Cuando los empresarios tomaron la iniciativa

Mi papá suele decir que si uno no resuelve los problemas entonces, los problemas se resuelven solos, lo malo es que no siempre la solución es lo que queríamos. Resulta que los empresarios se cansaron de tocar la puerta de Palacio Nacional, se enfadaron de que el presidente les pintara cuernos y en vez de ponerse a llorar en los rincones, se arremangaron y se pusieron a pensar qué hacer.

Ante la cerrazón del presidente, los empresarios proponen proteger el empleo. ¿Lo hacen porque son muy buenos? No, lo hacen porque son inteligentes. Hoy, el mundo necesita gente que sepa usar la cabeza y a México le urge que sus talentos vengan con ideas que ayuden y no magnánimos que estorben.

El plan es sencillo y por eso puede ser muy efectivo. Adopta una pequeña o mediana empresa, compra ahí lo que venden, si necesitas algo prefiere la tienda de la esquina, la papelería de la colonia, el restaurante familiar o la taquería de a la vuelta.

Los empresarios dejarán de ahorcar a sus proveedores y empezaran a pagar sus facturas rápido, lo cual les generará liquidez y mejores posibilidades. Compraran inventarios en forma anticipada aunque la entrega se haga después, eso mantendrá a la gente activa, trabajando, conservando el empleo y el negocio de quienes están tronándose los dedos y a punto de quebrar.

Se trata de pequeños empresarios que tienen un taller de autos, un zapatero, un salón de belleza, una tortillería, una lavandería, una ferretería que al ser obligados a cerrar ya no tienen ingresos ni forma de cubrir sus obligaciones.

No suena mal, ojalá se logre. Tenemos que cuidar a nuestros pequeños empresarios porque representan en 97% de las empresas en México, ese es el tamaño y la proporción de lo que necesita ayuda que no recibirá de su gobierno.

Algunas comparaciones entre Turquía y México

Turquía y México son economías emergentes, son países muy religiosos, apegados a sus tradiciones y su gente es servicial. Ambos países están enfrentando crisis migratorias y solicitudes de asilo que no pueden solventar porque no hay capacidad para cargar con problemas propios y ajenos, pero están haciendo lo posible por ayudar.

El alcalde electo de Estambul, que pertenece a un partido diferente al del Presidente Erdogan, ganó en una segunda vuelta con un margen de mucha comodidad. Esta buscando ayuda de los ciudadanos a quienes convoca para hacer comités que impulsen soluciones informadas. Imamoglu, así se llama el alcalde de Estambul cuenta con el apoyo del pueblo no tanto del Presidente. A diferencia de Claudia Scheinbaum, Imamoglu busca solucionar problemas a los que le pone nombre y no culpables. Se ve con ganas de trabajar y no de estar escondido bajo la sombra de un líder paternal, que también acá en Turquía existen.

Erdogan es un líder carismático que la gente dice querer. Es un hombre de mano dura. A diferencia de López Obrador, el Presidente turco fue en persona al G20, a pesar de que en casa las cosas no le salieron como él quería. Fue y se sacó la foto en medio de Trump y Putin. Es un estadista que está elevando las variables macroeconómicas de su país. El turismo ha aumentado en mas del once por ciento, acaban de inaugurar un aeropuerto moderno que me dejó con cierta envidia, la infraestructura es de clase mundial. Erdogan se ve cómodo entre los líderes del mundo. López Obrador mandó a Marcelo Ebrard que sale en la foto algo descolocado, ocupando un lugar que no le corresponde. Queda claro que eso de hablar inglés es una ventaja para la 4T.

A los turcos les da orgullo recibir turistas, son amables e ingeniosos. Si no saben hablar inglés, se comunican con el traductor de google. En Mexico, la hospitalidad es uno de nuestros fuertes. Veo a Turquía con la mirada puesta en el mundo y a Mexico con un presidente que no quiere salir de las fronteras.

Mika Ronkainen, internacionalista de la Universidad de Georgetown dice que el mundo tiene dos ombligos geográficos, uno es México y otro Es Turquía. Estamos en medio de todos. Un país está aprovechando esa ventaja competitiva el otro se esta olvidando de hacerlo.

Confusiones

Dice Dolores Padierna que a casi un año de los comicios, las oposiciones en México no atinan a explicar su estrepitosa derrota. Tiene razón. Los partidos perdedores siguen viendo estrellitas y como que no terminan de recomponerse después del golpazo lopezobradorista. Sin embargo, los ganadores también andan descolocados.

Al gobierno del Presidente López Obrador se le ve estacionado en discursos dicotómicos y polarizantes como si no se diera cuenta de que la campaña ya acabó y el momento de la verdad ya llegó. Las promesas que debían cumplir se van decolorando, se les ve rápidos y furiosos para contrarrestar las quejas y sumisos cuando el exterior dicta agenda.

Tal como lo refiere Dolores Padierna, los políticos mexicanos andan confundidos. De repente, hemos vuelto a la etapa precuauhtémica y en vez de tener Presidente tenemos un tlatoani al que no se le puede cuestionar ni pedir cuentas ni hacer uso de los derechos que da el Estado Mexicano, porque el que piense diferente será arrinconado con el mote de traidor a la patria.

Tristemente, la arrogancia que vimos en administraciones pasadas se repite hoy con la justificación de palabreros oficiales. Siempre han existido los que aplauden irracionalmente a las administraciones actuantes y fueron duramente criticados por quienes hoy asumen esa misma condición. Necios que acusan sin ver que son la ocasión de lo mismo que acusan, dijo por ahí la mente más preclara del Barroco en la Nueva España.

Los desafíos que tenemos que enfrentar son grandes y los políticos no se ven con la talla necesaria. Unos enojados, otros sumisos, algunos defensores incondicionales, otros irracionales, aquellos sin rumbo, éstos desdibujados.No de ve un puente que una las grandes ideas con la satisfacción de las necesidades y el alivio de la población.

Entre tanta confusión, la cuarta transformación y sus opositores se desdibujan. No vemos claridad. Tanta confusión es un drama.

Estúpida esperanza

Parece el título de alguna canción cursi y en realidad es la declaración que hizo Susana Zabaleta en un twit a Sergio Sarmiento. Hace referencia a la euforia que le causó el triunfo de López Obrador y el gusto por ver a La Gaviota volar fuera de Los Pinos porque ahora sí iba a haber dinero para la cultura. Pobre.

La desolación que le causa la realidad, la desilusión de ver que aquello que soñó se está convirtiendo en pan con lo mismo, lejos de darme ternura, me da rabia. Los líderes mesiánicos tienen procedimientos muy similares: prometen y cumplen poco. Ya en campaña, ver como AMLO tocaba niños que le acercaban con la esperanza de sanación nos hacían sospechar en una especie de acto pentecostal más que en uno de campaña.

Pero, así son las caras bonitas. Zabaleta creyó lo que quiso creer, igual que muchos mexicanos. Eso no es culpa de quien promete, es responsabilidad de quien se traga el anzuelo y lleva a muchos que admiran su figura a abrir la boca y engancharse en lo imposible. Es lo de siempre, prometen cielo y estrellas y al final, lo que dan son puros palos.

La esperanza debe de tener fundamentos. Claramente, Zabaleta que quiere dinero para la cultura, no se dio una vuelta por los textos de George Orwell ni leyó Animal Farm, o si lo hizo,olvidó. La ingenuidad se sustenta en un lugar distinto a la estupidez. Un ingenuo no sabe y por eso corre el riesgo de irse de bruces.

Los adoradores incondicionales de AMLO se la quieren comer cruda, sus detractores acarician al gato y dicen: te lo dije. Pero, a decir verdad, no podíamos esperar peras del olmo, ¿o sí?

Ni modo, Susana, esto es lo que hay porque esto fue lo que votaron.

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Una trompetilla al presidente

Hay un dicho que expresa la verdad más pura que existe: el que nunca tiene y llega a tener, loco se quiere volver. Resulta que el presidente López Obrador en uno de esos ataques de inspiración que le dan, se le ocurrió que es buena idea mandar una carta al gobierno español para exigirle una disculpa por la conquista.

Me entristece ver los titulares de periódicos españoles que dicen que México pide a España que se disculpe por la conquista. No, no es México ni somos los mexicanos, ni siquiera estoy segura de que muchos de los que componen el séquito lopezobradorista estén de acuerdo con la ocurrencia del presidente. Pero, a eso nos exponemos cuando le permitimos al ejecutivo levantarse tan temprano a encarar a la prensa todos los días en vez de exigirle que se ponga a trabajar.

Es claro que el Presidente López Obrador se levantó esa mañana con ganas de ayudarle a su esposa que acaba de publicar un libro con el tema de la Conquista y quiere que venda mucho. Es claro que entre tanta ocurrencia, quienes lo observamos, podamos ver su intención polarizadora. Abrir frentes polémicos nos distrae para evaluar lo que debiera estar haciendo en vez de perder el tiempo lanzándole un petardo a una nación amiga. ¿A qué hora se va a poner a trabajar?

Es cierto, la Conquista fue un período sangriento. Pero, me pregunto si tendremos que exigir disculpas al estado de Tlaxcala porque los tlaxcaltecas de aquellos tiempos se aliaron con los españoles para vencer a los aztecas. Ya el gobierno español declaró que rechaza con toda firmeza la petición de López Obrador, ¿qué esperaba? Y más allá de todo, ¿qué buscaba?

Ofrecer disculpas no reparará el daño que se hizo en aquellos años. El rezago de los pueblos indígenas no se repara con un usted disculpe, ni le toca a nadie más que a su gobierno resarcir las condiciones de igualdad, pero, ni siquiera los escucha. Pregunten en el estado de Morelos si los pueblos originarios se sienten contentos con las medidas presidenciales. ¿No debiera el Presidente López Obrador pedirle a ellos una disculpa, a ellos que creyeron en él y ya les dio la espalda en vez de arengar en contra de la España conquistadora?

¿No debiera el Presidente pedir una disculpa a todos los que ofende cada día en sus conferencias mañaneras desde Palacio Nacional amparado por el boato del Estado, a los fifís, a los neoliberales, a los conservadores, a los que no piensan como él, a los que no lo quieren, a los que no lo adoran e insulta cada día?

Tal vez, lo que le falta a López Obrador es darse cuenta. La rechifla que sufrió en Morelos, los abucheos que recibió al inaugurar el estadio de beisbol de Los Diablos Rojos reflejan que este autoritarismo al que nos está sometiendo no nos gusta. Más que exigir disculpas y buscarse pleitos donde no hay, debiera ponerse a trabajar.

Por estos temas, el Presidente López Obrador se está ganando trompetillas en muchos más sectores de lo que a él le gustaría confesar. ¿Y si mejor se diera cuenta de que dejó de ser caudillo y se pusiera a trabajar?

El conservador que hay en el corazón de AMLO

Cuando López Obrador arremete contra los conservadores, cuando se burla, cuando les llama adversarios, a mí me empieza a ganar la risa. Desde hace años, supimos que nuestro actual presidente es una figura que polariza, la congruencia no es su característica más definitoria. Por un lado dice una cosa y por el otro hace lo contrario. Por eso, siempre supimos que muchas de sus promesas de campaña fueron hechas para endulzar las preferencias de voto. Y, es que, aunque AMLO siempre se ha identificado con la izquierda, esconde a un gran conservador dentro de su piel.

Por eso, aunque muchos morenistas tienen pensamientos muy liberales, a López Obrador le cuesta pasar ciertos tragos. No hablemos del matrimonio igualitario, porque ese tema se lo tuvo que pasar aunque quienes lo conocen bien saben que le supo amargo. Pero, ahí están sus convicciones reflejadas en la opinión sobre quien se debe hacer cargo de los hijos —que las mujeres recurran a abuelas, tías o que se queden en casa a hacerse responsables de los niños—, que las mujeres que viven en albergues para refugiarse del maltrato intrafamiliar regresen a sus casas porque su gobierno va a cortar el flujo de recursos a estos espacios de seguridad.

Pero, no es el tema con las mujeres su único rasgo conservador. El ejercicio de poder centralizado, el ataque directo al federalismo al nombrar súper delegados que compartan poder con los gobernadores. Unos, los primeros elegidos por dedazo y otros, los segundos, elegidos por el voto popular, minan a la federación y van a favor del centralismo que no es otra cosa que una manifestación conservadora de ejercer el poder.

El tema de ir contra los organismos autónomos es otro signo de su entraña conservadora. Quiso ir por el Banco de México, ataca la Comisión Reguladora de Energía, va contra el INAI, quiere un Estado centrado en una sola persona: él. ¿Qué hay de liberal en ello?

Por eso, cada que AMLO se ríe de los conservadores a mí también me gana la risa.

El apoyo a un presidente

No hay duda, Andrés Manuel López Obrador sigue gozando del apoyo popular. Mucha gente lo quiere, confía en él, siente devoción por su persona y se rinde ante su presencia. El fenómeno siempre me ha sorprendido. Esa fidelidad a toda prueba que brota de mentes sencillas, de intelectuales, de jóvenes, de viejos siempre me ha despertado curiosidad. ¿Qué ven que yo no alcanzo a ver?

Desde mi trinchera, veo a un hombre que se levanta temprano a dar conferencias de prensa larguísimas, en las que la información se mezcla con imprecisiones, en las que se usa un lenguaje coloquial, en las que el Presidente hace gala de su carisma y me recuerda a Fidel Castro a quien le encantaba dar discursos eternos que se prolongaban por horas y horas. Oigo muchas razones que me parecen sinrazones, escucho buenos motivos que no se concretan: la lucha contra el huachicol ya cobró víctimas mortales en un accidente terrible y no hay responsables que den la cara, las pérdidas por las fallas en la distribución de combustibles se siguen acumulando, los ductos se siguen pinchando todos los días, no se ven muchos avances y sí se esgrimen muchos pretextos. La gente aplaude los esfuerzos presidenciales.

Veo que López Obrador llegó al poder cobijado por el magisterio, sin embargo, son maestros los que tiene tomadas las vías del tren, los que están bloqueando el libre transito de mercancías, que están causando daños a la industria, al comercio, al empleo, a su gobierno y esos maestros no escuchan el llamado presidencial para hacerse a un lado y dejar que la vida económica siga su cauce. La gente apoya al presidente.

Hay huelgas en el sector de la maquila, huelgas que se han declarado inexistentes, hay trabajadores que quieren volver a trabajar, hay gente que está a punto de perder empleo y prestaciones que han ganado por años y años de trabajo porque un grupo de personas les bloquean la entrada a su lugar de trabajo. Parece que la Secretaria del Trabajo no está operando para solucionar el problema, parece que el senador Monreal anda meriendo las manos por ahí, aunque él dice que no es cierto. Las consecuencias en el sector son graves. Nadie puede hacer entrar en razón a quienes están estorbando, se supone que es gente que está del lado del presidente y están haciendo daños irreparables. No importa. La gente sigue fiel al presidente.

El presidente apoya a Nicolas Maduro, decide alinearse a la política que lo aproxima a Uruguay, Turquía, China, Rusia y dar la espalda a la evidente crisis humanitaria que hay en Venezuela, a la falta de legitimidad democrática del sucesor de Chávez y le da la espalda a la visión de la OEA, de Europa, de Estados Unidos. Todo son intereses, está claro. ¿Por qué nos interesa estar del lado de Putin, Erdogan o de Maduro? La gente continúa expresándole devoción al presidente.

Pero, ¿cuánto dura el apoyo leal de un pueblo bueno? Queda claro que las razones para estas expresiones de amparo a un presidente son reflejo del hartazgo de la gente frente a la frivolidad, el saqueo, la corrupción, la indolencia de una clase política que se creyó monárquica y que hizo de la corrupción su sustento. La alternativa que expresa repudio resulta preferible. Pero, cuando la gente empieza a ver que su trabajo está en riesgo, cuando sus deudas aumentan, cuando los bienes escasean y los servicios fallan, cuando las buenas voluntades no se convierten en hechos, cuando las intenciones vuelan por los aires y cuando las promesas se transforman en un peor escenario, yo no sé si la gente siga con esa devoción al presidente.

Es muy pronto para elevar el dedo y dar un fallo contra el Presidente, es muy pronto para sancionar su actuar, pero lo que se ve no se juzga. Las calificadoras no están tan seguras de que López Obrador tenga un buen equipo de trabajo y ya nos bajaron la calificación en Pemex. La pasión que un pueblo siente por sus mandatarios así como da quita. Es necesario sustentar con hechos todos los dicho y, hasta el momento, hemos visto poco y lo que nos han dejado ver, preocupa. Es cierto, nos preocupa a unos cuantos. Muchos siguen dando su apoyo al presidente.

Paredes de fuego

La pregunta es ¿cómo es que no había pasado antes? El robo de combustible es peligroso y ayer se vivieron las consecuencias de perforar ductos que transportan líquidos inflamables. Las imágenes de la explosión llamaron la atención del mundo entero y ¿cómo no? La gente que estaba alrededor del ducto extrayendo combustible quedó atrapada entre paredes de fuego y el infierno se hizo presente en suelo hidalguense.

Los videos que están circulando dan cuenta de militares advirtiendo a la gente que se retire de ahí, nadie hizo caso. En las fotografías previas a la explosión, aparecen mujeres, hombres y una muchedumbre con bidones que ignoraron las advertencias que con prudencia les hacían los elementos del ejército.

Como si se tratara de la boca de un dragón vengativo, el ducto estalló con furia y cercó a todos los que lo habían ordeñado ese día hasta el agotamiento, como si el tubo fuera un animal extenuado, sacó de sus entrañas el coraje contenido y cercó a sus depredadores con un muro infernal de fuego del que no pudieron salir sino muertos o terriblemente heridos.

Quemados.

Muchos llegaron en helicóptero al Centro Médico Nacional 20 de Noviembre. Quienes los recibieron decían que jamás habían visto a personas tan lastimadas, tan deshechas, con tan pocas posibilidades de reconocerse en un espejo. Hay ochenta y un quemados según el Secretario de Salud. Setenta y nueve muertos. La tragedia es de la proporción del problema del huachicoleo.

Tlahuelilpan es la comunidad en donde viven todas las personas que quedaron atrapadas en este cerco de lumbre. El infierno existe, la gente que tiene más de ochenta por ciento de quemaduras en el cuerpo. La perspectiva tiene mal pronóstico. Las paredes de fuego de este averno rodearon a la gente que estaba alrededor de la toma. La explosión fue de tal naturaleza que destrozó todo lo que había ahí, sólo quedó el terreno pelón.

El México bueno

El México bueno del que habla López Obrador existe, sin embargo, parece que el Presidente sólo lo mira cuando se trata de obtener votos, de criticar lo que sucedió en el pasado. Aquí estamos. Somos ese México entrañable que está dispuesto a salir y remover piedras con la esperanza de encontrar vida, a salir a la calle a ofrecer agua y alimento, a ayudar en lo que se pueda aunque no tengamos mucho, aunque no tengamos herramientas o conocimientos técnicos. Somos los que nos ponemos en una fila y ofrecemos nuestras manos para hacer lo que nos digan que hace falta.

Aquí estamos, no nos hemos evaporado. Estamos, más allá de divergencias políticas. Cuando se ha necesitado chairos y fifís, izquierda y derecha, tontos y listos, transformadores y tecnócratas, sabios e ignorantes, intelectuales y obreros, ateos y gente de fe, derechos y jorobados, hombres y mujeres hemos ayudado a nuestros semejantes y a México. Sabemos dar la mano.

Este México bueno merece respeto. Es un México que aguanta la verdad, que no quiere que le den atole con el dedo, que está listo para entender cuál es el problema, enfrentar las consecuencias, ser pacientes y prepararse para lo que se tiene frente a sí. Pero, si no nos ven, si no nos explican, si nos dan una nalgada y nos mandan al rincón, nos enojamos y empezamos a despotricar. Elevamos a voz para decir que la Cuarta Transformación es una Transformación de Cuarta, gritamos en contra de las medidas que nos afectan y nos damos cuenta de que nos están contando mentiras.

La escasez de gasolina nos pone frente a una situación irritante porque desconocemos todo: no sabemos qué la originó ni cuándo va a acabar; no creemos las razones -los huachicoleros siguen vendiendo y ahora lo hacen con descaro alrededor de estaciones de servicio que no tienen gasolina- ni entendemos. El México bueno es inteligente y sensible, si nos explicaran tendríamos claro el panorama y nos organizaríamos para sacar las cosas adelante, ya hemos dado pruebas de nuestra capacidad como sociedad civil.

Pero, no nos ven, no nos hablan, no nos explican. El México bueno quiere que las cosas se hagan en forma diferente, tal como prometieron los que hoy están al frente del país. Pero al igual que antes, al igual que siempre, siguen dándonos atole con el dedo y queriendo tapar el sol con un dedo. ¿No sería mejor que nos dijeran lo que está sucediendo? Háblenos, somos buenos.

Necear

Parece que las necedades en el mundo tienen víctimas, pero los necios siguen ya que los victimarios no las padecen, al menos no en primera instancia. Sin embargo, la obstinación es un escupitajo que se lanza al cielo y la ley de gravedad no se puede modificar. Las cosas caen por su propio peso. El muro atrapa a Trump, las andanzas de Maduro lo condenan al aislamiento, la crisis política de Nicaragua hunde la economía, el Reino Unido pasa aceite con el Brexit y en México a pocos días de iniciado el mandato de López Obrador vemos que las buenas intenciones no bastan.

Las necedades terminan siendo un asunto central y un signo que lastima a los ciudadanos. En Venezuela no se cuenta con el apoyo del grupo de Lima y México se acoge al principio de no intervención para no firmar la condena a los hechos de Maduro. Tal vez, por lo mismo, Mexico guarda silencio ante la crisis nicaragüense que tiene a tantos ciudadanos huyendo en busca de algo mejor, muchos están viviendo en situaciones terribles en la frontera, mientras esperan entrar a los Estados Unidos. Con el tema del muro, Trump se desespera e insulta, acá el silencio de la administración y la templanza del Canciller Ebrard empieza a ser incómodo.

La gente no sólo no está contenta, sino que sufre. Los venezolanos, los nicaragüenses, los hondureños y muchos mexicanos padecen las necedades de sus mandatarios. Necear es una muestra de que se está acabando el margen de maniobra. Las seducciones que se lograron a base de espejismos no pueden durar toda la vida y llega el momento de darse cuenta.

Necear también es signo de falta de pericia. Es ver que alguien llegó a un callejón sin salida y ya se paralizó, no ve opciones, no aprecia alternativa, no tiene otro plan. En Gran Bretaña el Parlamento acorrala a May, Trump tiene cerrada la administración de su país, Maduro recibe condenas mundiales… Hay que entender que no hay capital político que alcance frente a un necio y nadie deja de ver sus afectaciones por más cariño que un político carismático lo intente.

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