Lo que debo de entender

Desde hace algunos meses, me cuesta trabajo entender al mundo. Ya lo he dicho, lo que me parece lógico no tiene una correspondencia con lo que sucede. Hay muchos que pegan de brincos de gusto y no comparto su entusiasmo.Creo que me convertí en esa persona que va en sentido contrario y todavía no se da cuenta. Lo bueno es que ya me enteré. Son muchos los que están felices y, evidentemente, no es posible que ellos estén fuera de lugar y yo con los pies en el terreno de juego.

Pero, ya me está cayendo el veinte. En México, se eligió a un presidente que es un líder social, algo así como un ícono que representa los anhelos de muchos. Es una figura que, como Martin Luther King o Nelson Mandela —guardando la proporción entre los personajes— representa algo más que su propia persona. Los que lo han seguido no ven al sujeto, ven lo que representa. Por eso, aunque ellos hagan algo que en otra persona sería criticado, en ellos todo se disculpa pues se trata de algo más.

Por eso, López Obrador entusiasma a gente de todo tipo y entre ellos a personas que saben usar el cerebro. Es que Andrés Manuel ha sido fiel a una lucha que lleva dando. Y, poco importa si tiene o no presupuesto para cumplir sus promesas; si tira a la basura una inversión que tenía obras adelantadas; si de nada sirve vender un avión presidencial; si invita y departe con dictadores; si muestra inconsistencias; nada importa pues ya no se escucha lo que dice sino que se le valora como un ícono.

Entonces, para entender lo que sucede y descifrar lo que sucederá en estos días, hay que saber qué papel juega cada quien. En esa condición, no importa si estoy o no de acuerdo. Lo que verdaderamente importa es saber que nuestro presidente trae una carta blanca tan amplia como nunca jamás se había visto.

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