Ternura y deseo (Llum, Elisabet Riera)

 

Luz

Elisabet Riera, Traducción de Palmira Feixas

México, 2017

Mis amigos de Sexto Piso me enviaron esta novela a principios de verano. Tuvo que esperar su turno. Pero, como si tuviera fuerza propia y con un entusiasmo algo misterioso, fue saltando hasta mis manos para ponerse en primer lugar de la lista, brincando otras a las que les tocaba ese lugar. Qué bueno que fue así, Luz —título en español de esta novela escrita originalmente en catalán— es una novela deliciosa que atrapa en los primeros renglones y que leí de un tirón, empecé en la mañana y al anochecer ya había llegado a la última página.

Con esto no quiero decir que la lectura sea fácil o que la novela no tenga su grado de dificultad. Al contrario: es un texto que reta al lector, que le hace guiños que tiene muchas referencias a la literatura universal y que trata, con un lenguaje lleno de ternura un tema doblemente controversial: el amor lésbico entre una mujer de casi cincuenta años y una niña de doce. Es una lectura recomendada para mentes de criterio amplio, de otra manera, resulta material radioactivo.

La narración de Riera es muy cuidada, la emoción regente oscila entre la ternura y el deseo lo que compensa el contenido inquietante y polémico. El estilo narrativo es muy delicado, las palabras han sido seleccionadas con el cuidado con el que un relojero sostiene sus pinzas. Lo hace tan bien que de repente llegamos a olvidar que estamos leyendo de una relación incorrecta, por usar el adjetivo menos duro o, como lo dice la propia autora, de un crimen.

“La ilusión de nuestro amor, como si la bofetada me hubiera despertado de golpe a una realidad cruda y terrible: había mantenido una relación amorosa con una niña. La ley decía que era un delito” (p. 209)

Las palabras de Riera son cuidadas, esta es una novela escrita con un balance muy bien logrado: se escribió con las entrañas y se corrigió con la cabeza. Se nota el trabajo escrupuloso que debió llevar la escritura. El narrador nos arroba con su ternura desde los primeros renglones. La protagonista de la trama regresa al pueblo natal, es Ulises derrotada, aunque en el momento de arranque sabemos que quien cuenta se está dirigiendo a una niña de doce años, aún no adivinamos que es otra mujer la que lleva la voz. La autora la irá revelando lentamente y con una precisión muy cuidada. También, desde las primeras palabras hay un llamado al escándalo: una relación casi incestuosa en un pueblo de las provincias de Cataluña:

“A mi izquierda apareció enseguida la Ermita de Sant Sebastiá y detuve el coche: siempre da miedo encararse al propio destino” (p. 16)

                El caldo de cultivo de la trama se da a partir de este regreso a la casa paterna, no triunfal sino todo lo contrario, de una mujer que regresa a una casa deshabitada, con todos los suyos muertos, después de haber dado fin a una relación con Kate su antigua pareja con la que vivió en Londres. Con la que, además, inició desde abajo y que fueron creciendo hasta que ambas encontraron solidez en su desarrollo profesional. Llega derrotada al pueblo.

“Al día siguiente me desperté echada sobre el suelo arcilloso de la sala con el cuerpo adolorido”   (p.  21)

La novela nos revela una ternura especial que existe únicamente en el amor lésbico que no se equipara a la carnalidad gay entre dos hombres homosexuales p que no se encuentra en la pasión heterosexual. Riera instila esa dulzura en las descripciones que la narradora hace del ser amado: Luz, aunque, al igual que lo hace Nabokov en Lolita, desde la primera página estamos anticipando la desgracia.

“El deseo y la justicia tienen poco que ver—sentencié. Tú volviste a agachar la cabeza dócilmente, dispuesta a seguir escuchando y te apoyaste un poco más en mi brazo. Te gustaban mis frases contundentes, te parecían verdades indiscutibles” (p. 118)

“Pedirte perdón sería como borrar el recuerdo de tu deseo, empequeñecerlo, volverlo casi invisible, como si el deseo de una niña de doce años no fuera bastante poderoso y consciente”  (p. 11)

Pero, no es Lolita, por más que muchos, hasta la misma autora, se empeñe. No es el tono, ni la circunstancia, ni la época, ni la voz, ni el idioma en que fue escrita. Hay similitudes, sí: pocas. Tal vez, la mayor la más importante tenga que ver con la diferencia de edades entre Luz y la narradora, pero, el tono y la intención son totalmente distintos: la ternura y el cinismo son sensaciones antagónicas, paralelas en las que no hay punto de encuentro. Riera no tiene la emoción regente que llevó a Nabokov a escribir Lolita. Lolita es una crítica, Luz es un manifiesto.

La autora sabe llevar el timón narrativo y sabe darle cause a los sentimientos. Construye intención a través de referencias literarias, a veces muy explícitas: cita a Safo de Lesbos, a VIgina Woolf y otras como sencillos guiños utilizando figuras como el Minotauro, haciendo recordar a Borges, a la piedra de la Boca de la Verdad…

“Empecé a leer compulsivamente libros de las bibliotecas públicas… Dickens, Kipling o Conrad. Después llegué a las mujeres: las Brontë, Jane Austen y Virgina Woolfe. Sumergires en una lengua extranjera es como fabricarse una segunda piel…. “ (p. 57)

La Literatura es personaje como recurso, como alivio, como fuente de gran consuelo y como forma para encontrar un punto de sostén. Las palabras como medio de provocación.

“Alzaste la cabeza para ver si tus palabras me provocaban alguna reacción” (p. 62)

Y, más que las palabras dichas, más allá de lo explícitamente expresado, la importancia de las palabras que no han sido dichas.

“Leer, hacer escuchar tantas cosas que encubrían otras, siempre pensando que que sabrías descifrarlas” (p. 99)

“La fuerza de las palabras no pronunciadas” (p. 112)

Y, por fin, con una precisión de simetría aura. Riera nos lleva al clímax de su obra:

“El afán por encontrar el amor puro, perfecto, ideal, consumir al menos una pequeña dosis, que nunca me parecía suficiente, y querer siempre más, exigírselo a quien no era, una vez tras otra y equivocarme hasta agotar las existencias —bebidas, libros conversaciones extáticas, mujeres, amantes—, hasta agotarlas o abandonarlas por inútiles, inservibles o insuficientes. Defectuosas. Heridas. Fallidas. Con el corazón machacado. Como mi padre. Como yo. Kate no podía darme lo que me falta por dentro. Ni tú tampoco. Luz. Cuanto he tardado en comprenderlo. “ (p. 194)

Nos enteramos, casi al final de la novela que estamos frente una carta de despedida cuyo fin no es encontrar una justificación o un perdón. Es un flujo de conciencia que lo que busca son palabras que no caigan en el olvido.

 

 

 

 

Misa primera

Las calles de la Ciudad Antigua en Jerusalén están vacías. Caminamos rumbo a la Puerta de Damasco pero nos equivocamos, entramos por la Puerta de León. Al traspasar el umbral nos topamos con grupos de musulmanes que acuden a la primera oración de la mañana. Todavía está oscuro, aún no amanece. Nos perdemos en el laberinto de callejuelas. Preguntamos pero no logramos darnos a entender. Por fin, alguien nos da instrucciones, tenemos que rodear la Mesquita de la Roca para llegar a la Basílica del Santo Sepulcro. El día comienza a clarear.

No fue nuestra intención pero recorremos el camino de la Vía Dolorosa. Vamos solos. Somos Carlos y yo de la mano movidos por esa fuerza que levanta de la cama, te saca del hotel, te lleva a las calles y te conduce al destino, como si todo estuviera acordado entre el porvenir y el universo y nosotros nada más pusieramos la voluntad de dejarnos dirigir. Damos pasos y cuando dudamos qué dirección tomar, alguien aparece, nos topamos con un anuncio, una flecha o algún transeúnte que nos dice por donde ir.

Llegamos. La maravilla de estar ahí al amanecer es que no hay multitudes. La recompensa de los peregrinos que decidieron madrugar es esa intimidad, ese silencio y recogimiento que hay en el santuario. Podemos entrar al Santo Sepulcro y estar ahí todo el tiempo que queramos. Somos pocos, pero no somos los únicos. El ambiente huele a incienso, a flores y el silencio es tan abrigador que no hay más que arrodillarse y dejarse abrazar por el amor que va desde el Alfa hasta el Omega.

El tiempo se detiene para dejar pasar a Dios.

Salimos del lugar más bendito. Nos sentamos en las bancas frente a la entrada del Sepulcro. Entran los monjes ortodoxos y los sacerdotes. Cantan, leen y nos bendicen. Luego, llegan los franciscanos a preparar todo para la misa primera. Son pocos los que pasan, es un lugar muy pequeño. Se cierra la puerta y da inicio la misa primera. Las bendiciones hacen que el corazón lata a un ritmo distinto. 


Jerusalem

No hay mejores palabras que las del Rey David:

¡Qué alegría cuando me dijeron:

“Vamos a la casa del Señor”!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel.

Poco más se puede decir después de visitar tierra tan santa. El corazón salta de felicidad, lleno de eso que da la fe que quienes creemos llamamos amor de Dios.

Tierra bendita, momentos de amor, grandes bendiciones. 

Embarazos en adolescentes 

Partamos de la siguiente premisa: una nueva vida siempre es una buena noticia. Claro, un bebé trae consigo dos elementos inseparables: amor y responsabilidad. Cuando un hijo llega en el momento adecuado, no hay felicidad más grande en este mundo. Lo puedo decir con conocimiento de causa. También sé que cuando una criatura se ve como un accidente, esa alegría se transforma en angustia y muchas veces en amargura.

Recientemente, he escuchado a muchos jóvenes decir que ellos no tienen que pedir permiso para iniciar su vida sexual, que esa es una prerrogativa que les da la libertad, pero se olvidan de la parte de responsabilidad que todo ser libre debe atender. Sí, pareciera que hay un enorme gusto por gozar sin hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Alegremente se entregan a Cupido y esto se refleja en datos duros. México es el primer lugar en los países miembros de la OCDE en embarazos adolescentes.

Embarazos adolescentes que se presentan en personas infantiles. Niñas de quince años y jovencitos de catorce que no saben que hacer. No hay conocimiento ni práctica de salud reproductiva. Se entregan al amor sin protección alguna y se avientan al barranco sin paracaídas, para luego regresar a la casa paterna —o materna— a buscar asilo y solución. Si no se trata de pedir permiso para ejercer la libertad del cuerpo, se trata de ver mas allá de la nariz.

Un bebé llora, come, se ensucia y demanda atención. La vida se pone en pausa. Los proyectos de estudio se truncan. La vida social cambia. Y, tristemente, el amor de quien comparte paternidad se acaba. Claro, muchas niñas se quedan solas con el bebé en brazos. No se trata de nada más que de cifras comprobables. Madres solteras, solas y tan jóvenes son una realidad de este México. Los padres huyen, agobiados por la responsabilidad. Ellas se quedan con el hijo y la responsabilidad de lo que sucederá con él. Esa es la historia de todos los días.

El remedio no son las condenas, los cinturones de castidad, los gritos. Tampoco se trata de estar aventando condones y promoviendo la píldora del día siguiente o los abortos como medio de anticoncepción. Se trata de educar en la responsabilidad. Los millenials, como los jóvenes de cualquier generación, se quieren comer el mundo a puños. Eso es natural, el problema empieza cuando hay que hacerle frente a la responsabilidad, eso ya no les gusta. La cantidad de abuelos cuidando nietos de hijos adolescentes es creciente. Los segundos embarazos en muchachitos es una realidad. 

Hablar, informar, educar en la responsabilidad es primordial. Los datos son contundentes, aquí las cifras.

Muffin

A veces el Ángel de la Muerte visita a las familias felices. Los hace en forma sorpresiva para llevarse a algün miembro. Hoy  visitó mi casa y se llevó a Muffin. Mi perrita terrier escocés se fue al cielo. Decidió emprender el camino cuando estamos tan lejos de casa, cuando la noticia nos llena de pena, de estupefacción y no podemos despedirnos en la forma en que quisieramos.

Muffin fue una perrita que nos acompañó en grandes transiciones. Estuvo a nuestro lado en Acapulco cuando Manuel destruía las vías de acceso a Acapulco, me acompañó a caminar mientras me entrenaba para hacer el Camino a Santiago, vió a mis hijas crecer, consoló a Vito, habitó nuestro corazón.

En sus ojos cabía todo el amor, el agradecimiento y los mejores sentimientos. Fue maestra de lealtad, de cariño y con un agital de cola, el mundo se convertía en el espacio de cariño por antonomasia. ¿Qué más se necesita para entender la perfección del amor cuando se tiene una perrita como Muffin?

En Acapulco, era la que disfrutaba los espacios de la casa. Le gustaba asolearse, perdía la mirada en el mar, se sentaba junto a mí mientras leía. Sonreía. Al salir de vacaciones, me despedí de ella sin imaginar que sería la última vez  que la iba a ver. Estaba sana, feliz, fuerte. Una pulmonía fulminante le reclamó la vida. Ahora, tengo un hueco en el corazón. ¿Quién puede entender estos misterios?

La tradición precolombina dice que los perros que habitaron tu casa seran tus acompañantes al cruzar el camino al cielo. Yo  tengo tres seguros acompañantes: Luca, Vito y ahora Muffin. Algunos piensan que los animales no van al cielo, yo estoy segura de que sí. Claro que hay un cielo y en ese lugar nos vamos a encontrar los hombres y mujeres de buena voluntad y los animalitos que nos campañaton en la vida. Ahí te encontraré, Muffin, junto a Bú y a Luca y a Vito. 

Mi casa, Muffin, tiene un hueco. Es el vacío que dejas al irte. Es un espacio que nadie mas que tú podrías ocupar. Es el tuyo, perrita querida. No es adiós, es un simple hasta luego. Cuídanos, como lo hiciste cuando estabas físicamente entre nosotros. 

De marchas y matrimonios 

No hay fecha que no llegue. Las marchas en favor de la familia y del matrimonio igualitario salieron a las calles, cada quien a defender lo que creen que es la verdad y lo que dicen es su derecho. A decir verdad, cada bastión está en su lado en forma fundada y légitima viendo por sus intereses. En realidad, no deberían ser antagónicos si cada cual pasara su punto de vista por el filtro de la reflexión. Todos estamos acreditados a pensar como nos venga en gana y eso no nos autoriza a ver feo al que lo hace en forma distinta.

Ni Tirios ni troyanos tienen la Verdad en la mano. Los extremos se juntan cuando los intolerantes de cada bando se suben a un ladrillo y se marean con las palabras de desprecio que pronuncian. Las burlas que se profieren a uno y otro lado lastiman de igual forma. Los que se ríen de los entaconados están en el mismo lugar que los que se mofan de los persignados. No es a punta de golpes de pecho ni de amenazas ni de intolerancia que vamos a construir un mundo mejor. Arrugar la nariz, ofende y separa.

Ante el tema, lo recomendado es la serenidad. El prisma del entendimiento es el que trae la mejor forma de convivencia. El hecho de ser gay o ser heterosexual no nos reviste con un aire de pureza. No nos gustan la promiscuidad ni los vicios ni los maltratos ni las estridencias de unos y de otros. Es desagradable ver peleas entre dos que se aman, niños maltratados, pasiones desbordadas, engaños de pareja, casas chicas y casas grandes, ni de bugas ni de homosexuales. Ser de un lado o del otro no es garantía para ser prístino e inmaculado. En ambos lados hay manchas y lunares.

Pero, ambos lados se enrollan en la bandera de la pureza y se avientan del quicio de la banqueta a defender una vida inmaculada que no existe ni en un lado ni en el otro. Todos somos humanos susceptibles ha fallar, así que no nos hagamos los santos. ¿Y si mejor, en vez de andar peleándonos en las calles, buscaramos tener amores más duraderos, fidelidades a toda prueba, cariño y cuidado para los nuestros? 

Una familia es el lugar en el que nos debemos sentir queridos, respetados y aceptados. En donde me enseñan lo que es bueno y lo que no lo es, en donde se encaminan los pasos correctos y en donde se lucha por no caer en el error. Pero es el sitio donde te curan si te enfermas, te sostienen cuando te has caído, te limpian cuando te ensucias, te consuelan cuando lloras. Donde te hacen notar que ese no es el camino y en algunos casos, también te regañan. Pero, la regla de convivencia es el amor. No lo es la preferencia de ninguna índole. Si un Dios amoroso busca como sí hacerse presente y no se obstina en condenar si no en dar esperanza, ¿por qué habría yo de hacer lo contrario?

De mentiras y odios

No mentirás. El decálogo que recibió Moisés no da concesiones ni habla de estados de excepción. Es sencillo de comprender y difícil de ejecutar. Desde el dile que no estoy, hasta la sofisticación más alta, desde el mejor deseo de no lastimar hasta la más grande traición llevan adosadas una mentira. La mentira es mala y por eso está prohibida. Antes, al que mentía se le cortaba la lengua, después se le lavaba la,boca con jabón, hoy con la estupidez de los tiempos, se vitorea al mentiroso y se le pone en posibilidad de mover los hilos de la Humanidad.

Después de años, la Ley de Moisés se sustuyó por un mandamiento nuevo, el del amor. Sin embargo, el odio toma velocidad y parece ganar la carrera. El odio se manifiesta por las cosas más nimias y no hay pudor para mostrarlo abiertamente. Se odia al que tiene la piel de color diferente, al que huele distinto, al que tiene mucho, al que nada tiene, al que huye, al que da refuigio, al que no comparte mis gustos, mis ideologias, al que no vive como yo creo, al que dice idioteces y al que es muy inteligente.

La combinación de mentiras y odio es explosiva. Las dice Trump y ya está a las puertas de un empate técnico con Hillary. Odia el que debiera sustentar el amor como bandera, lanzamos a la gente a las calles a críticar formas de vida para que   protesten con furia sobre las formas que deben tener las familias. Unos y otros van a salir ¿a qué? La confrontación me resulta aturdidora. ¿No debemos amar al prójimo? O, ¿será que el prójimo también tiene castas y clasificaciones? Entonces, ¿si eres soltera,divorciada, dejada, vieja, pobre, gay, analfabeta, solo, indigente, discapacitado, prieto, naco, mal educado, hermoso, rico, poderoso, espectacular, estridente, o lo que sea, eres menos prójimo?

Odiar y mentir parece ser una fórmula muy efectiva. Venden espejitos y lo pagamos a precio de oro. Es tiempo de echar un paso atrás para que prive la reflexión. Analizar el rumbo que llevan las mentiras y los resultados del odio. Tal vez, contemplando el desfiladero, podamos entender que el abismo no es camino. Amar y decir la verdad son mejor opción. No hay duda.

Regalo de mi abuela

Los caminos que tiene el amor son misteriosos. Hoy, veintiuno de marzo, día en que nace la primavera, también era cumpleaños de mi abuela materna a la que siempre llamé Mami Lolita. Fui su primera nieta y en esa condición, el que pega primero, pega dos veces. Ese sólo mérito me ganó ser su consentida y como un cariño tan grande no es esteril, en mí germinó otro que persiste aún después de la muerte. 

Mi Mami Lolita murió en 1994, el año en que me casé. Es curioso que después de tantísimo cariño que nos tuvimos, la sueño muy poco. El abismo que abre la muerte es profundo pero no definitivo. Para muestra un botón. Ayer, recibí un regalo de mi abuela.  Como siempre, el mas allá se consigue ángeles en la tierra que completen la tarea, en este caso fue mi prima La Güera.

Mi Mami Lolita tejía a gancho y lo hacía en forma espectacular. El dicho de rápido y bien, no ha habido quien de evapora ante las manos hábiles de mi abuela —no me gustó jamás decirle abuelita a una mujer tan hermosa que nunca dio signos de vejez mientras estuvo sana—. El ganchillo se movía a toda velocidad para dejar espacio a creaciones maravillosas. Lo mismo blusas de hilo, que bufandas de estambre, que vestiditos, capitas, cobijita de bebé o lo que se le ocurriera en esos momentos. El máximo de los regalos era un mantel. 

Sí, a pesar de la velocidad de tejido, un mantel requería de mucho tiempo y dedicación para quedar listo. Era tejer muchos cuadritos y luego ir uniendólos uno a uno. La recuerdo haciéndolo y explicándome la mística de semejante tarea. hay que hacerlo con cuidado, fijándote que todo coincida para disimular las costuras. Los manteles son como las familias, las uniones debes ser fuerte para que no se separen, incluso cuando tienes que tallar para que salga la mugre. Sus dos hijas, las únicas que tuvo, recibieron uno de estos manteles. Hoy, gracias a la generosidad de La Güera, yo, en el día del cumpleaños de mi Mami Lolita recibí uno. Uno de los dos que les dejó a sus hijas.

El que le correspondió a mi Tía Luz Elena está conmigo. Al ver el mentel, lo abracé como si la estuviera abrazando a ella. Mi sorpresa fue enormemente grata, entre los hilos todavía se conserva ese aroma tan especial del perfume de mi Mami Lolita. Sin duda, los caminos que unen el más allá con los que estamos acá son misteriosos. La unión de los hilos es tan fuerte que las puntadas se abren paso para dar cariño. Tal como ella me enseñó, es de bien nacido ser agradecido. Gracias, Güera. Gracias, Mami Lolita. ¡Feliz cumpleaños! Ya recibí tu regalo.

  

Sexualidad

El tema por sí mismo causa reacción. No importa si se trata del erotismo más glorioso o de la pornografía más vulgar, la palabra tiene efectos. Da igual si es Baudelaire, Bataille, Sacher Masoch o el mismísimo Rey Salomón escribiendo El Cantar de los Cantares, la sexualidad siempre causa controversia. El arco entre la perversión y lo sublime tiene un tamiz muy delicado. La distancia entre lo prohibido y la desinhibición es tan corta o tan larga como el criterio de quien emite una opinión. El asunto es tan delicado que raya en lo sagrado. Hay quienes lo reprimen, lo sublimizan, lo utilizan, lo abusan, lo usan como moneda de negociación y también los que entran a ella alegremente, con desconocimiento e irresponsabilidad.

El despertar a la sexualidad no es algo que se pueda controlar ni mucho menos programar, llega en la fecha que debe ser y es algo natural. Sin embrago, el telón de opacidad que se ha tendido sobre este tema ha contribuido a la desinformación, al morbo y a la obsesión de algo que debería ser tan natural como comer o dormir. El exceso de alimento causa obesidad, la falta de sueño, locura. En esos rangos se mueve también la sexualidad.

Nadie habla de exceso de información sobre el sueño ni de ocultamiento sobre el tema de comida, en términos de sexualidad, sí. No hay forma de lograr consensos. El tema se radicaliza en ambos sentidos. La prudencia, tan necesaria para formar criterios, es más bien rara y el fanatismo corre para quienes lo ven de una u otra forma. Por eso, pronunciarse sobre el tema es complicado. 

Lo cierto es que trivializar el tema no es solución. Las consecuencias de un despertar sexual sin información nos están arrojando cifras muy altas de embarazos no deseados a edades muy tempranas. No se trata de abrir o cerrar puertas, ni de asustar con cifras. Tampoco es la promoción del cinturón de castidad, pero tampoco del condón. Es una cuestión de causas y efectos. Un niño no debe jugar con fuego, se quema. Entonces, no hay que darle cerillos y hay que comentarle las consecuencias que enfrenta quien no sabe manipular lumbre. Las quemaduras dejan cicatrices que duelen incluso después que medicamente se han declarado sanas.

Bebés abandonados en basureros, madres solteras, padres que no están presentes, vidas coartadas, planes que no podrán ser, sueños que ya no se van a realizar:  son realidades duras. Hay abuelos que ejercen papeles de padres, abuelas que cambian pañales, hijos que dejan a sus hijos en manos de alguien más para seguir con una vida que ya no podrá marchar al mismo ritmo. 

Quiero ser clara, un hijo siempre es una buena noticia y debe ser motivo de alegría. Sin embargo, es absurdo negar que la crianza de un bebé está cargada de angustias, de demandas que no paran y se necesita una gran cantidad de recursos para salir adelante. Es decir, un hijo es una responsabilidad hermosísima, si y sólo si, llega en el momento adecuado cuando es plena y conscientemente deseado. Si no, no.

Que la sexualidad se esté ejerciendo o no a edades más tempranas, no es el tema. Mi abuela se casó a los dieciséis y antes de cumplir   diecisiete ya tenía a mi madre entre sus brazos. Fue estupenda mamá y esposa maravillosa. Tampoco cabe el dicho de que eran otros tiempos. Me parece, en todo caso, que estamos hablando de un asunto de responsabilidad. Si una parejita quiere vivir activamente su sexualidad, primero debería enterarse lo que está haciendo, los riesgos que corre y las obligaciones que tiene que enfrentar. 

Por eso, me asusta la campaña del Consejo Nacional De Población, que toca el tema de la sexualidad juvenil en forma tan ligera. Uno de los modelos, que invita al uso del condón, parece un niño menor a doce años. Digo que me asusta porque no me imagino a esa creatura con un bebé en los brazos, ni afrontado obligaciones de una vida sexual activa, ni entendiendo los riegos de enfermedades que son contagiosas y mortales. Pero, los fanáticos de la libertad sexual no tardarán en llamarme mocha y los que quieren sublimar el impulso me recriminarán el haber tocado el tema.

Todos al oír la palabra sexualidad tenemos una reacción, pocos le metemos mano al asunto. Me gustaría que quienes entran con tanta alegria al goce lo hagan con responsabilidad, esa es la mejor forma de conservar la alegría. El amor siempre es una bendición que debe acompañar al tema. Es mejor cuando la cabeza y el corazón están de acuerdo. Sin duda, en la sexualidad, lo mejor es la prudencia.

  

Andrea creció

Las madres tenemos la costumbre de sentir que el tiempo no pasa y al mismo tiempo quisiéramos atrapar los instantes en el hueco de la mano para poder detenerlo. A veces podemos, cierro los ojos y todavía puedo ver con nitidez a esa bebita hermosa que pusieron entre mis brazos, llorando con fuerza, y siento con idéntica intensidad la emoción cuando te acurrucaste y entendí el maravilloso privilegio de ser tu mamá. Cabías en el espacio del antebrazo. Te di un beso que quise que fuera eterno. De alguna forma lo es, el contacto sigue tan vivo como lo fue aquel día. Ni hablar, parece que aún puedo arrullarte y mecerte en mi regazo.

La maternidad ha sido la mejor bendición que Dios me ha dado. En esos instantes se forjó un vínculo tan poderoso de cariño y ternura tan único y precioso que creí ya no era posible querer con más fuerza. Me equivoqué. Cada día crece y seguirá creciendo. Pero conforme pasa el tiempo, hay más motivos. Ahora al amor lo acompaña el gran orgullo que me da decir que soy tu madre. El tiempo funciona en formas curiosas en las cabezas de las madres. Dije que me hubiera gustado ver por un hoyito cómo sería el futuro. Desde luego, la realidad supera en mucho la fantasías que pude hacerme en torno a ti. Ya no necesito imaginar nada, eres una mujer mayor de edad. Por increíble que parezca, ya pasaron dieciocho años.

En la elasticidad que los recuerdos le dan al tiempo, te veo con el vestido de Primera Comunión y frente a las cámaras de Televisión Española dando una entrevista,  te veo recibiendo el trofeo del campeonato de tenis del Club Asturiano y firmando copias de tu libro en Madrid, te veo con el uniforme del Kinder Hills y hablando en la presentacion de Por escrito. Claro que el pecho se llena de orgullo. También te escucho debatiendo conmigo y dejándome claro los conceptos en los que no estás de acuerdo, te escucho dando opiniones y fijando posturas con esa forma tan dulce y tan contundente y respetuosa que te da identidad.

Siento esas mañanas en las que llegas a dormir cinco minutitos, los últimos antes de empezar el día, o las noches cuando me pides que te arrope, o cuando todavía de noche, se que sigues estudiando o haciendo tareas. Siento la alegría de caminar a tu lado en las mañanas de Acapulco, de la tarde en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, de las callejoneadas en Guanajuato, del créme bruleë en chez eux, de la arena de la playa de Holbox. Siento tanto gusto al comprobar que podemos trabajar  juntas en proyectos en conjunto.

Me muero de risa al recordar la noche en Valladolid, de ima-iname con bigotes, de Vito echándose a nadar en la alberca, de vamos contra corriente, o al verlas a tu hermana y a ti hablando en esos códigos que nada más ustedes entienden. Haz llenado mi vida de alegrías maravillosas y mis momentos de los mejores motivos.

Haz crecido, Andrea. Haz ganado una estatura. Eres fuerte. Ya eres grande. Miro al cielo y digo, esta es la niña que le pedí a Dios. Soy esa mujer que se arrodilló frente a ti para pedirte a esta nena que hoy ya es una mujer. Te pido por ella, como lo hice entonces, como lo he hecho estos años, como lo hago hoy y lo haré siempre. Me escuchaste, señor. Me concediste la petición con la generosidad que te caracteriza, siempre dándome más. Andrea es la mejor prueba de ello.

Te pido para mi hija, que la bendigas siempre, que la tengas siempre rodeada de ángeles, custodiada por arcángeles, que los santos la cuiden y tu madre la tenga sostenida de la mano. Y tú, Dios vivo y único, guárdala en el corazón, muéstrale tu rostro y tu misericordia.  

Insisto, las madres tenemos ese anhelo de detener el tiempo en el hueco de la mano. ¡Qué bueno que no podemos!

Andrea, mi hija, creció. Ya es mayor de edad.

¡Feliz cumpleaños, mi niña! 

  
  

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