El amor que nos pone nerviosos

El tema nos sigue poniendo nerviosos. Causa reacciones, lo mismo pudor que frescura, condena que aplausos pero jamás indiferencia. Nos pone a hablar y a pensar. También a sentir. Su evocación, su invocación, su sugestión y su representación son una de las principales fuentes de las que se ha nutrido el arte. Eros provoca.

Así es. Así ha sido siempre. El amor representa una de las más profundas liberaciones del hombre. ¿Cómo no figurar ese momento en el que se desatan las caricias y suspiros y ya no te puedes detener? El instante de los besos apasionados y las palabras dulces, la llave que desboca las emociones, transforma a la pasión en frenesí desesperado cuando la temperatura del cuerpo sube y la humedad brota. El deseo de explorar un mundo pleno de gozo. Cruzar el umbral, traspasar el límite del yo para compartir la otredad, alcanzar la combinación insuperable. 

A partir de sus primeros pasos la Humanidad ha experimentado la curiosidad de entrar al laberinto de las sensaciones. Lo mismo con juegos paganos que con rituales sagrados, ya sea solos o acompañados. Desde la antigüedad los secretos amorosos han sido compilados para instruirnos. Entre los más conocidos están el Kama Sutra, el Ananga Ranga, el Jardín Perfumado, las Posiciones de Aretino, Sade. Tantos otros. La diferencia radica en las formas en que reaccionan las diferentes culturas. Textos y estampas para entrar en los misterios del placer. 

Algunos libros revelan los secretos del amor místico al que se llega primero por los goces externos que han de anteceder al goce interior. El Kamasutra, que se ha convertido en una especie de marca para cuestiones de erotismo es un libro sagrado. Otro libro parecido proveniente de la India es El Anga Ranga, escrito especialmente para instruir en los secretos amorosos a una chica de la casta de los poderosos, dentro de una filosofía del amor místico, su lectura resulta sumamente instructiva y curiosa. También gráfica.

El Jardín Perfumado es un manual árabe sobre el arte del amor, escrito por Jeque Nefzawi en Túnez. Es considerado como una obra maestra de la literatura amorosa, trata el tema del erotismo con un estilo poético muy elegante y lo presenta en forma de parábolas para facilitar el entendimiento del mensaje que pretende transmitir. 

La Grecia clásica tuvo la ventaja de no tener que poner límites, el amor se encontraba en todas partes y se desarrollaba en la espontaneidad y la evidencia.  La Edad Media conservó la cuasi-libertad de manifestación hasta que se marcó una distinción ideológica rigurosa y estableció un punto de partida entre lo decente y lo que no lo era. Así nace la literatura amorosa que toma consciencia de sí misma justamente cuando se le condena como deshonesta.

Por eso, durante siglos este tipo de literatura fue rechazada por Occidente. Los sonetos lujuriosos de Pietro Arentino se mantuvieron en secreto, eran algo así como el paradigma de la poesía licenciosa. Se escribieron para comentar literariamente las imágenes del acto amoroso en diversas posiciones dibujadas por Giulio Romano y grabadas por Marcantonio Raimondi. Estas composiciones son divertidas e incitantes, nos mueven a la complicidad. Su gracia y su ingenio se transforman en poesía, hacen del amorun objeto de risa, aunque no por eso dejan de ser profundamente bellos.   

Tras la reacción puritana del siglo XIX, la literatura del amor sufre, causa escándalo. Tal es el caso de Baudelaire, D.H. Lawrence cuyas novelas, relatos y ensayos provocaron alboroto a principios del siglo pasado. Por un lado atrajeron condena pero al mismo tiempo conquistaron la curiosidad de un público ansioso por destruir los prejuicios sociales de la Inglaterra victoriana. Sin embargo, el autor del Amante de Lady Chatterley nunca pretendió ser un autor ni erótico ni anarquista. “Simplemente quise ser un artista”, dijo.

Henry Miller huyó del puritanismo estadounidense y se fue a escribir a Paris. Narró sus experiencias, contó las historias de sus amigos, a menudo extraños individuos, de sus numerosos amores y de la “pesadilla climatizada” como él le llama a la censura norteamericana. Miller se comunica con el lector y da cuenta de sus andanzas en un tono vivo y alegre con fondo negro. “Cuando escribí Trópico de Cáncer elegí un tono feliz, lejos de la sangre, el remordimiento y las lágrimas”.

Imposible pasar por alto la obra de Juan García Ponce. Un trabajo que traza un juego de inteligencias, de imágenes, de palabras y amor, un amor que es una celebración a la vida. La obra del autor yucateco se caracteriza no sólo por su extensión sino más bien por su intensidad.  Sus libros nos llevan de la mano y con detalles nos enseñan los símbolos más sobresalientes de la narrativa erótica contemporánea. Amor, pasión, lados oscuros, intimidad, desasosiegos, aventuras, arte y el logro de romper esquemas con una sociedad que hace escándalo del amor y que conlleva a que el lenguaje sea un silencio. Silencio que se convierte en escritura poética y que después de leer La Invitación o Inmaculada o los placeres de la inocencia, nada es igual.

La literatura del amor ha pasado a ser en la actualidad un género literario noble. Es la búsqueda por humanizar el entorno. Las expresiones culturales han proyectando las emociones y han sensualizado el universo. La magia afrodisíaca teje los ciclos de la vida del hombre y por ello los mitos, rituales y las artes desde las antiguas civilizaciones expresan una amplia variedad de temas sensuales. 

​Pero, el amor sicalíptico también se expresó a Dios. Santa Teresa de Ávila. Palabras apasionadas que se elevan a lo alto de los cielos: Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti. De tal suerte pudo amor, alma, en mí te retratar, que ningún sabio pintor supiera con tal primor tal imagen estampar. La vehemencia de las palabras nos dan muestra de un amor arrebolado que la mujer plasmó para dar cauce a ese sentimiento inspirado por el amor más alto: el amor a Dios. 

El artista de hoy y el del pasado a través de estos temas buscan el tesoro más preciado: la provocación, el cortejo, la seducción: el amor. Ante Eros no cabe la indiferencia y sólo existen dos opciones la sonrisa y el placer o la mueca y la condena. ¿Cuál eliges? Si. El tema nos sigue poniendo nerviosos.

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