Dos ancianos en la foto: Trump y Kelly

En la fotografía aparecen dos ancianos sentados debajo de un cuadro con la figura de George Washington. Es el Presidente Trump presentando a su nuevo Jefe de Gabinete, el General John Kelly. Ambos visten trajes oscuros, camisas blancas, ambos peinan canas, uno teñidas y el otro muy escasas, casi no tiene pelo.  Ninguno de los dos tiene experiencia política y están en el pináculo del poder. ¿Qué hacen ahí? Nos preguntamos, nos preocupamos.

Como chivo en cristalería, el señor Trump ya se descabezó a Sean Spicer que tuvo un triste andar como portavoz oficial y ni hablar de Scaramucci que en unos cuantos días hizo de la vulgaridad su bandera, de la bajeza su modo de gestión y del vértigo su escalera al infierno. Tal vez por eso, el ceño adusto del general Kelly nos intrigue. ¿Qué pensará su patrón?

Me imagino que un hombre con mano dura es lo que se necesita en el Ala Oeste de la Casa Blanca para pinerle un bozal al primer mandatario estadounidense. El desorden que traen allá es difícil de dimensionar. Tal vez sólo lo lograremos medir el nivel del desastre cuando el terremoto haya terminado. Si es que queda algo cuando pase el temblor.

Por lo pronto, ahí se ven dos ancianos sentados, dando la cara al mundo que los mira con asombro. El rostro del general Kelly se ve agrio, serio, de pocos amigos. Su patrón hace la boca de chancla, una mueca detras de la que se oculta una sonrisa. Enhorabuena al general Kelly, esperemos que no lo alcance la tormenta y que su transitar bajo la tutela de Trump tenga mejor ventura que el de otros que lo han dejado todo por seguirlo. Al tiempo, ya veremos.

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La inexplicable victoria de Trump

Lo increíble se hace realidad, lo que nadie pensamos, se materializa en una realidad oscura: Donald Trump será el futuro presidente de Estados Unidos. Avanza la ignorancia, la misoginia, la intolerancia, la división, el racismo, el miedo. ¿Quién puede entender la elección del pueblo estadounidense? Un hombre con las características menos aptas para ser mandatario llegará a la Casa Blanca y estará al mando del ejército más poderoso del mundo. Se pone la piel de gallina.

La sociedad de los Estados Unidos se muestra de cuerpo entero frente al mundo. De nada valieron las advertencias de los notables de esa nación, los electores que le habían otorgado una victoria a Hillary Clinton por lo bajo y al amparo de la oscuridad de las casillas le dan a Trump las llaves de la oficina oval. ¿En qué están pensando? Nadie, ni él mismo, habrían anticipado semejante resultado. ¿Y ahora, qué?

¿Será que las mujeres nos tendremos que acostumbrar a ser tratadas con palabras soeces y modos groseros, que los musulmanes deberán elegir otro destino para vivir, que los homosexuales deberán hacerse heterosexuales y los mexicanos saldrán explusados en tropel de los Estados Unidos? No imagino quién se encargará ahora de cuidar a sus viejos y a sus niños, quién labrará sus campos o se encargará de que las tareas de la cotidianidad que mueven esa nación. Me duelen todos los mexicanos que han vivido agazapados en ese país, porque el futuro no pinta nada bien. La Border Patrol, los sujetos como Arpagio, las deportaciones, ¿se convertirán en cosas de todos los días? Parece que nos precipitan a una crisis mundial, capitaneada por una persona que no entiende de oferta y demanda ni de tierra, trabajo y capital.

Me temo que los Estados Unidos dejarán de ser la nación más poderosa del mundo con un timonel como Trump. Mientras el mundo amanece con dolor de estómago, imagino a Vladimir Putin relamiéndose los bigotes. La misoginia estadounidense prefierió a un hotelero que construye campos de golf, en vez de a una mujer que estaba mucho más preparada par llevar las riendas de esa nación. Ese sujeto será el presidente 45 de la nación de Licoln, del Dr. Martin Luther King Jr, de las sufraguistas, de Whitman, de Poe, de Joyce Carol Oates, de Flannery Connor, de Madonna, de Calder, de Walt Disney, de Merryl Streep, de Woody Allen, Charlie Sheen y de Miley Cyrus. Ya voy entendiendo.

La derrota de Hillary duele al mundo. Las bolsas abren con pérdidas y son la mejor evidencia de lo que el mercado opina sobre la elección del pueblo de los Estados Unidos. El peso cruza una barrera histórica a la baja y en México el susto nos amarga la boca. ¿Será que nos tendremos que arremangar y empezar a construir el muro? ¿Cómo será nuestra relación con nuestros vecinos y socios comerciales?

Tal vez, seremos sumisos y empezemos a revolver la mezcla y a pegar tabiques en la frontera para que cuando llegué Trump a la presidencia nos conceda, al menos, la opinión de que somos eficientes. A ver si así le caemos menos mal. En una de esas, nos volvemos respondones y elevamos la voz contra el hombre que nos ha insultado, que ha mentido sobre nosotros, que nos desprecia y no sabe disimularlo. Sí, ahí puede estar el extraño enemigo al que se refiere el Himno Nacional mexicano.

Si los estadounidenses creyeron en el eslogan de campaña de Trump  y piensan que este hombre hará que su nación sea grande otra vez, buena suerte. Ojalá que así sea. Desde acá, parece que regresamos a un mundo en el que se echaron las manecillas hacia atrás. Antes de que terminara el recuento, los memes recomendaban a los mexicanos que nos fuéramos a dormir, parece que vamos a despertar en un planeta del siglo XIX. 

Llueve en la Ciudad de México.

Sé que hay quienes dicen que el hombre se va a moderar. Carlos Slim dice que no es lo mismo ser borracho que cantinero, ya veremos. Mientras tanto, la sorpresa nos deja acidez en el estómago y hay un rumor a llanto. Algo perdió el mundo y tardaremos cuatro, quizás ocho años en recuperarlo. ¿Quién diría que un sujeto como Trump sería presidente? Honestamente, es inexplicable.

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