Cuando muere una amiga

Leticia Blázquez Pons fue mi mejor amiga en los años de Preparatoria. La conocí en la escuela, estudiamos juntas en el Simón Bolívar. Ambas llegamos en primero de secundaria a 1A con la madre Lucila como titular. En tercero ella se fue a vivir a Torreón y volvió al año siguiente. Fue entonces cuando nos hicimos mejores amigas.

Íbamos en 4D. Nos sentábamos juntas en el salón, ella a mi izquierda junto al pasillo. La recuerdo por su hermoso pelo negro, brillante y largo. Si cierro los ojos puedo ver sus manos largas y cuidadas. Ponte crema, me decía. Siempre arreglada, sabía maquillarse y aprendí a hacerlo con ella. Fue mi compañera de estudios, de aventuras, de travesuras. Era buena en matemáticas, física y tenía una habilidad para dibujar. Pero, lo suyo eran los idiomas.

La recuerdo en su Pacer, un auto de moda en los años ochentas. Manejaba muy bien. Oíamos música juntas y nos pasábamos las tardes viendo MTV videos de Duran Duran, Culture Club, Journey, Michael Jackson. Salíamos a tomar café y hablábamos de nuestros sueños, del futuro y de la vida.

Lety era una chica inteligente, sensata y muy interesante. Viajó mucho desde pequeña. Su padre era piloto de AeroMéxico y eso le facilitó recorrer el mundo desde muy niña. La imagino caminando en el atrio del monasterio del Escorial o recorriendo las calles de París de la mano de sus padres.

Hablábamos del futuro como si jamás se nos fuera a acabar. Al acabar la prepa ella decidió su vocación: sería maestra de inglés. Fue de las mejores. La vida nos separó. Lety se casó joven y se fue a vivir a Holanda. Le perdí la pista. Nos reencontramos casi quince años después. Ella era madre de dos niñas bellísimas y yo me acababa de casar. Nos prometimos vernos seguido. No cumplimos.

Coincidimos en una fiesta de generación. La vi luminosa, llena de éxito, triunfante en el mundo profesional, feliz. Así la quiero recordar. Plena, con ese brillo en los ojos tan de ella, con esa fuerza y determinación que hacía parecer que las dificultades eran nimiedades. La invité a las presentaciones de mis libros, a los aniversarios de la revista. Tuve la suerte de concretar algunos proyectos con ella. Su presencia en mi vida fue virtuosa. La quiero mucho.

Supe por ella de su enfermedad. Cuando me lo dijo, no se le notaba. Así de fuerte fue siempre. La última vez que nos vimos, nos tomamos una botella de tinto por el gusto de hacerlo. Me enteré por Facebook. Lety Blázquez, mi mejor amiga de los años hermosos de sueños y planes murió. Al saberlo, sentí que el mundo dejó de girar y creo que sí se paró el tiempo. Algo me jaló el ombligo.

Cuando una amiga muere, hay una parte que se va con ella. Lety: amiga de tantas aventuras, de travesuras y descubrimientos. La vida nos reunió siendo muy jóvenes. Vuelas, amiga querida y le pido a Dios que tengas buen viaje y que llegues sana y salva a tu destino.

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