la pequeña y agradecí a los cielos que los reporteros fueran tan respetuosos con los familiares de la pequeña que estaba en semejante desgracia.

Y, el fiasco.

Frida Sofía no existe, nunca existió. Surgió de la mente retorcida de algún imbécil que además de estúpido es de un corazón tan negro como la oscuridad que reina en los infiernos. Así, la televisión mexicana que transmitió semejante mentirota, perdió el honor y la posibilidad de convertirse en un canal digno de comunicación confiable.  Nos volvieron a dar atole con el dedo y, al final, yo quisiera saber con qué afán lo hicieron.

Visitar la Ibero cuando estás en campaña

Las universidades resultan un escenario extraordinario para calibrar a los aspirantes a un puesto de elección popular. Los jóvenes son jueces duros y si están preparados, quieren debatir y no se conforman con evasivas quieren respuestas. La Ibero es un espacio libre en el que los alumnos pueden expresarse sin seguir un guión, sin representar papeles preconcebidos. Los que van, van porque quieren. Nadie lea dio una torta ni les pagó el refresco.

Si el objetivo es llegar a la urna a sufragar teniendo información, las universidades son el foro ideal. Claro, el miedo no anda en burro y después de lo que le pasó al candidato Peña hasta al más valiente le tiemblan las piernas. Pero, se necesita ser inteligente para aprovechar estas oportunidades. Anaya lo hizo, El Bronco lo hará, Meade y López Obrador declinaron.

Los que se la piensan dos veces pierden de vista que los jóvenes son los que le darán la vuelta a la elección y escucharlos es buena idea. Es verdad, los académicos y estudiantes de la Ibero no son dóciles ni fáciles: mejor. Hay que mostrar valor. Saber que lea duele, acercarse. Los candidatos al gobierno de la Ciudad de México fueron.

Mikel enfrentó la rechifla, era obvio. Las propuestas conservadoras no cayeron en terreno fértil en la Ibero que ha luchado por ser un espacio igualitario y por acercarse a todo tipo de minorías. Alejandra Barrales los agarró cansados, pero dicen que fue ella la que se llevó el evento.

Claudia Scheinbaum se vio torpe y confundida. Parecía un cisne fuera del estanque. Dijo mentiras, los jóvenes no de la tragaron y se lo dijeron. Defendió a Ebrard en el tema de la Línea 12 del Metro y cuando acorralada arengó: Juntos haremos historia, vamos a recuperar la ciudad de la esperanza de Lopez Obrador, en vez de generar aplausos, hubo silencio. En la Ibero no le fue bien. Las respuestas no los dejaron satisfechos.

Me parece que le fue peor a ella que a Mikel. Al candidato del PRI por lo menos lo abuchearon, a ella la dejaron ir en completo silencio. Ni conectó con la comunidad de la Universidad Iberoamericana ni les pudo convencer con sus mentiras —dijo que el tema del Rébsamen estaba transparentado y no es verdad— ni le sirvió cobijarse en la sombra de su caudillo. López Obrador no le sirvió. Es cierto, a AMLO no le ha ido mal en otras ocasiones en mi alma mater. Pero ahora, se disculpó, no quiere ir.

Visitar la Ibero cuando estás en campaña sirve para darte cuenta de la temperatura de un sector de la población vigoroso, pensante y que puede ser el aliado ideal para hacer las cosas bien. Los candidatos al gobierno de la CDMX ya le midieron el calor a ese cuerpo.

#sinmiedoalaibero

Permisos de construcción

Por un tiempo, los permisos de construcción en lo que fue el Distrito Federal estaban restringidos. Después del terremoto de 1985, se hicieron intentos serios de desconcentrar la ciudad más grande del mundo. Se buscó dar oportunidades a las personas para ir a vivir a otros lugares y construir en el área metropolitana no era fácil. Fueron los años en los que la periferia se desarrolló y lugares como Ecatepec y Ciudad Neza crecieron en densidad demográfica.

Pero, llegó López Obrador a la Jefatura de Gobierno y la cosa cambió. Los gobiernos perredistas se dieron cuenta del gran negocio que representaba eso de dar permiso a las constructoras y se abrió la puerta que antes se había cerrado. De repente, las colonias se transformaron: las casas se demolían para construir edificios con microdepartamentos que más que viviendas, parecen cajitas de cerillos.

Nada interesó que el agua fuera a escasear, que no hubiera suficientes servicios, que las aglomeraciones y el tráfico se fueran a multiplicar. Lo importante era llenar las arcas con billetes contantes y sonantes. El paisaje incorporó maquinaria, grúas, manos de chango y la industria de la construcción floreció. Los edificios se multiplicaban como una plaga de langostas y la composición urbana se modificó.

Los gobiernos de la Ciudad de México desde el año 2000 hicieron de la legislación de uso de suelo la mejor mina de oro. Por un lado, los permisos para construir se repartían como si fueran indulgencias en la Edad Media, o se vendían o se otorgaban a quien mejor le convenía a los gobernantes. Las clausuras se daban a pequeños negocios que no tenían proximidad con algún influyente.

En el desorden se forjó el caos que representa la vida en la Ciudad  de México. Improvisaciones, construcciones, influyentismo, bicicletas, peatones, automóviles, trailers, máquinas, todos luchando por un espacio, mientras la luz, agua, drenaje, gas, recolección de basura se vuelven bienes escasos, caros e ineficientes. Tuvimos que aprender a lidiar con hoyos, baches, socavones, llantas ponchadas, aglomeraciones, tráfico, estrés, contaminación, contingencias. No son modos de vivir.

¿Y si aprovecháramos esta oportunidad para reflexionar? Tal vez, el sismo de este diecinueve de septiembre nos lleve a pensar que tantas construcciones en un suelo tan movedizo no es buena idea. Quizás podamos pensar que tantos departamentos no son lo mejor porque no tendrán los servicios necesarios para vivir adecuadamente. En 1985, se pusieron parques memoriales donde antes hubieron edificios caídos. Pero, desaparecieron para dar lugar a nuevos edificios, con espacios más pequeños y hacinados. ¿Y si volvieramos a hacer parques memoriales?

¿Y si aprovechamos la oportunidad para reflexionar sobre la ciudad en la que queremos habitar? ¿Y si las autoridades tuvieran el honor y la consciencia de dejar de firmar permisos de construcción y pensaran más en los habitantes que en sus bolsillos?

 

 

Nos desmoronamos

Me gustaría que fuera una metáfora, al menos así tendría el consuelo de la fantasía. Es real. El suelo nos hace hoyos y sálvese quien pueda si te toca pasar por ahí. Trágame tierra ya no es una expresión que se pueda pronunciar tan ligeramente en territorio mexicano, tenemos que tener cuidado con lo que deseamos, corremos el grave riesgo de que se nos cumpla. Hoyos y socavones se convierten en algo tan cotidiano que nos arrebata la posibilidad de sorpresa.

Entre nubarrones, tormentas eléctricas, aguaceros y charcos se esconden esos elementos que los ingenieros llaman vicios ocultos. Estos vicios ya llegan a las avenidas más importantes de la Capital de la República. Los capitalinos sabemos de la importancia de salir a tiempo. Diez minutos se convierten en un retraso de una hora. Hay que salir justo a tiempo para no irte jugando la vida. Pero, ser puntual no basta. Ahora hay que ir esquivando baches que no sn hoyitos sino verdaderos pozos. 

Además, las lluvias traen sus complicaciones. Un charco se puede convertir en la simulación de un barranco profundo. El agua roba la perspectiva. Caí en una de esas grietas. El golpe me hizo saltar en el asiento de conductor, me asusté y el tablero del auto reaccionó. El neumático no tiene presión. Hay que detenerse para no sufrir un accidente. ¿Otro?

El reloj avanza, hay que llegar a tiempo, el auto advierte de los riesgos de seguir avanzando. Aprieto los puños, enseño los dientes, respiro profundo, golpeo el volante. Me sale humo de las orejas. Resopló. No voy a llegar a tiempo. No voy a llegar a tiempo. De nada sirvió poner a tiempo el despertador, ni levantarme al punto, ni bañarme rápido, ni arreglarme de volada, ni todos los cálculos milimétricos para cumplir con las obligaciones en tiempo y forma. 

Se abre la tierra y, entre sus grietas, se nos va la planeación del día y las prioridades se nos desajustan. Como quisiera que fuera una metáfora, así no habría muertos que llorar, ni parientes que indenmizar, ni tráfico que padecer, ni llantas que cambiar, ni cheques que firmar, ni gastos imprevistos que afrontar. Así podría llegar a tiempo, en vez de tener que pasar a una vulcanizadora. Dios, ojalá todo fuera un pretexto literario.


 

Incongruencia

El mundo está atestiguando una baja en la aceleración del crecimiento económico, en muchas regiones la desaceleración se transfroma en decrecimiento. No sólo estamos parados, nos estamos haciendo chiquitos. Nunca como ahora, el anhelo de que la siguiente generación tenga un mejor futuro que sus antecesores parece una fantasía. Los padres estamos enfrentando una cruda realidad: es posible que el porvenir de nuesteos hijos sea más duro que el nuestro. No es pesimismo puro, es verdad que se basa en datos duros. El desempleo no se abate con educación, los egresados de escuelas de nivel superior, al terminar sus estudios salen al mercado y encuentran ofertas poco alentadoras. La mayoría de los trabajos que se ofrecen, suenan más a subempleos que a otra cosa. Hay un desperdicio de las potencialidades y una subutilización de la capacidad técnica de la gente.

No se trata de despreciar ninguna forma de ganarse la vida, pero ver a un médico manejando un taxi, a un abogado sirviendo mesas, a un contador lavando toallas, en vez de estar operando, trabajando en tribunales o dando asesorías, duele. La digitalización de procesos ha hecho que las máquinas sean más eficientes, precisas y fáciles de operar que un empleado de carne y hueso.  Buscar trabajo es cada vez más complicado y encontrar un empleo adecuado es tan dificil que muchos terminan aceptando algo para lo que estan sobrecalificados. La frustración es la emoción regente de estos tiempos. El que quiere y puede trabajar, no encuentra dónde hacerlo.

En esta condición, el emprendimiento es una alternativa. Aterrizar ideas, generar proyectos que creen riqueza y fuentes de empleo es un camino de solución que debería ser apoyado por las autoridades. El emprendedor debería contar con el sostén del Estado y con el acompañamiento de quienes le representan. El fomento de la actividad emprendedora debiera ser una prioridad y no lo es. Al menos, no en la realidad.

El discurso oficial se llena de palabras de apoyo, cualquiera cree en la  buena voluntad y las intenciones, pero en el mar de incongruencias, el empresario nada contra corriente. Además del riesgo propio que enfrenta el que inicia un negocio, está la tramitología, la corrupción y las leyes y reglamentos que lejos de fomentar, inhiben el espíritu emprendedor. En la Ciudad de México se frena el crecimiento de los proyectos. 

Te dicen que emprendas, pero en tu casa no. O,  o tanto. Puedes usar el 20% para trabajar y si hay una denuncia ciudadana, adiós proyecto. Un vecino envidioso está facultado para enviar una inspección que, no sólo irrumpe en la intimidad del hogar, sino que puede transformar un sueño en pesadilla. Una visita de los inspectores puede acabar en una clausura si por alguna razón el negocio creció más de lo que a ellos les parece pertinente. Entonces, hay que crecer, pero poquito. Hay que tener éxito, pero no tanto.

¿Cómo vamos a apoyar al emprendedor, si no le damos oportunidad de crecer? El propósito de todo proyecto es generar utilidades y lograr el máximo desarrollo posible. Pero, si al despegar, el que debiera apoyar es el que te pone el freno, quedamos en un terreno absurdo. Así es la incongruencia.

Lo que nos ocupa

La semana ha estado dificil y llena de información, tanto local como global. El mundo pudo atestiguar la serie de mandatarios que en fila pronunciaron discursos en el estado de las Naciones Unidas. El círculo financiero estuvo pendiente de la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos para enterarse qué sucedería con las tasas de interés. Hubo disturbios en Charlotte por temas raciales, Angela Merkel pierde popularidad, un grupo de actores salen a hacer un video para apoyar a Hillary Clinton y tratar de frenar a Trump, Vicente Fernández le canta a la candidata demócrata, en la Ciudad de México secuestraron a una ciudadana española cuyo cadaver fue encontrado después de haber pagado un rescate negociado siguiendo portocolos, según la autoridad y entre tanto ajetreo la noticia que más llama la atención es la ruptura de Brad Pitt y Angelina Jolie.

Evidentemente, los impactos de la inseguridad que pueden derivar en una crisis de relaciones internacionales, la decisión de mover la tasa de referencia, lo que los mandatarios tienen que decirle al mundo, el discurso flamígero — y a destiempo— de Ban Ki Moon, las consecuencias de dejar aue un tirano llegue a la oficina oval, el liderazgo alemán, la violencia étnica,son  temas que afectan la vida de propios y extraños en forma indirecta y, a veces tan directa que nos mueve la cotidianidad. No obstante, la Humanidad prefiere hablar de la ruptura de una de las parejas más bellas en la faz de la Tierra. 

¿Será que el tema resulta más accesible o se tratará de un mecanismo de defensa? Tal vez sea una forma primitiva de consuelo: los ricos y los bellos también lloran. Un matrimonio qque nace torcido, jamás su rama endereza. Si Angelina mató a hierro a Jennifer Aniston, a hierro muere a manos de la Cotillard. Brad Pitt se deprime a pesar de la perfección estética de su rostro y de lo abultado de su cuenta de cheques. Qué me importa que tengamos a un ganso a las puertas de la Casa Blanca si Angelina llora en silencio sin dar declaraciones a la prensa, pensarán algunos. Nada me interesa que la Reserva Federal haya sido consciente de la situación mundial, lo importante es que una familia famosa está padeciendo algo similar a lo que veo de cerca. 

No nos mueve la violencia racial, nos enfadaron los temas de terrorismo neoyorkino, nos interesan poco los discursos presidenciales en la ONU, hablar de la inseguridad en la Ciudad de México ya no asusta a nadie, lo que se convierte en el tema de la semana es que Brangelina ya no existe más. ¡Qué curioso! 

Caos vial

Dice el dicho: Mal empieza la semana para el que ahorcan en lunes. En esta condición empezó la Ciudad de México esta semana: ahorcada. Marchas y manifestaciones bloquearon las principales arterias y vías de comunicaciónde la Ciudad de los Palacios. En las calles, en vez de que la movilidad reinara, había un caos vial que provocó que una gran parte de los ciudadanos estuvieran atrapados sin poder avanzar.  Algunos quedaron estancados a cielo abierto y otros encerrados en tuneles, bajopuentes, pasos a desnivel y muy pocos lograron llegar a sus destinos.

Mientras los manifestantes bloqueaban alegremente las calles de la capital del país, la vida se ponía en pausa para automovilistas, pasajeros de transporte público, ciclistas, usuarios del metro y gente que quería llegar a su destino. No hubo forma. Con retrasos, corajes,desesperación fue la forma  en la que se inició la semana en que muchos jóvenes regresaron a tomar clases a algunas universidades. Los empresarios temblaron ante la posibilidad de que los manifestantes les destruyeran sus negocios y, desde luego, ante las pérdidas que estas movilizaciones traen consigo. Así, con intención, se pone en riesgo la esperanza de un país.

Como si se tratara de un enjambre de langostas que avanza hambriento en el desierto para destruir lo que encuentra a su paso, como  una calamidad que sabes que te va a llegar y no puedes huir de ella, así se ve la vanguardia  del contingente que va caminando y te alcanzará por más que corras, peor, no hay para dónde hacerse y quedas ahí aprisionado sin que puedas llegar a hacer lo que te habías propuesto ese día. 

Pareciera que no nos es suficiente con los obstáculos propios del entorno, hay que generar más. ¿Para qué conformarnos con la depreciación del peso, la caída de los precios del petróleo, la inseguridad si también podemos tener lindas manifestaciones que los echen a perder el día?

Lo más bonito, en la capital de la República, la emoción más hermosa, la cereza en el pastel fue enterarnos que el Jefe de Gobierno fue el anfitrión y principal auspiciante de este caos vial. Como ni nos ve ni le importamos, pasa por encima de las prioridades de la ciudadana y recibe con los brazos abiertos en la plancha del Zócalo a sus distinguidos invitados. En un acto de absolutismo al estilo del Rey Sol, Mancera ensaya, ejercita su músculo y se imagina a sí mismo usando la corona presidencial. ¡Qué bonito!

Los silbatos antiacoso

No cabe la menor duda, las medidas eficaces que toma el gobierno de la Ciudad de Mexico para garantizar la seguridad son tan eficientes como el silbato con el que pretende Miguel Ángel Mancera proteger a las mujeres de acosos y asaltos sexuales. Con semejantes medidas, ya todas nos podemos sentir invulnerables. Seremos libres de salir a la calle vestidas como nos dé la gana, a la hora que mejor nos acomode y, si a algún despistado se le ocurre pasarse de la raya, nosotros pitamos el silbato y asunto arreglado.

Habrá quince mil. Eso es un predicamento. Me temo que no nos van a alcanzar. Pero, las quince mil afortunadas que consigan uno dejarán en el olvido el susto de verse en aprietos porque alguien les dijo una vulgaridad, los puso la mano  en dónde  no querían, les dieron un golpe o las violaron. Adiós a todas esas molestias y peligros, el silbato salvador ya está  siendo entegado. No hay de que apanicarse.

Yo quisiera tener uno, no se dónde los van a repartir. Lo cuidaría tanto, no permitiría que se ensuciara o que se despostillara, se me iría la vida en cuidarlo. Tampoco haría mal  uso del silbatito, nunca lo tocaría sin razón, sería muy prudente. Pero, me imagino que cuando me entere de dónde  puedo conseguirlo, ya se habrán agotado. Qué envidia despertarán todas las afortunadas que sí conseguirán el ansiado silbato de seguridad.

Ojalá que no empiecen las malagradecidas a decir que son ocurrencias estas medidas tan bien intencionadas. Hasta la más tonta puede entender la efectividad de la orden y la eficiencia del sonido de alerta del silbato antiacoso. Imagino las horas de capacitación que habrán recibido los cuerpos policiacos para activar el protocolo de defensa al escuchar el pitido de auxilio.

Gracias, don Miguel Ángel, imagino que pensara en lo agradecidas que estamos las mujeres  al entender las buenas intenciones de su instrucción.  Ya podremos vivir en paz. Imagino que tenemos que dar las gracias, ¿no?

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