Estúpida esperanza

Parece el título de alguna canción cursi y en realidad es la declaración que hizo Susana Zabaleta en un twit a Sergio Sarmiento. Hace referencia a la euforia que le causó el triunfo de López Obrador y el gusto por ver a La Gaviota volar fuera de Los Pinos porque ahora sí iba a haber dinero para la cultura. Pobre.

La desolación que le causa la realidad, la desilusión de ver que aquello que soñó se está convirtiendo en pan con lo mismo, lejos de darme ternura, me da rabia. Los líderes mesiánicos tienen procedimientos muy similares: prometen y cumplen poco. Ya en campaña, ver como AMLO tocaba niños que le acercaban con la esperanza de sanación nos hacían sospechar en una especie de acto pentecostal más que en uno de campaña.

Pero, así son las caras bonitas. Zabaleta creyó lo que quiso creer, igual que muchos mexicanos. Eso no es culpa de quien promete, es responsabilidad de quien se traga el anzuelo y lleva a muchos que admiran su figura a abrir la boca y engancharse en lo imposible. Es lo de siempre, prometen cielo y estrellas y al final, lo que dan son puros palos.

La esperanza debe de tener fundamentos. Claramente, Zabaleta que quiere dinero para la cultura, no se dio una vuelta por los textos de George Orwell ni leyó Animal Farm, o si lo hizo,olvidó. La ingenuidad se sustenta en un lugar distinto a la estupidez. Un ingenuo no sabe y por eso corre el riesgo de irse de bruces.

Los adoradores incondicionales de AMLO se la quieren comer cruda, sus detractores acarician al gato y dicen: te lo dije. Pero, a decir verdad, no podíamos esperar peras del olmo, ¿o sí?

Ni modo, Susana, esto es lo que hay porque esto fue lo que votaron.

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