Fuera prejuicios sobre la autopublicación: No fotografíes soldados llorando

Jordi Sierra i Fabra,

No fotografíes soldados llorando,

Amazon Publishing,

Luxemburgo, 2017

Siempre he creído que cada libro tiene un camino específico para llegar a su mejor lector. Por años y desde que me dedico a ésto, las ideas sobre la autopublicación tienen un halo de valentía y mal olor. Los panegíricos en torno a dejar de lado la edición tradicional y lanzarte a la libertad de publicar lo que venga en gana contrastan con el cuidado editorial y los argumentos sobre la calidad del texto. Al escuchar ambas posiciones siempre he dudado sobre hacia dónde se debe inclinar el fiel de la balanza y me queda claro que cada caso es distinto. El autor y el libro en sí mismos hacen la diferencia. Para muestra No fotografíes soldados llorando de Jordi Sierra i Fabre.

No recuerdo como fue que llegó este libro a mis manos. Sé que lo pedí a Amazon —no hay otra manera de conseguirlo—, sin embargo, no me acuerdo quién me lo recomendó. Sospecho que pudo ser el propio programa de Amazon que me conoce y sabe de mis gustos mejor que yo misma. Tiene mejor memoria. En este caso, las razones metatextuales cuentan. La portada y el titulo tienen un maridaje espléndido. No fotografíes soldados llorando es una orden que viene acompañada con la imagen de un uniformado abatido. Eso, a querer o no, jala la atención del lector curioso. También, pica la curiosidad enterarte de que un autor que ya tiene experiencia en el medio, que cuenta con una obra extensa y ha sido publicado por grandes casas editoras, como Jordi Sierra i Fabra haya optado por Amazon Publishing.

Más allá de lo que rodea al libro, No fotografíes soldados llorando es una novela clara y con un objetivo autoral bien planteado. El lector se enfrenta a un texto que fue escrito por alguien que sabe mover la pluma y que es eficiente. No gasta más palabras de las necesarias, no se va por las ramas, no rodea: es directo y contundente. La novela arranca con un par de notas que son una especie de advertencia al lector que bien valen la pena releerlas al terminar la lectura del libro.

La narración arranca en la página uno, lo que generalmente no sucede en otro tipo de ediciones. El narrador es omnisciente, sin embargo, hay varias oportunidades en las que el lector sentirá que está escrito en primera persona. La obra está dividida en un prólogo y en capítulos que nos irán dando dirección y orden cronológico. La anécdota corre sobre los rieles de un fotógrafo de guerra al que le han advertido que tiene libertad para retratar lo que quiera menos soldados llorando y, desde luego, desobedece.

“Eres un reportero de guerra, no un fotógrafo de emociones… No es bueno para la moral. Publicar una foto así es un riesgo.” (p. 1)

La primera parte: La guerra (Bosnia-Herzegovina 1995) sitúa a Damián Roca en su primera misión y ha sido asignado a una base española que está participando en el conflicto como un punto de apoyo a la población. En su primera salida al terreno, son víctimas de un ataque, se hace la confusión y Damián se pierde y pasa la noche intentando volver. Por la mañana, logra regresar y a la distancia ve a un soldado llorando. La tentación es mucha: dispara el obturador y toma la foto.

“Estaba sentado en el suelo, con el casco a un lado y su arma al otro. La cabeza entre las manos. Lloraba. Damián se detuvo. La distancia no era excesiva y, utilizando el objetivo de 200 milímetros, podía incluso captar únicamente su cara, en primer plano. No fotografíes soldados llorando. Pero, ¿cómo no hacerlo?” (p.34)

La novela tiene claridad en la intención. Se vale de una anécdota que se irá desenvolviendo a lo largo de doscientas diez páginas de fácil lectura. El tema que explora es la guerra, la limpieza étnica, el honor y como todos se revuelven y se convierten en una misma intención.

“Hay muchas formas de hacer limpieza étnica. No hace falta disparar un tiro. Violan a una bosnia y listos. Ella queda deshonrada para siempre. Nadie va a quererla. Violada y despreciada por los suyos. Encima si o se suicida, la mata el padre o el hermano mayor, para limpiar el deshonor” (p.9)

En la segunda parte de la novela, La paz (España 2000), Damián ha ganado experiencia. Es un fotógrafo reconocido y busca la imagen que lo lleve a tomar esa imagen que detenga el tiempo y rasgue el corazón. Es un hombre que ha cambiado:

“Se miró al espejo y trató de reconocerse. No era fácil. Se le había endurecido el rostro, llevaba el cabello muy largo y revuelto, barba de dos o tres días, la piel tostada y estaba tan delgado que los pómulos destacaban formando ángulos de noventa grados en toda la cara.” (p.34)

Damián tiene una vida tranquila, una relación estable e incluso piensa en dejar el ajetreo para optar por una vida menos nómada y con mayor arraigo. Se le notan las ganas de echar raíces pero un encuentro lo lanzará a una búsqueda.

La búsqueda es la tercera parte en la que Damián iniciará una investigación con miras a escribir un reportaje de guerra con la distancia de tiempo que le pueda dar objetividad, o eso es lo que le dice al editor del periódico en el que trabaja y así consigue viáticos para visitar a ciertos soldados españoles implicados en su búsqueda y para volver a Bosnia. En estas páginas, Jordi Sierra i Fabra hace una crítica dura sobre miembros del ejército español. Entendemos las razones por las que esta novela debió de ser publicada de manera independiente. Una crítica tan dura a las fuerzas castrenses es difícil que alguien quisiera comprometerse y publicar. Sin embargo, y aunque es ficción, creemos lo que leemos. Sabemos que en la guerra se comenten atrocidades innecesarias y que quienes debieran defender o simplemente observar, desciende a la parte animal del ser y comete actos atroces por el simple gusto de hacerlos.

El regreso (Bosnia-Herzegovina 2000) es el cierre de la novela. Es la reflexión en torno a la rudeza de la guerra sobre el ser humano, más allá de las balas.

“Nadie olvida la guerra. Muchos muertos, muchas familias tristes, mucho odio, muchas ganas de venganzas. La paz es falsa.” (p. 188)

“No había mucha gente. Vieron a un hombre sentado en una ventana, a una mujer cargando un hato de leña y a una anciana caminando. Los miraron más que como extraños, como a intrusos.” (p.198)

“Todos parecían muy quietos, como estatuas cargadas de recelos” (p.199)

Jordi Sierra i Fabra cierra la novela y no pierde la oportunidad de dar su punto de vista en forma explícita sobre lo que piensa y siente sobre la religión, el honor y la guerra. Ojalá no lo hubiera hecho en forma de moraleja.

No fotografíes soldados llorando es una novela que se lee en forma fácil y rápida. Es una crítica fuerte y un recorrido ligero, la combinación le resulta bien al autor. Es la expresión de un acto terrible, sólo uno, dentro del terror que causa una guerra.

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Una novela o muchos cuentos entrecosidos (La regata de Manuel Vicent)

La Regata,

Manuel Vicent,

Alfaguara, Madrid (2017)

Si algún día era propicio para terminar de leer La regata de Manuel Vicent, era precisamente el domingo que es cuando se publica su columna en el diario El País y fue donde me aficioné a sus letras. Por la sección Babelia del propio diario, me enteré que Vicent acababa de publicar su última novela y como todavía no se encontraba en las librerías en México, tuve que contribuir a que la fortuna de Jeff Bezos se hiciera aún más grande. El paquete de Amazon llegó con el libro y empecé a leerlo casi de inmediato. Sucede pocas veces, pero La regata se brincó varios lugares y me metí en las hojas de la novela.

Me atrevo a decirle novela porque así la clasificó su autor, sin embargo, me quedo con la duda de que eso sea. En realidad, me parece que es una serie de cuentos alrededor del Mar Mediterráneo que Vicent quiso entrecoser para presentarlo como un todo que en realidad está fragmentado. La regata está dividida en varios capítulos que inician con un epígrafe que más tarde encontraremos inserto en el capítulo. El primer lema con el que nos topamos, lo reencontraremos como las últimas palabras que el autor consignó en esta novela.

“─Algún día te llevaré al valle donde florecen los limoneros. Y, luego iremos a navegar─le dijo el pez gordo a la joven estrella.

              ─Cariño, pídeme una ración de gambas─le dijo la joven estrella al pez gordo.” (p.7 y p. 233)

Vicent juega con el lector, nos lanza un anzuelo que tragamos gustosos. Creemos que la novela irá sobre la historia de Dora Mayo y su amante Pepe California y desde las primeras páginas nos administran semejante vuelta de tuerca al ver a California caer muerto víctima de un infarto sobre el cuerpo atado a los pedestales de la cama de su novia tan joven. El inicio me recuerda el comienzo de esta novela de Alessandro Baricco: Sin sangre. Pero no, de eso no va La Regata. Esa es sólo una de las varias historias que se nos contarán en la novela.

Veremos como se desenredan varias anécdotas: la de Ismael un joven aprendiz de escritor que va de invitado del doctor Fraud, un cirujano que le acaba de extirpar una verruga y están a la espera del resultado del laboratorio para saber si es maligna o no, que se enredará con Laia, una pelirroja mística que también va invitada por el médico. Nos enteraremos que en el yate Lidia van una familia de pijos que llevan como invitado a un exministro que tiene problemas con la ley. Pepito Cobaleda es otro personaje que no puede participar más que al final de la competencia porque sufrió un infarto que lo imposibilitó, dejándolo postrado en la sección de terapia intensiva de un hospital de Valencia.

Cada yate cuenta una historia, con cierta ironía algo forzada, salpimentado con un lenguaje muy marinero, en donde aprendemos términos como foque, palo de mesana, mástil, babor, estribor. Se mete a temas como la corrupción y la belleza del mar, la frivolidad y las noches llenas de estrellas, la riqueza y la migración. Se burla del mundo contemporáneo.

“Esa mañana de agosto en Madrid, en la plaza de Lavapiés se agitaba el oleaje de otra clase de mar turbio e interracial. Otra regata tenía lugar en el asfalto. Un grupo de africanos invocaba los espíritus de la selva tocando los tambores sincopados; en la puerta de un supermercado Carrefour unos solidarios recogían alimentos para los necesitados; unos ecologistas cultivaban una huerta alternativa de lechugas y tomates en un solar, una anciana con bata guateada se asomaba por una ventana y gritaba: Mohamed, súbeme pan y una botella de leche.” (p. 97)

La intención de Vicent es clara: nos quiere dar a leer un mosaico de aquello en lo que se está transformando Europa, nos quiere inocular la inquietud de la migración y nos lleva a observar la deuda que tenemos con todos estos migrantes que se suben a una balsa y se hacen a la mar para buscar un mejor futuro, cuando a veces ese mejor futuro es la muerte. Claro que el autor entiende que para no atormentar al lector hay que ponerle algo de picante y, falla. Enrosca algunas escenas de erotismo muy facilonas que le restan mucho a la narración.

Merma para la novela los nombres que utiliza Vicent para sus personajes. Son obvios y aunque intentan ser chistosos no lo son. Pepe California, Doctor Fraud, Pepito Cobaleda. Las descripciones eróticas llegan a ser grotescas y parece que se metieron con calzador en la narración. Se puede, fácilmente prescindir de ellas. Pero, el autor es agudo al narrar contrastes:

Pese a esto, ya se sabe que la felicidad del amo la proporciona el criado.” (p. 25)

“Sin esclavos no hay libertad, no hay imperios, no hay historia, no hay nada.” (p. 26)

“Este patrón, que al parecer se sentía emperador de Bizancio, acostumbraba a humillar a la marinera siempre que se disponía a zarpar los domingos.” (p. 26)

En un mismo párrafo nos puede llevar del disfrute a la catástrofe:

Ismael asentía, dando por hecho que este jodido mundo se había convertido en una puta mierda, pero no por ello estaba dispuesto a renunciar al placer de contemplar los labios carnosos, los muslos torneados y las pecas encendidas de los hombros y del rostro de la esquiva pelirroja” (p.172)

“En adelante, los argonautas navegarían con ese náufrago, como un tripulante más a bordo, aunque en alguna manera también estaban satisfechos de haber presenciado una operación de salvamento y de haber sido testigos directos de la catástrofe de la humanidad de la que todo el mundo hablaba.” (p. 172)

Manuel Vicent nos hace partícipes de su amor al mar. Cualquiera que lea La regata adivina el enamoramiento que tiene el autor por las olas y el agua salada. Se nota que las experiencias que cuentan tienen un acento autobiográfico, que son recuerdos vívidos:

Si el silencio del planeta estuviera a la venta, el que se produce en altamar sería, sin duda, el más caro” (p. 156)

              Tal como se está acostumbrando en las últimas obras de literatura contemporánea, los autores nos dejan un resumen de la novela en las últimas páginas. Así como Paul Auster tiene la cortesía de hacernos una sinopsis, en las últimas dos páginas de la novela Vicent nos corre esta atención que ahora se ha puesto de moda.

Cierro el libro y me parece que es una lectura recomendable para verano, para la vacación, para leerse junto a la alberca. La regata se lee rápido, no requiere de mucho esfuerzo, es ligera, con todas las cualidades y defectos que el adjetivo tiene. En general, es disfrutable, pero me gusta más el columnista de domingo que es Manuel Vicent que el novelista que escribió esta novela o colección de cuentos.

En contra del resentimiento, la ira y el miedo (Para combatir esta era, Rob Reiman)

Para combatir esta era,

Rob Reiman,

Traducción Romeo Tello,

Taurus, 2017. México

Los caminos que recorre un libro para llegar a manos de sus lectores son variados. Algunas veces, las razones son metaliterarias: tienen que ver con la portada del libro, con lo sugerente del título o, como fue en este caso, haber escuchado hablar a su autor. En ocasión de la FIL de Guadalajara de 2017, Rob Reiman vino México a presentar su último libro Para combatir esta era: consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo. Las palabras de este autor venido de los Países Bajos captaron mi atención y encendieron la curiosidad. Fui a comprar el libro que se saltó el turno de varios para que pudiera empezar a leer.

Para combatir esta era: consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo es un ensayo traducido por Romeo Tello de fácil lectura, no se necesita ser un experto politólogo ni un gran conocedor de filosofía para poder seguir el hilo de pensamiento que se nos plantea. Sin embargo, la reflexión que nos plantea es profunda. Pone al Hombre del siglo XXI frente al espejo y nos invita, no sólo a reflexionar en el reflejo que nos pone a contemplar sino que nos lleva más lejos: quiere que analicemos aquello que vemos.

El libro está dividido en tres partes: Introducción, El eterno retorno del fascismo y El regreso de Europa. Sus lágrimas, sueños y hazañas. Son tres ensayos en los que reflexiona sobre la Humanidad del principio del milenio desde la perspectiva de pensamiento de la posguerra mundial. Aunque el mejor título es el del íltmo ensayo, no cabe duda que el mejor es que habla de la amenaza de que los regímenes totalitarios regresen gracias al miedo que nos están inoculando y a la frivolidad de la sociedad que, ensimismada en su propio ser, ha renunciado a la capacidad de analizar, de creer, de comprometerse y de cuidar al alma.

En la introducción Riemen nos invita a llamar a las cosas por su nombre:

“Hombres sabios como Confucio y Sócrates sabían que para poder entender algo, debes llamarlo por su justo nombre” (p. 13)

Nos advierte en contra del populismo como una amenaza que vive la sociedad contemporánea:

“La civilización caerá, no porque sea inevitable sino porque las élites gobernantes no responden adecuadamente a las circunstancias cambiantes o sólo atienden a sus intereses propios” (p.13)

Y, ya desde el principio nos lanza advertencias en contra de aquellos que quieran avivar el miedo, la ira y el resentimiento. Nos plantea que estos personajes, a falta de un discurso real, nos quieren engañar: sustituyen su falta de propuestas con el humo de falsas promesas sin que nos detengamos a verificar la factibilidad de lo que ofrecen.

“Las sociedades dominadas por el miedo son sensibles a las falsas promesas.” (p. 16)

En el segundo ensayo, sin duda el mejor del libro, nos quita el velo de la cara y nos enfrenta a la realidad del signo de nuestros tiempos:

“…se sufre por las cosas más pequeñas; nuestro cuerpo está mejor protegido, pero nuestra alma está más enferma” (P. 29)

En esta condición, tenemos como resultado un diluvio de trivialidades, sensacionalismo y tontería. Pasamos cualquier cosa sin filtrarlo por la razón que debiera estar al cuidado del alma. Estamos más obsesionados por la cantidad por la calidad, el consumo acelerado no sólo se expresa por una necesidad de compra compulsiva, sino por la ausencia de contenido, por la falta de profundidad. Nos conformamos con cualquier cosa, nos reímos del escándalo y nos dejamos atrapar por una cortina de humo que nos impide ver con claridad. Estamos tan ávidos de tanto, que hemos perdido la calma:

Hemos renunciado a nuestro tiempo libre… al descanso interior, a ser libres de todas las cosas, la distancia mental que necesitamos, con respecto al mundo, para dejar espacio a los elementos más delicados de nuestras vidas. Nos dejamos llevar por la velocidad, la inercia —todo debe ocurrir ahora— y los impulsos.” (p.33)

Ya nada es duradero. Y, a pesar de todo este vértigo, de toda esta necesidad de entretenimiento y de toda la oferta de distracción, el Hombre no es más feliz. Así, se fomenta el resentimiento y para Riemen, al igual que para Nietzsche, las personas resentidas son más débiles:

El resentimiento no está realmente interesado en soluciones, se centra en estimular la agresión y el enojo” (p. 37)

Para Riemen la crisis que estamos viviendo se debe a:

La crisis moral, la cresciente trivialización y embrutecimiento de la sociedad” (p.49)

La verdadera amenaza que estamos enfrentando en nuestros días es la frivolización del Ser Humano. Es el chantaje al que sometemos a nuestros valores fundamentales a los que hemos renunciado, a los que decidimos dejar de defender. No nos gusta pensar, no nos gusta la incomodidad que nos puede causar el compromiso y vencemos nuestro albedrío a la estupidez de la trivialidad, todo menos tomarme la molestia de pensar, de habitarme y encontrar mi alma. Y, nos propone:

“Sólo mediante la práctica del arte de la vida y del dominio de las virtudes y los valores espirituales que dignifican la existencia podemos convertirnos en personas justas y felices y verdaderamente libres.” (p.59)

Tristemente, el magnífico nivel del segundo ensayo no se encuentra en El regreso de Europa. Sus lágrimas, sueños y hazañas. Aunque Riemen es fiel a su lucha en contra de la frivolidad y a favor de la Humanidad, el último ensayo parece más bien un texto novelado en el que nos narra un viaje a Sils Maria del que hace una especie de diario. En el ambiente en el que Rilke, Nietzsche, Mann y otros sabios escribieron sus grandes obras, Riemen nos sitúa en un ambiente académico, como de simposium en el que narra discursos moralizantes que no le parecen pertinentes. Busca, por medio del contraste, decir lo que no es la realidad soñada para el mundo actual.

Entonces, Riems abandona el tono de las páginas anteriores y se vuelve enciclopédico, crítico pedante y trata de introducirnos por medio de personajes pedantes a las grandes amenazas de la civilización. Un sacerdote arrogante hace un panegírico equívoco sobre la unificación de Europa y un hombre hindú que vive en California nos presenta la tecnología como la panacea. Ni valores sin realidad contextual ni avances científicos sin humanidad. La idea es legítima, sin embargo, la técnica que utiliza, como si se tratara de un cuentito que le está platicando en forma condescendiente a sus lectores me parece un desacierto. De este ensayo rescato:

“Los valores son reemplazados por los poderes, y donde los poderes rigen, los números son el criterio más alto, y la fe en la cantidad desplazará el aprecio por la calidad” (P. 82)

Para combatir esta era, de Rob Riemen es una lectura que nos mete a un tono reflexivo de nuestros tiempos. Es una invitación a dejar la pereza, a abandonar la frivolidad y a volver la mirada a los valores que realmente nos acerquen más a nuestra naturaleza humana en vez de convertirnos en seres catatónicos que se aíslan más y se convierten en personas más manipulables.  

 

 

Cómo narrar un engaño al estilo de Vila-Matas (Mac y su contratiempo)

Mac y su contratiempo

Enrique Vila Matas

Seix Barral, Biblioteca breve

Barcelona, 2017

Enrique Vila-Matas eleva la guardia y empieza a entretejer palabras con los que forma artificios literarios con los que nos va asestando guantazos hasta sacarnos el aire, sin que en realidad nos demos cuenta. Mac y su contratiempo es una novela que nos cuenta una anécdota sobre un libro que no existe, en el que contiene cuentos que en realidad no han sido escritos y que Mac, el protagonista, los quiere reescribir.

El libro arranca con una serie de reflejos en espejos múltiples que se irán complicando conforme avanza la novela. Mac es un constructor que acaba de quebrar su negocio, aunque más tarde nos enteraremos de que en realidad es un abogado que está desempleado. Entonces, Vila-Matas elige una estructura curiosa en la que la anécdota corre sobre la serie de cuentos de la novela alterna Walter y su contratiempo, cuyo autor, Ander Sánchez, es su vecino en el barrio de El Coyote en Barcelona.

Apenas nos estamos acomodando a la novela, justo en la segunda página, empezamos a adentrarnos en una reflexión sobre la escritura que se irá repitiendo a lo largo de toda la novela:

“… escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiéramos” (p.12)

Y se repite en sus propias ideas que exporta de otros de sus textos y nos recuerda que:

“escribir es dejar de ser escritor” (p.14)

Y, nos mete en la mente de Mac, quien se estrena en el nuevo oficio de escritor quien reescribirá cuentos mientras escribe un diario:

“… del maravilloso espíritu del principiante del que tanto me regocijo en este preciso —más que exacto— momento, instante perfecto…” (p.15)

Con este pretexto, Enrique Vila-Matas nos mete en una especie de juego de muñequitas rusas en el que nos irá metiendo cada vez más profundo en reflexiones sobre Literatura, sobre autores, lo que significa escribir, los miedos de quien escribe, la arrogancia de algunos escritores, las posibilidades de quien tiene y no tiene oficio.

Para justificar a Mac como escritor principiante pero que conoce mucho de Literatura, Vila-Matas hace que su protagonista haya sido un buen lector. Aprovechando sus conocimientos nos bombardea con una serie de ejemplos, en muchos casos enciclopédicos y estorbosos y en otros sorprendentemente pertinentes. Nos mete en una especie de ejercicio escritural inteligente que a veces nos mata de risa y otras nos deja con la boca abierta.

“No sabía, me había dicho, que hablabas de esta manera tan extraña. Me ha ofendido, pero he simulado que ni me inmutaba. Podría haberle preguntado si mi discreción y humildad le habían hecho creer que yo era un idiota. Pero he preferido fingir que no me había enterado del menosprecio, aunque, eso sí, he tratado de hacer daño por algún lado.” (p. 288)

El autor confía en sí mismo y no le importa repetirse. Como si se tratara de un músico que cree con gran fervor en sus acordes, Vila-Matas, de hecho, hace explícito sin pudor alguno que se va a estar repitiendo y nos va a estar haciendo guiños y resonancias a lo largo de toda la novela:

“Y sus palabras suenan raras en la noche. Parecen salidas de alguna prosa perdida de Pessoa. Lo que en ese momento no sabe Walter es que no tardará en ir a Lisboa y matar a un barbero de Sevilla con una afilada sombrilla de Java.” (p.164)

“Para antarlo bien —lo que paradójicamente, significaba cantarlo tan mal como Walter, es decir, dejando que aflorara el drama del pobre hombre humillado que, en Lisboa ante su público, cantaba con desesperación una canción de celos y amor y al final se le escapaba alguna nota falsa, chillona, un gallo tan trágico como ridículo…” (p. 232)

En este juego de espejos, Mac y su contratiempo nos trata de narrar un crimen en Lisboa, la historia de un engaño de una esposa con un sastre, la anécdota de un discípulo que va a buscar a su maestro, los celos, la desesperación de quien quiere huir porque no le gusta la realidad que está viviendo. Nos enteramos del nombre completo del protagonista: Mac Vives Vehins hasta la página 257.

De los personajes se puede decir mucho y prácticamente nada. Mac el protagonista y su esposa Carmen, Ander Sánchez el autor cuya obra será reescrita, un sobrino que odia, un sastre, un ventrílocuo y muchas verdades literarias que se despliegan en planos diversos que van hundiendo al lector en una serie de resplandores que se van dando entre varios espejos que se reflejan unos a otros.

Entiendo que a muchos el libro les pueda parecer pesado y hasta soporífero, es que Mac y su contratiempo no es un libro sencillo. En su complejidad está su riqueza. Me parece de esos libros escritos de un escritor para otros escritores. Tiene párrafos gloriosos:

“En un ala del entresuelo, en mitad de la noche, había una mujer de larga cabellera negra, inclinada sobre unos papeles. Yo admiraba su perfil, su pelo tan oscuro, su aire de gran fanática del trabajo, Por favor, le decía, ¿alguien conoce el horario de míster Poe?” (p. 166)

“…se podía sintetizar dedicándose uno tan sólo a narrar con todo detalle cómo una gran inteligencia se iba diluyendo en la pereza, el terror y la angustia, y contando cómo muy lentamente esa inteligencia se perdía al modo de un objeto que se nos ace en el mar y del que al final sólo queda una efímera espuma.” (p. 185)

“Parece confirmar que hay cuentos que se introducen en nuestras vidas y prosiguen sus caminos confundiéndose con ellas.” (p. 301)

Vale la pena leer a Mac y su contratiempo solo por toparse con estas joyas que están engarzadas en una historia que es lo de menos y cuya anécdota sirve al autor para escribir maravillas aunque el final deje muchísimo que desear.

Maestros armados

Ya no sé si me da risa o me da pánico oír las ocurrencias del presidente de Estados Unidos. Donald Trump propone armar a los maestros y entrenarlos para que en caso de que a algún estudiante se le ocurra sacar una metralleta en el salón de clase, la maestra saque una pistola o un rifle y ponga orden. Claramente, el señor no tiene idea de lo que es ser un profesor. Por suerte, yo no soy maestra en ninguna universidad estadounidense, sino, ya me veo cargando computadora, bolsa y rifle por los pasillos hasta llegar al salón de clases.

Si, de por sí toda la vida ando con dolor de espalda por todo lo que cargo desde el estacionamiento hasta el aula, un rifle sería como ponerle una raya más al tigre. Tendría que sumarle a la computadora, exámenes, libros y cuadernos, el peso de un arma poderosa porque una pistolita daría risa. O, tendría que decidir entre llegar al salón con libros o con una Ak-47. Me imagino que mis alumnos se sentirían felices de ver a sus profesores caminar por los pasillos con sus armas colgadas al hombro. Tal vez, pondrían mas atención a una mujer que además de enseñarlos a pensar, los persuada con un rifle como mejor argumento.

Seguro que ningún loco entraría a mi salón, presa del miedo de verme armada. Se mosquearía y no se atrevería a disparar a sus compañeros porque ahí estaría yo con mi rifle para defenderlos. Entonces, según imagino, el maestro que se vea en semejante situación deberá apuntar y disparar al alumno para evitar mas muerte. Entonces, un profesor deberá anotar en su descripción de puestos que una de las habilidades para pararse frente a un grupo es la puntería y otra será la sangre fría. Habrá que disparar y matar, ¿cuántos maestros de kínder hasta doctorado querrán hacer eso?

Por suerte, no soy maestra en Estados Unidos. Pero, me imagino a Michael Porter entrando a Harvard con semejante ametralladora y a Mika Ronkainen en Georgetown con un rifle de alto poder o a Miss Christie en el Jardín de Niños, o al Profe Paul en la primaria… ¿irán a poner percheros para colgar las pistolas o las tendrán que dejar el arma sobre el escritorio? Tal vez las de los profesores de diseño serán de colores y las de la facultad de medicina vendrán con un dispositivo que tenga gel antibacterial.

Yo que creía que enseñar era compartir, ahora me entero que para el presidente de los Estados Unidos es mejor volver a los tiempos en los que la letra entraba con sangre. ¿Cuántos maestros se querrán ensuciar las manos? Me aterra pensar en la respuesta, mejor que nos gane la risa.

Coplas

https://wsimag.com/es/cultura/21692-coplas-el-testimonio

Ven, asómate a ver lo que estoy pensando…

Por escrito número 10

Por escrito número 10
http://www.porescrito.org/wp-content/uploads/2017/06/PRETEXTOS-010-web.pdf

Sin fiscales

Cuando era pequeña y saliamos de viaje, mi papá nos daba dinero para gastar. Por supuesto, al entrar a una tienda, me queria comprar todo pero caía en la cuenta que no me iba a alcanzar. Mi mamá me recomendaba: para elegir lo que mas te conviene, piensa para qué lo vas a querer. El consejo me sigue sirviendo en la vida adulta. Creo que nos vendría bien a todos. Nos lleva a pensar para no comprar espejitos. La democracia mexicana ha creado muchas instituciones garantes de la voluntad del pueblo, de la transparencia, de la justicia. Resulta que en el papel lucen espléndidas, pero al aterrizar esas ideas no sabemos operarlas.

Tenemos fiscalías que debieran estar en cumplimiento de sus propósitos, pero no sabemos ponernos de acuerdo para elegir fiscales. Una institución acéfala no sirve pero cuesta. Nuestras fiscalías son caras e inoperantes. Amanecemos en los últimos días de octubre enfrentados a una realidad absurda: no hay fiscal general, no hay fiscal anticorrupción y no hay fiscal electoral. Lo que sí que tenemos es un escenario político en el que la confrontación y la polarización se hacen cada vez más presentes y la opinion de la sociedad civil se ve cada vez más alejada. Nos vemos de dos formas: comparsa de partidos politicos y espectadores indignados. 

A la luz de semejante despropósito, en el que creamos instituciones para dejarlas acefalas, podemos concluir: ha sido un error dejar la política a los políticos. Pascal Beltrán del Rio dice: Entre 1985 y 1996, la sociedad civil jugó un papel muy importante en la concepción y creación de instituciones que aseguraban que el interés público no fuese regido por el interés partidista. Sin embargo, habiendo creído terminado su trabajo, la sociedad se replegó y dejó a los partidos actuar a sus anchas en el escenario político. El resultado fue la captura de instituciones —como el antiguo IFE, hoy INE— donde impusieron a sus representantes mediante un sistema de cuotas. Mientras nos enojamos o aplaudimos como focas, hoy estamos pagando tres fiscalías que nos cuestan y están incompletas. Además, estamos pagando a legisladores que solo saben ver para sus conveniencias, sin mirar al pueblo. ¿Para que las queremos así?

En un país que tiene pobreza alimentaria, en el que la linea de bienestar no se cruza por obra y gracia del salario mínimo, el desperdicio es una ofensa. Mantener instituciones sin cabeza es lo mismo que no tenerlas, es relfejo de la incompetencia de nuestros legisladores y, sin duda, es la imagen del clientelismo político que tiene atorado al proyecto da país que todos deseamos. Nuestras instituciones parecen monstruos sin cabeza.

Lo que desearon en Barcelona

Dicen que hay que tener cuidado con lo que se pide ya que se nos puede conceder. En Barcelona, los habitantes estaban hartos. Ya no querían tanta gente en la Ciudad Condal. Muchos turistas en las calles, en los restaurantes, en el estadio, en las tiendas, les quitaban la posibilidad de gozar. Mejor que se vayan. Recientemente, hubo manifestaciones y expresiones de turismofobia. Además, muchos que ni siquiera son catalanes se fueron a vivir ahí dado que muchas empresas se fueron a afincar en Cataluña.  Lo que para otros sería el cielo, para los habitantes de esa hermosa ciudad era una pesadez. 

Parece que desde el domingo de la semana pasada, se les está cumpliendo el deseo a los barceloneses. En desbandada, ante la posibilidad de que aumente la violencia, los turistas han borrado ese destino de sus intenciones de viaje. El Prat se volverá un aeropuerto tranquilo, sin tantos vuelos, y el puerto dejará de recibir tantos cruceros. Las empresas están saliendo de Barcelona ante la posibilidad de que Cataluña proclame su independencia. ¿Eso era lo que querían?

Me apena ver lo que pasa en Barcelona. Carmen La Foret, en su novela Nada, describe la ciudad como un espacio poco iluminado, lugubre, sombrío, triste. Eran los años de la primera mitad del siglo XX. El esplendor del lugar se empezó a dar a partir de los Juegos Olímpicos. Para poder servir de sede, se invirtió mucho. En los años ochentas se impulsó la transformación y cada que tuve la fortuna de estar ahí, la ciudad se veía más chula. 

Barcelona se convirtió en ejemplo, en referente del bien hacer, del rescate de los espacios urbanos. Claro, todos los que veíamos las mejoras cuando estabamos de visita, nos sentiamos contentos. Sin embargo, la última vez que estuve allá, la amabilidad se transformó en hostilidad. En muchos restaurantes del Paseo de Gracia, los meseros me contestaban en inglés si les hablaba en español, cuando se enteraban de que era mexicana se relajaban un poco y algunos sí contestaban en español, otros preferían no pronunciar palabras en castellano. Al pagar la cuenta en el Hotel Avenida, el recepcionista me dijo que si queria que me hablaran en español me fuera a Madrid. Eso hice. 

Por primera vez, no me sentí tan bienvenida como otras veces. Visitar la Sagrada Familia fue caro, entrar a la Catedral, también. Los taxistas cobraban tarifas exorbitantes. En fin, sentí que los catalanes estaban muy enojados. Me dio pena, con lo bien que habían hecho las cosas. Siempre he creído que esa tierra aloja gente industriosa que además sabe combinar el arte y el buen vivir. Pero, se olvidaron de estar contentos por su logro. 

No son todos, me decía mi amiga Carme que es originaria de ahi, lo malo es que son muchos y hacen ruido. Estos que se han mareado y han hecho del amor a lo catalán desprecio a lo diferente no somos todos. Me decia como apenada. Lo malo es que si los tratas de contradecir, capaz que te cortan la lengua y te mandan a la hoguera. No entienden y no escuchan. Están apoyados por una fracción de politicos que se han dedicado a manipular y a calentar cabezas. 

Pues, hoy veo una foto de Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, en una reunión con los consules afincados en la ciudad, tratando de convencerlos de que no se asusten, que todo está bien, que la ciudad es segura, que se puede confiar. Pues, ¿qué no era eso lo que querian? Sacar a todos y cerrar las puertas para vivir felices para siempre. Hay que tener cuidado con lo que se desea. Por lo pronto, ya empezó la desbandada de empresas y los turistas están cancelando sus viajes para allá. ¿Quién gana con todo esto?

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