Como en 1995

Detrás de la Parroquia de San Miguel Arcángel, en San Miguel de Allende, hay un café al aire libre en el que se puede desayunar muy bien. Sin embargo, lo más sorprendente de ese lugar es un pequeño pizarrón en el que hay una advertencia y una invitación. En este lugar no hay WiFi. Imáginemos que estamos en 1995 y póngamonos a platicar. ( Estaba escrito en inglés) Efectivamente, los que se quisieran conectar a Internet, tendrían que hacerlo consumiendo sus propios megas. Todos los que estábamos ahí, estabamos disfrutando del lugar sin estar atados a una pantalla.

La experiencia fue enriquecedora. Las manecillas del reloj se echaron hacia atrás y los sentidos alcanzaron una dimensión vieja y saludable que al experimentarla me hizo recordar aquellas pláticas de antes, cuando nos poníamos atención unos a otros. El café supo mejor, el cielo tan despejado y el rayo de sol que se filtraba entre el naranjo que nos daba sombra pudieron ser vistos sin el filtro de Snapchat, o sin la distracción qie implica el Whatsapp ni las notificaciones de Facebook. 

Por un momento, me quedé helada, hace veinte años que sucedían esas reuniones en las que Internet eran cosas del futuro reservadas para temas de trabajo y computadoras de escritorio. Las conexiones eran alámbricas y no eran accesibles para todo el mundo.Las ventajas de la movilidad , tan cotidianas para nosotros, hace veinte años no existían. Parece poco tiempo y al mismo hace tanto tiempo que estamos observando lo que pasa en el mundo en un artilugio que traemos con nosotros para todos lados.

Las campanas de la Parroquia me trajeron al presente y me dieron consciencia de que al estar entre los nuestros, podemos tener esa muestra de cariño y guardar nuestros aparatos. Al estar unos junto a otros, es delicioso hacer como en 1995 y ponernos atención. 

De cambios y destinos

Dice el escritor Juan Manuel Opi que estos son tiempos en los que el más tonto hace relojes. Tiempos en los que se alargan los dedos y se encoge el cerebro y tiene razón. Fíjense y verán. Antes, para acceder a una computadora era preciso tener una tarjeta de admisión al laboratorio de cómputo, hoy hasta los pequeños de tres años saben manejar una tableta o un smartphone. Unos lo hacen mejor que sus propios padres.
Estamos viviendo los años del cambio y está sucediendo tan rápido que si no ponemos atención y nos adaptamos, estaremos existiendo sin comprender. Resistirse sirve de poco, es mejor observar, aprender y adaptarse. Quedarse fuera es fácil, formar parte de la transformación no es difícil. Al ser humano se le facilita aprender.
Desde el mismo momento de nuestro nacimiento, iniciamos un proceso de aprendizaje. La primera fase de nuestra vida es, aunque no lo recordemos, apasionante, precisamente por la gran capacidad de adaptación y la entereza con la que afrontamos en cambio. Nos movemos del vientre materno al moisés y de ahí a la cuna con gran facilidad. Se trata de un periodo de aprendizaje práctico. Es para uso inmediato, para adaptarlo a lo cotidiano de la vida, y su mejor cualidad es la de ser eminentemente útil. A partir de estas enseñanzas, en una primera fase de existencia nos ayudan en las tareas de subsistencia, y evidentemente, para utilidades futuras que conforman la personalidad del individuo.
Nacemos, gracias a Dios, con un paquete genético listo para utilizarse a partir del mismo momento de nuestra venida al mundo, la tarea es que se vayan desarrollando para usarlos a nuestro favor. Para ello, es preciso poner atención a los acontecimientos, ir tomando nota, asimilarlos y ponerlos en práctica.
Estos soportes genéticos, básicamente se componen de emociones, y muy especialmente e inicialmente son, reír o llorar en respuesta al hambre, frío, dolor, caricias, etc. Con el paso del tiempo, vamos acumulando y archivando experiencias y conocimientos, para hacer uso de ellos en un momento determinado así como para disponer de información, que independientemente de su utilidad refuerce algún aspecto de nuestra personalidad.
Es curioso como esa capacidad de observación que está tan activa en las primeras etapas de crecimiento, va decayendo y entrando en desuso en la edad adulta. No la perdemos, lo que dejamos en el tintero es la habilidad de poner atención, de estar pendientes, de estar presentes.
Adaptarse en estos días, significa poner atención a un mundo distraído, a un entorno que ignora porque está fijo en una pantalla que se usa intensamente, a veces con provecho, a veces como vicio, y que aleja al individuo de sus semejantes. Nos desvanecemos para alcanzar lo intangible y lo preferimos a lo material, a lo físico que está al alcance.
Juzgar no sirve de nada, nadie nos va a hacer caso. Poner atención, adaptarse y estar alerta, sí. Entender al mundo y sus cambios en tiempo real no es tan complicado. Además es necesario. El que observa y pone atención es capaz de dirigir y controlar, los que están distraídos simplemente se dejan llevar por caminos que no tienen ni rumbo ni destino.

IMG_2193.JPG

Mientras descansábamos

Muchas cosas pasaron mientras descansábamos. Algunos fueron casos fortuitos como el accidente que sufrió el multicampeón de Fórmula Uno, Michael Schumaher, o el que sufrió la canciller Ángela Maekel. Ambos se toparon con el infortunio de frente mientras estaban esquiando; disfrutando de sus vacaciones invernales, se cayeron. A Schumaher la caída le repercutió en consecuencias fuertes. Sigue en un coma inducido. Maerkel se rompió la cadera pero está en funciones.
Otras de las cosas que pasaron fueron las reformas que, según nos informan, darán andamiaje al país. Claro que otros opinan que lo que se logró no es ni sano ni conveniente. Lo cierto es que en términos de impuestos la mismísima Secretaria de Hacienda y Crédito Público —cuyo titular impulsó con ahínco las modificaciones— ya está otorgando prorrogas para la implantación de sus fabulosas ideas. Así pasa, ni todo lo que se propusieron se logró, ni los grandes cambios se ven muy cerca en el horizonte. Ni la reforma electoral, ni la energética, ni ninguna están completas. Faltan las leyes secundarias, ya nos dijeron el qué, falta que nos digan el cómo.
Eso sí, mientras estábamos de vacaciones, los congresos estatales se apuraron para dar su visto bueno y lograr las modificaciones constitucionales en el ramo energético y de rendición de cuentas. Tan entretenidos estábamos que ni escuchamos los gritos de protesta en contra de las apresuradas decisiones de los legisladores. La minuta electoral sigue muy empantanada.
Mientras descansábamos se publicó la lista de contribuyentes incumplidos. El SAT ya dejó claro quienes no pagaron en tiempo y forma, lo que no nos informó fue los nombres de quienes fueron los beneficiarios de condonaciones que los contribuyentes, es decir, los mexicanos de a pie vamos a pagar.
El Secretario de Relaciones Exteriores instruyó a embajadores, cónsules, embajadores eméritos y a algunos ex titulares del ramo que presuman los logros de las reformas, aunque esos logros todavía no se hayan dado. Aquí lo importante es dejar en claro que México está listo para recibir inversión.
Las olas de frío causaron estragos en el norte del país y continente. Se padecen y se disfrutan las bajas temperaturas, unos gozaron de la nieve otros tiritaron por el frío. A Durango lo afectó el frío y el nuevo derrumbe que impidió el paso de vehículos en la autopista Durango-Mazatlán. Chicago tiene diez metros de nieve y los juegos de postemporada de futbol americano se complementan con la nieve en sus campos.
En España, mientras la gente se dedicaba a celebrar las fiestas, a la Infanta, Cristina de Borbón, se le vino el mundo encima al no poderse evadir de uno de los escándalos de corrupción que más le han costado a la corona española. El instructor del caso Noos, el juez José Castro, imputó a la hija menor del rey Juan Carlos los delitos de defraudación fiscal y lavado de dinero y tendrá que declarar por los mismos en los primeros días de marzo. La monarquía vive uno de los momentos más impopulares de su historia. No hay porque echarle toda la culpa a Iñaki Urdangarín, el propio rey se ha encargado de quemar en infiernillos su reputación y el buen nombre que ganó en la época de la transición. A su vejez, viruelas. Sus exhibiciones de amores prohibidos, los gastos excesivos, los viajes exóticos, las cacerías polémicas, han hecho que el pueblo español se cuestione las razones para seguir manteniendo este tipo de vidas mientras muchos de ellos están perdiendo casa, vestido y sustento.
Los Legionarios de Cristo se juegan el futuro de su orden religiosa en un proceso en el que se piensa en lavar y renovar a la institución. Sus detractores opinan que antes que nada se deben de investigar y castigar debidamente los delitos acuñados ahí, mientras que la gente que está a favor ve con optimismo el inicio del proceso.
Hay dos temas sumamente relevantes que sucedieron mientras vacacionábamos. El primero es la legalización del consumo de marihuana en Uruguay, país que ha sido criticado por la ONU y por Estados Unidos, como si las Naciones Unidas y el gobierno federal estadounidense no supieran que en Colorado ya se autorizó el consumo recreativo de la hierba. La hipocresía a tope. Se señala a los que hacen lo mismo que ellos. Uruguay está mal por no ser un estado confederado de la bandera de las barras y las estrellas. Aquí seguimos en una guerra en la que nosotros ponemos los muertos y allá se divierten fumando Mota.
El otro tema es que el gobierno texano se negó a revisar el caso del mexicano Edgar Tamayo Arias, condenado a muerte y quien supuestamente asesinó a un policía. El gobierno del estado de Texas dice que no importa cual sea tu origen, la pena es igual si cometiste un crimen abominable. De acuerdo, sin embargo los derechos migratiorios de Edgar fueron violados. Para variar no se avisó al consulado y el proceso se llevó a cabo sin qué Tamayo tuviera asistencia consular. Eso, además de que la declaración que lo llevará a la inyección letal dice que Edgar disparó y mató al policía captor cuando ya se encontraba esposado. Grave que Texas desconozca los tratados firmados por el gobierno a cuya federación pertenece.
Sí, sin duda pasaron muchas cosas mientras descansábamos. Ahora hay que poner manos a la obra.

20140108-163916.jpg

El camino

El Camino de Santiago es un peregrinar misterioso, lleno de señales y símbolos que el caminante debe ir interpretando según su leal saber y entender. Sí, pero también debe estar abierto para recibir la luz de lo Alto. Es un camino que implica renuncias y retos.
Si el camino inicia en el momento en el que el peregrino sale de su casa, el mío ya inició. Una vez más, con enorme ilusión y gran orgullo pongo la señal de la concha y tomo rumbo. Bendiciones oficiales, buenos deseos, enhorabuenas, recomendaciones, amigos y la señal de mi madre, mis hijas y marido en el corazón.
Si el año pasado la purificación vino en forma de tormenta estomacal, este fue una tromba tropical que me dejo varada en Acapulco y casi rompe en mil pedazos el sueño de caminar. Pero no. El camino se abre paso, si la Compostela del año pasado fue importante, ésta debe ser de mayor calado.Ya Dany me dio un adelanto de lo que voy a encontrar. Ella misma me entregó la señal que me distinguirá este año.
Los peregrinos, según la palabra, han de ir de dos en dos, mi compañero inició días antes. Me espera para juntos volver a vivir esta experiencia. Volaré para iniciar el camino. El camino portugués, ese que Santiago distinguió como el de mayor espiritualidad. Seguiré las señales, flechas amarillas, conchas que me indiquen la dirección correcta.
Me resulta increíble lo ligera que va mi maleta este año. Lo poco que necesito en realidad. Caminaré ligera. Eso me hace sonreír. ¿Cómo no? Hoy llevo todo el peso en la espalda, mientras más ligera mejor. Así, caminaré. Así, sin pesos adicionales, ni físicos ni espirituales.
Ligera para recibir las bendiciones de los que desean con una sonrisa ¡Buen camino! Que así sea.

20130925-173104.jpg

Creatividad en acción

Hay una tendencia seria para incorporar el tema de creatividad en las actividades de todos los días, lo mismo en la vida profesional, laboral y personal. Universidades como Stanford están impulsando cursos de creatividad en sus programas científicos, de negocios y en sus clases de educación continua. Compañías trasnacionales están acercándose a pedir cursos de capacitación en los que se ponga acento en el tema de despertar el aspecto creativo en equipos de trabajo. En muchos sectores de gobierno me han solicitado programas en los que se hable de creatividad a servidores públicos en puestos de alta dirección. Parece que la tendencia es ubicarnos en una zona creativa y eso me llena de entusiasmo.
Por años la creatividad se reservó a los artistas que, viviendo cerca de la casa de las musas, eran los únicos que podían aspirar a crear piezas musicales, pinturas, esculturas, versos, cuentos destilados de la belleza susurrada por estas hadas maravillosas y volubles que hoy visitan y mañana quién sabe. Entonces, ser creativo significaba algo más próximo a ser artista y más alejado de la cotidianidad. Eso es un mito. Para ser un artista se requiere talento. Para ser creativo lo único que se necesita es poner atención. Todos podemos poner atención.
Resulta que un estudio de la universidad de Stanford en asociación con MIT sobre productividad llegó a la conclusión de que lo más fácil para el ser humano es seguir rutinas, a pesar de que ellas no sean las mejores para llevar a cabo, en forma óptima, cierta actividad. Uno de los experimentos del estudio fue darle a un grupo de personas una ruta fija para ir de un punto a otro. El trayecto no era ni el más largo, para no hacerlo evidente, ni el más eficiente. Esa ruta se debía seguir durante veinte días y después estaban en libertad de modificarla. Nadie del grupo de prueba modificó la ruta durante la siguiente semana. Siguieron con la ruta prefijada. Por fin, se les pidió que encontraran una forma creativa de realizar el trayecto.
Los resultados fueron sorprendentes. Se encontraron formas que ni los propios líderes del proyecto, conociendo las variables, habían imaginado. El grupo de estudio que no se movió en veinte días, descubrió mejores rutas, y sobre todo mejores métodos para llegar de un punto a otro. Formas más eficientes para hacer las cosas, es decir, en menos tiempo, a menores costos, con mejores rendimientos. ¿Qué hizo falta? ¿Qué detonó el cambio? Una llamada a la creatividad, una invitación para encontrar una mejor forma de hacer las cosas. Muchas veces las mejores prácticas están sentadas en la punta de la nariz y no las vemos porque tenemos fija la atención en otro lado, porque estamos acostumbrados a una rutina que seguimos sin ningún tipo de racionalidad. Pero siempre hay mejores formas para hacer lo que sea. No es extraño que las grandes compañías, las instituciones de gobierno y las universidades estén volviendo su mirada a la creatividad.
Ser creativo es iluminar un camino diferente y mejor para hacer algo. Es movernos. Es aventurarnos a ver las cosas desde otra perspectiva. El que no se mueve se va rigidizando hasta quedarse paralizado totalmente. La parálisis lleva al empequeñecimiento y, al perder dimensiones llegará el momento en que de tan pequeño nadie lo perciba y al final termine por desaparecer. ¿Cuántas empresas, chicas o grandes, hemos visto desvanecerse por no evolucionar? ¿A cuántas personas les pasa lo mismo?
A mi me da gusto que cada vez más y más empresas, instituciones y personas incorporen el aspecto creativo a su vida, especialmente en estos tiempos en los que es más fácil estar atentos a una pantalla que a la persona de al lado. Ser creativo es un reto y aquellos que lo toman terminan con una gran sensación de satisfacción. Estar en la zona creativa es una buena idea.
¿Quién dice yo?

20130825-072938.jpg

Sin celular, por favor.

Ayer fui a una boda. La novia sonriente, entre encajes y blondas, caminaba al ritmo de la marcha nupcial por el pasillo de la hermosa capilla barroca con el padre del brazo y con el celular en la mano. Juro que no me dio risa. No fue simpático. ¿Qué llamada tan importante estaría esperando para no soltar el aparato ni en ese momento?
Recuerdo con nostalgia aquellos días en que el teléfono móvil no parecía formar parte del cuerpo humano. Es en serio, hubo una época en que la gente no se ponía nerviosa por no tener cerca una conexión a internet. La necesidad de estar disponible 24/7 365 era algo que no se nos ocurría. Es más, hace veinte años pensar en un aparato que reuniera tantas funciones como las que hoy tiene el smartphone más sencillo del mercado,era imaginar un aparato reservado a Batman o para uso exclusivo del 007. En aquellos días usábamos un aparato para cada cosa, es decir, un teléfono para hacer llamadas, una cámara para tomar fotos, un procesador de textos para escribir, un localizador para enviar mensajes, un reproductor para escuchar música y no era necesario cargar con todo ello en todo momento.
Para hablar, generalmente nos sentábamos, para escribir esperábamos a estar frente al escritorio, para tomar una foto elegíamos una vista específica. Hoy podemos hacer todo al mismo tiempo, o eso creemos. Vivimos una época de presencias virtuales, es decir, nos aproximamos a lo lejano y nos alejamos de lo que está cerca. Eso no son buenas noticias. Muchas veces usamos el teléfono móvil porque lo tenemos cerca. A veces hablamos babosadas mientras vamos manejando, hacemos fotos de cosas ridículas y chateamos con gente que no conocemos físicamente.
Imaginen, por ejemplo, una comida familiar de domingo. ¿Cómo sería? Si pensaron en una mesa en la que los tíos, primos, padres e hijos están platicando, conviviendo entre sonrisas y contando anécdotas mientras comparten el pan y la sal, seguramente pertenecen otra generación. Lo más probable es que en esa mesa los niños estén jugando con sus tablets, los jóvenes estén tuiteando, o subiendo una foto al Facebook, los grandes estén chateando y enviando mensajes, mientras la abuela espera a que alguien le platique algo. Es probable que se quede dormida de aburrimiento. No es una imagen linda.
La semana que concluyó estuve en una reunión de consejo, todos los asistentes llegamos con nuestros respectivos aparatos: laptops, smartphones, tabletas. Me pareció increíble que mientras se llevaba a cabo la presentación de estados financieros siete de diez consejeros estaban distraídos jugando Candy Crush, los riesgos de la operación y los recortes en el presupuesto pasaron desapercibidos dada la importancia de avanzar al siguiente nivel.
¿Quién no a padecido situaciones así? ¿Quién no ha salido frustrado de una reunión con amigos pues no hubo oportunidad de platicar ya que la gente estaba distraída con una pantalla? No. Los seres humanos estamos perdiendo la capacidad de poner atención. La mayoría vive distraída, hundida en la pantanosa angustia de estar desconectado.
En la boda de ayer, las voces del coro se opacaban con el zumbido de los distintos tonos de celulares. Molesto. Pero más molesto fue ver a la novia tomarse fotos para subirlas a Instagram. Sentí pena ajena cuando el sacerdote le pidió a la chica que guardara su teléfono. Miré a mi marido y lo tomé de la mano. Lo más triste fue que pocos nos dimos cuenta del regaño del padre. La mayor parte de los invitados estaban dándole me gusta a las fotos de la novia.
Me parece que ya es tiempo de establecer códigos para el uso del celular y respetarlos. En la iglesia, en un auditorio, en el cine, en el salón de clases, en el teatro, en familia, sería bueno decir: Sin celular, por favor.

20130818-122827.jpg

El verdadero poder es el servicio

Hace ya varios años, Jan Carlzon inició una revolución en el territorio de la administración y gestión de negocios, se le ocurrió que el centro de la actividad empresarial no era el producto, ni su precio, ni la plaza, ni la presentación, como dicta la mercadotecnia, era el cliente. Hizo que los ejecutivos y directores del mundo volvieran su mirada al motivo principal y mayor patrocinador de las empresas, el cliente.
Fue así cuando, con independencia del giro de compañía, todas se convirtieron en empresas de servicio. La opinión del cliente se convirtió en el principal activo y en la palanca más importante para llevar a éxito la gestión empresarial. Todas comprometidas con la atención al cliente.
Sin embargo, la historia de la administración le daría un revés al cliente como sumo emperador. Los sistemas se automatizaron y las personas eran más difíciles de alcanzar. Hoy en día, cualquiera sabe, porque todos somos clientes en algún momento, del sometimiento que hay que padecer para ser atendidos. Nos acorralan máquinas contestadores, que tienen mil respuestas programadas, no siempre las que se necesitan, y cuando finalmente logramos hablar con una persona, ésta está mecanizada, sujeta a un script, que debe utilizar sin salirse de los parámetros. Somos atendidos por cuasi zombies que repiten saludos sin entonación, y que antes de llegar al tema de interés, nos encajan varios cuestionarios para jamás llegar a decir lo que nos interesa o nos ocupa.
En muchas empresas falta empatía y calidez. El concepto de actitud de servicio ya dice poco. En términos generales las áreas de servicio han olvidado que el cliente es su razón de ser. Cualquier queja, en vez de ser vista como una ventana de oportunidad, se ve como una molestia con la que hay que lidiar. Ademas hay que hacerlo en el menor tiempo posible porque los parámetros de eficiencia no permiten que las llamadas duren más de cierto número de minutos. Entonces, en muchas ocasiones, las llamadas terminan de forma artificial para no ser sancionados por ineficientes. El problema sigue, pero eso es lo de menos, lo importante es que la llamada no se prolongue.
En mi experiencia, las áreas de servicio no cuentan con el apoyo suficiente para dar un servicio de calidad. Vemos empresas cuyas misiones las comprometen con la calidad del servicio, cuyos valores principales son la atención al cliente y el esmero en resolver sus necesidades. Sí, pero no es cierto, en sus momentos de verdad, lo que importa no es la satisfacción sino el parámetro de eficiencia. Que dicho sea de paso tampoco se logra.
Tal vez sea tiempo de retomar la filosofía de Carlzon. Escuchar al cliente, que vuelva a ser el rey. Que los directivos abandonen las actitudes soberbias de suficiencia y se dediquen a apoyar el servicio. Que nunca olviden las recién pronunciadas palabras del papa Francisco, el verdadero poder es el servicio. Es una máxima que sirve lo mismo para la vida personal y profesional. Ya ha probado ser efectiva.

20130319-181158.jpg

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: