Rotos

Se nos mueve la tierra. La superficie se agita y en unos cuantos segundos, se desmoronan casas, se hacen polvo las vialidades, se arrebatan vidas y lo que queda en pie luce tan frágil que nos da miedo estornudar. Nos tallamos los ojos para afocar la mirada, para valorar y entender lo que acababa de suceder cuando nos avisan que ahí viene un huracán categoría uno.

Los vientos que presagian la llegada de Max son tan poderosos que las cosas salen volando a gran velocidad. Por ahí se ve una silla de playa que va volando junto a una sombrilla, como si fueran fantasmas y cerramos los ojos porque no nos queremos imaginar el impacto cuando estos dos caigan al suelo o se estrellen contra una pared. No es lo único que vuela por los aires.

En Corea del Norte, siguen haciendo pruebas nucleares. Un día sí y otro también, nos enteramos con terror de que un necio va a la cabeza de la carrera armamentista y que no le importa nada. Él quiere estallar bombas como quien se divierte jugando con fuego. El nuevo Nerón siente fascinación por los aparatos de destrucción masiva y nadie le da una nalgada, le quita sus juguetes y lo manda a reflexionar al rincón. 

No se entiende nada.

La destrucción que causa un fenómeno natural nos da perspectiva, somos pequeños. La destrucción que se causa por la voluntad de un hombre nos pone en otra reflexión, somos imbéciles. 

Hace falta poner atención. El sufrimiento de gente en Chiapas y Oaxaca, en Houston o Miamai es doloroso. Ricos y poderosos quedan a la misma altura de los pobres y débiles. Se pierde todo y encontrar fuerzas para empezar de nuevo es cosa de grandes espíritus. La solidaridad y la ayuda es inherente al ser humano. Extender la mano es natural. También, hacer daño.

El mundo hace ruido, la tierra se mueve, los aires se agitan y en algún lugar del mundo, alguien se frota las manos y sonríe mientras ve que puede causar destrucción. Lo imagino tocando su lira mientras prepara el incendio. ¿Y si viera las fotografías de Juchitán? A lo mejor con esas imágenes se le calman las ansías. Andamos rotos, no hay duda.

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Amenezas que no son bastante duras

Es la típica situación que se repite en todos los hogares del mundo. Un hijo hace algo que no debería haber hecho, una travesura, una grosería, algo que no fue correcto.para que se corrija y cambie su comportamiento se recurre a una amenaza:  un castigo ejemplar,  un azote, no poder jugar con los juguetes, no salir al parque o lo que sea que le ponga sobre aviso. Si haces algo vendrá una consecuencia. Pero, si la amenaza no se cumple, el límite se desgasta. Si vamos a amenazar y no estamos dispuestos a cumplir, mejor deberíamos cerrar la boca. Las consecuencias de intimidar y que luego no pase nada, es que nos convertimos en el hazmereír del amenazado.

El que amenaza muestra miedo. Si te digo que te voy a pegar, me asusta levantarte la mano. Cuando alguien quiere hacer algo y está convencido de ello, no anda advirtiendo, sencillamente lo hace. Andarle haciendo al gallito con los hijos tiene consecuencias fatales para su formación. Andar intimidando, cuando eres el Presidente de los Estados Unidos es otra cosa. El apercibimiento de un mandatario es cosa seria, a menos que se trate de Donald Trump vociferando frente a Corea del Norte.

El anciano de la Casa Blanca eleva el dedo adminitor y le advierte al escuincle maleducado de Corea del Norte que le llegará un castigo terrible si hace algún movimiento contra Guam. El mocoso le saca la lengua al viejo. Entonces, como si estuvieramos viendo un cuadro cómico de Groucho Marx o del mismísimo Charles Chaplin, vemos al abuelito hacer un berrinche mayúsculo y proferir amenazas como una cafetera destartalada a punto de deshacerse entre vapores y chiflidos. El niño le hace una trompetilla y el hombre añoso, rojo y con un lenguaje cercano a Cantinflas, vuelve a amenazar. 

La escena nos da risa y luego se nos quita al momento en que caemos en la cuenta de lo que estamos hablando. El mundo mira con horror la torpeza norteamericana, no podemos decidir si nos dan ganas de reír o llorar. ¿Qué está pasando en un país cuyas flias y fobias los sacaron de la realidad? El odio a ultranza, la falta de reflexión, los valores trastocados, la ignorancia y la patanería han dado como resultado a un engendro que no sabe mandar y quiere resolver todo a base de amenazas, que no va a cumplir.

La diplomacia es una herramienta más elegante y, sin duda, más eficaz. Pero, eso es pedirle peras al olmo. Ser firme no significa ser violento o actuar a base de gritos histéricos. Se trata de entender y planear, de ser un estratega y tener la talla de un mandatario. Para ello, hay que tener claro el motivo de la disputa y el objetivo que se quiere alcanzar. Por supuesto, siempre hay que intentar de ser los más coherente posible para poder defender argumentos y que tu contraparte note que tienes claro el camino a seguir. 

Pero, eso hoy por los rumbos de la calle de Pensilvania, es mucho pedir. Casa nación tiene el gobierno que merece. Pobres estadounidenses, se conformaron con poco, se dejaron encandilar. El mundo los miraría con ternura si no fuera porque están agitando el avispero atómico. 

Nuevas formas de guerra

El antentado en el metro de San Peteraburgo me confirma que las estrategias para hacer guerra están cambiando. Las campañas napoleónicas quedaron atrás. Los campos de batalla en los que dos ejércitos combaten parecen cosas del pasado. La lógica de las formas bélicas se mueve de lugar y deja en desuso ciertas armas. Los tanques, las metralletas, los cañones pierden uso, ahora las armas de destrucción son menos sofisticadas, una bomba de clavos, una camioneta todo terreno, un trailer sirven de la misma forma en que antes lo hacían las bayonetas.

Claro, antes había el honor de los ejércitos. Los soldados se enfrentaban para defender las causas de cada lado y los civiles sufrían el hambre y el desastre de los esteafos de la guerra. Pero, poco a poco ese honor se fue perdiendo. Los efectos colaterales se transformaron en víctimas inocentes que tuvieron la mala fortuna de estar ahí. Es verdad, las guerras siempre han cobrado vidas inocentes. Pero, el día que en Enola Gay abrió sus compuertas para liberar a Little Boy y estallar sobre Hiroshima y días después Backscar hizo lo propio sobre Nagasaki se abrieron las puertas desastrosas de Pandora. ¿Cuántos japoneses murieron sin haberse enterado de las razones que hubo para bombardear Japón? ¿Cuántos niños, mujeres, ancianos y hombres de bien quedaron hechos cenizas sin haber hecho daño alguno en su vida? Y lo mismo aplica para esos drones que matan sin precisión, que se equivocan y caen en hospitales o en refugios o en campamentos de la Cruz Roja. 

La desesperación que causa la guerra es igual siempre, pero el honor es un parámetro diferenciador.  

Parece que esas formas en las que se piden disculpas por el fuego amigo, o en las que ni siquiera se preocupan de decir lo siento, están siendo copiadas por terroristas. Pero, la sofisticación de sus procedimientos se están simplificando. No necesitan bombas de destrucción masiva, ni robots teledirigidos. Se valen de artículos cotidianos, casi domésticos y sin dar importancia a la inocencia o identidad de sus víctimas, perpretran el crímen, casi sin invertir grandes cantidades de recursos.

Ni en Niza, ni en Londres ni en San Petersburgo se vieron tanques, ni metrallas. Ni siquiera se vieron pistolas o cuchillos. La guerra adquiere otras formas. Las medidas preventivas e intimidatorias a las que se vio sometido el mundo desde la adminsitraciónnde George Bush, no han surtido efecto. Parece que la maldad no se inhibe por decreto, a las pruebas me remito. Es tiempo de buscar los origenes verdaderos y reconciliar con el mundo a estos personajes que son capaces de matar porque ya no tienen nada que perder.

El honor que antes llevaba a un soldado a batirse cuerpo a cuerpo sin meter en la lucha a quienes no formaban parte del ejército se perdió y con ello, la transformación de la guerra nos deja con ojos llorosos y dientes rechinando.

De armas y miedo

Según el Instituto para la Paz en Estocolmo, Estados Unidos es el primer exportador de armas en el mundo. Curiosamente, creo que también es el país que tiene más miedo y en el que el susto se convierte en la mejor arma de convencimiento para la gente en general. En el país del sueño americano, la pesadilla provoca temblores tan fuertes que la propuesta de vivir aislados, confinados por un muro, en vez de provocarles claustrofobia, causa simpatía. No se entiende mucho esta incongruencia.

Parece que el miedo que sienten, ellos mismos se lo están provocando. ¿Les gusta el dolor auto infligido? Los atentados se perpetran con armas que los propios estadounidenses están poniendo en el mercado. Cada bala, cada misil, cada tanqueta, cada avión de guerra, cada dron que ataca hoy al mundo tiene altas posibilidades de haber sido fabricado en territorio estadounidense. Según Zachary Cohen de CNN, EE.UU. es responsable de casi el 33% de las exportaciones de armas en todo el mundo —siendo, por mucho, el mayor exportador de armas del planeta— ¿pero qué países con los que más le compran?

¿A quiénes les venden? El top 10 lo completan Turquía, Corea del Sur, Australia, Taiwán, India, Singapur, Iraq y Egipto. El dato parece un despropósito, según los expertos de CNN, creen que Oriente Medio seguirá siendo un destino de primera para armas durante algún tiempo —actualmente representa alrededor del 40% de las exportaciones de armas de Estados Unidos— especialmente teniendo en cuenta el ascenso militar de ISIS. Es decir, el planteamiento de encerrarse a piedra y lodo para evitar los desaguisados que están provocando tiene un tinte de seguridad pero un origen económico. El bolsillo de alguien se llena cada que se vende un arma y no importa que muchos tiemblen de susto y se metan debajo de la cama. En todo caso, mejor.

Lo triste de la carrera armamentista es que se piensa que el cañón está apuntando a otro lado y no es así. La amenaza de las balas es genuina. La sangre que corre es verdadera. La muerte no es una ilusión. Las metralletas que tienen los terroristas le generaron utilidades a alguien y amargura a muchos más. Y, también sirve para asustar a la gente y convencerla de que el temor es lamforma de enfrentar al diferente.

Las razones del dinero no debieran ser argumento y lo son. El tema de la seguridad parece ser una argucia que incrementa la inseguridad y fomenta el miedo. Todo toma sentido en la rueda que gira dando vueltas al disparate. Unos cuentan billetes mientras otros tiritan buscando la forma de encerrarse a piedra y lodo. 

Los diez países que más compran armas dan luz del destino que pueden tener y del porque en Estados Unidos sienten que el cañón les está apuntando.

La bomba coreana

En los primeros días del año, se va haciendo costumbre que la Humanidad reciba una bofetada dolorosa. El año pasado fue la matanza en las oficinas de Charlie Hebdo, este año nos tocó enterarnos de que Corea del Norte había hecho una prueba éxitosa para tronar una bomba de hidrógeno.

La noticia en sí misma es abominable. La forma en que una mujer de rasgos orientales,  tan sonriente y bien arreglada lo dijo, me hizo estremecer. Parecía que nos estaba dando la noticia del nadimiento del nuevo monarca en vez de darnos a conocer que tienen un arma letal de destrucción masiva. Tampoco parecía lo que en realidad es: una gran advertencia y un desafío descomunal.

El tema de las bombas había dejado de ser un punto de preocupación en la mente de las personas. Hablabamos de drones, de armas más dirigidas y especializadas. Nos despiertan de un letargo y el tema nos pone la piel de gallina. No nada más a la gente comün y corriente, también a mandatarios y naciones. Ni Estados Unidos no Rusia recibieron la noticia con alegría.

La sonriente vocera del gobierno de Corea del Norte fue quien hizo público el éxito de la detonación, explicando que la bomba logró un impacto de 250 megatones, algo jamás antes registrado en la historia de la humanidad. Y para que sea mayormente simplificado basta un pequeño recuento de las anteriores bombas que han amenazado la paz de la humanidad.

Las bombas nucleares han ido evolucionando a lo largo del tiempo. Las primeras bombas que se desarrollaron fueron de uranio, la cual funcionaba detonando una reacción en cadena de este elemento con una gran cantidad de neutrones. Los ataques de Hiroshima y Nagasaki en 1945 se realizaron con bombas de uranio, alcanzando una potencia de 13 kilotones. Posteriormente las bombas se hicieron de plutonio, pero el salto con mayor relevancia fue cuando las bombas se hicieron de hidrogeno, alcanzando los mayores registros de potencia.
¿Ese es el rumbo que queremos seguir? 

El club del rifle y la bomba coreana son más similares de lo que pensamos. Ambas te pueden matar. Las lágrimas de Obama pueden parecer lo que sea, tal vez hasta sean de miedo. Lo cierto es que hasta esa sonriente mujer que habla de éxito en la detonacion puede ser destruida a impactos megatomicos. No le encuentro la risa.

Ni lágrimas ni risas, mejor cambios de rumbo. Ni bombas ni rifles, mejor meterle manos a la distribución de la riqueza. A pesar de la coreana tan sonriente, lo que nos dijo nomes una buena noticia.

  

Balas

Lo escucho por la radio y el estómago se frunce. Otra matanza. Han pasado pocos días de lo que sucedió en París y las balas vuelven a repartir muertos. La California dorada se mancha de rojo. El pueblecito de San Bernardino atrapa la atención  mundial y llega a las primeras planas. Por horas, no se sabía bien a bien qué había pasado, pero la estridencia de la tragedia ya recorría el mundo.

París se siente tan cercano, esas heridas duelen vivamente. Sandy Hook nos resulta más lejano, ya es una cicatriz. Del 2012 para acá no han pasado tantos días y en el imaginario colectivo lo que sucedió en esa escuela parece difuminarse en el olvido. Hoy, como entonces, saldrá el Presidente Obama a pronunciar un discurso para mostrar solidaridad y dar palabras de pesar. Se las llevará el viento. Las armas siguen siendo el problema. 

Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo donde el derecho a portar armas está protegido por la Constitución. Es más fácil para un menor comparar un arma que una cerveza en territorio estadounidense. Los datos duros apabullan cualquier opinión: en Estados Unidos mueren una media de 92 personas al día por arma de fuego. Son 1,45 millones de muertes a causa de balas —por asesinato, suicidio o accidente— desde 1970, una persona cada 16 minutos. Son cifras de campo de batalla, es un número hóstil que no se quiere ver. 

El columnista de The New York Times Nicholas Kristof llamó la atención sobre esta cifra asegurando que son más fallecidos que en todas las guerras en las que ha estado implicado el país en toda su historia. Según la campaña Brady contra la Violencia por Armas de fuego, otras 297 personas resultan heridas al día por disparos.

A pesar de eso, el Club del Rifle sigue siendo la gran influencia que sostiene el derecho de portar armas. A decir verdad, las pistolas y los rifles constituyen una seña de identidad que los hijos del Tío Sam cuidan con orgullo. Un cowboy debe tener un rifle y las balas deben ser accesibles. La matanza en la escuela infantil de Connecticut en 2012 sacudió a Estados Unidos , pero ese estupor no logró impulsar reformas para regular las armas. Los que las aman  apuestan al olvido. Es una apuesta segura, pocos recuerdan Sandy Hook. Desde entonces, el país ha sido testigo de 1.052 masacres, en los 1.066 días transcurridos desde entonces, los nombres se desdibujan, se disuelven, se pierden en los recovecos del olvido. En estos tres años han muerto 1.312 personas y otras 3.700 han resultado heridas, según el recuento de Mass Shooting Tracker.

El lenguaje de las balas deja muertos tendidos en el suelo, pero, se olvidan. Sandy Hook fue una muestra de horror como lo es San Bernardino. El terror lo siembra lo mismo un loco al que se le desordenaron las ideas que un reclutado que recibió entrenamiento. Importa quien jala el gatillo, no obstante, lo que no se puede dejar de lado es la facilidad para que cualquiera pueda comprar una caja con balas. 

  

Pienso en París

Pienso en París y digo que no entiendo lo que pasó allá. El destino es un concepto tan ambiguo. El orden de las cosas y la búsqueda del autor de la Historia parece tan grandilocuente, tan altisonante, tan ostentoso. Dejar que el pensamiento vuele en el sentido de que resulta imposible no dejarse arrastrar, de que no importa si te pones duro y opones resistencia, no va a servir de nada. Lo que ha de pasar, pasará. Si no, ¿qué llevó a un niño a perder la vida de manos de un terrorista? No se entiende lo que pasó allá ni lo que pasó en Beirut o en el río Cocula.

Pienso en París y creo que todo es una especie de mecanismo complicado que tiene goznes y picaportes que, como máquina de feria, se activan para dejar salir una pesada bola de boliche que rodará a toda prisa cuesta abajo sobre un riel y hará colisión contra un botón  que accionará un resorte que volteará de cabeza un vaso con agua y mojará al que vaya pasando. ¿Por qué mojaron al que iba pasando? Para demostrar que el mecanismo funciona. Lo de menos es quién se cruzó por el camino, daría igual que fuera un payaso, que un equilibrista que el domador de leones. 

Pienso en París y digo que no entiendo porque no me gusta entender la maldad humana. Me da comezón y calambres darme cuenta que la lucha de poder se quiere esconder detrás de la cara de Dios. No es una novedad, así ha sido a lo largo de la Historia. Así se pergeñó la frase París bien vale una misa. Todas las guerras inician de esa manera y con independencia del resultado, arrojan dolor y manchan de sangre. 

Pienso en París y entiendo. Como dijera Kant, entender no significa estar de acuerdo. Las bombas estallaron cerca del lugar en el que la guillotina soltó le cuchillo pafa descabezar a tantos. Las razones de Rousseau opacaron la rivera del Sena, los extremos de Marat mancharon tanto como los consejos de Richelieu. Cada quien mira a su parcela de intereses, Ayotzinapa no está cerca de Beirut, de Siria, de la franja de Cisjordania de la frontera con los Estados Unidos de la vera del Mediterraneo, de Lapedusa, de los discuros de Donald Trump y todos tienen un mismo hilo conductor. 

Pienso en París y recuerdo a la familia Bush y a Osama Bin Laden. El pensamiento vuela de Nueva York a Atocha a Londres y también a Nigeria a Siria a Nianmar, a Teheran, a Ciudad Juárez, a la periferia de Wahington, D.C. Las armas capturan mi atención.

Pienso en París y me pregunto, ¿dónde consiguieron las armas los que ayer causaron tanto dolor? ¿Quién se las vendió? Y a ellos, ¿también les dolerá la consciencia? Claro que de entender, entiendo. Claro que eso no significa estar de acuerdo. Claro que sería mejor indagar quién se beneficia con estos sucesos. Claro que sería mejor acabar con tantas armas. 

  

El problema de la policía en Estados Unidos

Me temo que el problema de la policía de Estados Unidos es que trae la vocación muy confundida. La evidencia nos dice que en varías ciudades, los uniformados ya no son bien vistos ni son queridos sino más bien alrevés. La imagen del gendarme que camina por las calles, que conoce a la gente, que cuida y la protege parece haberse extraviado. Ya sólo se encuentra en películas viejas y en caricaturas de Hanna Barbera. La figura de Matute, el típico policia de calle, que es amable, que porta un uniforme impecable y que aparece en las caricaturas de Don Gato, es eso una caricatura.

Muchas voces se elevan y salen en forma airada a protestar por los abusos de los cuerpos policiales norteamericanos. Hay un claro distanciamiento entre la sociedad y quienes, en teoría, debieran estarlos protegiendo. No encuentran amparo no se sienten defendidos. ¿Quién los culpa? Parece que la facultad que les confiere el Estado para ser los guardianes del orden se confundió y se desdibujó en los últimos tiempos. Se trastocó en abuso.

Según la definición de seguridad pública, la función policial de carácter preventivo consiste en actuar de forma vigilante para evitar la posible acción delictiva. La prevención policial busca evitar: primero que las personas se conviertan en víctimas, segundo el surgimiento del delincuente, y tercero el surgimiento del delito y su reincidencia o reiteración. Pero, pareciera ser que para ellos la palabra prevención ha significado, aniquilación.

Si un policía grita: ¡arriba las manos!, y no es obedecido, claramente esta en la obligación de imponer la autoridad, incluso recurriendo a las armas. Pero, si un delincuente alza los brazos y hace lo que se le dice, evidenciando que no tiene armas, si un maleante está con las manos al aire y el abdomen expuesto, no hay porque balacearlo. Llenar de balas a una persona que está en desiguladad de circunstancias es un asesinato. Lo que procede es esposarlo y llevarlo detenido. Si no lo hace y en vez de amagarlo, lo mata, entonces, el protector se vuelve delincuente. El defensor se vuelve victimario y la teoría se aplica alrevés.

La primera ocasión, cualquiera pensaría que fue un error del policía y culpa del delincuente. El problema es grave porque se repite en muchas ciudades una circunstancia similar: un guardia mata a un supuesto delincuente que está desarmado. Momento, no estoy haciendo un panegírico de la delincuencia, nada más eso me faltaba. No. Al contrario, me parece gravísimo que quienes cuidan, se vuelvan asesinos y maleantes. 

Varios mexicanos desarmados han sido asesinados en los Estados Unidos por policias que después han sido exonerados por jueces. Los motines de Baltimore hablan del coraje que la sociedad siente por el abuso de autoridad. En Nueva York, el alcalde reconoce que su cuerpo policiaco ya se pasó de la raya y ellos le voltean la espalda. El presidente Obama elige con sumo cuidado las palabras para referirse al tema.

El problema de una policía abusiva es que la gente puede caer en la tentación de quitarles la exclusividad de reestablecer el orden por medio de la fuerza. Por eso hay motines. Los jueces deben valorar con sumo cuidado las exoneraciones que dispensan a policias que transgredieron los límites, si no, la Nación se los demandará. 

Ayer, el Gran Jurado de Tarrant, liberó de todo cargo al oficial Robert Clark, por haber disparado y asesinado al mexicano Rubén García Villalpando cuando éste se encontraba con las manos arriba y  evidentemente desarmado. Es probable que Rubén no estuviera rezando el Rosario, no lo sé, lo que sí es seguro es que lo mataron y el no traía ningún arma encima.

Es urgente que Estados Unidos revise los protocolos de uso de fuerza letal, que no abran tanto la puerta a la discrecionalidad que permite y justifica el disparo a personas desarmadas. El error que pueden cometer lleva vidas de por medio. También compromete la seguridad de las comunidades que ya están saliendo a las calles a protestar. ¿Dónde quedaron esos policía honestos, afables que caminaban por las calles protegiendo ciudadanos? El problema es que andan perdidos, ojalá los encuentren.  

  

Cuando el tiempo es sangre

Inicia, como cada año la reunión de Ginebra para hablar de la paz. La cita en la que se reúnen los poderosos de la tierra ya llegó y los invitados están sentados a la mesa. La cumbre inicia con el antónimo del propósito que sirve de convocatoria, no es La Paz, es la guerra el tema central. Violencia, terrorismo, muerte. Siria toma el papel protagónico, se se pone en el centro de la discusión.
Ban Ki Moon opina, Kerry también. Dan soluciones con la autoridad del que habla de su propia casa. El Canciller sirio resiente el tono de las palabras y las acciones de los países vecinos, no se le ve contento. Les recrimina diciendo que ambos opinadores viven muy lejos, que desde Nueva York y Washington las cosas no se ven igual que desde la línea de golpeo. Tiene razón. La oposición también tiene voz, dice que los minutos son vitales, que el tiempo es sangre.
El norte de África se ha visto convulsionado, a lo lejos se percibe como los viejos caciques caen y llegan nuevos regímenes que parecen ser democráticos. Sin embargo, la nube de los liderazgos religiosos acecha. Sabemos, porque lo sabemos que mezclar las cuestiones políticas con las de Dios nos acerca más al infierno que al cielo. Salman Rushdie en los Versos satánicos toca el tema. En la novela El Profeta confunde las palabras del Arcángel y decide aceptar la adoración de una diosa pagana a cambio de gobernar una ciudad de arena. Sí todo el simbolismo alrededor de la laicidad que debe prevalecer en el gobierno de los estados. El Profera de la novela es repudiado por sus seguidores, ha caído en la peor de las tentaciones. Así no debe de ser. Su rostro se llena de vergüenza.
Dejar separados el terreno político y el religioso es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Los de Dios a trabajar la tierra de labranza del Señor y los otros a hacer un trabajo honesto y democrático. En los terrenos de Dios hay que tener fe, en los de la política no, ahí hay que rendir cuentas. Si los términos se mezclan, las cosas se confunden y terminamos en violencias irracionales como las guerras religiosas. Te mato en el nombre de Dios. ¡Santo cielo!
Mientras tanto los civiles lloran la falta de paz.
Nueva York y Washington están muy lejos y ven las cosas a su modo, unos dicen que a sus conveniencias. Las eminencias de la ONU y de Estados Unidos elevan el dedo para opinar y a veces no queda claro si se entiende el problema o no. Las guerras son del diablo, la violencia es mala por dónde se vea. El origen de ellas es lo que se tiene que analizar y eso es sumamente difícil. Se complica más si el análisis se hace desde la lejanía de un escritorio. Peor si las cosas se dejan crecer hasta convertirse en un monstruo sin pies ni cabeza. Eso y las mentalidades tan diferentes.
Lo veo aquí, en Michoacán. La maraña entre las autodefensas, el ejército, La Familia, Los Templarios, son muchos nombres y muchas armas. Son muchas balas para gente que habita tierra buena. Si desde la capital del país no se pueden resolver las cosas, si los metros entre Morelia y Apatzingán parecen alargarse, imaginen la distancia entre Siria y Estados Unidos.
Lo cierto es que allá como acá, el tiempo es sangre y cuando eso sucede, más vale apretar el paso y llegar a una solución. Mientras más rápido, menos sangre será derramada.

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Una mula y Pablo Jamies Castrejón

En México pasan las cosas más extrañas que uno se pueda imaginar. Desde luego, la verosimilitud de los hechos se cuestiona a cada instante, pero eso no importa ya que así pasan las cosas en este país que es más surrealista que un cuadro de Dalí o un poema de Bretón. ¿Para qué dudar de lo que dicen que sucedió? Cuestionar es ir en contra de la corriente, es tanto como moverse ya salir borroso en la foto. Las cosas se aceptan y punto. Así sucede y ya.
Pablo Jaimes Castrejón, uno de los hombres más buscados por las autoridades, ya que era el presunto jefe de Operaciones de La Familia Michoacana, fue emboscado el sábado pasado por fuerzas militares. Este criminal que perteneció a una de las bandas delictivas más crueles y feroces fue capturado y abatido mientras daba un paseo en mula. Allí, alegre por la vereda, lo imagino silbando sobre el lomo de su jumento, admirando las formas de las nubes en el cielo.Tal vez estaba viendo un conejo o un elefante algodonado cuando le llegó la muerte. Iba acompañado de tres amigos que al darse cuenta de lo comprometido de la situación sacaron sus armas y empezaron a disparar. Me imagino que el borriquito no corrió lo suficientemente rápido como para evadirse de la ráfaga de balas que le cayeron a su jinete. No, si la trama da para escribir un corrido. Tal vez no sea una escena como las que vimos en películas del 007, en la que los carros lujosos y súper equipados se persiguen unos a otros, a toda velocidad mientras huyen sobre la cinta asfáltica de una autopista de altas especificaciones. No. No apareció el elegante detective, ataviado en un smoking blanco, que emboscó, después de muchas figuraciones, y de manera espectacular, al malvado archienemigo de la sociedad, que vestía,a la usanza inglesa, un impermeable gris. No. Fue el avistamiento de un grupo de cuatro sujetos que se paseaban por el Cerro del Molcajete, en un camino de terracería, perfumado por la hierba del campo, por ahí por los rumbos de la ranchería de Ojo de Agua. En diez minutos los paseantes habían perdido la vida.
¿Quién puede creer que un lugarteniente de estos tamaños andaría plácidamente en una mula? Imposible pensar que una persona encargada de la logística de un cartel tan peligroso preferiría andar en el lomo de un animal orejón que en un auto blindado. Sólo en México.
Tan plácido como suena no fue. Tres agentes de la policía quedaron muertos en el lugar y otros cuatro fueron heridos. De la mula no hay reporte. No sabemos nada de su estado de salud.
Nada sabemos de los orígenes de Pablo Jaimes Castrejón, ni el lugar, ni su fecha de nacimiento; se le describía como a un hombre de treinta y cuatro a treinta ya seis años de edad, no muy alto, de un metros sesenta y cinco centímetros de estatura y complexión muy robusta. Los generales de la mula no nos son conocidos. No importa.
Tampoco importa tanto si los hechos son creíbles, si la posibilidad de que un capo vaya paseando descuidadamente en burro es alta y si la probabilidad le jugó chueco, eso es lo de menos. En un país surrealista como México pasan tantas cosas que en otra parte del mundo jamás pasarían.
Tal vez, a algún productor de Holywood le interese esta escena y la inmortalice. Tal vez le parezca romántica o cómica. De lo que estoy segura es de que si eso llegara a suceder, le cuestionarían la verosimilitud de los hechos. Entonces, elevando los hombros y torciendo la boca, podrá decir, pasó en México, y, entonces todo cobrará sentido.

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