Siete años

Hace siete años empecé a escribir este blog. Como todo lo que se inicia, hubo incertidumbre, ¿quién me leerá?, dudas, ¿es serio escribir un blog?, cuestionamientos, ¿para qué? Y entre todas las preguntas que se me ocurrieron antes de empezar, la que jamás se me ocurrió plantearme fue ¿por cuanto tiempo? Seguro pensé que lo que durara seria bueno.

Lo que jamás me imaginé al empezar a escribir este blog hace siete años fue la cantidad de satisfacciones que me iba a traer. Gracias a este blog, he recibido mucho. Me ha dado la posibilidad de reencontrarme con gente del pasado, de comunicarme con mis alumnos, lo mismo con los que están en el aula, como con aquellos que hace muchos tiempo que pasaron por mi salón, me ha acompañado al andar por el Camino de Santiago, ha viajado conmigo a Sudamérica, a Europa, a Asia. Ha contado sobre mi experiencia en Jerusalén, en el Roland Garros, en aquella final en que Roger Federer alzó por única vez la Copa de los Mosqueteros, ha felicitado a los míos en sus logros y ha contado mis tristezas y preocupaciones. Se ha metido conmigo en las pastas de los libros y me ha impulsado a escribir columnas de opinión en publicaciones como Forbes, WSI, Correo. Ha reportado sobre los premios y se a topado con uno que otro tropiezo. Vienen conmigo a San Miguel de Allende y a Acapulco.

En este blog se reúnen muchos lectores de tantas partes del mundo y esa diversidad me sigue pareciendo un misterio. Y, lo más importante que me ha dado son lectores. Gracias a los que han estado aquí desde el primer día, a los que van llegando, a los que no se han ido. Estas ventanas se abren para mostrar lo que estoy pensando. Gracias a los que se asoman desde España, Colombia, Puerto Rico, Australia, Austria, Dinamarca, Israel, Noruega, Francia, Italia, Estados Unidos, Japón, a los de cada rincón de este mundo que vienen a ver lo que hay por aquí, gracias a mis paisanos, a cada mexicano que me sigue.

Escribir.

Escribir es como lanzar una botella al mar que lleva un mensaje, es la esperanza de que alguien la encuentre, le quite el tapón, saque el mensaje y lo lea. Gracias, porque cada día tengo la satisfacción de que esa botella sufre el milagro de la multiplicación. Gracias por darme la satisfacción de saber que me leen. Cada año se aumentan el número de visualizaciones y mi agradecimiento se vuelve exponencial.

Gracias por ayudarme a cumplir estos primeros siete años.

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