Como si fuera de humo

Dicen que las palabras se las lleva el viento. No en vano el jeroglífico chino que representa la palabra tiene un significado poético: humo en la boca. Es decir, es algo que quiere deshacerse en el aire. Pero, pronunciamos y escuchamos un montón de intenciones, acciones, compromisos a través de vocablos que constituyen nuestra visión de la vida, nuestras opiniones y en última instancia, aquello que somos. Para que la palabra persista, decía Alfonso Reyes en su lúcido ensayo Hermes o la comunicación humana, para que ligue y comprometa la conducta de quien la profiere es preciso materializarlas.La diferencia entre el hombre mudo y aquel que olvida sus palabras es ínfima. El que no se expresa y el que no se compromete están en un plano similar. 

Es como el ave que se lanza al aire en la vanguardia de la parvada y las demás le siguen fielmente, sin cuestionar, confiadas de que sabe cuál es la dirección y que ha tenido la mejor iniciativa. Pero, los pájaros no lo hacen en forma consciente, es más bien una suerte de imitación. Por lo tanto, si el animal que le da dirección, cambia de opinión, le seguirá sin cuestionar. No piensan, no recuerdan. Sencillamente, rompen a volar cuando ya sus compañeras están en el aire, como un movimiento unánime y simultáneo, como si su medio de comunicación y coordinación fuera una especie de rayo anódico que cruza la voluntad de cada integrante del grupo y con ello consiguieran fidelidad absoluta.

Entender la naturaleza de ese rayo subliminal nos llevaría a comprender muchas de las situaciones que se viven en el mundo de hoy y en el México de nuestros días. Los sistemas de comunicación que se basan en las palabras que comunican un mensaje parten de la base de que quienes lo escuchan, decodifican. Es decir, lo interpretan. Pero, para ello, tenemos que pasar por un proceso de entendimiento. Sólo entendiendo, podemos interpretar y en esa condición recordar. 

Pero, como lo dice la sabiduría china, las palabras son humo en la boca. Sin duda, hay a algunos a los que les cuesta más que a otros hacerse cargo de sus palabras. Cuando existe una concordancia entre lo que decimos y lo que hacemos, llegamos al punto glorioso de la congruencia. No obstante, cuando hoy digo una cosa y mañana me pronuncio en forma contraria, estoy en el punto antagónico. Es curioso como nuestros políticos han sido criticados por hacer eso precisamente: por hablar en un sentido y luego contradecirse. 

Lo triste es cuando aquellos que fueron oposición elevaron palabras flamígeras para criticar lo que desde su posición era deleznable. Lo lamentable es que esos ataque tan apasionados hoy se diluyen como pastillitas efervescentes y se convierten en justificaciones de aquello mismo que en el pasado reprocharon. Las amonestaciones se convierten en aplausos. La mafia del poder se convierte en un grupo de consejeros, los que no piensan igual son fifís, los proyectos que en un lugar destruyen la ecología en otro ayudan al crecimiento, la economía se subordina al poder político para defender a los más pobres sin que interese mucho que la tasa de interés tenga que subir y afecte a los que menos tienen.

La palabra tiene que contar con la memoria. El que habla establece la cadena magnética de la que habla Platón, boca y oreja se conectan con el cerebro. Si no tenemos memoria, las palabras desaparecerán en el espacio como ese humo que se disgrega, las ideas se disolverán y un día amaneceremos convertidos en un pueblo amnésico.

La palabra es el signo más elemental y si se la lleva el viento, ya no seremos capaces de remontarnos al cielo como las aves, terminaremos escondidos debajo de la tierra como los ratones, cruzando los pantanos como las ranas, sin darnos cuenta de que pudimos haber estado en el firmamento.

Más nos vale recordar y recordarles a los que hablan que tenemos memoria. Olvidar lo que nos prometieron no nos va a llevar muy lejos. Mejor cultivar un espíritu crítico y respetuoso. Si todos imitan y no se detienen a valorar el rumbo, habrá un regusto a humo viejo en nuestra consciencia e irremediablemente, iremos perdiendo consistencia y nos perderemos en el viento.

 

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