El adiós de López Dóriga

Joaquín López Dóriga se despide del noticiero estelar de Televisa. Las razones que lo llevan a decir adiós han generado una serie de rumores que alimentan la curiosidad de algunos. Hay quienes dicen que se peleó con empresarios poderosos, o que su mujer provocó a mujeres acaudaladas, o que se enemistó con políticos encumbrados. También hay los que opinan que la salud le está cobrabdo factura por los excesos de juventud. Se descosen hablando de vicios y consecuencias de los mismos. Lo cierto es que Joaquín se va y está como la canción, esta que se va y se va… Y no se ha ido.

La salida de López Dóriga no sorprende. Ya la habían pronosticado los chismes con mucha anticipación. Lo que sí llama la atención es que se haya tardado tanto en anunciarlo y sobretodo que nos diga que se va, pero no de inmediato. Parece que quisiera alargar una agonía y quisiera exponerla a los medios. Ver el Noticiero se convierte en la contemplación de una vela que se acaba la cera y apaga la luz. Pronto, ni el reflejo quedará.

Me recuerda el epígrafe de Tres tristes tigres de Cabrera Infante que hace referencia al brillo de La Habana que se acaba de apagar como resultado de la Revolución Cubana. Cambio Cuba y cambian los medios. El tiempo transforma lo que antes era normal y lo vuelve anticuado.

Más allá de chismes y efectos mediaticos, estamos frente a un cambio de paradigma. López Dóriga se va por las razones personales y particulares que sean, la verdad es que en el cambio de época, la fórmula del noticiario en horario primetime dejó de tener vigencia. Los jóvenes no se informan viendo la televisión. Eso es cosa de viejos. Los tiempos en los que la vida   nacional se paraba para escuchar a la estrella noticiosa, se acabaron.

Las verdades históricas se ven vulneradas ante las redes sociales. Los tiempos en que se informaba selectivamente y la gente se comía lo que le servían, fueron aniquilados por la posibilidad que tiene el público de acceder a otros medios. Las voces partículares no se callan por decreto, los manotazos en el escritorio, pasaron de moda. El poder de un comunicador está en el espacio virtual y la tele está transformando su formato.

Los modelos de comunicación se modificaron con la aparición de Internet. Las barreras de accesibilidad se están derrumbando. Los aparatos para conectarse los tiene casi todo el mundo. En México, el 82% de los usuarios de Internet lo hacen por medio de un dispositivo móvil, según el Inegi. Eso hace que el consumo de entretenimiento e información se haga más frecuentemente con un teléfono inteligente, una tableta o una lap top. 

Desde luego, la profundidad de los contenidos está directamente relacionada con la inmediatez o con el proceso editorial del medio. La confianza en lo que se consulta tiene que ver con el prestigio de quién lo dice y con la forma de decirlo. Los formatos transmediales, es decir, que transitan por múltiples plataformas, son la tendencia. Además, lo relevante es la accesibilidad. Si alguien tiene que esperar a ser informado en cierto horario, vuelve su interés a otro espacio. El público no está dispuesto a quedarse atento a que las manecillas del reloj den cierta hora para enterarse, menos si hay otras formas de conseguir el mismo resultado. 

Así, el formato de la televisión cambia. Los programas pregrabados pierden vigencia. Los horarios estelares pierden brillo. Los eventos deportivos son la mejor alternativa para la televisión dado que no hay forma de que todos los fanáticos estén en un estadio al mismo tiempo. Eso, por lo pronto, sigue igual; lo demás, no. La radio, a quienes ya muchos le habían aventado coronas mortuorias, resurge como un fénix al que todos le encuentran lustre y conveniencia. Puedes oír la radio y hacer algo más. Funciona si vas manejando, si lees, si estudias, si estas esperando… es accesible y algo importante: gratuito. Ahí es donde hay que estar. Ahí está López Dóriga, también.

Pero, se va de la tele. No importa que nos presuma su lista enorme de seguidores en Twitter, ni que tenga cuenta en Snapchat o que suba fotos a Instagram, esos complementos no sirvieron de pilares. El adiós de López Dóriga se puede deber a muchas causas, una de ellas es que el cambio de modos. La innovación es un mandaro que se convierte en un deber y el que no lo cumpla, se queda fuera del círculo. 

Adaptabilidad

Manejar el cambio es uno de los retos más difíciles que enfrenta el ser humano. No hay nada más cierto, ni variable más segura de confirmarse que esa: el cambio. Nada es eterno, todo se mueve de lugar, se transforma, se altera. En ocasiones las cosas cambian para mejorar y en otras para empeorar, en todo caso, hay que adaptarse.

En el libro del Genésis, cuando el Ángel del Señor saca a la familia de Lot para exentarlos de la destrucción en Sodoma y Gomorra, Edith, su esposa, se convierte en un símbolo de resistencia al cambio. Desobedece la advertencia del enviado de Dios y mira hacia atrás, en castigo se convierte en un pilar de sal. La metáfora es pertinente, el que se resiste a las transformaciones se queda atrás, obsolece, se desfasa, se convierte en un lastre que dificulta el camino.

No hay forma de parar el movimiento y lo mejor es encontrar la forma de adaptarse y encajar en el concierto mundial que hoy toca una sinfonía, mañana un vals y el pasado será un simple recuerdo,una  referencia de cómo se hacían las cosas, o se diluirá entre los días y los segundos que corren por la carátula del reloj.

Lo relevante en este caso es determinar qué es lo que vale la pena conservar, para llevarlo al futuro y qué es lo que se debe deshechar. No es tan fácil y al mismo tiempo es muy simple. Se queda todo aquello que nos detiene el ritmo, que nos desafina la vida, que nos complica la existencia y que nos condena a la obsolescencia. Se conservan todas aquellas prácticas que nos permiten adaptarnos mejor al universo, las que nos impulsan a caminar, las que nos ayudan y facilitan las tareas. 

Si se trata de elegir, se queda lo complicado y prevalece lo sencillo. Luego se abraza toda práctica que nos  simplifica la existencia y que nos alinea con el entorno. No todas las novedades pasan este filtro. Son tantas que se necesita ser cuidadoso. Es como un niño que entra en una dulcería y quiere probar todo, si lo hace, conseguirá un dolor de estómago; si es prudente, tendrá el gozo de una golosina bien elegida. 

La adaptación llega cuando estas nuevas prácticas se integran a la cotidianidad del individuo. Cuando son parte natural de la vida. Cuando, lejos de oponer resistencia, hay armonía y felicidad. Sea que el cambio haya representado algo mejor o algo peor. El que se adapta a lo bueno, disfruta y se le ve cómodo con su nueva condición, el que no, se le ve sobrado, presumido y en definitiva, no adaptado. El que se adecua a lo peor tiene mayores posibilidades de transformar ese revés en algo armónico. El que se resiste, además de pasarla mal, se estancará y dejará de ver oportunidades para transformar la situación en algo mejor.

La adaptabilidad es un rasgo de madurez en cualquier etapa de la vida. Lo curioso es que los más jóvenes son más amoldables, los viejos son inflexibles, rígidos y se acomodan mal a las nuevas situaciones. La adaptabilidad es una seña de juventud, y ya sabemos que hay quienes a los ochenta años saben moldearse y otros que a los treinta no encuentran la forma de acomodarse. También, no cabe duda, es un signo de inteligencia. 

La imagen de un pilar de sal es potente. ¿Quién quiere volver la vista al pasado para quedar petrificado? La familia de Lot siguió su camino y Edith se quedó como un símbolo de piedra que mira con nostalgia el pasado. 

  

Las reformas de Peña

Parece que Enrique Peña Nieto va en serio. No sólo inauguró el sexenio con tremendo pacto entre los partidos políticos, cosa que a la distancia se veía imposible, y sin embargo, consiguió, sino que encarceló a la mujer más odiada de México. Pensé, igual que muchos mexicanos, que ahí iban a quedar los golpes mediáticos de este hombre al que se le ha criticado por ser una cara bonita, un muñeco de estudio salido de los camerinos de las televisoras.
Pues, no. Parece que este presidente que sabe usar las cámaras y micrófonos, que fotografía excelente, que tiene esposa actriz e hijas de revista, va en serio.
La ley de telecomunicaciones avanza. Peña le pone un manazo al oligopolio televisivo, les recuerda a los concesionarios que el dueño del balón es el Estado, y que es el gobierno el que pone las reglas, y no ellos.
Los poderes fácticos dan un paso atrás y los mexicanos nos sorprendemos. Sin duda esto no lo veíamos venir. El presidente salió rodeado por los representantes de todas las fuerzas políticas del país para anunciar una ley de telecomunicaciones más conveniente para México que para los concesionarios. Eso sí que no nos lo esperábamos.
Dice López Obrador que esto es puro circo. Que son golpes mediáticos del viejo PRI para hechizarnos con sus cantos de sirena. Puede ser. Él sabe de eso, es experto.Pero yo vi a la oposición haciéndole arrumacos a las televisoras con tal de ganar espacios en sus noticiarios. Me da gusto que la autoridad se ponga en su lugar en vez de verla arrastrándose ante los entrevistadores en cadena nacional.
No sé si las reformas de Peña vayan a prosperar, están naciendo y les hace falta mucho por andar. Falta el congreso, faltan el cabildeo y las patadas por debajo de la mesa. Pero, sin duda, las reformas de Peña son las que el país va necesitando. Las que, dicho sea de paso, en doce años de gobierno el PAN no logró porque fueron obstaculizadas por el PRI.
Ojalá que las reformas de Peña encuentren una oposición mas responsable y mejor intencionada.

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