Palabras sigilosas

Al despertar por la mañana, cuando aún todos duermen y sueñan con sus propias libélulas de colores, cuando el zumbido de los insectos sobre las flores esta por empezar y se escucha el rumor del agua en aquel riachuelo que vi cuando era niña, mirarte al espejo es un ejercicio de valentía.

A veces, meter la cabeza a un hoyo nos parece una idea que no es tan mala. Recorrer la geografía del rostro, sabiendo que las líneas que se forjaron son las que merecemos y no las que heredamos. No hay a quien echarle la bolita, ahora la pelota está en nuestra cancha y nos toca a nosotros el azote de esa responsabilidad que tampoco es nuestra, es de los que han de venir. La nuestra se restringe al mapa de nuestro camino.

Caminamos.

Unas llevamos cargando cubetas arenosas en cada mano, otras corremos ligeros sin darnos cuenta que estamos por terminar el verano. Corramos. Sentir el aire que pasa entre el cabello nos hace sonreír, siempre nos ha hecho sonreír. Al final, lo que importa es dibujar sonrisas. En los demás y en la persona que está frente al espejo.

Y, si el terreno es terregoso o plano, si el clima es tibio o extremo, si lo notas o pasa desapercibido, lo único que supe fue que algún día estaríamos tomando café juntos al despertar.

La bocana

En Acapulco, al despuntar el día, abro los ojos y me topo con la superioridad del espectáculo: la inmensidad del cielo se viste de los mejores tonos que van desde el azul más intenso hasta el rosa apasionado. El sol se refleja en el mar y las nubes se dibujan entre las olas. Hay que poner atención para no terminar confundiendo la bóveda celeste con la profundidad de las aguas. 

Las lucecitas de la ciudad se apagan porque los rayos del sol se encienden. Esa es la señal para saltar de la cama y salir a caminar. Digo que voy a hacer ejercicio pero mi verdadera intención es permitir que la mañana se me meta en el cuerpo y el el milagro de un nuevo día se encarne en mí. Es la sensación de la brisa salada que se combina con los veintidós grados a las ocho de la mañana. 

Hay varias rutas y circuitos que me gusta hacer, sin embargo, el que más me reta es el camino que me lleva a la bocana. Es un trayecto de casi seis kilómetros de subidas y bajadas, de pendientes con altos grados de inclinación que exige fortaleza física y voluntad. Es un sendero que en ir y venir se invieten dos horas de caminata intensa. En esta ruta me entrené para hacer el Camino de Santiago. Por eso, caminar rumbo a esta entrada de mar siempre tiene evocaciones especiales.

El tramo final lleva al mar. Es una vereda ecológica en la que se respetó el entorno original. Al caminar por ahí te salen al encuentro amates muy altos con raices de grandes dimensiones, laureles, papayos y mangos. El olor a fruta combinado con los aromas de sal revigorisa el cuerpo. El sonido del arroyo que busca encontrarse con el mar es una especie de mantra alegre que alaba la inmensidad. El agua corre entre las rocas y piedras de rio.

Hay un punto en el que el agua dulce se funde con agua salada. Los remolinos que se forman por este encuentro confunden al observador que ya no sabe cuál corriente es de esa agua clara y joven y cuál es el comienzo de la infinidad del Pacífico. Ahí, en ese punto, el arroyo se convierte en algo superior, cambia de nivel y se eleva. Es una transición similar al alumbramiento de la vida, es dejar la pequeñez que ya no puede contener al bebé para lanzarlo a la grandiosidad del mar.

La fusión es tranquila, los remolinos son círculos concéntricos que se hacen y deshacen para dar continuidad, para dejar correr el cauce de las aguas. Es una imagen perfecta que la naturaleza nos ofrece para entender que la vida no es un antónimo de la muerte, simplemente son etapas que llevan un mismo sentido. Unos ni siquiera lo ven, otros lo desestiman, para algunos adquiere un significado, para mí, que casi puedo ver entre la maleza como se  dibuja una flecha amarilla, el significado del verano, del agua, del cielo significa la evidencia de la mano de Dios.

Me gusta observar esos remolinos y elevar la mirada a ese punto en el que la redondez de la tierra forma una línea  en la que el mar toca el firmamento. Pensar en Dios y agradecer. Después emprender el camino de regreso que me lleva al descanso de verano que me prepara para los día de trabajo que vendrán y me llevarán a un entorno tan distinto.

  

  

Madrid y volver

No será la primera vez que Madrid me recibe con los pies ampollados. Las ültimas veces, al haber hecho el Camino de Santiago, la ciudad capital me recibió amorosa. Madrid está lejos de México y muy cerca de mi corazón. Siempre es una buena antesala antes de volver a casa. Es como esa madre amorosa que extiende brazos, da abrigo y da la bienvenida antes de decir adios. Màs bien dice, hasta pronto.

La huelga de controladores aéreos hizo que le vuelo de Roma a Madrid en vez de durar poco menos de dos horas, iniciara con el anuncio de dos de retraso y la amenaza de cancelacion. Fiumicciono no es tan agradabke cuando todos quieren salir de ahi y no saben si lo lograrán. Escuchar la desesperación de muchos pasajeros que pierden conexiones y vivir la desinformación en italiano no es agradable, menos tranquilizador.

Por fin y con seis  horas de retraso, llegamos a Madrid. En el aeropuerto de Barajas casi no hay nadie, aunque quedan las huellas de muchos vuelos retrasados. Fuimos de los ültimos en aterrizar, efectivamenre, hubo muchos varados. Apenas llegar, se siente el aroma madrileño. Hay algo en el aire que dice en dónde estás. Es reconfortante hablar en español y que no te miren con cara de sospecha, o sin que se den cuenta. desde ya, que eres turista, sujeto propicio para la pillería. Aquí es fácil, los madrileños nos reciben bien y da gusto estar de vuelta. Las calles y los espacios saben a casa y es la transición perfecta, antes de regresar.

La última parada de este viaje es una ciudad a la que amo profundamente y en la que me siento feliz. En esta bendita tierra se hacen los sueños realidad. Una vez más, a caminar, con pies ampollados, pero con buen ánimo. Entrar a Madrid y luego… Volver. 

 

Para empezar

Para empezar bien este año, Señor te pido, que me tomes de la mano.
Que tu Divina Providencia me mire con cariño y que yo no lo pase por alto. Que el corazón se llene de tu luz y de tu agua viva.
Que la casa, la mía, esté llena de los míos, protegida por ti, abrigada por tu amor y que él reine en ella.
Que la honra se mantenga en alto, que la mentira no la manche, ni mis malas acciones la percuda, que crezca gracias a tu generosidad y que la parte buena que Tú sembraste en mi desde el primer día y venza la oscuridad que me tienta. Que sea reflejo de tu presencia.
Que el vestido se obtenga con el sudor del trabajo productivo y que de el broten flores y frutos de colores y sabores maravillosos. Que sean tan abundantes que alcancen para saciar mis ansias, mis pesares y se conviertan en risas y sonrisas de olor a jazmín; que tenga la capacidad de compartir con los que nada tienen y con los que tienen mucho, siempre en el mismo tono.
Que el sustento no falle, ni el físico, ni el espiritual. Que la mesa esté repleta y los vasos se desborden de cariño, solidaridad y que el lugar de honor sea el Tuyo. Que encuentre siempre la fuerza para honrar mis compromisos y ser fiel a mis principios.
Que la salud y la serenidad broten de tus manos.
Que el amor sea a imitación del tuyo y que logremos desterrar la maldad con la misma determinación que corriste a los usureros del templo.
Que haya vida en abundancia, que te reconozcamos como el Camino, la Verdad y la Vida. Y que en el momento de la muerte no nos falte la protección de tu Santísimo Sacramento,
Enséñame señor a abrir los brazos y cerrar la boca,
A escuchar, a pedir disculpas cuando sea necesario, a regalar mi ausencia a quienes no valoran mi presencia, a ser empatía y simpática, a ser buena mamá, a darle apoyo a los míos, paciente con el marido, también amorosa y a dar consuelo. A ser agradecida y a no tenerle miedo a la palabra gracias.
Enséñame a buscarte y a entender que desde siempre ya te encontré porque estás en mí.
Amén.

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De toga y birrete

Llegó el día de la toga y birrete en el que es preciso reflexionar. Sí. Interrogarse en torno a lo que significa ser escritor y al resultado final que se formó a lo largo de los tres años en el programa de Doctorado en Creación Literaria de Casa Lamm, no es ciertamente una curiosidad de carácter enciclopédico, sino una inquietud que sirve de fundamento para forjar una parte importante de la identidad. Detener la mirada en la aventura del espíritu humano que escapó de las ataduras de un perímetro de comodidad y se atrevió a seguir un camino desconocido es reflexionar en el desarrollo personal.

Al iniciar el camino, decimos, casi como un susurro, que queremos ser escritores, con la timidez del principiante, con la falta de seguridad del novato y sobre todo con el anhelo de serlo. Creemos que la construcción de esta nueva identidad es inalcanzable, pero la necedad y la necesidad de dar curso al torrente de letras que se escurren de la imaginación, nos obligan a romper el cerco de la automutilación y dudas tan propio de los que habitan este universo.

No es fácil detectar el origen de la vocación de un escritor, por eso el titubeo se arraiga muy cerca del lugar del que surge la inspiración. Mario Vargas Llosa dice: “Escribir es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad. Es una tentativa de corrección, de cambio o abolición de la realidad real”[1] El escritor se deja, en un momento determinado, habitar por sus demonios y con ellos quiere reconstruir un mundo. Estos espíritus son volubles, en ocasiones dan y, en la mayoría de las veces, también castigan.

Una vez que los demonios se instalaron en la mente del escritor no lo van a abandonar jamás. Se afianzarán en las profundidades de la mente y, en el momento menos pensado, lo azuzarán para derramar letras. El escritor temerá por los resultados ya que el origen de sus ideas, la vocación misma, son un punto de partida incierto. Habrá que nutrirla y alimentarla de forma maniática con esa masa de experiencias que al principio sentíamos tan lejana e inservible y que se constituye como el mejor elemento para narrar.

Las posibilidades que se descubren a partir de la creación literaria reconcilian la meta alcanzada con el temor de no llegar a ella. Toda experiencia nueva, por más distanciada que pueda parecer de los escenarios de vida anteriores, se acerca a partir de ilusiones y propuestas; de la guía atinada y de la perseverancia de los maestros que acompañaron el proceso. De ahí que, preguntarnos sobre lo escrito, supone, como dice Roland Barthes, “enfrentar una paradoja: optar por el conjunto de reglas y objetos; de técnicas y obras cuya función es institucionalizar la subjetividad, o bien, optar por la absoluta libertad del autor. Prefiero la libertad del autor. Dejar en absoluta independencia la escritura.”[2]

La impugnación o la defensa de los textos determinan el arco pendular sobre el que se mueve el escritor. La lógica de la Escritura es un eco que resuena de la alternancia de libertades y coerciones que enfrenta un autor. A lo largo de la Historia, los escritores han puesto sobre los renglones sus sueños y mentiras, sus actos y deseos, la realidad y el escenario que prefiguran como tal. La verdad que cada autor quiere reflejar a partir de un mundo ficticio para lograr que brinque del universo concreto al mental, es el máximo deseo de un escritor. Tal como dice Auerbach, “Al mismo tiempo, escribir es un fenómeno que prueba hasta qué punto la vida es palabra tanto como vivencia.”[3]

Las palabras son la sustancia de los textos que el escritor usa sin ningún tipo de sumisión, “con una libertad anárquica.”[4] Esta actitud tiene que ver con la naturaleza aventurera del escritor que vence la timidez y se atreve a contradecir la célebre sentencia de la Bruyère: Todo está dicho. Un escritor, a pesar de sus dudas, jamás se conformará con este dictamen. Se devanará la mente para crear nuevos campos e ir a fertilizarlos hasta que den el fruto que germine en la imaginación del que lo lee.

Llegó el día de la toga y birrete. Sí y al finalizar el camino de las aulas las inquietudes alrededor de las letras han crecido de la misma forma en que se desarrolló un intenso y enorme amor por ellas.

Así, de la mano de Auerbach, de Barthes, de Chesterton, de Gros, de Vargas Llosa, de Susana Corcuera, de Ramón Moreno, de Juan Antonio Rosado, con mis demonios personales alojados en la mente, y al llegar al final del camino me atrevo a susurrar : soy escritora, con un profundo agradecimiento.


[1] M. Vargas Llosa, El novelista y sus demonios, Libre, París, 1990.

[2] R. Barthes, Sur literature, Seuil, París, 1963.

[3] E. Auerbach, Mímesis, Madrid, 1977.

[4] B. Gros, Literature, París, 1970.

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El atrevimiento de una reflexión profunda

Paso a paso nos abrimos a un estado de luz. De luz sutil. Lo toma el que quiere, lo ve únicamente aquel que tiene la voluntad de hacerlo, sin que sea a fuerzas, ahí está, parece decir, tómalo si quieres, si no, déjalo pasar.
Miro al derredor. Hay un tesoro.Son tardes hermosas, silencios, rumores, brisas. Son flechas que pintadas de amarillo señalan la dirección para seguir el camino. Si no quieres ver, no pasa nada. La magia sigue ahí. Justo cuando dudamos, cuando hay una intersección, cuando se bifurca el camino, surge humilde la señal que apunta al destino, el tache que nos indicó que vas mal, la cruz milenaria que guía al peregrino. Tu amor nos abraza.
¿Siguen confundidos? ¿No saben distinguir cuál es el camino correcto? Les envío un mensajero en forma de cartero, de campesino, de pastor que los reubique y los ponga en la dirección correcta. Nos dices en ese lenguaje que es tan difícil de escuchar.
Y, es que hablas tan quedo que te puedo mal interpretar, puedo desoír tu voz, me confundo y pienso que son casualidades. Pero no. Eres tú. Siempre tú. A mi lado. Cuidándome, protegiéndome, guiándome.
Te haces presente y a eso, justo a eso vine a recorrer el camino Santiago.

Camino a Santiago

Dicen que el camino empieza cuando sales de tu casa, creo que en realidad comienza cuando tu corazón ha decidido perseguir el objetivo de recorrerlo y llegar. Si esto es así, no sé cuando empezó mi Camino a Santiago. Tal vez empezó desde siempre, quizá empiece mañana.
Es una ruta que cualquiera puede hacer, es un recorrido que se ha hecho desde tiempos antiguos. Es la ruta que siguió el hijo del Zebedeo para difundir la buena nueva. Es el recorrido que intento hacer para encontrar mi rumbo.
En el camino tan importante es el destino como los pasos que se dan para llegar. El trayecto es físico, sin duda, sin embargo, el logro es espiritual. El recorrido de más de 350 kilómetros a pie es tan relevante como la distancia que hay para llegar al centro del corazón.
Entre los pasos se enredan los regalos, la Compostela, la misión es descubrirlos, encontrar la venera, abrir los ojos para lograr atesorar el premio.
El objetivo es Santiago, el objetivo también soy yo. Espero poder llegar a ambos.

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