Seis años y seguimos escribiendo

Me toma por sorpresa, parece que no ha pasado tanto tiempo y ya llevamos seis años de unirnos a través de estas ventanas. Escribir, lanzar palabras al aire con la esperanza de que alguien las alcance a ver, que alguien reciba el mensaje y de alguna forma dé señales de haber leído. El proyecto parecía descabellado. Lo era y lo sigue siendo. No obstante, las ideas que no nos hacen reír, los planes que nos parece que serán difíciles de concretar, cuando rinden frutos, nos siguen sorprendiendo.

¿Cómo es posible? Estas ventanas se abren en México, España, Estados Unidos, Rusia, Austria, Japón, Australia, Inglaterra, Escocia, Israel, Palestina, Argentina, Perú, Uruguay, India, Finlandia, Francia, Portugal, Italia, Guatemala, Canadá, Bangladesh. Nunca lo imaginé. Este blog sigue cosechando lectores. Se asoman a esta ventana y se quedan a seguir leyendo.

Gracias.

Gracias a todos los que a lo largo de seis años me han acompañado. A los primeros y a los recién llegados, a los que se asoman a diario, a los que lo hacen de vez en cuando, a los jóvenes y a los que guardan la juventud en el espíritu, a los que han pasado por las aulas en que he impartido clase, a los que me conocen en forma física y a los que se han vuelto cómplices en forma virtual, a todos ustedes que me leen vaya todo mi agradecimiento sincero y profundo.

Son seis, vayamos juntos por más letras y renglones, por más motivos que nos lleven a reunirnos en ese punto mágico que se llama lectura.

Gracias, siempre.

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Veintidós y seguimos sumando

Mi Gordi, en los aniversarios uno suele mirar atrás, contar una y otra vez la misma anécdota aderezando ciertos detalles incluyendo algunas cosas y olvidando otras. Sintiendo como nos vamos alejando cada vez más de aquella fecha que juramos no olvidar jamás. Pero, como un par de veleros, hace veintidós años soltamos las amarras y empezamos a avanzar y aquel punto de arranque está cada día más lejano y, sin duda, algo desdibujado. 

Algunos se quedaron en el muelle, agitando las manos diciendo adiós. Otros, nos han acompañado desde entonces y unos pocos más han llegado después. El tiempo nos ha transformado en un catamarán de doble quilla. La individualidad de cada uno no ha estorbado el camino del otro, ha contribuido a darle rumbo. Sin duda el peso específico de nuestras ideas y el impulso de nuestras mañas han dado ritmo ha esta vida en común que es nuestro matrimonio. 

El tiempo ha cambiado y nos ha cambiado. No vivimos en el lugar que elegimos para iniciar nuestra vida juntos, nos mudamos. Nuestra primera licuadora se descompuso hace años, el equipo de sonido que nos regalaron ya ni funciona, ya fue sustituido por algo mejor. Han desfilado varias televisiones y nuestra primera sala, esa que nos tardamos tanto en pagar, la vendimos ¿te acuerdas? Pero, sigue llegando el mismo periódico a la casa. Cada domingo, sales al puesto de periódicos a traerme el ejemplar dominical que tanto me gusta leer. Vamos juntos a La Villa y nos hincamos frente a la Guadalupana.

Haz hecho las locuritas que te he pedido. Eres un esposo generoso.  

Hoy, después de veintidós años de compartir prosperidad y adversidades sigo teniendo ganas de hacer planes contigo. Mi mejor ilusión es seguir viviendo como hasta ahorita, como siempre lo hemos hecho, usando esos apodos cariñosos que nos dijimos desde el principio. Que sea yo simpre tu Gordi y mi Gog tú. Que nos gane la risa después del enojo. Que en la salud y la enfermedad conservemos el buen humor. Que en nuestra mesa no falle la conversación entretenida. Que nunca nos abata el aburrimiento. Que la cotidianidad no nos gane la carrera. Que los buenos argumentos ganen. Y, que cuando todo falle, venga el gran amor que te tengo a remediarlo todo.

Después de veintidós años, no importa que aquel punto luzca tan lejano. Lo importante es que tu mano sigue en la mía y así, vamos avanzando juntos, como nos lo prometimos esa noche, frente al altar de Dios.

Hace veintiún años

Hace veintiún años desperté con una emoción difícil de explicar pero tan intensa que la recuerdo tan vívidamente como entonces. Apenas abrí los ojos, la imagen del vestido de novia llenó el espacio de mi cuarto. Todavía en ese estado entre el sueño y la vigilia me arrebujé en las sábanas con la conciencia de que esos serían los últimos instantes, la última vez que me acurrucaría ahí. Me iba de la casa paterna a formar mi propio hogar a iniciar mi propia familia. El timbre del teléfono sonó y desde aquel día la voz de Carlos sería la señal de que la mañana ya había abierto y estabamos listos para empezar. 

Veintiún años después los sueños se han convertido en realidad y han superado las pesadillas que nos ha tocado enfrentar. La mano fuerte de Carlos ha sido sostén en tiempos de debilidad, el hombro ha sido sitio confortable cuando he necesitado consuelo y el mejor refugio en tiempos de tribulación, ese corazón es el mejor cofre para depositar confianza ciega. En estos años el cariño a crecido y la admiración se ha hecho más grande. 

Con Carlos de la mano es muy sencillo que nos gane la risa. Nos hemos aventurado en fantasías maravillosas y nos han salido tan bien. Basta ver a Andrea y a Dany para corroborar que digo la verdad. Hace veintiún años me vestí de blanco llena de ilusiones y con muchas incógnitas en el corazón. Las respuestas han llegado en formas tan distintas a como las imaginé, mi marido ha hecho que las cosas siempre salgan mejor de lo que yo pensaba.

Llevamos veintiún años de matrimonio y hemos sido afortunados. En la cuenta hay más risas que otra cosa y las mejores sorpresas superan los motivos de enojo y tristeza que tambien ha habido. Es un triunfo, lo digo con mucho gusto. Es un motivo de orgullo y de gran felicidad. También es la ocasión de elevar la mirada al cielo para dar gracias por tantas bendiciones recibidas cada día que nos ha permitido estar juntos.  Para dar agradecer a Dios por este hombre que ha sido el mejor compañero que pudo poner en mi camino. 

  

Tres años

La idea de comenzar a escribir un blog me sonaba descabellada y era, al mismo tiempo, una gran ilusión. Para quien escribe, un anhelo es encontrar lectores, es buscar gente que acepte la provocación de empezar a leer.  Este espacio nació con la esperanza de tender lineas que lograran atrapar el interés de la gente, fue como empezar a correr con una red que busca enganchar la atención de las personas y luego aspirar a su fidelidad.

Con valor y también con temor, se abrieron estas ventanas con la invitación de que quien quisiera, pasara a ver lo que estoy pensando. La incertidumbre se afincaba, la duda era si habría alguien que se interesaría, si no sería una péridida de tiempo, si escribir un blog era serio y el temblor casi detiene la mano. El valor se apuntalaba en el enorme gusto que siento al escribir, en la sensación de libertad que me da elegir palabras y en la emoción de dar click al botón de publicar.

Las formas tradicionales de hacer las cosas encuentran en los avances tecnológicos nuevos modos de expresión. Un poco de curiosidad, un ¿y por qué no?, el gusto por la aventura, el cálculo del riesgo, la exaltación que causa entrar a terrenos desconocidos, la conmoción de enfrentar un misterio, todo se mezcló en una caja mágica y parece que fue ayer que ganó la inquietud de experimentar. Como en el cuento de las habichuelas mágicas, se sembró una semilla y brotó un tallo sorprendentemente fuerte que ha crecido constantemente.

Después de tres años hay más de mil personas suscritas al blog, hay lectores de varias partes del mundo: España, Estados Unidos, Japón, Francia, Nueva Zelanda, Uruguay, Inglaterra, Guatemala, Canadá, Australia, Bélgica, Argentina, Israel, Italia, Dinamarca, Puerto Rico, Chile y un gran número de mexicanos. Con mucho gusto y agradecimiento, encuentro que los lectores sí aceptaron la invitación. Les gusta leer las opiniones políticas, las crónicas de viaje, las reflexiones del Camino de Santiago, las críticas de libros, películas, los temas de alta dirección, pero los más visitados han sido las narraciones en las que la fantasía tiene rienda suelta. Nos hemos ido conociendo y hemos ido fortaleciendo el lazo de comunicación  que tiende un escritor con quien lo lee.

Pierdes el tiempo, me decía un gnomo fastidioso que a veces se alberga en la mente. Pierdes el tiempo, me dijeron algunos rigoristas que ven en la publicación de un blog algo menor. Pierdes el tiempo, opinaron los tradicionalistas que no ven en la tecnología una opción verdadera. Por suerte, ni el miedo, no los gnomos, ni los rigoristas tienen la voz tan fuerte. Aquí la voz cantante la tuvieron quienes pasaron a asomarse desde el primer día y lo han seguido haciendo durante tres años. Gracias a todos ustedes, que siguen ahí, el blog florece y da frutos. De esta simiente brotaron las colaboraciones para periodicos y revistas que se fijaron en este espacio y me abrieron las puertas de la oportunidad.

Festejar es dar las gracias a todos y cada uno de ustedes que siguen ahí. A los que tienen tiempo acompañandome y a los recién llegados, muchas gracias. Gracias por todo y por tanto. Después de tres años, el temblor y la ilusión siguen intactos. En ocasiones sigo sintiendo ese miedo, la constante es el gusto de unir palabras en las que tú y yo nos encontramos. Con un enorme regocijo y con el mayor de los agradecimientos festejo con ustedes este tercer aniversario.

  

 

En el segundo año de gobierno

Por lo general, los aniversarios son motivos de festejo y en México más. Hasta los aniversarios luctuosos nos sirven de pretexto para hacer fiesta. Con mayor razón si se trata de la conmemoración de un político en el poder y el acento se hace más grande si éste es priista. Lo curioso es que en el segundo año de gobierno del presidente Peña ahora sí no nos alcanzaron las ganas ni los pretextos para festejar.
A dos años de gobierno peñista el clamor popular es un reclamo de justicia. No es poca cosa. Los mexicanos se expresan hartos de tanta desiguladad y de tanta impunidad. Es legítimo estar cansados de ver como los salarios pierden valor adquisitivo y como los impuestos suben; ver como encontrar trabajo es tan fácil como toparse con la fuente de la eterna juventud y como los servicios del Estado van de lo malo a lo peor. ¿Cómo no enfadarse ante la realidad de una tierra convertida en tumba clandestina? La desesperación de la gente en pobreza alimentaria, es decir, con hambre, y de los que padecen pobreza salarial, o sea, los que no ganan lo suficiente para cubrir sus necesidades, va creciendo. La efervescencia que se siente a dos años del regreso del PRI da miedo.
Enrique Peña Nieto prometió mucho y cumplió. Logró reformas impensables y la alineación de los partidos a un proyecto de un México mejor. No fue poca cosa, hay que decirlo, pero no fue suficiente. No basta con la entrada de capitales extranjeros si sus beneficios no llegan a las bases de la sociedad. No bastan reformas de Estado si las carencias de los necesitados no se resuelven y si las acciones de Gobierno sirven para aumentar en vez de disminuir la brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada.
El problema es que somos los eternos Moiseses que ven desde lejos la Tierra Prometida y nunca alcanzamos a llegar a ella. Por si fuera poco, la familia del Presidente contribuye al espectáculo dando la nota con casa millonarias, zapatos hiper caros, viajes y declaraciones frívolas. ¡Claro que no está mal que ellos gocen de privilegios! Si y sólo si ellos los pagan. Lo que está mal es la ostentación y, en una de esas, el encubrimiento de dinero mal habido.
Sin embargo, esas voces que claman por la salida de Peña son incongruentes. El presidente, nos guste o no, llegó a donde está por la vía democrática. Está difícil que él aparezca a los normalistas de Ayotzinapa, está claro que no sabe donde están, no fue él quien los mandó matar. En todo caso, las voces deberían reclamar a los que llevaron a semejantes personajes al poder, pero eso no se oye y me hace sospechar.
A dos años del gobierno peñista no hay muchos motivos de festejo. Las promesas, aunque se cumplieron, no se han transformado en felicidad ni beneficio para los mexicanos. Es necesario ponerse a trabajar en ello. Así, tal vez, encontraremos motivos para celebrar.

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María Barbara Reyes Muñiz (In memoriam)

Hay recuerdos que sin ser nuestros se alojan en nuestra mente y hechos que sin pertenecernos nos tocan el corazón. Las cosas que del pasado tienden a perderse como un papel viejo que se esconde en el ultimo cajón de un archivero. Pero hay recuerdos que no merecen ese destino y que deben ser recordados, ese es el caso de María Barbara Reyes Muñiz.
La historia de María Barbara esta llena de contrasentidos. La mañana del 8 de agosto de 2011, Barbie, como todos la llamaban, tomó la camioneta familiar y se dirigió a la Preparatoria número 163 de Cuautitilán, para realizar su inscripción al segundo año. Tenía entonces dieciséis años.
Barbie llegó a su casa alrededor del mediodía, dejó el coche y salió de nuevo, a pie. Barbie tuvo comunicación con su madre y con novio por la tarde, pero después ya no contestó los mensajes de nadie. Ahí empezó el infierno.
Barbie fue secuestrada. Sus padres la buscaron incansablemente. La familia se topó con huecos legales que entorpecieron la investigación, con negligencia del estado que en vez de ayudar a los padres a encontrar a su hija, alojaron a un cadáver en una gaveta del servicio forense sin nombre. Un juego perverso, una falta de consideración y una indolencia desmedida fue lo que padecieron los padres de Barbie para encontrar a su hija.
Buscaron durante 618 días, hasta que por fin les entregaron sus restos. Lo triste es que las autoridades del Estado de México tuvieron el cuerpo de María Bárbara durante meses y no lo reportaron. No fue mala voluntad, es el reflejo de la desorganización que existe. La iniciativa de los padres venció ese monstruo de miles de cabezas que en su gran desorden pierde de vista la parte humana, que mezcla osamentas de una persona con otra, que no sabe dónde ubicar nada, que todo pierde, que poco ayuda.
Ayer se cumplió un año más de la desaparición de María Barbara Reyes. Muñiz. No podemos olvidarla, ni a ella ni a unos padres que a pesar de los enormes muros de negligencia, estupidez, indolencia, apatía, descuido, desinterés del estado ellos encontraron a su hija.
Pensar en los padres de María Barbara es recordar que el cariño y la perseverancia lo pueden todo y ese es un ejemplo que no debe sufrir el destino de una hoja extraviada en la gaveta de un escritorio. Reza el dicho: el que busca encuentra y es verdad. No lo conocí, ni a ella ni a sus padres. Pero no es justo olvidarlos. Vaya este sencillo homenaje al amor que tiró semejantes barreras.

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Un año

Un año, este blog cumple un año el día de hoy. La ventana que se abre para compartir lo que estoy pensando ha captado el interés de gente en muchas partes del mundo. No deja de sorprenderme que personas en España, Ecuador, Colombia, Perú, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Islandia, Canadá, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Portugal, Puerto Rico, Bélgica, Alemania, Austria, Japón, Corea del Sur y tantos otros se asomen y compartan intereses conmigo.
Este espacio ha ido creciendo y ganando fuerza. Cada día son más los que aceptan la invitación para asomarse a esta ventana. Al principio, como suele suceder en la escritura, empiezas liberando escritos, sin tener muy claro que va a suceder con ellos. Tienes dos cosas, esperanza de que el trabajo guste y pánico de que el sitio, no falta de lectores, muera. Por suerte, este blog está vivo y creciendo. El contenido se reproduce en algunos sitios de España, Brasil, Estados Unidos y, desde luego, en México.
A partir de esta ventana he establecido contacto con muchas personas, con escritores, con economistas, financieros, poetas, académicos, y sobre todo, con gente que se engancha con lo que tanto me gusta hacer: contar.
Por eso, este día de fiesta y aniversario, gracias a todos por darle vida a este blog. Me llena de alegría cuando alguien que jamás imaginé que me leyera, me comenta sobre alguna de las entradas.
Un año juntos, mi agradecimiento a todos los que se asoman a este espacio, a los que me acompañan desde su inicio, a los que recién comienzan. Espero que cada día seamos más, que sigamos comunicándonos por este espacio.
Gracias por asomarse a ver los que estoy pensando. Un año, este blog, cumple un año y espero que puedan ser muchos más.

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