Las tonterías de una Primera Dama

Otra vez, las propiedades de la señora Angélica Rivera dan de que hablar. Pareciera que la esposa del Presidente de la República se empeña en hacer tonterías y luego, como el león cree que todos son de su condición, pone al mandatario a dar explicaciones absurdas que nadie cree. No somos tan crédulos. Resulta que la señora Peña tiene un departamento en Miami y su marido dijo que uno de sus vecinos le hizo favor de ir a pagar el predial y, en un acto de buena vecindad, le prestó dinero.

Lo que pasa es que la propiedad no está en la colonia Doctores, está en Key Biscayne y el pago no es una cantidad nimia. El periódico The Guardian los agarró en una maroma que no han sabido explicar más que ofreciendo discuplas. Enrique Peña Nieto declaró que Angélica Rivera pidió a su vecino, el señor Pierdant que le hiciera favor de cubrir sus obligaciones fiscales porque ella se encontraba en México, sin embargo, nos enteramos por otro periódico, ahora el Reforma, que esos pagos se hicieron con la gestión de un despacho de abogados. ¿Entonces? 

¡Qué raro es todo esto! Además, estamos hablando de un trámite en Estados Unidos, un país tecnologizado, no es la ventanilla de un pueblo en la sierra ni un caserío perdido en el desierto. La oficina del condado de Miami-Dade recibe pagos vía electrónica desde cualquier parte del mundo. ¿A poco la señora de Peña no lo sabía y por eso cometió la tontería de pedir un favor innecesario? Sin duda, nos sorprende que con tanta gente tan inteligente que asesora a su marido, ella no haya pedido consejo y en forma tan imprudente, haya molestado a su amigo, en vez de hacer que se pagara vía electrónica.

Sorprende que tanta gente tan inteligente haga tantas tonterías. El secretario Videgaray pidiendo préstamos absurdos, la señora Rivera empolvando más la imagen de su marido, un pobre amigo con cara de angustia saliendo a dar explicaciones insostenibles, un Presidente que pone a su entorno a ofrecer justificaciones de sus tropiezos y nosotros escuchando.

Ayer recibí una carta de uno de mis profesores, me pedía que no desestimara la importancia del reportaje de Carmen Aristegui. Me hacía notar la importancia de que una tesis se hubiera presentado para aspirar a un grado habiendo plagiado. Me exigía darle la justa medida y reconocer la gravedad del hecho. Creo que tiene razón, es preciso darle la justa medida a las cosas. Fue pésimo que el sustentante no hiciera bien el trabajo, está peor quererle echar la culpa a la imprenta o al primer incauto que vaya pasando por la calle. Y, por lo mismo, para darle la justa medida, basta abrir el periódico.

Las fosas comunes, las casas presidenciales y del gabinete, los justificantes absurdos, los favores vecinales, la degradación en la calificación del riesgo país de Moodys y Standard and Poors, la devaluación del peso, el incremento de la deuda externa, la falta de crecimiento de la economía y tantas otras, opacan los efectos de un mal trabajo presentado para obtener una licencia de abogado. Si la situación fuera otra, si el país no estuviera rechinando por doquier, este gritoestridente que   denuncia un plagio hubiera resonado más fuerte. Hoy, se le ve la mala yerba por todos lados. Lo cierto es que en la casa de los Peña, hoy el marido no le puede reclamar las tonterías que hace su mujer. Ella lo verá con ternura y elevará las cejas.

Vamos a ver qué pasa, las tonterías de la Primera Dama siempre resultan en dos cosas: una exactriz saliendo a cuadro con cara de fastidio, representando el papel de emperatriz de México para contarnos un cuento y un Presidente que sale a ofrecer disculpas y pedir mil perdones, y nosotros, escuchando. 

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Jalarle los bigotes al tigre

Hay cierto placer en desafiar a la autoridad. Es como sentir cosquillas por todo el cuerpo al ver que un poderoso pasa aceite al dar explicaciones que nadie cree ni nadie espera creer pero que todos acechan por el gusto de ver una especie de espectáculo.
Por eso, por esa característica primitiva que nos hace olfatear sangre e instintivamente correr a morder, nos gustan los memes, nos regodeamos cuando alguien se cae en la alfombra roja, cuando un político usa una construcción gramatical equivocada o cuando un Presidente de la República es evidenciado.
Es una característica humana que no es privativa de cierta nacionalidad o de alguna latitud particular. El discurso en el que Nixon renunció a la silla presidencial rompió records de audiencia. Las películas en las que se refleja a un Hitler débil gritando como histérico sin control se han filmado una y otra vez por los niveles de venta que alcanzan. Ver a una estrella infantil, que ha sido imagen inmaculada, ejemplo y aspiración para la niñez entera de un país, retratada cazando animales en extinción o bailando en forma vulgar, gana rating. Es una fórmula probada en el mundo del espectáculo.
Poner a la autoridad o al poder en evidencia es como cuando un niño se vuelve desafiante a ver al padre y le dice: No me dolió, aunque todavía tenga las nalgas rojas por los cinturonazos. ¿Le quitó el dolor? No, pero hay una especie de desquite que no sabe del todo mal.
Eso sucedió con el escándalo de la casa de la señora del presidente. Andamos como el Caballo Blanco del corrido, con el hocico sangrante, atarantados por los hechos vividos, por la agitación que hay en el ambiente, con miedo e incertidumbre, pero no pudimos dejar de poner atención a la explicación que la Primera Dama dio sobre la compra en abonos del lugar donde el Presidente Peña durmió antes de salir a que le impusieran la banda presidencial.
Ahora resulta de que la va a traspasar. Parece que a la señora Peña le hace falta un asesor inmobiliario, accede a formas extrañas para adquirir y vender propiedades.
Yo me pregunto, ¿y luego? ¿No será que por estar jalándole los bigotes al tigre nos van a dar peores cinturonazos? ¿ No será una práctica distractora para que, por instinto, miremos donde no debemos y nos olvidemos de los muertos sin nombre de los que nadie habla y que se encontraron en fosas clandestinas en todo el territorio nacional? Pero, sin duda nos gusta ver en aprietos a los poderosos. Es divertido.
Creo que en estos tiempos, antes que la diversión esta la obligación. La que tenemos con los que no tienen voz porque los silenciaron a fuerzas. Esos que no jalan rating y no dan espectáculo.

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