Lo que desearon en Barcelona

Dicen que hay que tener cuidado con lo que se pide ya que se nos puede conceder. En Barcelona, los habitantes estaban hartos. Ya no querían tanta gente en la Ciudad Condal. Muchos turistas en las calles, en los restaurantes, en el estadio, en las tiendas, les quitaban la posibilidad de gozar. Mejor que se vayan. Recientemente, hubo manifestaciones y expresiones de turismofobia. Además, muchos que ni siquiera son catalanes se fueron a vivir ahí dado que muchas empresas se fueron a afincar en Cataluña.  Lo que para otros sería el cielo, para los habitantes de esa hermosa ciudad era una pesadez. 

Parece que desde el domingo de la semana pasada, se les está cumpliendo el deseo a los barceloneses. En desbandada, ante la posibilidad de que aumente la violencia, los turistas han borrado ese destino de sus intenciones de viaje. El Prat se volverá un aeropuerto tranquilo, sin tantos vuelos, y el puerto dejará de recibir tantos cruceros. Las empresas están saliendo de Barcelona ante la posibilidad de que Cataluña proclame su independencia. ¿Eso era lo que querían?

Me apena ver lo que pasa en Barcelona. Carmen La Foret, en su novela Nada, describe la ciudad como un espacio poco iluminado, lugubre, sombrío, triste. Eran los años de la primera mitad del siglo XX. El esplendor del lugar se empezó a dar a partir de los Juegos Olímpicos. Para poder servir de sede, se invirtió mucho. En los años ochentas se impulsó la transformación y cada que tuve la fortuna de estar ahí, la ciudad se veía más chula. 

Barcelona se convirtió en ejemplo, en referente del bien hacer, del rescate de los espacios urbanos. Claro, todos los que veíamos las mejoras cuando estabamos de visita, nos sentiamos contentos. Sin embargo, la última vez que estuve allá, la amabilidad se transformó en hostilidad. En muchos restaurantes del Paseo de Gracia, los meseros me contestaban en inglés si les hablaba en español, cuando se enteraban de que era mexicana se relajaban un poco y algunos sí contestaban en español, otros preferían no pronunciar palabras en castellano. Al pagar la cuenta en el Hotel Avenida, el recepcionista me dijo que si queria que me hablaran en español me fuera a Madrid. Eso hice. 

Por primera vez, no me sentí tan bienvenida como otras veces. Visitar la Sagrada Familia fue caro, entrar a la Catedral, también. Los taxistas cobraban tarifas exorbitantes. En fin, sentí que los catalanes estaban muy enojados. Me dio pena, con lo bien que habían hecho las cosas. Siempre he creído que esa tierra aloja gente industriosa que además sabe combinar el arte y el buen vivir. Pero, se olvidaron de estar contentos por su logro. 

No son todos, me decía mi amiga Carme que es originaria de ahi, lo malo es que son muchos y hacen ruido. Estos que se han mareado y han hecho del amor a lo catalán desprecio a lo diferente no somos todos. Me decia como apenada. Lo malo es que si los tratas de contradecir, capaz que te cortan la lengua y te mandan a la hoguera. No entienden y no escuchan. Están apoyados por una fracción de politicos que se han dedicado a manipular y a calentar cabezas. 

Pues, hoy veo una foto de Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, en una reunión con los consules afincados en la ciudad, tratando de convencerlos de que no se asusten, que todo está bien, que la ciudad es segura, que se puede confiar. Pues, ¿qué no era eso lo que querian? Sacar a todos y cerrar las puertas para vivir felices para siempre. Hay que tener cuidado con lo que se desea. Por lo pronto, ya empezó la desbandada de empresas y los turistas están cancelando sus viajes para allá. ¿Quién gana con todo esto?

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Nos desmoronamos

Me gustaría que fuera una metáfora, al menos así tendría el consuelo de la fantasía. Es real. El suelo nos hace hoyos y sálvese quien pueda si te toca pasar por ahí. Trágame tierra ya no es una expresión que se pueda pronunciar tan ligeramente en territorio mexicano, tenemos que tener cuidado con lo que deseamos, corremos el grave riesgo de que se nos cumpla. Hoyos y socavones se convierten en algo tan cotidiano que nos arrebata la posibilidad de sorpresa.

Entre nubarrones, tormentas eléctricas, aguaceros y charcos se esconden esos elementos que los ingenieros llaman vicios ocultos. Estos vicios ya llegan a las avenidas más importantes de la Capital de la República. Los capitalinos sabemos de la importancia de salir a tiempo. Diez minutos se convierten en un retraso de una hora. Hay que salir justo a tiempo para no irte jugando la vida. Pero, ser puntual no basta. Ahora hay que ir esquivando baches que no sn hoyitos sino verdaderos pozos. 

Además, las lluvias traen sus complicaciones. Un charco se puede convertir en la simulación de un barranco profundo. El agua roba la perspectiva. Caí en una de esas grietas. El golpe me hizo saltar en el asiento de conductor, me asusté y el tablero del auto reaccionó. El neumático no tiene presión. Hay que detenerse para no sufrir un accidente. ¿Otro?

El reloj avanza, hay que llegar a tiempo, el auto advierte de los riesgos de seguir avanzando. Aprieto los puños, enseño los dientes, respiro profundo, golpeo el volante. Me sale humo de las orejas. Resopló. No voy a llegar a tiempo. No voy a llegar a tiempo. De nada sirvió poner a tiempo el despertador, ni levantarme al punto, ni bañarme rápido, ni arreglarme de volada, ni todos los cálculos milimétricos para cumplir con las obligaciones en tiempo y forma. 

Se abre la tierra y, entre sus grietas, se nos va la planeación del día y las prioridades se nos desajustan. Como quisiera que fuera una metáfora, así no habría muertos que llorar, ni parientes que indenmizar, ni tráfico que padecer, ni llantas que cambiar, ni cheques que firmar, ni gastos imprevistos que afrontar. Así podría llegar a tiempo, en vez de tener que pasar a una vulcanizadora. Dios, ojalá todo fuera un pretexto literario.


 

Los invito…

Los invito…

La petición de la Guardia Civil en Barcelona 

Otro golpe de terror. Barcelona cae víctima de la intolerancia, del odio y de la crueldad. El desprecio vuelve a protagonizar la narrativa de las lágrimas. La noticia recorrió los kilómetros y me llegó en forma de imagen al celular. No supe ni lo que estaba abriendo cuando ya enfrentaba el horror. La agencia noticiosa que daba a conocer los hechos en Las Ramblas subió un video de alguien que iba caminando, filmando a personas en el suelo, unas inmóviles y otras lastimadas junto a un charco de sangre. Ahora le tocó a Barcelona, trece muertos y más de cien heridos. Los sucesos tenían algunos minutos de haber tenido lugar.

En instantes, antes que nada, la primera reacción fue tocar base con la gente querida que vive en Barcelona. En seguida, la reflexión. Las imágenes eran brutales. Las redes sociales se poblaron de fotografías dramáticas. Las personas que vi, estaban en el suelo, victimizadas, dolientes, sin defensa. La pregunta gira en torno a lo que se debe hacer: mostrar e informar o abstenerse y respetar. Si difundir esas fotos es señalar y exhibir lo que es el terrorismo o si es dar escenario y servir de propaganda. 

La respuesta es de cada consciencia. La Guardia Civil pide que no se suban fotos a la red. Entiendo lo que dicen quienes se acogen a la libertad de expresión. Pero, pienso en ese ojo y en esa lente. En la necesidad de enseñar. En el temblor de las manos y en los esfínteres flojos, en las lágrimas y en las ideas que se agolpan sin encontrar coherencia. Sólo así se entiende que alguien pueda ir dando pasos, saltando heridos y muertos sin soltar el aparato y poner las manos libres a disposición de ayudar. 

El aturdimiento inmediato a la tragedia obnubila la sensatez. No se puede pedir prudencia a los que se escaparon por un suspiro de la casualidad de la tragedia. Pero, en la serenidad que llega en los minutos posteriores, se escucha la petición de la Guardia Civil. Por favor, no difundas las imágenes. El dolor es de todos.

Llevan razón. La necesidad de informar se debe subordinar al respeto de quienes perdieron la vida, de sus deudos, de sus heridos y de su gente. Barcelona llora. Lo de menos es si lo hace en la lengua catalana o castellana, si eres local o turista, si vas de izquierda o de derecha. Los que vimos las imágenes nos hermanamos con el sentimiento. Vayan las condolencias llenas de respeto. El dolor es de todos. Basta de odio. Basta ya. 

Los muros de Belén 

Cuando pienso en Belén, siempre evoco el pesebre, motivos relacionados con la Navidad, con Jesús niño, con el mistwrio de sus primeros días, con la Sagrada Familia, en fin, con unión, armonía y felicidad. Me vienen a la mente la Iglesia de la Natividad  y la Misa de Gallo. Sin embargo, me topo con una novedad que no estaba aquí hace veinte años: un muro que divide Israel y Palestina. Más allá de creencias religiosas, de posiciones políticas, de razones y sin razones, esta cortina de concreto con púas  electrificadas es  contundente. Ni juntos nirevueltos, separados y cada quien en su lugar.

El no pasarás es claro. Cruzar la línea es entender que la vida no se ve igual de  un lado que del otro. Amal, nuestra guía, nos explica que ella no puede cruzar la línea a placer. Si quiere hacerlo tiene que pedir permiso. Ese permiso no está disponible para todos los días, sólo para fiestas religiosas, sólo,para determinadas fiestas religiosas. Ni de chiste pasará a ir de compras, a tomar un café, a ir a la playa. El tema es serio.

Se vuelve aún más serio cuando se trata de los cristianos que viven en Belén dado que son una minoría. Además, su presencia en el lugar va descendiendo. Los franciscanos están a cargo de los sitios religiosos del catolicismo en la Tierra Santa. En Belén tienen escuelas: elementales e intermedias, preparan a los chicos para ir a la universidad. Pero, Amal nos cuenta que  muchos de los católicos nacidos en Belén emigran. Se van y no vuelven. Las razones son variadas, a pesar de que no existe persecución religiosa abierta, sí hay. También la falta de oportunidades se una razón para irse de ahí. Otra, la más común, es que los chicos salen de Belén para estudiar en otros lados,  se enamoran, se casan y ya no vuelven a su tierra original. 

Si los cristianos se van, los sitios religiosos quedarían en manos del Estado palestino que podría convertirlos en mesquitas o en museos, nos advierte Amal. No me gustaría ver la Basílica de la Natividad convertida en otra cosa. Salimos de la iglesia y antes de irnos de regreso a Jerusalén, veo los muros de la ciudad natal de Jesús.

Es un muro de cemento, alto, electríficado. El estómago se hace nudo y la piel se ponde de gallina. Amal lo ve y guarda silencio, mira al suelo y con palabras que se oyen rotas nos dice que eso tiene pocos años, tal vez seis o siete. Del lado de Belén hay pintas, dibujos, graffitti. Son representaciones de solidaridad, protestas, lamentaciones. Por ahí vemos el trabajo de Banksy y de muchos otros que usaron pintura para expresar reprobación ante esta forma brutal de separar.  Del otro todo es gris.

No me gustan los muros. No son solución 

Una identidad habitada por el exilio, Juan Goytisolo

Señas de Identidad

Juan Goytisolo

Colección Literatura Contemporánea

Origen/Planeta, México, DF, 1986

El escritor Juan Goytisolo murió el domingo 4 de Junio de 2017 con una identidad habitada por el exilio, tal como lo refirió en su novela Señas de identidad. No encuentro una mejor forma de rendirle tributo que reseñando una de sus obras selectas, tal vez, la que goza de mayor popularidad.

Señas de identidad es una narración que se enreda en una exploración temeraria, utilizando con gran habilidad y cuidado, múltiples recursos atinadamente seleccionados, para relatarnos como Álvaro Mendiola va rompiendo a lo largo de su vida con los valores que le inculcaron en la infancia: su valor religioso, su posición social, su lengua, su patria. Esta ruptura lo lleva a buscar nuevos valores, de los que también renegará mas tarde y que le dejarán como legado una gran soledad y amargura, además de una sensación de falta de asidero, por lo que volverá a comenzar su búsqueda, volviendo su mirada al pasado: tratando de identificarse con el tío abuelo Néstor, que se suicidó en Ginebra, lugar donde su esposa Dolores abortó al hijo de ambos.

En el camino de Álvaro Mendiola que busca señales dentro y fuera de su familia, dentro y fuera de lo español, dentro y fuera del idioma, dentro y fuera del país. Como dice Gustavo Bueno en su critica de este libro “Las llamadas señas de identidad propuestas por Goytisolo desorientan sencillamente, o no aclaran, y permiten la confusión, entre las señas de identidad que expresan una unidad efectiva y real, esencial, y las que expresan simplemente una serie de conceptos accidentales, que son secundarios, transitorios, y que muchas veces se utilizan para encubrir o sugerir que hay una diferencia o una unidad que no existe” (1) En mi opinión, es la astucia del que experimenta, no solo una forma nueva de contarnos una historia, sino que encuentra cause para su rebeldía.

Goytisolo le plantea un reto al lector, lucha con él,  se entretiene a su costa y le deja pistas a lo largo del libro, que lo ayuden a completar la búsqueda. Son datos que pueden pasar desapercibidos, por ejemplo, la botella de Fefiñanes, que, en mi opinión es la clave que resume la identidad del personaje central y que vale la pena analizar. En primer lugar la botella nos ayuda a dar cuenta del tiempo que Álvaro Mendiola  ocupa para hacer su reflexión. En segundo lugar, Fefiñanes es un vino de uva Albariña, una coincidencia que no es casual, con el nombre del protagonista. La Albariña es una uva que los monjes de Cluny llevaron a España, de sabor muy similar a uvas francesas y alemanas que se dan en la riviera del Rin. La uva tuvo cruzar la frontera para evitar su destrucción. Abandonar su tierra natural, adecuarse al nuevo territorio, transformarse, para luego convertirse en referente de la región de Galicia. Un camino similar al recorrido por Mendiola, pero a la inversa. Una uva que enfrenta el exilio. Por último, el eslogan de las Bodegas Fefiñanes es “El vino, como las personas, cuanto mas cerca este de su origen, mas cerca estarán de su verdad”.  (2)

Álvaro Mendiola hace de su circunstancia de español exiliado en París la razón central de su narración. Aunque París es solo un pretexto. Como dice Octavio Paz “París es la metáfora de nuestro desarraigo y una estación necesaria en la ruta que nos lleva a nosotros mismos. Solo el desarraigo nos permitió recordar nuestra porción de realidad. La distancia fue la condición del descubrimiento. La distancia y los espejismos que esta causó” (3)  En París Álvaro Mendiola odia y extraña España: es el lenguaje del exilio, vehemente, enfático, ácido, demandante; el contraste de la memoria y el olvido. El carácter de aquel que no pierde su pasado, sino su presente, para encontrar: “Una identidad habitada por el exilio” (4)

Goytisolo rompe con las antiguas formas de narrar historias. Él escribe como piensa, con formas complicadas y retorcidas, igual al flujo reflexivo de cualquier individuo que medita sin signos de puntuación, con frases largas, inacabables. “En Goytisolo la escritura se vuelve paisaje y ese paisaje es una invención, la metáfora de una nación, de un individuo” (5)

El uso que Goytisolo hace de diferentes idiomas en esta narración, en mi opinión, no es un uso pedante, del que intenta presumir que conoce varias lenguas, es, por el contrario un recurso para complicar el descubrimiento de pistas útiles para el lector, pero, es también, una expresión de burla y miedo, o si no miedo, precaución. A lo largo de esta novela, el autor hace una crítica durísima al régimen franquista, pero la única vez que Franco es nombrado con todas sus letras, es en la última parte de la novela, utilizando al idioma francés como telón protector.

Señas de Identidad  me parece un libro sorprendente por su vigencia y por su capacidad de anticipar acontecimientos. Me hace fantasear que Juan Goytisolo tuvo a su alcance una mirilla por la que pudo ver el futuro de España, porque en 1966 era difícil poder preveer “el milagro español”,  basado en el turismo y en la integración económica de la nación a Europa, de la que Álvaro Mendiola habla en el libro, adelantándose a los hechos que iban a ocurrir. Hoy eso es evidente, todos lo saben, sin embargo, en aquella década era difícil ver como los españoles podrían salir de su difícil situación de atraso. Además la novela se mantiene actual al hablar de esas búsquedas de tantos hombres que salen expulsados de su tierra natal, ya sea por razones políticas, económicas o por una esperanza de encontrar una vida mejor, que una vez obtenida, se convierte en nostalgia, en añoranza por lo dejado atrás y en crítica por lo ya alcanzado.

Más allá de la obra, Juan Goytisolo murió enfermo, deprimido y asustado por falta de dinero. Se fue de este mundo viendo a su Marrakech querido, rodeado de sus ahijados por los que se preocupó hasta el último aliento. Fue enterrado en el cementerio civil de Larache, una ciudad pesquera junto al mar.

La imposibilidad de escribir, la falta de dinero y el deseo de costear los estudios de sus ahijados marroquíes y una fractura de fémur provocada por una caída, le ensombrecieron los últimos días. Tenía un pequeño hostal, en el que vivía y que administraba, tenía colaboraciones ocasionales en el periódico El País, pero Juan estaba triste, se sentía hundido. El autor de Juan sin tierra, murió tranquilo, en su cama. Sin embargo, habrá que recordarlo por lo que mejor supo hacer: unir letras: “¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miserias en las que vivió Cervantes, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, su estancia en la cárcel sevillana por deudas…“(23 de Abril, discurso de aceptación del Premio Cervantes).

Yo te respondo Juan, pocos conocíamos estos detalles. Así es mejor, nos quedaremos con lo mejor de Don Miguel de Cervantes Saavedra como de Juan Goytisolo en sus libros que de hoy en adelante, serán los que hablen por él.

A tu salud, Juan, con una copa de Fefiñanes. Buen viaje.


(1) Bueno, Gustavo, Revista Telsea No. 19 (Oviedo, España, Febrero 2010)

(2) www.fefiñanes.es, Bodegas Fefiñanes

(3) Paz, Octavio, Crítica y Literatura (Ed. Diversa, México, DF 2005) p.183

(4) Ortega, Julio, El sujeto del exilio, (Ed. Diversa, México, DF 2005) p.61

(5) Paz, Octavio, Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid, España, Enero 1971)

 

Cuatro taxistas

Parece que fuera el título de una novela de detectives. De hecho, la anécdota da para urdir una buena trama: la semana pasada fueron encontrados cuatro taxistas muertos. No tenían nada en común, más que el oficio con el,que se ganaban la vida. El escenario resulta inmejorable, un lugar que está designado como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, un pueblo tranquilo que muchos extranjeros han elegido para vivir un retiro cosmopolita. De pronto, esa tranquilidad se ve peeturbada por un misterio que queremos descifrar, ¿qué pasó ahí?

Pero, no es una idea traída por las musas, ni una ocurrencia autoral que busca escribir algo que atrape el interés del lector. Se trata de cuatro crímenes reales que sucedieron esta semana en San Miguel de Allende. La explicación que ilumina todas las sospechas parece un eterno lugar común: narcomenudeo. Las drogas como hilo conductor de una serie de asesinatos que quieren explicarse cuando no hay otra forma de entender.

El Procurador del Estado de Guanajuato ha sido muy prudente, no ha querido dar explicaciones. Ha medido con cautela cada una de sus declaraciones y ha cuidado las palabras. El reflejo de estos cuatro crímenes nos da para pensar qué sucede en lugares hermosos, en los que la gente de bien vive en paz. De repente, en momentos las cosas cambian de ser gloriosas a ser de horror. El miedo nos atrapa en formas que terminan robando aquello que costó tanto trabajo construir.

Al diablo le gusta meter la cola, ¿o será que nosotros le estamos abriendo la puerta? Las cosas empiezan a ir algo mal y nos hacemos de la vista gorda, ponemos los ojos en otro lugar y disimulamos. ¿No sería mejor meter las manos y solucionar? San Miguel de Allende es un lugar maravilloso que merece respuestas certeras. Si cuatro taxistas fueron asesinados, es preciso saber qué sucedió. 

Si se está abriendo una rendija al narmomenudeo, hay que cerrarla. En el momento en que empiezan los problemas es cuando se deben atacar. Es cuando aún son manejables y se pueden remediar. Si la demanda de drogas está creciendo, es vital advertir que un vicio es el,principio de un camino de dolor, para quien consume, para sus familiares y para su entorno.

Si inhibimos la demanda, la oferta irá disminuyendo hasta llegar a cero. Tolerar no es tener mente abierta, es ser temerario. Ahí hay cuatro taxistas que sirven de testimonio a estas palabras.

Para Dany

Supongo que, como todas las madres, me gustaría echar las manecillas del reloj para atrás. Supongo que me encantaría volver a aquel momento en que le pedí a Dios que me volviera a bendecir con el regalo de la maternidad. Nunca hubo una petición que yo hiciera con tanta consciencia de lo que quería. Estaba tan segura de querer ser mamá de nuevo que el Padre en el cielo me bendijo y tu corazón empezó a latir al ritmo del mío. Supongo que quisiera volver a vivir la alegría que sentí cuando me confirmaron que estaba embarazada otra vez y la emoción de saber que venías en camino. El vértigo de tu llegada, el susto de que tu fecha de nacimiento se adelantara un mes, la maravilla de que llegaras a este mundo sana, fuerte y hermosa serían el anticipo de una vida llena de retos y desafíos.

Supongo que me gustaría volver a verte con el uniforme del kinder Hill’s, o escucharte cantar en la estimulación, o decir que eras  mu mediana con esa vocecita tan grave y determinada. Supongo que sonreiría si te viera llegar con una estrellita en la frente o si me dieras un dibujo hecho con crayolas o si te viera tomar lechitas de chocolate de Hershey’s o si te escuchara cantar qué fácil número. Estoy segura que el corazón se me derretiría si pudiera volver a meterte en el hueco de mis brazos y acunarte y volver a arrullarte como lo hice tantas noches.

Digo que supongo que me gustaría experimentar toda esa sorpresa, todo ese gusto, toda esa emoción de verte crecer y me detengo en seco. Todo eso ha sido tan bello que volverlo a vivir le podría quitar lo perfecto que ya de por sí ha sido. La ruta no ha sido sencilla, ha sido gloriosa. No pude haber recibido un mejor privilegio. Llevarte de la mano es el honor que me llegó de lo alto. Cuando estaba esperando a que llegaras, jamás me imaginé que tendría una nena tan linda que se transformaría en una persona tan independiente, intrépida y resuelta. 

Elevo los ojos al cielo, que siempre me escucha, para pedir todas las bendiciones, para que Dios te acompañe en los momentos de alegría y te sostenga en los de duda máxima, que el gran consolador te cubra con su luz y cuentes con su favor. Que Dios te regale fe para que creas que de su mano todo es posible, esperanza para seguir avanzando con determinación y fuerza y una mirada amorosa para enfrentar al mundo. Le pido que te rodee de ángles que te cuiden y que la muchedumbre de los santos te aconsejen y que la Virgen María te proteja siempre. 

Le pido al Dios tan bueno que en tu camino siempre brille el sol, que si se nubla, sea para refrescarte; que si llueve, sea para fertilizar tus campos; que si baja la temperatura y empieza a nevar, sea para que hagas los monos más hermosos, que si hace viento sea para que puedas elevar tus sueños como papalotes. 

Verte hijita, así sonriendo, es lo que le pedí a Dios y, mira nada más lo que me concedió. Para ti, Dany, mi niña, pido que tengas lo mejor del mundo para que puedas construir, triunfar, vivir y verte feliz.

¡Muchas felicidades, mi vida! ¡Feliz cumpleaños!

La mirada que busca una respuesta al dolor (Examen de mi padre, Jorge Volpi)

 

 

 

 

Examen de mi padre

Jorge Volpi (2016)

Alfaguara

Dicen los parámetros de la crítica seria que debemos tomar distancia del autor para poder analizar su obra. Por lo tanto, cualquier cosa que diga un escritor sobre su texto, resulta como la declaración de un anhelo y queda en el lector juzgar si aquello que quien escribió logró cumplir con la intención. Aunque Jorge Volpi dice que la escribió para rendir homenaje a su padre fallecido, me parece que la emoción regente de esta novela es otra y nos la revela casi en los primeros renglones: procesar el luto que deviene de la muerte.

“Hasta el día de hoy, no he llorado, no he podido o no he querido llorar a mi padre” (p. 13)

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Estructuralmente, “Examen de mi padre” es una novela compuesta por una colección de diez ensayos en la que Volpi toma como inspiración la profesión de su padre, recién fallecido, que era cirujano. Para escribir esta novela, discurrió tomar como referencia un órgano del cuerpo humano que sirve de base a cada capítulo y sobre esta referencia se apoya para comentar realidades del México de que existe entre un padre y un hijo.

Jorge Volpi narra en primera persona. El narrador es una entidad dentro de la historia, diferente del autor —persona física— que la crea. Es el que entrega la historia imaginaria y sirve de intermediario entre los hechos y el lector. Puede estar representado figurando en la narración como personaje o testigo, o no representado, si es solo una voz que habla. Este narrador emite opiniones como si fuera un científico que ensarta insectos en un alfiler para fijarlos a una tabla y desde ahí observarlos. Busca tomar distancia para contarnos los problemas de un México que tiene fantasmas y cadáveres, cuando a mi parecer, la distancia la toma para dejar de sentir.

“Los tres siempre aborrecimos los velorios y en general, el duelo público, de modo que prescindimos de cualquier ceremonia hasta su entierro” (p13)

El autor nos revela esa contención a la que está sujeto y el lector se plantea la pregunta justificada “si eso es así, y si le voy a creer al narrador: ¿por qué escribió esto? ¿por qué expone su duelo a los lectores de los mil ejemplares de la primera edición?”  Así, de nada nos sirve que el autor declare: “El cirujano era mi padre y a partir de su profesión partió todo; es el libro más personal, emocional e íntimo que he escrito”.  El lenguaje que utiliza para escribir estos ensayos es enciclopédico, incluso llega a ser afectado:

“Mientras en el pasado los médicos se concentraban en el estudio de sus pacientes (pensemos en los miembros de la escuela jónica a la que perteneció Hipocrátes)” (p.20)

“A mí, desde afuera me parece que Freud renunció a la búsqueda meurológica que aventuraba en sus primeros escritos por una hipótesis deslumbrante nunca comprobada” (p.50)

 

En varias ocasiones, abusa de las técnicas autorreferenciales hasta un punto en el que un lector poco paciente puede llegar a lanzar el libro lejos y abandonar la lectura:

A la inteligencia y a la locura las divide una frontera muy delgada y todos mis personajes se encuentran entre las lindes de una y otra” (p. 53)

“Somos los mayores propagandistas de nosotros mismos, así sea para presumir nuestros defectros” (p. 65)

 

De repente, y en forma que llega a sorprendernos, en el delirio de la narración, Volpi cae en el lugar común:

“En esta lógica, los medios se embarcan en una carrera por conseguri noticias cada vez más alarmantes y cada vez más pavorosas” (p. 69)

“Parecemos ratas de laboratorio que corren y corren en una rueda hasta quedar exhaustas” ( p. 253)

Cada ensayo pretende ser una denuncia:

  1. Cuerpo o exequias busca denunciar esa actitud complaciente con la que la sociedad se ha acostumbrado a ver las tragedias:

Nos hemos acostumbrado a mirar cadáveres a diario, exhibidos sin pudor por la prensa y la televisión y escuchar indiferentes la cifra que, a modo de siniestro cuentagotas, añade cada vez más cuerpos a la lista.” (p. 43)

Ve a México como un cuerpo enfermo y se propone hacer:

“una autopsia de esta nación de fantasmas y cadáveres” (p.44)

 

  1. El cerebro o la vida interior nos confiesa como antes que un recuerdo físico de su padre, le viene a la mente algo más etéreo y entrañable:

“Si pienso en mi padre lo primero que se me viene a la mente no es su cuerpo, ni siquiera sus ojos o sus manos, sino algo indefinible… ¿Su forma de ser? ¿su carácter, su personalidad, su mente?” (p.47)

La denuncia en este capítulo es al olvido por lo sucedido en 1968:

Atestiguamos la ceremonia del olvido… para los muertos de 1968, pero poco a poco se olvida, y se olvida porque a nadie le conviene recordar ”

Y, remata, escribiendo:

“Si yo escribo estas líneas es para mantener a mi padre conmigo” (p. 73)

 

  1. De la mano o del poder, habla del presidencialismo del PRI desde Díaz Ordaz hasta el supuesto fraude del que fue víctima Cuauhtémoc Cárdenas y la llegada al poder de Salinas, el Subcomandante Marcos y los niveles de corrupción se contrastan con la puntualidad obsesiva del padre:

Una de esas contradicciones que lo vuelven a mis ojos más humano” (p. 79)

“Preservar la rebeldía es la única forma que encuentro de volver a estrechar su mano” (p. 108)

 

  1. El corazón o de las pasiones empieza confesando que su padre tenía buen corazón. Lo hace en el doble sentido de la salud del órgano y de la compasión hacia los otros. Denuncia la terrible situación de Mamá Rosa en Zamora:

“Mamá Rosa se convirtió en…la heroína de las familias ricas que querían ayudar y a quien estas mismas familias entregaban a escondidas a sus hijos nacidos fuera del matrimonio.” (p.128)

Aborda el tema del amor desde el punto de vista filosófico, nos propone ideas platónicas sobre el amor como reflejo:

“El enamorado se convierte en nuestro único espejo, en el único lugar en el que nos miramos y nos admiramos” (p. 134)

  1. El ojo o de los vigilantes. Refiere como la mirada nunca es inocente y no está desprovista de una opinión. Habla de la mirada al exterior y al interior:

A Tiresias, el más grande célebre de los ciegos, los dioses le concedieron el don de mirar hacia adentro” (p. 142)

El  capítulo lo dedica a la debacle del PRI y al espejismo vivido que le permitió llegar a Fox a la presidencia de la República.

“El país se rendía a Salinas de Gortari, se hundía tras el alzamiento zapatista y el asesinato de Colosio en 1994… Vio la victoria de Fox… para desencantarse muy pronto.” (p. 156)

  1. En el oído y la armonía, , arrasa con su erudición sobre la música, se refiere al gusto ecléctico de su padre, que tenía una rica colección de discos de 33 revoluciones por minuto, temprano inscribió a su hijo en la Academia de Música Yamaha y a los 10 años lo tenía en clases de guitarra.

“Mi vida es la literatura porque es a lo que me dediqué desde los 16 años. Pero fue un error; si yo hubiera podido, eso lo hubiera cambiado por estudiar música y ser director de orquesta. Hoy soy un director de orquesta frustrado”, confiesa.

  1. En el capitulo anterior como en Los genitales o Del secreto se da vuelo narrando los excesos en nombre de la religión del depredador sexual Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, son denunciados en el capítulo en el cual Volpi se refiere al sexo sin tapujos, a algunas de sus vivencias en ese asunto y cómo se ve en México.

“No deja de sorprenderme que mis alumnos aún emplean palabras como zorra, puta y furcia para descalificar a quienes exhiben una vida sexual libre”. (p. 200)

Se refiere al matrimonio igualitario y a la resistencia férrea de instituciones religiosas para aceptar este tema:

“Como era de esperarse, de la Iglesia Católica y sus aliados: desoyendo las tímidas palabras del Papa Francisco” (p. 201)

 

  1. La piel, o De los otros es un tema pretexto para denunciar que los 12 millones de indígenas que viven en México son extranjeros en su tierra y recordar la tendencia del estado mexicano a culpar a los más débiles como sucedió con el incendio de la guardería ABC de Hermosillo que causó decenas de muertos en junio de 2009.

Ello no impide que esos mismo mexicanos blancos, rubios y de ojos azules, u otros mucho más morenos califiquen de prietos, nacos, chairos a otros mexicanos en razón del color de la piel”. (p. 233).

 

  1. Las piernas o De los caminantes, lo muestra como un hombre sobrio, educado, que mira a los ojos cuando reflexiona sobre ideas del libro como la del crudo tema de la migración y critica la velocidad de la vida actual y el drama del tráfico de vehículos en la capital para luego pasar al tema de las migraciones de la humanidad y reflexionar acerca de una verdad: nacer en un lugar u otro es un hecho fortuito, no un derecho adquirido por el trabajo o el esfuerzo. Volpi desnuda a México, es enérgico al escribir sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, al referirse a la guerra contra el narcotráfico y a temas como la corrupción y la mentalidad egoísta de empresarios y poderosos.

Mis piernas, mis piernas” (p.241)

Refiere a la queja eterna del padre respecto a sus dolencias y lo confronta con una gran deportista que juega tenis que es su madre.

Necesitamos cambiar drásticamente el sistema de justicia para que esta impunidad que provoca la corrupción termine; es la única salida y se necesita un compromiso distinto frente a un sistema de justicia que en efecto funcione y sea confiable”,

El cine, el café, el transporte y el estilo de vida de una familia que discurre en la colonia Postal, Narvarte, Álamos. Y, se plantea la pregunta inefable:

“¿Cuál es nuestra prisa” (p.253)

  1. El hígado o de la melancolía, es el último capítulo en el que nos cuenta que justo al empezar a escribir el capítulo su madre se enfermó del hígado. Cuenta sobre los temples encontrados de su padre y su madre. Uno con incontables padecimientos y otra con una salud a prueba de todo. Habla de la voluntad de su madre de empezar de nuevo después de su viudez, de su deseo de mudarse de casa. Y, luego entra en las disertaciones de los tipos de temperamentos. Describe a una mujer traviesa pero contenida:

“Y, sin embargo, pocas veces su risa derivaba en una abierta carcajada, como si aun en esos momentos de euforia debiese contener sus maldades con una pátina de cautela”. (p. 268)

Por fin, hasta la página 287, nos narra el funeral de su padre y se abre un poco al lector:

Contrariando mi ateísmo, propuse una misa: mi padre era católico y había que respetar su fe. No invitamos más que a nuestros familiares cercanos y a unos pocos amigos. El día era cálido y luminoso, o al menos eso recuerdo ahora… Colocamos la urna frente al altar y salimos a recibir a los invitados… nos sentamos en la primera fila. No tengo un sólo recuerdo de la ceremonia: una misa como tantas.” (p. 288)

Bajé la escalerilla…, la deposité en el sitio reservado para mi padre. De vuelta en la superficie, di las gracias a los invitados y nos encaminamos rumbo a la salida, en medio de las tumbas, bajo la severa luz del sol. Abandonamos la ciudad de los muertos y nos internamos de nuevo entre los vivos” (p. 289)

Dice Volpi: “Decidí escribir en el lapso de un año, un capítulo cada mes, descansé en un mes del verano y en octubre porque trabajé en el Festival Cervantino. En los restantes, empecé el primer día de mes y terminé entre el 28 y el 30; fue el luto por mi padre y no quise que durara más de un año”. Algunos opinan que Volpi se quita la máscara y se muestra como un ser humano vulnerable al manejar recuerdos con su padre y de su niñez y adolescencia, y además hace confesiones como que si hubiera podido jamás se hubiera sido escritor porque su pasión es la música. Yo no estoy de acuerdo. Es obvio que al escribir sobre el dolor, Volpi tuvo experiencias dolorosas relacionadas con el recuerdo. Pero, nos queda a deber.

Nos da, eso sí, una lección de erudición enciclopédica que podríamos haber leído en otro lado. Al final, como el autor, nos sorbemos las lágrimas nos aguantamos las ganas de llorar y como una gallina, nos acomodamos el plumaje y seguimos como si aquí no pasó nada. Si con esta mirada, el autor buscó una respuesta al dolor, tal vez se enfrentó con una ola de dudas que intentó apaciguar con una pila de palabras.


 

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