Bajo las faldas de Claudia

Sí, la Ciudad de México amanece cada mañana con una Jefa de Gobierno. Es la primera mujer electa para gobernar la capital de la República. No es poca cosa. Claudia Sheinbaum toma las riendas y con un tono de voz tranquilo, con un lenguaje cuidadoso, con actitud femenina mete a veinte millones de habitantes bajo sus faldas. Así, sin decir agua va, le avisa a los granaderos que su corporación va a desaparecer y al estilo de su jefe, Andrés Manuel nos deja con los ojos redondos como plato.

En campaña, Claudia se forjó una imagen a la sombra de López Obrador. Nos dijo que es científica, tiene un doctorado en ingeniería energética, se asume de izquierda, sonríe con un dejo de timidez y a diferencia del Presidente, se nota que hace un gran esfuerzo por gritar consignas.

Me gusta su forma cautelosa que huye de las promesas grandilocuentes, me gusta la austeridad que dice abrazar y que sea ella la que escribe sus discursos —o eso dice—, se viste en forma sencilla: sus pantalones caqui, su blusa blanca, su mascada amarrada al cuello es el conjunto de todos los días que casi parece un uniforme.

Me irrita que una científica tenga argumentos tan endebles para explicar sus acciones. Dijo que desaparece a los granaderos porque se lo pidieron los estudiantes del 68. ¿Qué son esas ocurrencias? Un científico observa, analiza, comprueba, tiende escenarios y toma decisiones sustentadas en los resultados esperados que salieron del análisis y la observación.

¿Será que la Jefa de Gobierno no ha visto cómo los manifestantes rompen vidrios, lanzan bombas molotov, incendian autos? ¿Nadie le dijo lo que pasa en los partidos de futbol con las barras? ¿No se enteró que hubo quien le prendió fuego a la Puerta Mariana de Palacio Nacional? O, ¿será que esta mujer trae compromisos pasados o que su propio pasado la determina? Hay muchas preguntas que se responderán observando.

El reto que se plantea es tan grande como la extensión de la Ciudad de México y la población de veinte millones que habitamos aquí. No todos estudiamos en el sesenta y ocho —la mayoría de los que vivimos aquí no pertenecemos a ese grupo—, necesitamos una Jefa de Gobierno que se deje de romanticismos y se ponga a la altura de la encomienda. En esta ciudad hay muchos problemas y el principal es la seguridad. ¿Así lo piensa combatir?

Es bueno que quien dirige la Ciudad de México sea una mujer, que Claudia haya roto ese techo de cristal, pero la cuota femenina da poco combustible. Ser mujer no es un atributo que la vaya a llevar lejos si no da elementos que demuestren que es competente y que sirvan para evaluar su desempeño.

Por lo pronto, aparentemente sin granaderos, amaneceremos bajo las faldas de Claudia en esta ciudad hermosa y complicada.

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