Los riesgos de la radicalización 

El mundo se estremece. En esta semana, la tensión brincó de Charlottesville a Barcelona. Apenas estábamos solidarizándonos con las víctimas de Las Ramblas cuando otro flash informativo nos volvía a quitar la calma: ahora era Cambrils. Los muertos y los heridos ni la deben ni la temen y les cubió la sombra del fanatismo atroz. Hoy, en el silencio del luto, la gente llora y Cataluña grita: No tinc por: No tengo miedo. Es valeroso salir a poner la cara frente al terror, pero la verdad es que nadie en su sano juicio puede decir que la vida sigue igual que siempre. El temor se aloja en el cuerpo al pensar quién será el siguiente.

Wikileaks advirtió sobre el proceso de radicalización en Barcelona. Es triste, pero la sociedad dividida se vuelve vulnerable. Romper el tejido social no es buena idea. Jugar a encender chispas pone en riesgo a la población. Frente a la tragedia, el análisis es necesario. Es indignante pero real: la unidad se ha roto por objetivos mezquinos: las aspiraciones políticas han agitado el avispero y han azuzado el odio en forma irresponsable. ¿Vale la pena esa división?

Entiendo que no es lo mismo ver el toro desde la barrera, pero esta fractura entre Cataluña y España siempre me ha resultado difícil de comprender. Entiendo las rivalidades porque se dan en todos lados. En México, en los años ochentas empezó una campaña en las ciudades de Guadalajara y Monterrey que decía: Haz patria y mata a un chilango. Chilango en aquellos años era la forma despectiva de dirigirse a los oriundos de la Ciudad de México. Los tonos iban escalando, las estridencias iban subiendo de intensidad y hubo un niño muerto. Todo empezó como un chiste, como algo gracioso. Un asesinato no da risa. Borraron las pintas y se acabó de tajo esa babosada. La sociedad se hizo cargo.

La división profunda que causó la campaña de Trump tiene costos y ya están empezando a pagar el precio. Las fobias y los odios que antes estaban guardadas en el closet, se exhiben en forma vulgar y tienen consecuencias. En Barcelona las pintas de odio se podían leer en todos lados. Desde el odio a los turistas hasta el desprecio a cualquiera que no hable catalán hay un arco de radicalización que termina sacando lágrimas. Es necesario conseguir serenidad y parar. 

El fundamentalismo es como la humedad en las paredes, se instila sin que nos demos cuenta y va dañando la estructura. De pronto, el paisaje urbano se mancha con desprecio y enseguida, el lenguaje ya se ensució con arrogancia y terminamos con ultrajes y vilipendios. Nos volvemos hijos de la soberbia y, llena la boca y la actitud de esa supremacía que me da ser quien soy, termino llorando una desgracia.

Los riesgos de la radicalización es que nos quedamos expuestos a la violencia. La petición del señor Hayer, padre de la víctima de Charlottesville, es lo conduscente: es urgente parar el odio. Decir que no tenemos miedo es una manera de continuar el camino, pero hay que recomponer la dirección. Si no, el hueco que forma la división entre la población seguirá siendo un riesgo y una oportunidad para que el mal penetre.

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La petición de la Guardia Civil en Barcelona 

Otro golpe de terror. Barcelona cae víctima de la intolerancia, del odio y de la crueldad. El desprecio vuelve a protagonizar la narrativa de las lágrimas. La noticia recorrió los kilómetros y me llegó en forma de imagen al celular. No supe ni lo que estaba abriendo cuando ya enfrentaba el horror. La agencia noticiosa que daba a conocer los hechos en Las Ramblas subió un video de alguien que iba caminando, filmando a personas en el suelo, unas inmóviles y otras lastimadas junto a un charco de sangre. Ahora le tocó a Barcelona, trece muertos y más de cien heridos. Los sucesos tenían algunos minutos de haber tenido lugar.

En instantes, antes que nada, la primera reacción fue tocar base con la gente querida que vive en Barcelona. En seguida, la reflexión. Las imágenes eran brutales. Las redes sociales se poblaron de fotografías dramáticas. Las personas que vi, estaban en el suelo, victimizadas, dolientes, sin defensa. La pregunta gira en torno a lo que se debe hacer: mostrar e informar o abstenerse y respetar. Si difundir esas fotos es señalar y exhibir lo que es el terrorismo o si es dar escenario y servir de propaganda. 

La respuesta es de cada consciencia. La Guardia Civil pide que no se suban fotos a la red. Entiendo lo que dicen quienes se acogen a la libertad de expresión. Pero, pienso en ese ojo y en esa lente. En la necesidad de enseñar. En el temblor de las manos y en los esfínteres flojos, en las lágrimas y en las ideas que se agolpan sin encontrar coherencia. Sólo así se entiende que alguien pueda ir dando pasos, saltando heridos y muertos sin soltar el aparato y poner las manos libres a disposición de ayudar. 

El aturdimiento inmediato a la tragedia obnubila la sensatez. No se puede pedir prudencia a los que se escaparon por un suspiro de la casualidad de la tragedia. Pero, en la serenidad que llega en los minutos posteriores, se escucha la petición de la Guardia Civil. Por favor, no difundas las imágenes. El dolor es de todos.

Llevan razón. La necesidad de informar se debe subordinar al respeto de quienes perdieron la vida, de sus deudos, de sus heridos y de su gente. Barcelona llora. Lo de menos es si lo hace en la lengua catalana o castellana, si eres local o turista, si vas de izquierda o de derecha. Los que vimos las imágenes nos hermanamos con el sentimiento. Vayan las condolencias llenas de respeto. El dolor es de todos. Basta de odio. Basta ya. 

Turismofobia

Es curioso, pero para descansar en verdad y retomar bríos no es suficiente dormir horas y horas. No hay nada más efectivo que cambiar de aires, salir de la rutina y ver escenarios nuevos. Viajar constituye una de las formas de renovación más efectivas que hay. El turismo es una fuente de riquezas que echa a andar la economía. Se le conoce como la industria sin chimeneas. En esa condición, los turistas debieran ser vistos como una bendición y no siempre es así.
El fenómeno es peculiar, la gente viaja cada vez más, salir de casa se ha hecho más fácil, más accesible. El espíritu aventurero se despierta con mayor fuerza si el agobio aprieta. Por eso, muchos hemos sido turistas alguna vez en la vida. Claro que las formas de viajar han cambiado. El estilo se ha modificado. Antes una persona que vacacionaba seguía ciertas reglas de etiqueta. Hoy, otras. Y, esas nuevas formas no son del agrado de algunas ciudades anfitrionas. Este desagrado ha ido creciendo hasta ganarse una denominación: turismofobia.

Madrid y Barcelona son dos ejemplos de ciudades que padecen esta sintomatología. Han visto crecer el número de visitantes, pero no todos les resultan gratos. Parece un rasgo de petulancia —tal vez lo sea—, incluso le podemos llamar intolerancia, pero los modos de viajar y los modelos de negocio para recibir turistas han causado molestias entre los habitantes.
La ocupación hotelera ha crecido a más de cuarenta y siete millones de huéspedes que se reciben en hoteles de España, pero más de ocho millones de viajeros se han hospedado en casas y departamentos. Por supuesto, cuando se revuelve la cotidianidad del que se tiene que levantar a trabajar al día siguiente con la fiesta del turista, la mezcla saca chispas.
Peor, la situación se agrava cuando el dueño de una propiedad se la renta a alguien, pensando que será usada como casa habitación y se entera de que su inmueble se usa como hotel. El desgaste por la sobreutilización y los problemas con los vecinos se los queda el dueño, mientras el arrendatario y sus inquilinos efímeros desaparecen.
Todas las ciudades quieren recibir visitas de personas educadas que se saben comportar, pero en todos lados se cuecen habas. Florencia ve multitudes en sus calles, filas eternas para conocer sus emblemas y goza de las mieles de los ingresos que tanto turismo trae. Ese pacto es correcto. Todos dan y todos reciben. Lo que a ningún destino le gusta es recibie a gente que exige mucho y paga poco. 
El disgusto que causa ver las calles infectadas de gente con cámara fotográfica y pantalones cortos, aunque entendible, resulta egoísta. Claro que a nadie le gusta enfrentarse a situaciones de ruido y abuso del espacio. Por supuesto que a todos nos fascina escuchar el sonido de la máquina registradora. La turismofobia no es un tema menor y el libre mercado aquí no funciona, debe entrar el Estado regulador a equilibrar lo que se desbalanceó. Esto es en beneficio de propios y ajenos. 

No es agradable toparse con un mensaje de odio, cuando vas a dejar tu dinero en una comunidad. El turismo es una actividad benéfica si sabemos administrarla bien.

Pascuas de Resurreccion en el Tibidabo

Por esas cosas que tienen los viajes, terminamos celebrando la Pascua de Resurrección en la iglesia que está en la punta del Tibidabo.  Siguiendo los pasos de Daniel Sempere y el mundo de Ruiz Safón, a instanicas de Dany subimos al monte, sin otra expectativa que ver con los ojos de un lector lo que un narrrador contó. Tomamos el Tibibus muy temprano y llegamos hasta la cima. El día estaba soleado pero el aire era fuerte y frío.

Ya arriba, unos tomaron el rumbo del mirador, otros el del parue de diversiones, otros el final de la escalinata del templo y muy pocos entramos. Las bancas del santuario estaban más ocupadas de lo que imaginé, aunque el templo no estaba lleno. Más allá de la belleza de los mosaicos que adornan las paredes y de los adornos que embellecen el reconto, el silencio y la voz de un cura anciano fue lo que me conmovió.

¿Cómo se abren las puertas del cielo?,preguntaba el sacerdote en medio de la homilía. De inmediato pensé en el pasaje de la Cuaresma cuando el demonio eleva a Jesüs por encima de Jerusalem, todo lo que ves te lo doy. Es dificil no caer en la tentación, pienso. Apenas unos cuantos domingos antes, Jesús nos enseñaba como rechazar las falsas  recompensas y ahora él abre la Gloria. El sacerdote responde a su propia pregunta: con una büsqueda sincera de la verdad. Ya no hay necesidad de subir a la cruz, Cristo ya lo hizo. Sí y lo hizo por nosotros. Ahora es más fácil.

Sinceridad y verdad. La sinceridad es el atributo de un corazón que actúa con franqueza, que da la espalda a los dobleces y que prefiere la lealtad al encubrimiento.  La verdad es al conformidad de las cosas con el concepto que de ellas se tiene. Sólo cada corazón conoce sus intenciones, cada uno conocemos lo cerca y lo lejos que nuestro camino va de la realidad, de la autenticidad. Las puertas del cielo se abren con esos dos atributos que nos acercan, por añadidura, a la congruencia de vida. La verdad nos hace libres. 

Termina la misa de Pascua de Resurrección y salimos en silencio, atesorando las palabras pronunciadas despacito, por una voz cascada que llega dentro y germina en el corazón. Barcelona se ve tan grande desde ahí.  

 Sí, sin duda, los viajes tienen sorpresas agradables y, por suerte, a veces, buscando unas cosas, encontramos otras.

¿Qué pensaría Gaudí?

La Barcelona que caminamos hoy es muy diferente a la de hace cien años o a la de hace treinta. La Ciudad Condal se transforma en forma vertiginosa y es, sin duda, una de las que tienenun lugar preferente entre las más modernas del mundo. Marca tendencia. Por supuesto, el disfrute de los espacios püblicos es la prioridad. ¿Cómo se transformó tanto la capital de Cataluña? 

Cualquiera que haya leído Nada, de Carmen Laforet entenderá la metamorfosis que sufrió Barcelona. Dejó de ser esa ciudad de cenizas, gris, sombría, habitada por gente fantasmal y apeñuscada que se describe en la novela, a ser un ícono y una de las ciudades que se ostenta como marca reconocida. Ahora las banquetas son más anchas, el carril para bicicletas tiene el  espacio que antes era de los vehículos, pero el rey es el peatón. 

En los camellones de las ramblas se aprovechan los espacios para colocar terrazas en las que la gente se sienta a pasar el rato o a comer, segün la hora. Barcelona se deja habitar y ya no importa que los departamentos sean habitáculos minúsculos porque la gente se sale a caminar, a leer, a pasear, a vivir la ciudad. Muchos han abonado a la transformación de la ciudad, desde Picasso, Miró, Domenech i Montaner, y desde luego Antoni Gaudí.

El movimiento Modernista empezó el cambio de Barcelona a principios del siglo XX y la situó en el lugar de avanzada. Mentes como la de Gaudí y su concepción del mundo adelantaron a esta ciudad. Entrar al edificio Batllo es darse cuenta de que la transformación de un inmueble y la combinación de ideas puede dar a luz un mundo aparte. Apenas al atravesar la puerta, el visitante entra a un universo marino-prehistórico que maravilla y sorprende. Formas curvas, nada de filos ni de picos ni de esquinas angulosas,  todo es suave e invita a ser tocado. Los materiales, muchos recliclados, forman una pedacería artística que fascina por la combinación de reflejos y colores. Vitrales, pisos de madera, pasamanos ondulados, azulejos de distintos tonos de azul, un blanco tan limpio. Adiós a la visión de cenizas de la Barcelona de Laforet.

Sí, Gaudí como arquitecto estaría muy complacido. Sin embargo, él un hombre no sólo religioso sino espiritual, tal vez no se sentiría tan complacido con lo que se hahecho con la Sagrada Familia. Hoy, entrar a este templo católico cuesta 23 euros por persona y no hay descuentos para académicos ni estudantes. Se puede pasar a misa, porque efectivamente se celebra el rito católico, pero en Domingo de Resurrección, máxima fiesta cristiana, se da prioridad a la taquilla. Sí, entiendo que el lugar ya se transformó en un museo, pero no es bonito. Lo únicoque  hace falta es que la gente entre comiendo y se ponga a fumar en en altar.

 Por desgracia, lo mismo sucede en la Catedral y en Santa María del Mar. Los lugares que se construyeron para el culto y la oración, son espacios para las selfies. Y, sé que muchos me dirán que sino fuera así, esos templos no se podrían sostener y mucho menos conservar. También me dicen que la fe no está de moda, más bien al revés,  pero ni Notre Dame, en París, ni Saint Patrick, en Nueva York han caído en esas prácticas. ¿Qué pensaría Gaudí de ver la transformación de su obra máxima en un museo? 

Sabrá Dios. 

 

El lío de Messi

Debo confesar que el caso de Lio Messi despertó en mi una curiosidad morbosa. Según la fiscalía, el jugador estrella del equipo de futbol de Barcelona y su padre habrían creado una telaraña de sociedades cuyo fin era defraudar a la Hacienda de España . Los ingresos del jugador, señala la fiscal Raquel Amado, volaron a paraísos fiscales para evitar el pago de sus obligaciones tributarias, sin someterse a legislación alguna y con total opacidad y mala intención en los movimientos del dinero.
Al parecer a la señora Amado no le gustó la planeación fiscal de la súper estrella argentina, evidentemente que si la fiscal hizo cuentas pudo vislumbrar una cantidad con muchos ceros que no llegó a la oficina de recaudación española. El jugador obtuvo varios millones de euros de alrededor de veinte empresas y organizaciones que pagaron por el uso de su imagen durante el periodo investigado por la fiscal. La clave de la presunta trama de evasión tributaria, cuya planeación se le atribuye al padre del futbolista, es el contrato “simulado” por el que los derechos de Messi se cedían a empresas radicadas en paraísos fiscales como Belice, o con leyes fiscales benévolas como Uruguay, a cambio de una cantidad irrisoria, muy por debajo de los beneficios que, previsiblemente, iba a obtener el jugador. Es decir, le dieron la vuelta a los ingresos para pagar menos impuestos.
Según el periódico español El País, en enero de 2006, Messi cedió sus derechos por 38,040 euros a la compañía Sports Consultants; cuatro días después, esa empresa firmó con Adidas un acuerdo de nueve millones de euros por seis años. Esos ingresos, en opinión de la fiscalía, circularon por el extranjero sin que las autoridades españolas los detectaran y acabaron en el bolsillo de la familia Messi, sin pagar adecuadamente los impuestos.
Es claro que la imagen de Lio Messi y su explotación por seis años valen más que 38,040 euros para Adidas. Y, Adidas no es la ùnica marca que explota la imagen de Messi, también, todos hemos visto la imagen del argentino como modelo de la marca italiana Dolce&Gabanna, es evidente que varias empresas explotan la imagen del argentino. Sabemos que estos servicios se pagan caro.
Ahí empezó mi morbo por este caso. ¿Qué será peor para la fiscalía española? ¿Hacerse de la vista gorda con este carismático jugador o pasarlo por la silla de la justicia como a cualquier contribuyente?
No, no me refiero a tenerle un trato especial a Messi por ser un excelente jugador de futbol, o un mago con el balón. No, me refiero a algo más importante, sin menospreciar las habilidades del deportista, todo lo contrario, este hombre es una figura emblemática que genera una derrama económica con beneficios directos e indirectos y que, sin hacer muchos números, me parecen superiores a los que el jugador dejó de pagar por concepto de impuesto sobre la renta.
Me explico. Imaginen que arrestan a Lío Messi por evasión fiscal. ¿Qué pasaría con la taquilla del Barça? ¿Cuántos turistas nacionales y extranjeros, cuyo único interés es ver jugar a Messi, dejarían de visitar la ciudad Condal? ¿Cuántas habitaciones se dejarían de reservar en los hoteles hostales y albergues de Barcelona? ¿Qué cantidad de comidas ya no se servirían en restaurantes, y de copas ya no se venderían en los bares? Muchas, sin duda. Estoy segura de que el incremento en ejemplares de prensa amarilla no llenarían el hueco que dejaría en los bolsillos de los negocios que se alimentan directa o indirectamente de la pasión que genera Messi.
¡Vaya lío el de Lio! Por si las moscas el futbolista ya presentó una declaración complementaria ya pago diez millones de euros. Tal vez así, el argentino y muchos más podrán dormir tranquilos. Desgraciadamente, con todo unen pago millonario, el proceso judicial sigue adelante. Lo chistoso es que la juez que conoce del caso no citó al jugador a presentarse en la siguiente audiencia. ¿Adivinen por qué? Claro, ese día Messi tendría que estar en la cancha, en alguno de los partidos de las multiples copas que se juegan ennEuropa. Por eso, me causa morbo el lío de Messi. Ya veremos como se resuelve.

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