Un caballero en Moscú o la corrección y las formas

Cecilia Durán Mena

Towles, A. (2016)

A gentleman in Moscow

Large Print Random House

Dicen por ahí que la prueba de verdadero disfrute de una lectura se da cuando sientes una combinación entre tristeza y logro cuando notas que estás a punto de terminar un libro. Por otro lado, uno no deja de tener ciertas sospechas cuando alguien te recomienda leer un best seller. Algo así como las antenitas críticas se eleva y termina uno elevando los hombros, torciendo la boca y accediendo a ver si efectivamente la lectura valió la pena o no. Este es el caso de Un caballero en Moscú del autor estadounidense Amor Towles. ¿Cómo no sospechar de un graduado de Yale que estudió literatura inglesa en Stanford y escribe sobre un caballero en Moscú? Y, al mismo tiempo, sus credenciales podrían darnos indicios de la pluma a la que nos podríamos enfrentar.

              Pero, la corrección nos dice que al autor hay que juzgarlo por su obra. Un caballero en Moscú es una novela que trata de la cortesía de las formas, de lo que significa ser una persona correcta y elegante y sobre todo, de que la distinción y la inteligencia no están peleadas. Amor Towles eleva la pluma y vierte palabras para demostrarnos que a través del lenguaje podemos encontrar el reflejo perfecto de una educación refinada, de un personaje que con los elementos que tuvo a la mano, logró hacerle frente al reto y salir victorioso.

              Alexander Rostov, es decir, el Conde Alexander Ilich Rostov es un noble ruso, un aristócrata culto que desde el principio de la novela —que arranca en 1922— es condenado a causa de un poema, por un comité revolucionario, que no sabe bien qué hacer con él. La condena es un arresto domiciliario perene en el Metropol, un lujoso hotel en el centro de Moscú donde él vivía. Nada mal, para una condena. Claro que no todo es lo bueno que parece y, para hacer justicia, tampoco todo o malo. Rostov se queda en el Metropol como una figura literaria interesante: allí, enquistado como una reliquia viva y bastante incómoda de una época desaparecida de zares y cortes, águilas bicéfalas, duelos, bailes y samovares, observará el paso del tiempo y cómo va a desmoronarse su mundo frente a los cambios que trae la Revolución del `17 y, como aquello que se quería cambiar, encontró formas para prevalecer.

“Un rey se fortalece con un castillo, un caballero lo hace con un escritorio” (p. 16)[1]

              Amor Towles elige un narrador avec que permanece muy próximo a los personajes, casi tanto que logra meterse dentro del personaje, cuando eso le es conveniente a la historia y también se aleja para tomar una distancia similar a la de un narrador omnisciente cuando lo considera pertinente. Se acerca para mostrarnos intenciones:

“Para Edmond Dantés, eran los pensamientos de venganza los que lo mantenían con la mente clara” (p. 45)[2]

              Y se aleja para describir y dar claridad:

“Su modelo de dominar sus circunstancias sería de un tipo diferente de prisionero: sería de una especie de serenidad anglicana”. (p. 45)[3]

              Un caballero en Moscú representa un gran reto lector que será recompensado con una novela a carta cabal. En una novela como esta que nos presenta Amor Towles cabe un poema, que es el punto que desata el hilo narrativo, caben anécdotas, cuentos, historias, refranes, referencias históricas. Podemos decir que esta es una novela costumbrista, ya que retrata los modos de una época que se acaba y otra que inicia; es realista por el detalle que le merecen las descripciones; es de misterio que germina en la última parte de la novela o el que se genera por el propio poema; es de formación ya que nos muestra la forma en que Rostov va evolucionando a lo largo de setecientas diecinueve páginas.

“Porque cuando la vida hizo imposible que un hombre persiguiera sus sueños, se encontrará el modo para que logre perseguirlos de todos modos.” (p 526)[4]

              Amor Towles demuestra que es posible sostener un lenguaje refinado y afectivo a lo largo de toda una novela de largo aliento. No se cae el tono en ningún momento. Además hace gala de su erudición con espléndidas citas históricas:

“Mientras que para Napoleón en Elba, paseaba entre pollos y defendía de las moscas y pisaba charcos de barro, fueron las visiones de un regreso triunfal a París las lo que galvanizaron su voluntad de perseverar.” (p.45)[5]

              El cautiverio del Conde Rostov en el Metropol, nos muestra la batalla contra la preconcepción de frivolidad de la aristocracia. Los personajes son una constelación prefigurada en torno al personaje principal. La costurera, el barbero, camareros, cocineros, bolcheviques, turistas, diplomáticos, todos para dejarnos ver como la nobleza de un personaje basta para crear un universo:

Rostov y Nina representan la amistad y la tutoría.

Rostov y la hermana representan la nostalgia.

Rostov y Anna Urbanová el amor.

Rostov y Sofía el amor paternal.

Rostov y el Gerente del Hotel; la envidia y el resentimiento.

Rostov y el poema; la fidelidad a un amigo.

Rostov y el Triumbirato; la amistad.

Rostov y Emile y Viktor Stepanovich; el respeto.

Rostov y el Metropol representan la posibilidad de libertad en cautiverio.

              Con el Conde Rostov, Amor Towles conquista un reto difícil de llevar a cabo: describir una transición —la de una nación y una época— el devenir de Rusia en la Unión Soviética, a partir de una visión crítica, jamás panfletaria. Rostov es la metáfora de un mundo viejo que no encaja con la nueva época. Por eso, el tono arcaico, la corrección, la elegancia sirven y son indispensables: son la llave que abre la puerta de salvación. Alexander Rostov cae bien a los empleados del hotel, resulta interesante para los nuevos del poder, útil para quienes quieren aprender de él y desde la simpatía de un personaje muy bien construido, refleja los cambios y los absurdos de aquellos que pretenden acabar con todo el pasado de la noche a la mañana.


[1] A King fortifies himself with a castle, observed the Count, a gentleman with a desk.

[2] For Edmond Dantés, it was the thoughts of revenge that kept him clear minded.

[3] His model of mastering his circumstances would be a different sort of captive altogether: an Anglican washed ashore.

[4] For when life made it impossible for a man to pursue his dreams, he wil convive to persue them anyway.

[5] While for Napoleon on Elba, strolling among chickens and fending off flies and stepping puddles of mud, it was visions of a triumphal return to Paris that galvanized his will to persevere.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: