Pretextos literarios por escrito en la FIL del Zócalo 2018

FIL del Zócalo 2018

Sobre el número 16 de Pretextos literarios por escrito (Lo dicho en la terraza del Museo del Estanquillo)

No puedo ocultar la profunda satisfacción que representa ser recibidos en el marco de la Feria Internacional del Libro del Zócalo. Esta feria ha sido el foro y el trampolín para talentos mexicanos y extranjeros, así como para las personalidades más insignes en la cultura mexicana y universal. En esta condición me parece oportuno agradecer la hospitalidad que nos brindan y la valiosa ocasión de estar aquí, reuniendo escritores y lectores para reflexionar sobre las posibilidades de una revista como Pretextos literarios por escrito.

Para no repetir verdades de Perogrullo y no comenzar con la perorata de la correlación que existe entre los hábitos de lectura de una sociedad y su índice de desarrollo, para no acentuar la curiosa desventaja que se cierne sobre quienes no leen frente a los que le encuentran gusto a la lectura, podemos estar de acuerdo que leer es una forma de interpretar al mundo. Una forma de interpretar al mundo que nos han dicho, ya no está de moda. Si siguiera por esos derroteros, tendríamos que darle la razón a quienes creen que estos proyectos tienen la cordura de aquel que sobre los lomos de Rocinante se lanzó a combatir gigantes. Están en lo correcto, si y sólo si, seguimos esta línea de pensamiento.

El ejercicio de las letras, como el de las artes y las ciencias, tienen un hilo conductor que actúa como elemento común: la exigencia de una vocación. Y cuando ese llamado se oye tan fuerte, cuando está tan enraizado en nosotros, nos hace encontrar en su práctica una satisfacción colmada que llega a dar sentido a nuestras vidas. Cuando aquello que nos apasiona está de moda, el camino se vuelve muy transitable, plano. El tema se complica cuando la vocación tiene esas tendencias que se salen de lo convencional. El camino se vuelve sinuoso y más complicado de transitar. Pero, hay quienes hemos decidido meternos aire a los pulmones y aventurarnos por ese sendero.

Es innegable, los proyectos editoriales independientes tenemos que esforzarnos el doble. Pero, ¿no fue de unas páginas similares a estas donde supimos que Sherlock Holmes vive en Baker`s Street, que la identidad secreta de Superman es Clark Kent? Tal vez, en Pretextos literarios por escrito tengamos la suerte de publicar al próximo Salgari, Charles Dickens, Leon Tolstoi, Pérez Galdós quienes dieron sus primeros escritos a revistas como la nuestra. Y luego, los personajes que brotaron de estas plumas notables, brincaron a otros espacios, a otros formatos y hoy forman parte de nuestro capital simbólico.

Leer y escribir frente al espíritu de una época en la que el vértigo de la vida y la velocidad nos marcan el ritmo, merecen persistencia. En la inmediatez, ser persistente parece anticuado. También pueden resultar un remanso de intimidad. La escritura y la lectura son labores de búsqueda y reflexión. Es un acto de exploración al entorno y al interior de uno mismo. Es un impulso ciego e insumiso que corre el riesgo de alumbrar una magia escondida entre los renglones, las palabras y los signos de puntuación. Es la búsqueda de lo asombroso, de la angustia ante la urgencia que se nutre de la curiosidad. No falta, por supuesto, quien se niegue a adentrarse el enjambre de ideas y vericuetos que se encuentran en un cuento, un relato, un poema o una imagen. Pero, aquí estamos para los que sí se atreven.

Estamos para los que se deciden a desenterrar un archivo en el que plasmaron algo que vale la pena decir; estamos para los que emprenden la aventura de atender.

En Pretextos literarios por escrito peregrinar por este camino nos ha representado subir nuevas cimas que ascender. Diecisiete números editados —contando el número cero—, seis concursos internacionales: uno de terror auspiciado por la embajada de Irlanda en México y el que aparece en esta edición en el que celebramos a la figura de Nelson Mandela y que lanzamos en coordinación con la embajada de Sudáfrica en México.

Para nuestra sorpresa, este camino anticuado, si se quiere, complicado y sinuoso ha estado muy transitado. La convocatoria que del certamen de Mandela tuvo 1000 participantes alrededor del mundo. Nuestros ganadores son mexicanos en su mayoría, pero también fueron dos cubanos, un chileno y un español. Recibimos textos de Uruguay, Argentina, Guatemala, Estados Unidos, Puerto Rico. Una participación Panhispánica para honrar a un sudafricano enorme.

Transitar por este camino nos ha traído, ahora en este momento, a comparecer ante ustedes con la humildad inherente de quien se sabe pequeño ante la magnitud de un mundo distraído que está sumergido en una simplificación de asociaciones lógicas. Paso a paso, esta tarea que he compartido con mis compañeros de viaje de esta mesa de edición, del cuarto de guerra, con poetas, escritores y fotógrafos, el panorama se ha ensanchado. Es estimulante ver que a lo largo de este camino hemos avanzado. Creímos que nos leería un reducido grupo de gente en México. Gracias a la era digital, nos leen en España y en Israel, en Irlanda y en Sudáfrica, en América Latina y en países que no son hispano hablantes. Los tres mil ejemplares de la edición impresa se agotan y la versión digital se descarga a diario. Seguramente, hay una página que todavía no se escribe y que quizá hoy el autor se decida a hacerlo. Estoy segura de que ahí existe un texto que está esperando su oportunidad para ser publicado. Podría apostar que aquí están varios pares de ojos inquietos que correrán por las páginas de la revista. Seguimos en nuestro empeño de atrapar lectores para no dejarlos ir. Seguimos ofreciendo un espacio para aquellos que tengan algo relevante que decir.

Leer y más leer sin otro afán que las letras, decía Sor Juana en su carta a Sor Filotea de la Cruz. Les pido que nos lean, en físico o en digital; que nos sigan en redes sociales: FB PorescritoMX, @porescrito, @revista por escrito. Participen en nuestro certamen de aniversario: cuento, relato, poesía, fotografía, ilustraciones y caricatura. Como dijera Umberto Eco en su ensayo Sobre Literatura: “no estamos seguros en cuál de estos dos extremos se encuentra el lector: en el de la ficción que le plantea el autor o en un mundo en el que reproduce sus propias alucinaciones.” Gracias a todos por acompañarnos el día de hoy, gracias a la Fil por recibirnos. Para no repetir verdades de Perogrullo, los dejo con los autores que llenan las páginas de esta revista.

La abeja y el economista

Yan Moulier Boutang es un economista francés que tiende un arco de unión muy interesante entre la abeja y el trabajador. Sostiene que los hombres crean valor económico de la misma manera en que las abejas polinizan. Para comunicar su teoría, comienza con una fábula sobre la relación entre las abejas y la economía agrícola. La ocupa como una referencia al famoso ensayo de Bernard Mandeville , una presentación y defensa satírica de la economía capitalista y del individualismo. Butnag adopta el mismo estilo literario para ilustrar el concepto de polinización, concepto que constituye desde su punto de vista un aspecto central de la economía post-industrial ó cognitiva.

La fábula cuenta es la historia de un agricultor que vive en cerca de un apicultor, y entre ellos se establece una relación de amistad y de intercambio informal de productos y servicios. A la muerte del agricultor, uno de sus hijos se hace cargo de la dirección del negocio agrícola de su padre. El joven heredero viene con muchas ideas innovadoras que quiere poner en práctica y entre otras medidas de modernización, pide al apicultor que pague por el uso que sus abejas hacen de los frutos y las flores en sus predios. A esto el apicultor hace una contraoferta. Por supuesto que estará dispuesto a pagar por el uso que sus abejas hacen de los predios, si el agricultor paga por el fruto de la polinización. Llegados a este punto, ambos deciden volver al régimen anterior.

Boutang está preocupado  por el carácter histórico de la acumulación del capital y a partir de su observación y de sus estudios piensa que la historia de las transformaciones del capitalismo sólo es comprensible a través de su articulación obrera, negando toda autonomía, incluso relativa, a la economía del capital, esto es, a un supuesto mecanismo natural de acumulación del beneficio. Para el economista la distribución inequitativa de la riqueza está generando relaciones económicas que dan pie movimientos políticos que tienen consecuencias directas en nuestra cotidianidad. Pero, parece que no nos damos cuenta. Así como el joven agricultor no parecía entender las relaciones virtuosas que existen entre sus plantas y las abejas.

El valor económico de las abejas no reside principalmente en la miel y la cera que producen con sus diminutas manos, sino en la polinización que permite la supervivencia de la biosfera del planeta. El valor de esta última no tiene precio directo. Si nuestros principales alimentos vegetales pierden la capacidad de reproducirse, seguidos de nuestros alimentos cárnicos, del conjunto de la fauna y de la flora y, por último, de nosotros mismos, no tendremos planeta de recambio.

Si la actividad humana estuviera gobernada por las mismas leyes, el trabajo productivo es aquel que engrandece la vida, su potencia y su perdurabilidad. El trabajo improductivo, nocivo —aun en el caso de extraer un excedente de miel y de cera— es aquel que destruye la polinización humana. Esto nos lleva inmediatamente a una conclusión: la polinización humana es el único trabajo a la vez sin precio y fundamental que constituye el punto ciego del análisis de la economía política clásica. El reduccionismo europeo que surge con los albores del capitalismo puede ser merecidamente tachado por los aborígenes como una forma de barbarie particularmente primitiva, y no sólo respecto a los seres humanos, sino a todos los seres vivos del planeta. Esta verdad cruel descalifica el humanismo que pretende asentar sus buenas intenciones en una economía estándar —ya sea capitalista o socialista—.

Por lo tanto, la utilidad de las actividades humanas y la producción de riqueza real para la sociedad en su conjunto debe partir de ahí y sólo desde ahí. Entonces comprenderemos que el trabajo invisible de los expulsados de la historia de la acumulación primitiva, de la clase obrera y del trabajo asalariado era el de la indispensable polinización. Comprenderemos el significado de las alianzas. Releeremos una y otra vez las tesis del obrero social desde un horizonte de liberación. Bienes comunes, economía pública, actividad de polinización del vínculo social, cuidado de la vida del conjunto de los seres vivos: Ésta es la fábrica social, el sol alrededor del cual gira la tierra de la política.

Sin Nobel de Literatura

No pasaba desde hace casi 70 años. No pasaba que no hubiese un Nobel de Literatura. De pasar, había pasado, pero fue diferente. La última vez, en 1949, la Academia Sueca señalaba que ningún candidato cumplía los criterios para ser premiado. Años antes, el galardón también había sido suspendido debido a las guerras mundiales. Pero, lo de 2018 es otra historia. Este año no habrá premio a las letras por un tema metaliterario. Un hecho inédito, ajeno a las letras, bastante sintomático acabó por empañar el galardón. Como si le hiciera falta una mancha más al tigre, un escándalo sexual en la línea de las denuncias del movimiento #MeToo nos deja sin premiado.

Circunstancias extramuros nos llevan a este triste desenlace. El sujeto que desencadenó todo este revuelo es el francés Jean- Claude Arnault, fotógrafo y esposo de Katarina Frostenson, miembro de la Academia Sueca del Nobel. Todo sucede más allá de las fronteras de la organización Nobel y, ni hablar, hay que pagar los platos rotos. En noviembre del año pasado, Arnault fue acusado por dieciocho mujeres de violación o agresiones sexuales. El esposo de Frostenson habría cometido abusos en su club literario y en propiedades de la propia academia. Una especie de alimaña de las más altas élites culturales en Suecia hizo de las suyas y terminó con el escandalazo que hizo que el 2018 fuera el año del no Nobel de Literatura. El sujeto purga prisión preventiva, y este lunes 1 de octubre en Estocolmo el tribunal dictó la sentencia en su contra: dos años de prisión. Eso a él y gracias a sus hechos el mundo se queda sin medalla.

Más allá del escándalo y el delito, cabe preguntarse qué implica un año sin Nobel de Literatura. El horror al vacío ha causado incluso que un grupo de notables suecos haya creado La Nueva Academia, que el próximo 12 de octubre entregará un Nobel de Literatura alternativo, para el cual ya hay cuatro finalistas. Desde mi punto de vista es un despropósito. El vacío indica un acto de congruencia por parte de la Academia Sueca y una intención de reconocer el desprecio por estas prácticas extraliterarias. Si la corrupción llegó a un miembro de la prestigiada academia, si a Frostenson se le fue la lengua frente a su marido y si éste hizo uso de información secreta respecto al premio y se valió de esos datos para abusar de mujeres, pues, basta: no hay premio. Eso muestra un arco de respeto, me parece.

No todos piensan igual. Para el escritor Alonso Cueto, la discusión se ha desplazado un poco hacia el tema económico. “Cada vez se menciona más el monto del premio. Es algo típico de nuestros tiempos. Aun así, sigue siendo importante porque valora la calidad de un autor. Coelho y Dan Brown no lo van a ganar. En ese sentido, estimula la buena lectura”, señala. Ni mido, el discutido Nobel del 2016 a Bob Dylan dividió a propios y extraños, y abrió el debate sobre si el premio debería tomar un curso diferente. Al respecto, la escritora Claudia Salazar Jiménez apunta que si hay algún camino nuevo, esto no debería implicar que nos quedemos sin el premio. “Quizás no tenga la trascendencia de antes, pero sigue teniendo importancia, por ejemplo, para impulsar la venta de los libros de quien ganara”, afirma la autora de “La sangre de la aurora”.

Peor, la Academia Sueca ha informado que en el 2019 se entregarán dos Nobel de Literatura en conjunto, para emparejar el piso. Pero el vacío este año, y las reacciones generadas, confirma que el galardón no ha perdido relevancia. “Yo lo voy a extrañar –agrega Cueto–. El premio es siempre una sorpresa por las buenas o las malas razones. Y, ahí sí que estoy de acuerdo con Cueto. El Premio Noble nunca nos deja indiferentes. A veces es fruto del azar y todos los lectores somos aficionados a las vueltas del destino. Especulamos que toca un africano o una latinoamericana, un poeta o una novelista. Y todas las especulaciones pueden o no equivocarse. Muchos hemos terminado sorprendidos. La diferencia es que este año no nos sorprenderemos.

Que nos quedemos sin Premio Nobel de Literatura me parece un acierto de congruencia. Es un arco que se dibuja entre el vacío que generó el abuso y la corrupción y la postura frente al Premio Nobel de la Paz que se otorgó a un par de activistas que luchan en contra de la violencia sexual.

Mi tío Memo

Hoy el corazón de mi tío Memo se quedó quieto, dejó de latir. La vida terrena se detuvo para dar paso a una superior y mejor en la que será recibido entre cantos y flores. La voz que todo lo sobrepasa y que no está a la altura de ningún concepto material se puso frente a mi tío Memo y le extendió los brazos para llevarlo al reino de la Luz. Le fue dada la chispa de la gloria y entró a ese lugar de felicidad eterna y de amor del que nunca se acaba.

La última vez que hablé con él me dijo: Estoy listo. Estoy listo para lo que Dios quiera, para seguir viviendo o para encontrarme con él, de ese tamaño era su fe. De esas dimensiones será la alegría de su certeza. Mi tío Memo es el hermano mayor de mi papá, nunca dejará de serlo. De todos los Durán Saavedra era el más virtuoso: tenía la habilidad de someter cualquier instrumento musical y hacerlo hablar al son que él quería. Llevaba la música en las venas. Su talento lo llevaba a escuchar una canción, sentarse al piano y tocarla como si conociera la partitura, como si él mismo la hubiera compuesto. Me encantaba escucharlo tocar el piano de casa de mi abuelito y sentí una felicidad enorme el día que tocó para mis hijas “El chorrito” en el de mi casa. El amor por la música me los inculcó él.

No fue lo único. Mi tío me enseñó a montar a caballo. En mi infancia, no hubo vacación que mi tío no nos llevara al rancho de mi abuelito a pasear a caballo. Nos levantábamos tempranito, a veces todavía estaba oscuro y tomábamos el rumbo a La Noria. Allá veíamos el amanecer. Betty, su hija menor y mi mejor cómplice de travesuras infantiles, mi tío Memo y yo hacíamos esos recorridos todos los días de las vacaciones. Lo escuchábamos platicarnos de Las Poquianchís, de los mitos y leyendas de la región, también nos platicaba de sus operaciones, era médico, de sus pacientes. Nos hacía cosquillas. Nos indicaba el modo correcto de subir al caballo, de agarrar la rienda, de controlar una bestia.

En mi tío admiré el amor por la raqueta, jugo frontenis por muchísimos años y lo hacía muy bien: es decir, era bueno y se divertía.

Mi tío Memo era puntual y metódico, de raza le viene al galgo. Nunca llegó ni temprano ni tarde a ninguna de sus citas. Lo recuerdo jugando damas chinas con mi padre en las mañanas de aquellas vacaciones infantiles. Me enseñó a jugar, a entender que el juego no se trataba de mover caniquitas de colores, sino de entender el tablero y de tener una estrategia de movimientos.

Recuerdo que una vez, cuando estaba aprendiendo a manejar, me llevó a Ciudad del Sol, en La Piedad. Me cedió el volante y justo cuando íbamos en plena subida, apagó el coche que era de velocidades. Si sales de ésta, habrás aprendido a manejar. Él fue el primero que me enseñó lo que era el mar. Mi primer viaje a la playa lo hice con la familia de mi tío Memo, fuimos a Mazatlán.

Tantos viajes a la playa, a Manzanillo, a Acapulco, a Mazatlán, tantos cocos en la playa, tantos juegos en el mar, tantos paseos en el rancho, tantas historias y tantas anécdotas no caben en las lágrimas que se me salen al saber que el corazón de mi tío decidió tomarse un descanso. Duele la tristeza de este cambio. La evidencia de ese paso es tan contundente, pues ese paso a la trascendencia se lleva la vida de por medio. Pero, la puntualidad tan característica de mi tío Memo, la claridad de ideas y la serenidad con la que me dijo: Estoy listo sirve no sólo de certeza, sino de consuelo.

Mis palabras son más cortas que todos mis recuerdos. El reflejo de unos y otros son como un arco iris que ahora vienen iluminados por otro fuego. En medio de la memoria, se dibuja un círculo de luz que unen el presente y el pasado con esa certeza que mi tío ya contempla. Le faltan potencia a mis palabras. Pero, mi tío va al Bien a platicarle de lo que vivió en este mundo y por fin tendrá ante sus ojos todo lo que es perfecto, armonioso y luminoso.

A mi tía Bertha, a mis primas: Paty, Mary y Betty, a sus nietos y a sus bisnietos les mando un abrazo lleno de cariño. La vida terrenal de mi querido tío Memo se detuvo, la de la trascendencia en la que él creyó tan firmemente, está iniciando.

Feliz cumpleaños, Madonna

Pensar en Madonna es entrar en un mundo vertiginoso de música, atrevimientos, fuerza, energía y talento; es entrar en un mundo de cabello platinado, bailes elásticos, ritmos peligrosos y discos de oro y platino. Madonna es éxito, es pop, es una especie de abeja reina en una colmena en la que Britney Spears, Nicky Minaj, Demi Lovato,  Ariana Grande lucen como abejitas obreras. Cuesta trabajo que el próximo 16 de agosto Madonna cumplira 60 años.

Sí, muchos piensan y tienen razón, al decir que Madonna está más allá de la edad. Logró convertirse en un icono, en una marca y para decirlo rápido: en una estrella. Madonne Louse Ciccone es una mujer especial. Más allá de la crítica que puede apuntar que Christina Aguilera tiene una mejor voz, que no sabe actuar, que no entiende lo que es rockear, que no toca ningún instrumento, que no sería aprobada por miradas eruditas, en fin, más allá de todo lo que se pueda decir, Madonna es un símbolo  que genera opinión.

Madonna es un personaje redondo. Es una mujer astuta que sabe detectar ventanas de oportunidad y las aprovecha. Es un ser humano agudo, de ese tipo de personas que nacieron con sabor, con pimienta en la sangre y que lo sabe usar a su favor. Dicen que es exigente, que ha aprovechado el talento de otros para conseguir sus objetivos, que es caprichosa. Cuentan que nadie quiere estar cerca de ella si está enojada pues se puede convertir en alguien agresivo e hiriente. La critican por vulgar, la alaban por atrevida. Seguramente es todo eso. No todo lo que hacen las estrellas tiene que ser brillante, viene en el paquete de ser humano. ¿No es así?

Lo cierto es que detrás de sí, Madonna trae una cauda de energía como pocos que han tenido el privilegio de habitar el escenario. Sin más, me parece increíble que Madonna cumpla 60 años y siga bailando y cantando con el ímpetu que lo hace. Feliz cumpleaños, Madonna.

Pasividad, culpabilidad, rencor y una ciudad que cambia (Una sensación extraña, Orhan Pamuk)

Una sensación extraña

Orhan Pamuk

 Traducción de Pablo Moreno González

Literatura Random House. Barcelona, 2015

La pluma de Pamuk nos toma de la mano y nos regresa en el tiempo para contarnos una historia que se desarrolla entre 1969 y 2012.  El autor nos propone una novela en la que invita al lector a recorrer la anécdota desde diversos puntos de vista. Se trata de la transformación que sufre un espacio urbano de la mano de su gente. Es la historia que nos deja ver como se modifican los usos y costumbres de una ciudad que crece mientras subyace Una extraña sensación. Pamuk nos confronta con opiniones personales y versiones oficiales y nos deja ver cuáles son los sentimientos de los involucrados. Se trata del preludio que nos permite anticipar un cambio y nos da oportunidad de atisbar y anticipar lo que los propios personajes aún no son capaces de sospechar. Por supuesto, el personaje principal, según el autor se llama Mevlut, pero no podemos dejar engañarnos, el personaje principal es Estambul y su antagonista es Turquía. Una sensación extraña nos cuenta la intimidad de una nación y de lo que sucede en su capital.

Estambul es la protagonista que se transfigura y en esa transformación, modifica sus tonos y sus ritmos y el personaje relevante que es Mevlut —que encarna al turco que vive en una forma tradicional que está a punto de desaparecer—   recorre las calles a pie vendiendo Boza por las noches, gritando para que la gente salga a comprar, pero para darle identidad a Estambul y a Turquía, a través de un oficio que se fue preservando y defendiendo de la extinción. Así, el oficio sirve de metáfora complementaria de la que se vale el autor para llevar un hilo conductor de la novela en la que también se narra la vida de Mevlut, su familia, su padre, sus primos, sus esposas, sus hijas y da cuenta de lo que sucede en el entorno.

En esos momentos se daba cuenta de que la ciudad en la que llevaba cuarenta años viviendo, en la que había cruzado miles y miles de puertas y conocido las interioridades de las casas de tanta gente, era en realidad algo tan efímero como la vida que había vivido en ella y los recuerdos que había forjado en ella.” (p. 589)

Mevlut, el vendedor ambulante de boza, llega a Estambul a comienzos de los sesenta procedente del pueblo. Abandona el ambiente rural en busca de la vida esperanzadora de la ciudad. El progreso urbano de Estambul se dibuja a través de la trama de aprendizaje de una especie de merolico que se va haciendo de mañas mientras para ejercer el oficio que le enseña el padre, que a su vez emigró, buscando un futuro mejor, y sólo consigue corroborar el peso de su propia extracción social y la falsa fábula del hombre hecho a sí mismo.

En aquella época tan hermosa había mucho trabajo y tenía que entregar a tiempo los pedidos de los clientes habituales, con los que solía apresurarse y marcharse sin poder disfrutar de esas invitaciones ni de cariño.” (p. 50)

Mevlut asiste melancólicamente al ocaso de su mundo. Los vendedores de boza y yogur desaparecen, y especuladores y caciques, mafiosos paternalistas, aprovechan las leyes de amnistía catastral para ir acumulando tierras. La resistencia al cambio, la necesidad de volver una y otra vez sobre los mismos pasos, la certeza de que darle la vuelta al destino no traerá nada bueno es la sombra con la que Mevlut revuelve melancolía, ternura, cotidianidad y pobreza.  El contraste con la familia de su tío, el progreso de sus primos y el engaño de Süleyman van pergeñando una serie de hilos narrativos melodramáticos.

Multitudes ruidosas, dinámicas y pretenciosas. Mevlut había experimentado estos grandes cambios en pequeñas dosis diarias, no en forma brutal y repentina, y por eso nunca se lamentaba como otros de la transformación que había sufrido Estambul.” (p.39)

“El diablo del cambio había hecho desaparecer con su toque mágico todo ese entramado, esa gente se había marchado, esa gente se había marchado, aquellos lugares de diversión donde se cantaban canciones turcas y occidentales al estilo otomano y europeo habían cerrado, y en su lugar se habían abierto lugares donde comer brochetas y carne a la parrilla al estilo de Adana y donde beber raki.” (p.40)

El cambio que sufre Estambul hace que los turcos vayan empezando a anidar esta extraña sensación que le da nombre a la novela:

“Mevlut entró al salón donde se sintió pobre y fuera de lugar. Se produjo un silencio, todo se detuvo” (p.44)

Finalmente, el autor nos deja clara la referencia a la novela en la que se centra toda la narración:

“El sentimiento de carencia e insatisfacción que albergaba en su en su corazón cuando llegó por primera vez a la ciudad se había intensificado después de la muerte de Rayiha, y sobre todo en los últimos cinco años… lo único que él quería era una casa y vivir tranquilo hasta el final de sus días.” (p. 590)

Más allá de lo universal, a Pamuk le importa reflejar el paisaje  y la historia: el ser humano es su territorio e incluso, entre las colinas chabolistas de Kültepe y Duttepe donde se comen los mismos alimentos y se ven los mismos programas de televisión, existen diferencias políticas irreconciliables.

“…la ciudad en la que llevaba cuarenta años viviendo, en la que había cruzado miles y miles de puertas y conocido las interioridades de las casas de tanta gente, era en realidad algo tan efímero como la vida que había vivido en ella y los recuerdos que había forjado en ella” (p. 589)

La traducción de Pablo Moreno González es agradable y no estorba para nada la intención ni la emoción regente que el autor quiso imprimirle al texto. Se lee con sencillez y no molestan los vocablos en castellano.

Pamuk sigue siendo un autor amable, nos da pistas tanto en los títulos y frases de cada capítulo, como una especie de organigrama de los personajes, un resumen de sucesos importantes que ayudan al lector a no naufragar en el intento. Esa misma intención que le da sentido a la fugacidad en la última frase de la novela. Así, después de 620 páginas, Pamuk cierra la novela en forma magistral.

En Una sensación extraña comprobamos que la función de la Literatura es abrirnos mundos alternos a los que podemos acceder sin temor a que algún secreto quede sin ser revelado.

Primer certamen literario Nelson Mandela

http://www.porescrito.org (bases del concurso)

Valle de los Caídos

En 1989, estaba en los jardines del Escorial con Mario Paoletti quien era el director de la Fundación Ortega y Gasset. En aquellos años, yo era una alumna que estudiaba becada en Toledo y que fue al monasterio de San Lorenzo del Escorial en una visita de escuela a conocer. En ese tiempo, las heridas aún estaban frescas.

Don Mario y yo estábamos solos. Echábamos la mirada larga al paisaje y yo preguntaba y mi maestro me iba explicando. ¿Qué es aquello? La sonrisa se le cayó del rostro, se le avinagró la expresión y me dijo que era El Valle de los Caídos. ¿Vamos a ir a visitarlo? Desde luego que jamás. Es un oprobio. Decidí guardar silencio. Ver lágrimas y no entender es una llamada a cerrar la boca.

La cocinera de la Fundación, Conchi, era una señora regordeta que me quería mucho por ser mexicana, allá hacen muy buenas telenovelas y de allá era Jorge Negrete, decía. Le pregunté por el Valle de los Caídos y le dije lo que pasó con Don Mario. Ay, niña. Hay que tener morro. ¿Cómo le preguntaste eso? Y me explicó.

Me dijo que en esa grandilocuencia, en ese templo con dimensiones tan exageradas, es casi tan grande como lo Basílica de San Pedro, estaban enterrados los restos del Generalísimo Franco. Es una ofensa para muchos. Mira donde están los dictadores de las naciones, mira donde quedó Hitler y donde está Mussolini, mira el lugar que se mando hacer Franco. Ella no lloró, escupía fuego al referirse a Franco. Nos espió, nos aterrorizó, nos tenía viviendo con miedo. Nos robó la calma. Pero, tú eres mexicana, ve a ver lo que es y me cuentas.

Pedro, era un toledano que tenía un puesto de periódicos, me dijo que lo de Franco saca ampollas. Cuando murió, en España hubo gente que lo clamaba a gritos. Gente que le lloró. Es lo malo de los caudillos, o estás con ellos o estas contra ellos. Estar contra Franco en tiempos de la dictadura es mala idea.

La casa de mis padres está en una colonia que fue habitada por refugiados españoles. Los Fonellosa eran gente amable y siempre fueron nuestros amigos. Al hablar del Valle de los Caídos ellos elevaban los hombros, por fortuna no hemos visto ese lugar. No hemos vuelto a España y entiendo muy bien a quienes quisieran derrumbar ese lugar.

El Valle de los Caídos representa un monumento a la persona de Franco. El nuevo gobierno socialista ha retomado el plan de mover los restos del Generalísimo para cambiar el significado del lugar y convertirlo en un museo de memoria. Es un golpe de autoridad y de respeto a las víctimas del franquismo. Es atender una recomendación de la ONU sobre las fosas comunes y la comisión de la Verdad.

Entregaran los restos de Franco a su familia. Aquí los modos son importantes. No se puede correr sobre lápidas y restos humanos, sería caer en lo criticado. Se presentará un proyecto de ley y esto suele tardar por lo menos un año. Han pasado tantos años de la muerte de Francisco Franco y la herida sigue supurando.

Recuerdo la cara de Mario Paoletti aquel día en El Escorial, han pasado casi treinta años. Visité El Valle de los Caídos como me lo recomendó Conchi, Don Mario se enojó conmigo. Los dos escucharon mis apreciaciones del lugar. Me alegro de que no lo tiren, es mejor destino un museo de memoria.

Al final, el,objetivo de un museo de memoria es no repetir los errores de pasado. Está claro que el Hombre olvida muy rápido.

Fuera prejuicios sobre la autopublicación: No fotografíes soldados llorando

Jordi Sierra i Fabra,

No fotografíes soldados llorando,

Amazon Publishing,

Luxemburgo, 2017

Siempre he creído que cada libro tiene un camino específico para llegar a su mejor lector. Por años y desde que me dedico a ésto, las ideas sobre la autopublicación tienen un halo de valentía y mal olor. Los panegíricos en torno a dejar de lado la edición tradicional y lanzarte a la libertad de publicar lo que venga en gana contrastan con el cuidado editorial y los argumentos sobre la calidad del texto. Al escuchar ambas posiciones siempre he dudado sobre hacia dónde se debe inclinar el fiel de la balanza y me queda claro que cada caso es distinto. El autor y el libro en sí mismos hacen la diferencia. Para muestra No fotografíes soldados llorando de Jordi Sierra i Fabre.

No recuerdo como fue que llegó este libro a mis manos. Sé que lo pedí a Amazon —no hay otra manera de conseguirlo—, sin embargo, no me acuerdo quién me lo recomendó. Sospecho que pudo ser el propio programa de Amazon que me conoce y sabe de mis gustos mejor que yo misma. Tiene mejor memoria. En este caso, las razones metatextuales cuentan. La portada y el titulo tienen un maridaje espléndido. No fotografíes soldados llorando es una orden que viene acompañada con la imagen de un uniformado abatido. Eso, a querer o no, jala la atención del lector curioso. También, pica la curiosidad enterarte de que un autor que ya tiene experiencia en el medio, que cuenta con una obra extensa y ha sido publicado por grandes casas editoras, como Jordi Sierra i Fabra haya optado por Amazon Publishing.

Más allá de lo que rodea al libro, No fotografíes soldados llorando es una novela clara y con un objetivo autoral bien planteado. El lector se enfrenta a un texto que fue escrito por alguien que sabe mover la pluma y que es eficiente. No gasta más palabras de las necesarias, no se va por las ramas, no rodea: es directo y contundente. La novela arranca con un par de notas que son una especie de advertencia al lector que bien valen la pena releerlas al terminar la lectura del libro.

La narración arranca en la página uno, lo que generalmente no sucede en otro tipo de ediciones. El narrador es omnisciente, sin embargo, hay varias oportunidades en las que el lector sentirá que está escrito en primera persona. La obra está dividida en un prólogo y en capítulos que nos irán dando dirección y orden cronológico. La anécdota corre sobre los rieles de un fotógrafo de guerra al que le han advertido que tiene libertad para retratar lo que quiera menos soldados llorando y, desde luego, desobedece.

“Eres un reportero de guerra, no un fotógrafo de emociones… No es bueno para la moral. Publicar una foto así es un riesgo.” (p. 1)

La primera parte: La guerra (Bosnia-Herzegovina 1995) sitúa a Damián Roca en su primera misión y ha sido asignado a una base española que está participando en el conflicto como un punto de apoyo a la población. En su primera salida al terreno, son víctimas de un ataque, se hace la confusión y Damián se pierde y pasa la noche intentando volver. Por la mañana, logra regresar y a la distancia ve a un soldado llorando. La tentación es mucha: dispara el obturador y toma la foto.

“Estaba sentado en el suelo, con el casco a un lado y su arma al otro. La cabeza entre las manos. Lloraba. Damián se detuvo. La distancia no era excesiva y, utilizando el objetivo de 200 milímetros, podía incluso captar únicamente su cara, en primer plano. No fotografíes soldados llorando. Pero, ¿cómo no hacerlo?” (p.34)

La novela tiene claridad en la intención. Se vale de una anécdota que se irá desenvolviendo a lo largo de doscientas diez páginas de fácil lectura. El tema que explora es la guerra, la limpieza étnica, el honor y como todos se revuelven y se convierten en una misma intención.

“Hay muchas formas de hacer limpieza étnica. No hace falta disparar un tiro. Violan a una bosnia y listos. Ella queda deshonrada para siempre. Nadie va a quererla. Violada y despreciada por los suyos. Encima si o se suicida, la mata el padre o el hermano mayor, para limpiar el deshonor” (p.9)

En la segunda parte de la novela, La paz (España 2000), Damián ha ganado experiencia. Es un fotógrafo reconocido y busca la imagen que lo lleve a tomar esa imagen que detenga el tiempo y rasgue el corazón. Es un hombre que ha cambiado:

“Se miró al espejo y trató de reconocerse. No era fácil. Se le había endurecido el rostro, llevaba el cabello muy largo y revuelto, barba de dos o tres días, la piel tostada y estaba tan delgado que los pómulos destacaban formando ángulos de noventa grados en toda la cara.” (p.34)

Damián tiene una vida tranquila, una relación estable e incluso piensa en dejar el ajetreo para optar por una vida menos nómada y con mayor arraigo. Se le notan las ganas de echar raíces pero un encuentro lo lanzará a una búsqueda.

La búsqueda es la tercera parte en la que Damián iniciará una investigación con miras a escribir un reportaje de guerra con la distancia de tiempo que le pueda dar objetividad, o eso es lo que le dice al editor del periódico en el que trabaja y así consigue viáticos para visitar a ciertos soldados españoles implicados en su búsqueda y para volver a Bosnia. En estas páginas, Jordi Sierra i Fabra hace una crítica dura sobre miembros del ejército español. Entendemos las razones por las que esta novela debió de ser publicada de manera independiente. Una crítica tan dura a las fuerzas castrenses es difícil que alguien quisiera comprometerse y publicar. Sin embargo, y aunque es ficción, creemos lo que leemos. Sabemos que en la guerra se comenten atrocidades innecesarias y que quienes debieran defender o simplemente observar, desciende a la parte animal del ser y comete actos atroces por el simple gusto de hacerlos.

El regreso (Bosnia-Herzegovina 2000) es el cierre de la novela. Es la reflexión en torno a la rudeza de la guerra sobre el ser humano, más allá de las balas.

“Nadie olvida la guerra. Muchos muertos, muchas familias tristes, mucho odio, muchas ganas de venganzas. La paz es falsa.” (p. 188)

“No había mucha gente. Vieron a un hombre sentado en una ventana, a una mujer cargando un hato de leña y a una anciana caminando. Los miraron más que como extraños, como a intrusos.” (p.198)

“Todos parecían muy quietos, como estatuas cargadas de recelos” (p.199)

Jordi Sierra i Fabra cierra la novela y no pierde la oportunidad de dar su punto de vista en forma explícita sobre lo que piensa y siente sobre la religión, el honor y la guerra. Ojalá no lo hubiera hecho en forma de moraleja.

No fotografíes soldados llorando es una novela que se lee en forma fácil y rápida. Es una crítica fuerte y un recorrido ligero, la combinación le resulta bien al autor. Es la expresión de un acto terrible, sólo uno, dentro del terror que causa una guerra.

Una novela o muchos cuentos entrecosidos (La regata de Manuel Vicent)

La Regata,

Manuel Vicent,

Alfaguara, Madrid (2017)

Si algún día era propicio para terminar de leer La regata de Manuel Vicent, era precisamente el domingo que es cuando se publica su columna en el diario El País y fue donde me aficioné a sus letras. Por la sección Babelia del propio diario, me enteré que Vicent acababa de publicar su última novela y como todavía no se encontraba en las librerías en México, tuve que contribuir a que la fortuna de Jeff Bezos se hiciera aún más grande. El paquete de Amazon llegó con el libro y empecé a leerlo casi de inmediato. Sucede pocas veces, pero La regata se brincó varios lugares y me metí en las hojas de la novela.

Me atrevo a decirle novela porque así la clasificó su autor, sin embargo, me quedo con la duda de que eso sea. En realidad, me parece que es una serie de cuentos alrededor del Mar Mediterráneo que Vicent quiso entrecoser para presentarlo como un todo que en realidad está fragmentado. La regata está dividida en varios capítulos que inician con un epígrafe que más tarde encontraremos inserto en el capítulo. El primer lema con el que nos topamos, lo reencontraremos como las últimas palabras que el autor consignó en esta novela.

“─Algún día te llevaré al valle donde florecen los limoneros. Y, luego iremos a navegar─le dijo el pez gordo a la joven estrella.

              ─Cariño, pídeme una ración de gambas─le dijo la joven estrella al pez gordo.” (p.7 y p. 233)

Vicent juega con el lector, nos lanza un anzuelo que tragamos gustosos. Creemos que la novela irá sobre la historia de Dora Mayo y su amante Pepe California y desde las primeras páginas nos administran semejante vuelta de tuerca al ver a California caer muerto víctima de un infarto sobre el cuerpo atado a los pedestales de la cama de su novia tan joven. El inicio me recuerda el comienzo de esta novela de Alessandro Baricco: Sin sangre. Pero no, de eso no va La Regata. Esa es sólo una de las varias historias que se nos contarán en la novela.

Veremos como se desenredan varias anécdotas: la de Ismael un joven aprendiz de escritor que va de invitado del doctor Fraud, un cirujano que le acaba de extirpar una verruga y están a la espera del resultado del laboratorio para saber si es maligna o no, que se enredará con Laia, una pelirroja mística que también va invitada por el médico. Nos enteraremos que en el yate Lidia van una familia de pijos que llevan como invitado a un exministro que tiene problemas con la ley. Pepito Cobaleda es otro personaje que no puede participar más que al final de la competencia porque sufrió un infarto que lo imposibilitó, dejándolo postrado en la sección de terapia intensiva de un hospital de Valencia.

Cada yate cuenta una historia, con cierta ironía algo forzada, salpimentado con un lenguaje muy marinero, en donde aprendemos términos como foque, palo de mesana, mástil, babor, estribor. Se mete a temas como la corrupción y la belleza del mar, la frivolidad y las noches llenas de estrellas, la riqueza y la migración. Se burla del mundo contemporáneo.

“Esa mañana de agosto en Madrid, en la plaza de Lavapiés se agitaba el oleaje de otra clase de mar turbio e interracial. Otra regata tenía lugar en el asfalto. Un grupo de africanos invocaba los espíritus de la selva tocando los tambores sincopados; en la puerta de un supermercado Carrefour unos solidarios recogían alimentos para los necesitados; unos ecologistas cultivaban una huerta alternativa de lechugas y tomates en un solar, una anciana con bata guateada se asomaba por una ventana y gritaba: Mohamed, súbeme pan y una botella de leche.” (p. 97)

La intención de Vicent es clara: nos quiere dar a leer un mosaico de aquello en lo que se está transformando Europa, nos quiere inocular la inquietud de la migración y nos lleva a observar la deuda que tenemos con todos estos migrantes que se suben a una balsa y se hacen a la mar para buscar un mejor futuro, cuando a veces ese mejor futuro es la muerte. Claro que el autor entiende que para no atormentar al lector hay que ponerle algo de picante y, falla. Enrosca algunas escenas de erotismo muy facilonas que le restan mucho a la narración.

Merma para la novela los nombres que utiliza Vicent para sus personajes. Son obvios y aunque intentan ser chistosos no lo son. Pepe California, Doctor Fraud, Pepito Cobaleda. Las descripciones eróticas llegan a ser grotescas y parece que se metieron con calzador en la narración. Se puede, fácilmente prescindir de ellas. Pero, el autor es agudo al narrar contrastes:

Pese a esto, ya se sabe que la felicidad del amo la proporciona el criado.” (p. 25)

“Sin esclavos no hay libertad, no hay imperios, no hay historia, no hay nada.” (p. 26)

“Este patrón, que al parecer se sentía emperador de Bizancio, acostumbraba a humillar a la marinera siempre que se disponía a zarpar los domingos.” (p. 26)

En un mismo párrafo nos puede llevar del disfrute a la catástrofe:

Ismael asentía, dando por hecho que este jodido mundo se había convertido en una puta mierda, pero no por ello estaba dispuesto a renunciar al placer de contemplar los labios carnosos, los muslos torneados y las pecas encendidas de los hombros y del rostro de la esquiva pelirroja” (p.172)

“En adelante, los argonautas navegarían con ese náufrago, como un tripulante más a bordo, aunque en alguna manera también estaban satisfechos de haber presenciado una operación de salvamento y de haber sido testigos directos de la catástrofe de la humanidad de la que todo el mundo hablaba.” (p. 172)

Manuel Vicent nos hace partícipes de su amor al mar. Cualquiera que lea La regata adivina el enamoramiento que tiene el autor por las olas y el agua salada. Se nota que las experiencias que cuentan tienen un acento autobiográfico, que son recuerdos vívidos:

Si el silencio del planeta estuviera a la venta, el que se produce en altamar sería, sin duda, el más caro” (p. 156)

              Tal como se está acostumbrando en las últimas obras de literatura contemporánea, los autores nos dejan un resumen de la novela en las últimas páginas. Así como Paul Auster tiene la cortesía de hacernos una sinopsis, en las últimas dos páginas de la novela Vicent nos corre esta atención que ahora se ha puesto de moda.

Cierro el libro y me parece que es una lectura recomendable para verano, para la vacación, para leerse junto a la alberca. La regata se lee rápido, no requiere de mucho esfuerzo, es ligera, con todas las cualidades y defectos que el adjetivo tiene. En general, es disfrutable, pero me gusta más el columnista de domingo que es Manuel Vicent que el novelista que escribió esta novela o colección de cuentos.

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