Reto WordPress: Tres días de frases favoritas (Día 1)

Por esos raros misterios que se entrañan en Internet, recibí un reto en la forma más inesperada, es decir, en la más grata. El desafío me evoca esos duelos de otras épocas en las que, como entonces, al más puro estilo Winchester, se recibía una guantada cuyo significado era ponerse listo para el lance sin indagar ni el origen ni las consecuencias. Lo prioritario era poner manos a la obra para salir lo mejor librado que se pudiera.

El reto consiste en publicar durante tres días consecutivos entradas relativas a frases favoritas. Así que sin más padrinos que los autores a los que citaré en los siguientes tres días y sin mayores preámbulos… comenzamos.

“Siempre he preferido la mitología a la Historia

pues  la Historia está hecha se verdades que

después de un tiempo,

se convierten en mentiras,

mientras que la mitología está hecha de mentiras que, con el tiempo, se vuelven verdades” 

Jean Cocteau

Los escritores tenemos dos herramientas básicas para trabajar: la palabra y la fantasía. Creamos mundos alternativos para contar anécdotas. Usamos palabras para estirar el tiempo, para regresar o adelantar las manecillas del reloj, para servir de ventana en la que se hace una descripción, para transportar al lector a ese lugar en el que dos personas se conectan: el que escribió y el que lee. No importa que tan lejos esté el lector del escritor, puede que sea la distancia física la que los separe, o el tiempo, la forma de pensar, incluso la muerte. Sin embargo, la conexión se da.

Jean Cocteau nos atrapa en sus redes y nosotros caemos como mariposas. Tiende los hilos de conexión entre dos mundos paralelos que no se han de tocar.  Al leer entramos en ese mundo en el que Don Quijote de la Mancha es más real que la persona que nos atendió en el supermercado y El Infierno de Dante es más temido que la advertencia que nos hizo el jefe apenas ayer. Puede ser que jamás hayamos pasado los ojos por las líneas de Cervantes o de Dante pero todos sabemos de lo que estoy hablando.

La Historia, dice Manuel León Portilla, no la escriben los vencidos y, por lo mismo, está llena de patrañas de autoinmolación y adoración al ego que tienden a alterar lo que verdaderamente pasó. Sucede todos los días y después de un tiempo, gana más peso lo que no sucedió que lo que en verdad pasó.Nada más basta escuchar a un fanfarrón para entender de lo que estoy hablando. ¿Cuántas veces hemos visto que alguien se adjudica el éxito de otra persona? Hay muchos cínicos en el mundo.

Sin embargo, a diferencia de Cocteau, no creo que la repetición desfachatada e innumerable de una mentira la convierta en realidad. Por curioso que parezca, la verdad encuentra su camino y se hace escuchar. Algunos héroes históricos pierden brillo y los villanos emblemáticos ganan indulgencias. La verdad camina y alcanza a la mentira.  Basta pensar en Maximiliano de Hapsburgo o en Porfirio Díaz, el tiempo les ha ido quitando el barro que les fue lanzado en forma flagrante. Pero, la Historia siempre causa controversia.

En cambio, como dice Cocteau, la mitología está hecha de fantasías que al paso de los días ganan corporeidad. Un personaje de novela puede llegar a ser tan entrañable que seconvierte en un alter ego, no solo de su autor, sino de muchos lectores. La fantasía es el material más fino del que se nutre un escritor. Incluso Truman Capote, en A sangre fría, cuyo estilo narrativo pretende ser absolutamente fiel a la verdad de la anécdota que cuenta, se vale de la fantasía para aderezar las descripciones realistas. Hasta el que quiere serle fiel a lo verdadero, falla si exagera o si omite ciertos detalles.

El puente que se tiende entre la verdad y la fantasía, entre el que miente y el que fabrica ensueños, es el objetivo que tiene quien las crea. Uno sabe distinguir perfectamente entre la figuración y la realidad. Cervantes siempre supo que el lugar de la Mancha al que él se refería, salió de su imaginación. Un vulgar mentiroso no cuenta con ese discernimiento.

Sí. Por esos misteriosos caminos del Internet, me llegó un reto que es real y me hace referirme a la ficción. Enhorabuena, he tomado el reto y como dice el dicho, es de bien nacidos ser agradecidos. Gracias, Patricia

Patricia Álvarez, bloggera que publica Big Ben Antigüedades y Coleccionismo, es peruana y escribe sobre la pasión que siente por lo antiguo. Visiten su espacio bigbenantiguedades.wordpress.com para adentrarse en ese maravilloso mundo del que busca una pieza de otros tiempos y la aventura que ello implica.
  

Estas son las bases del Reto WordPress:

1.Publicar en tu blog tres veces consecutivas una frase, una entrada cada día. La frase puede ser de un libro, de un autor, o tuya.

2.Etiquetar a tres blogueros-as con cada entrada que publiques para retarlos.

3.Agradecer al blog que te nominó.

El verdadero problema del INE

¿Es posible jugar un partido de futbol sin arbitros? Sí, claro que es posible. Entonces, ¿para qué se necesitan? Para que el partido se desempeñe conforme a las reglas y que el resultado sea obtenido por los méritos, preparación y habilidad de los participantes y no por el desaseo de los jugadores. Un árbitro debe cuidar la limpieza y la equidad de las condiciones del partido, pero de que se puede jugar sin ellos, se puede. La consecuencia es caer en la tentación del atajo, de la trampa y de la suciedad. Sin árbitro, esas prácticas quedan al juicio de las partes y,en última instancia, el tramposo será relegado pues nadie querrá jugar con él. 

La democracia es similar a un partido de futbol, sin embargo, no es una cascarita llanera. El acto de elegir a servidores por medio del voto, implica una serie de procedimientos que deben ser vigilados, regulados, transparentados ya que en ello va el destino de los pueblos. Las consecuencias del juego democrático van más allá de un marcador, por ello, un árbitro que cuide las formas y que garantice la limpieza es indispensable.

En México, estos árbitros salen muy caros. Los mexicanos hemos querido pagar ese precio para garantizar que el voto sea respetado. De las autoridades electorales hemos visto de todo, los que son verdaderos ejemplos y los que han sido títeres al servicio de manos ocultas, o de intenciones que de tan visibles, se vuelven cínicas. Lo curioso es ver como hoy esos árbitros se quieren desmarcar de su actividad principal y dejarle a las partes actuantes la responsabilidad que ellos deberían asumir.

En el tema del Partido Verde Ecologista, que ha violado sistematicamente las reglas electorales, que ha traspasado los niveles de decencia en forma reiterada, que se ha convertido en una figura de vergüenza democrática, el Instituto Nacional Electoral decide ignorar las reglas y dejarle a las urnas la posibilidad de castigo a un partido que hace trampa en todo momento y en todo lugar. La ilegalidad del Partido Verde ni es secreto ni es novedad, sus engaños han sido señalados y ha recibido pequeñas sanciones. Son pequeñas porque el verdadero castigo sería quitarle el registro a este, evidente, negocio familiar que pagamos todos los mexicanos, que ha servido para enriquecer a unos cuantos y que viola y se burla hasta el cansancio de la autoridad.

¿Qué pasa en un partido de futbol cuando un jugador se burla del árbitro? Le sacan la tarjeta roja. Pero aquí el árbitro no quiere expulsar al jugador, quiere que seamos los electores los que nos encarguemos de hacer la tarea que les corresponde. Entonces, me pregunto, ¿para qué están ellos ahí? De que sirve el dineral que sale del bolsillo de cada mexicano y se les entrega a ellos. Recorde os, de que se puede jugar sin árbitros, se puede, con más ganas si la garantía de limpieza, transparencia y respeto de las reglas no se está dando. Lo malo es que la intención de voto por el Partido Verde sigue creciendo. Nos meten goles gracias a que el árbitro está distraido, o se hace el desentendido. Dejar que en las urnas se repliegue al tramposo es muy arriesgado.

El juego democrático a diferencia de un partido de futbol es que el resultado en las urnas nos afecta a mucha gente. El riesgo es que ante la tibieza del arbitraje, otros empiecen a doblar las reglas y entonces la democracia mexicana se vuelva una cascarita llanera de dado cargado. Ese es el verdadero problema del INE.

  

¿Qué es lo que está pasando en el Vaticano?

Ayer por la noche le pregunté al concierge del hotel a qué hora estaría bien llegar al Vaticano para entrar a la Basílica de San Pedro. El hombre, un romano de sesenta años, más o menos, arrugó la boca suspiró y contestó lo que seguro le dijo a varios otros turístas, a las siete de la mañana. No, no. No quiero entrar a los Museos Vaticanos, quiero ir sólo a la Basílica. Siete de la mañana, señora, si no quiere hacer una cola de varias horas.

Me retiré del mostrador con la certeza de que el hombre ni me había entendido, ni me había querido entender. De todos modos, nos levantamos temprano, desayunamos a toda prisa y a las nueve de la mañana estábamos frente a la Columnata de Bernini. ¡Santa María! ¿Qué está pasando en el Vaticano? Efectivamente, la cola traspasaba la frontera del Estado que se anida en Roma. Pregunté al policía y me dijo que el tiempo estimado para entrar era de tres horas y media, tal vez cuatro. El corazón se me hizo pasa y el estómago un nudo. 

Por supuesto, de inmediato, un argentino se acercó y me dijo que por módicos cien euros podíamos unirnos a un tour para visitar los Museos, la Capilla Sixtina y al final entrar a San Pedro. ¡Dios mio! Si quieres llegar a pasar, sin insolaciones y quemaduras solares de tercer grado, hay que pagar. Aclaro, el que quiera entrar sin pagar, puede. Claro, todo tiene un precio. El fast track cien euros, lo otro, horas y horas bajo el rayo del sol. Hablar de las multitudes que encontramos en los pasillos de los edificios está demás. Ni el Louvre, ni Versalles, ni La Sagrada Familia, ni nada se compara con el apetito que está generando el Vaticano entre la gente del mundo. Si para entrar a San Pedro la cola era larga, para hacerlo a los museos era eterna. Imposibe decir dónde había más gente.

¿Qué pasa?, le pregunté al guía. Es el Papa Francisco, desde que inicio su pontificado esto es así y todos los días son temporada alta aquí. Esta cola se ve en junio como en enero, con calor o lloviendo, en invierno y en verano. La Plaza de San Pedro y sus alrededores están atiborradas de personas que quieren entrar. Nunca vi una cosa igual. Asistí a misa con Juan Pablo II aquí en San Pedro, a una audiencia de los miércoles en la explanada y ni entonces había estas multitudes. Recién elegido Benedicto XVI, la monjita que estaba a cargo de la tiendita de souvenirs me dijo, el Vaticano se siente muy solo, había poquísima gente. Hoy está abarrotado.

Quisiera saber qué mueve a toda esta gente a venir. Ciertamente no es únicamnte fe pero tampoco es cultura. La gente que está en los museos es mucha pero es más la que entra a San Pedro. Los lugares de oración, frente a la Capilla de San Esteban, donde está Juan Pablo II y frente a la capilla de San Jerónimo, donde están los restos de Juan XXIII, tienen fieles que hacen oración, pero no son la mayoría. El ábside, reservado a la oración tiene gente, pero no tanta. Tampoco es el espacio de las selfies por antonomasia, ¿entonces? 

Es curioso, el guía sonríe al ver mi cara. Es el fenómeno de Francisco, te lo juro. Ya de regreso, en el taxi, el chofer nos cuenta que fue integrante del coro de la Capilla Sixtina. Me confirma las palabras del guía. También me dice que algo parecido sucedió con el Papa Bueno, Juan XXIII atraía multitdes, tal como lo hizo Juan Pablo II, especialmente en los primeros años de su pontificado. Sí, puede ser y puede que no lo sea. Lo que sí pude confirmar hoy es que algo diferente pasa en el Vaticano que está atrayendo multitudes, quisiera saber qué es.

¿Por qué todo es diferente desde una ventana en Venecia?

¿Por qué será que todo es diferente desde una ventana en Venecia? Las cosas, los colores, la gente cambian de dimensión. Los colores deslavados de las fachadas no lucen descuidados, la ropa que cuelga en un cordel y se seca al sol tiene toque, las palomas en San Marcos son poesía y no plaga y una tuberia oxidada no esta nada mal,    ¿por? Hay magia en esta ciudad a la que entra el agua y le gana territorio

Después del fin de semana largo en Italia, del puente de Pascua en el pareció que todo Europa tuvo la idea de venir a pasarlo a Venecia, la ciudad amanece menos ruidosa, más dorada. Ayer, lo más próximo a la Babel bíblica se veía desde la ventana de la habitación del hotel. Las palabras en inglés, italiano, francés, español, portugués, alemán chino y sabra Dios cuantos más se oían en cada rincón, en cada plaza. Unos iban a la Piazza de San Marco y otros al Ponte Rialto. El día fue soleado pero con cuatro grados de temperatura. 

En Venecia los ritmos cambian. El vuelo desde Barcelona al aeropuerto de Marco Polo duró menos que lo que hizo el vaporetto hasta la Piazza de San Marco. El recorrido, a veinte kilometros por hora nos permitió ver Murano, Lido y la isla del cementerio. No hay prisa y me imagino que todo está friamente calculado para que los pasajeros no nos mareemos, y lo agradezco de corazón. Por fin llegamos.

El Palacio Ducal contrasta con el cielo tan azul y el campanello es casi tan lindo como la sonrisa que tiene Dany. Abre los ojos, se frota las manos. Mira a un lado y al otro, vuelve a sonreír pero cada nueva sonrisa es más grande. Me gusta verla así. Señala en todas direcciones y los ojos se le ondulan, como queriendo captar todo al mismo tiempo. 

Aventamos las maletas en el hotel y caminamos al Ponte Rialto, nos asoleamos un rato en el mercado de especies y nos sentamos en el muelle a ver pasar góndolas. También subimos a una y escuchamos al gondolero cantar Santa Lucía. Pero de repente la Rüblica China entera está presente y se hace dificil caminar. No hay lugar que no estén ocupando. Corremos al hotel. Desde la habitación vemos pasar tantos turístas que van a San Marcos. Abajo se empujan, acá los observamos. Sí, Venecia se parece mucho a la Babel bíblica.  Pero hoy amanece menos llena, o tal vez la gente siga dormida.

Lo cierto es que desde una ventana en Venecia, por alguna extraña razón, tal vez mágica, las cosas cambian de dimensión, las campañas se oyen diferente y como que se respira distinto.    

Economía colaborativa

El mundo está cambiando y hay transformaciones que son para bien. Hoy, existen nuevas formas de hacer las cosas, que apenas salen del cascarón encuentran un impulso desarrollador y en poco tiempo extienden su influencia alrededor del mundo. También, en estas épocas, estamos viendo como conctos viejos se recliclan y vuelven a ganar vigencia para convertirse en una práctica que a un tiempo sorprende y se vuelve común. Algo así está sucediendo con la economía colaborativa. 

La nueva realidad en expansión está impulsando modelos económicos que se basan en la abundancia de compartir. Es buscar una forma de cooperar apoyándo las cadenas de distribución y consumo en forma responsable. Es dar la mano y hacer negocio. Este concepto que suena como una utopía del nuevo milenio se hace realidad gracias a los desarrollos tecnológicos que han llenado vacíos y acortado distancias. Ya todo es posible en el mundo de Internet.

La economía colaborativa es una forma de hacer negocios que tiene una base que no parece tan empresarial y que, a pesar de ello, funciona. Es centrar al ser humano como una creatura creativa que es el núcleo de un sistema activo, con capacidad de pensamiento y decisión, en vez de visualizarlo como un consumidor pasivo, receptivo y sin capacidad de elegir.

Hoy, es cada día más común hablar de economía colaborativa, de lo mejor que es hacer las cosas cooperando, de tomar el presente en las manos y ser creadores del futuro que esperamos, en vez de espectadores quietos y obedientes. No es un llamado de guerra, es todo lo contrario, es generar riqueza por medio de la ayuda mutua que beneficia a cada parte de la cadena de valor.

Su más grande fortaleza es el avance tecnológico que posibilita impactos sociales, ambientales

 y económicos positivos. La debilidad que lo vuelve más vulnerable son las viejas formas de pensar que dictan un actuar egoísta y temeroso que impide la colaboración. Claro, no hay que ser ingenuos, para entrar a un esquema de economíacolaborativa  y que todos ganen hay que pasar por un proceso de reflexión y análisis. Debe haber claridad tanto en los benedicios y las responsabilidades.

Eso que suena tan ídilico y dificil de aterrizar, por esos misteriosos reglones que escribe el dedo de Dios, se está convirtiendo cada vez más en una realidad maravillosa, que esá sacando negocios adelante, con buenos margenes de utilidad. Sí, en el mundo las cosas están cambiando, algunas de ellas para bien, otras para mejor.

Las maldades del diablo

Cuando era chica, imaginaba que el diablo era un ser poderoso que ayudaba a los malos a cometer fechorías. Siempre imaginé que era una especie de hada maléfica que les concedía todos los deseos que causaban mal en el mundo. Algo así como un rey rodeado de huestes sulfurosas y soldados recios que premiaba a los que contribuían a la traición, al desorden, a la hipocresía, al abuso, al sacrilegio, en fin, a la muerte. En mi lógica infantil, el diablo era un protector de los malos y los buenos teníamos que luchar contra ellos para replegarlos y que no nos ganarán. También creía que los malos siempre perdían y el bien triunfaba.

La vida me enseñó que los malos tienen muchas ventajas. Por años pensé que los diabólicos ganaban, que algo andaba mal porque en el equilibrio de fuerzas, las armas de ellos eran poderosoas y efectivas. Además veía la protección maligna como el reflejo de la impunidad, de la descomposición, de la degradación. Volvía a mis imagenes infantiles e imaginaba al diablo sentado en un trono, entre llamas, frotandose las manos, sonriendo satisfecho, elevando los cuernos puntiagudos y apapachando a sus enviados a la tierra.

Pero, no es así. El diablo es un ser solitario y seductor. Los que caen en sus redes no reciben su protección, entran en un laberinto tortuoso que los lleva al peor de los sufrimientos, la autoflagelación. No exagero. Al ver la forma en que vivía Servando Gómez, en una miseria total, a salto de mata, sin comodidades, asustado todo el tiempo, padeciendo de fidelidades con la fragilidad de un billete y teniendo que demostrar su poder a base de balas, entendí el dicho popular de que en el pecado está la penitencia. ¿De qué le sirvieron los tributos, las cuotas, las extorsiones y todo el dinero mal habido si no tenía una almohada para descansar por las noches? El diablo no le concedió ni eso.

Lo mismo sucedió con el Chapo Guzmán. Lo atraparon en un departamento en el que ninguno de los millonarios de Forbes viviría. Un lugar modesto, sucio, desordenado. Él disminuído, tal vez enfermo, sin atención médica adecuada, corriendo por todo Sinaloa para evitar lo que de todos modos llegó, estar tras las rejas. ¿Para que tanta logística? ¿De qué le sirvió agarrar a billetazos a medio Mazatlán y sus alrededores? De nada. ¿Y Malverde? Lo dejó solo en la hora buena.

También les pasó lo mismo a Hussein, a Gadaffi, a Osama y casi podríamos pensar en cómo terminaron los grandes tiranos del mundo y de la Historia y son finales muy similares. Hitler acabó en un búnker, sitiado por sus enemigos, asustado, antes de llamar a la muerte. La maldad del diablo está en la combinacion seducción-abandono. Primero loa avienta al ruedo y luego los abandona. Así se quedó Judas colgando del árbol aquella noche tan triste. Nadie lo acompañó.

No sólo sucede con los grandes malditos, también los pequeños malvados llevan la misma receta. Esos que perpetran traiciones familiares, esos que envenenan el alma, esos que se quedan con lo que no les pertenece, esos que golpean, que insultan, que bejan, reciben su cucharada diabólica cada que hacen una maldad. El que mata a sangre fria, por la noches padece delirios. El que ofende por deporte se llena la voca de amargura. El que traiciona vive obsesionado con ser objeto de la misma moneda.  Cada uno padece la soledad del diablo. Esa que toma corazones, que amarga almas y arruga rostros. 

No el diablo no es como lo imaginé. No es un hada maléfica que concede deseos a los que se portan mal. Me he dado cuenta que sus armas son poderosas, pero que son como cuchillos de doble filo. Al lastimar, tambien se hacen daño.

Amparo

Hoy Madrid respira menos, no hay duda. España se encogió las primeras horas del día, las calles de Chueca se sienten más vacías y en la Gran Vía se abrió un hueco, no en el pavimento, en lo más profundo. Amparo, mi amiga, se fue luchando. Se despidió de la misma forma en que llevó la vida, sin bajar los brazos y con la mirada en alto. A simple vista, parece que el cáncer ganó la batalla. No. Ganó la vida. Esa en la que se quedan sus risas, su fuerza y su gran capacidad de lucha. Ella cruzó el umbral entre la tierra y el cielo de pie. Ese es el más grande triunfo que puede tener el ser humano, la forma en que decidimos salir. Ella decidió irse entre sonrisas y de buen  humor.  

Amparo no se asustó ante la sentencia que recibió hace meses, ni se empequeñeció ante lo que había de venir. Sucedió todo lo contrario. Con valentía se tomó los días por su cuenta, cada vez que hablé con ella, sus palabras fueron de entusiasmo, inyectaban esperanza. Como suele suceder, ella lucía más serena que los que la escuchábamos hablar. Esa fortaleza es su legado.

La recordaré subiendo a la Piramide del Sol con los ojos encendidos, o extasiada contemplando la Bahía de Acapulco y diciendome que sí, que era la más linda del mundo, o a carcajada limpia al ver que mi padre le quitaba la cáscara a las naranjas de Valencia y luego me las daba. ¡Cómo se reía de mí!  La evocaré en ese lugar en el que Hemingway escribía sus notas de la Guerra Española, haciendo del trabajo duro y limpio su mejor bandera. Me acordaré siempre de su voz. Echaré de menos los abrazos y el cariño. ¿Quién me va a consentir ahora en las mañanas madrileñas?

Me hará falta al comer un plato de Paella, al tomar un vaso de sidra, al entrar a España, al pisar Madrid, al pensar en Vicalvaro, al ver a Irene, su mejor reflejo y su mayor orgullo. La distancia es cruel, México y la capital española están tan lejos. Sin embargo, mis suspiros se escuchan en piso madrileño y el abrazo que quiero dar traspasa el océano y corre con velocidad a estrechar a la única hija de Amparo.  

No se deberían ir amigas. No se nos deberían adelantar. Hay espacios que nunca se rellenan y ausencias que no se podrán sustituir. Amparo es referente, no hay forma de que piense en Madrid sin evocar su rostro, sin escuchar su voz. No la habra. ¡Buen viaje, querida amiga! Nos vemos en el cielo.

 

Produciones Ilimitadas La Tuta

El aire que se respira en Michoacán es más ligero. Desde que se llevaron de esas benditas tierras al jefe supremo de los Caballeros Templarios, como el ambiente está menos cargado y resulta más sencillo salir a la calle, ir al mercado, levantar la cortina del negocio, abrir la puerta de consultorio, ir a labrar la tierra. Es más fácil vivir. ¿Cómo no? Siempre que se va un tributador, los que pagan se sienten contentos. A nadie nos gusta pagar contribuciones, no hay quien vaya encantado de la vida a dejar billetes conseguidos con trabajo y por la buena. Pero la extorsión es un buen recurso recaudatorio. Me sorprende saber que cada aguacate michoacano que puse en mi mesa, pagó su parte a las arcas templarias. Hoy, con Sevando Gómez en la cárcel, esa actividad recaudatoria paró. 

Pero no son los empresarios, los comerciantes, los agricultores, los emprendedores y la gente de bien los únicos que respiran con alivio en estos días. También aquellos con los que La Tuta compartió el pan, la sal y sabrá Dios cuantas cosas más, están pegando de brincos. Servando Gómez guardaba una videoteca en la que evidenciaba las buenas amistades que sentaba a su mesa, en las que mostraba a personajes centrales de la vida michoacana comiendo, bebiendo, cantando y maquinando con el jefe de Los Caballeros Templarios.

Como un beso de Judas, versión remasterizada, La Tuta invitaba a festejar y a compartir momentos a gente de la impostura de presidentes municipales, hijos de gobernadores, secretarios estatales, empresarios y todo tipo de potestades. Muchos, gracias a la difusión de esos videos están presos. Primero los vemos, felices, departiendo con uno de los personajes más buscados del país y luego de besar al diablo, los encontramos tras las rejas. Muchos decían que era imposible no aceptar una invitación del señor Gómez, no lo dudo. Pero el que nuega con cerillos se quema. Ni modo que no lo supieran. 

Pero las producciones de Servando Gómez ya pararon. Ya no se verán a los personajes prominentes que disfrutaron de la mesa del señor Templario. ¿Cuántos se habrán salvado de pasar semejante vergüenza? ¿Cuántos se ahorraron el sonrojo de verse en las pantallas de televisión nacional o la mortificación de aparecer a ocho columnas en los diarios de la nación? ¿Cuántos faltaron? 

Por eso, en la tierra bendita de Michoacán de Ocampo, hoy la gente respira ligerita, unos por una razón y otros por otra. Ahí, cada quien sabe las suyas.

Basura electoral

En México se producen diariamente ochenta y seis mil trescientos cuarenta y tres toneladas de basura, según reporta el INEGI. Estos significa que cada mexicano genera cada día setecientos setenta gramos de desperdicio y la cantidad va en aumento. El problema es grande ya que el ochenta y siete por ciento va a parar a tiraderos a cielo abierto y el trece por ciento restante llega a rellenos sanitarios que están casi saturados. Cada uno deberíamos tener conciencia y manejar prudentemente los deshechos, fomentar la cultura del reciclaje y poner los despojos en su lugar.

La basura es foco de infecciones y es uno de los principales elementos que afean los pueblos y ciudades de un país tan hermoso. Uno de los referentes de progreso o retraso en términos de civilización es el control de contaminantes. Plazas sucias, parques basurientos, esquinas con montones de despojos, vecinos que avientan sus cochinadas al patio ajeno, o que dejan bolsas llenas de desperdicios en la calle porque no han pasado a recolectar, son padecimientos de un país que no termina de florecer. Sí, el manejo y la educación con respecto a la basura es un reflejo de civilidad y progreso o, en sentido contrario, de la falta de respeto y consideracion que hacen lucir el retraso. 

Una comunidad sucia grita en silencio su rezago. En su pecado lleva la penitnecia. El que avienta mugre al ambiente, la termina respirando. El que tolera los montones de bolsas de basura en las calles, tiene que aguantar el mal olor, el zumbido de las moscas y se resigna a vivir en un espacio feo. No es un mal menor. Tener espacios bellos, cuidados, limpios es un signo democrático ya que beneficia a todos los habitantes por igual. Además, tener un lugar aseado es tan fácil como que cada quien se ocupe de no ensuciar.

Pero parece que nuestros políticos no son conscientes de este grave problema, entre otros. O, es posible, que en su gran soberbia, piensen que sus campañas y sus propagandas hermosean las ciudades. No. Sus bellas caras en pendones, en volantes, en espectaculares son elementos contaminantes. Todo el plástico que se usa para hacerlos vicia el panorama, lo hace feo. Ensucia ¿Por qué lo hacen?

Los ciudadanos tenemos que soportar caras con sonrisas falsas, promesas olvidables, peinados perfectos, caras estiradas, palabras necias. Literalmente, el dinero que invierten en tanto plástico, es basura. Los que idean estas campañas logran lo contrario de lo que pretenden, en vez de causar simpatía y generar interés que gane votos, logran encender el repudio de la gente. Nos martirizan con porquerías electorales y creen que con esa basura engañan a la gente. No, para nada.

Lo peor de todo es que cada uno de nosotros pagamos la producción de esa ponzoña. Pagamos con nuestro dinero y de muchas otras formas más: con padecimiento al ver como ensucian nuestros espacios, al ver postes retacados de imagenes que se quedarán ahí por años, porque nadie las quita. Me da risa ver como en Coyoacan todavía hay pendones que invitan a votar por Mauricio Toledo para jefe delegacional, y él ya ni siquiera está en el despacho. Pronto, sus nuevos pendones se mezclarán con los viejos, lo único que se reciclarán son las promesas olvidadas y los compromisos incumplidos.

¿Por qué no parar la producción de tanta basura? ¿Por qué no detener el desperdicio desde hoy?  Eso verdaderamente ayudaría a aliviar un problema que crece a diario. Sin embargo, parece que esto de resolverle problemas a los ciudadanos no le concierne a la alcurnia política. 

Mañana de sábado

Hay algo mágico en las mañanas de sábado. Ese despertar sin prisas o ese primer sorbo de café tienen un sabor especial. Desayunar entre sábanas hace que la fruta tenga colores más brillantes y que la textura del pan tostado toque la perfección.
En esos primeros minutos de la mañana de sábado está el hechizo que detiene las preocupaciones semanales, las pospone, las avienta hacia adelante. No hay lugar para dolores ni aflicciones. No. Es un espacio reservado a sentir la belleza de un músculo que se estira, un bostezo que de un bocado nos llena de vida y expulsa el cansancio.
El jugo de toronja tiene el tono de rosa perfecto y el sabor del mamey recupera los sueños que se desgastaron de lunes a viernes. ¡Benditas sean las sábanas que nos envuelven las mañanas de los sábados! En ellas se acuna la sonrisa más sencilla y el corazón se aligera.
No hay mejor medicina para la vida que abrir los ojos y darte cuenta de que es sábado. En ese parpadear que nos trae a la conciencia, que nos separa del mundo de los sueños, el regalo de enterarse que no hay que saltar de la cama y entrar al vértigo de lo que sigue es un bálsamo que deja lista la voluntad para lo que ha de venir.
No hay mal que resista la mañana de un sábado, ni pena que pueda con la satisfacción de despertar despacito. La cabeza en la almohada, el cuerpo entre cobijas, la voluntad quieta y los sueños que si quieren se echan a volar y si no, no. Esa es la maravilla de la mañana de un sábado.

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