Populismo acelerado

Algo está sucediendo en el mundo: hay un populismo acelerado que recorre las fronteras con gran facilidad y mucha aceptación. Tal como lo califica Nigel Farange, el tsumami populista ocupa las conversaciones en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo. Pareciera que ser populista significa estar en contra de un sistema que tiene enfadadísima a la población mundial. En esa condición, el populismo se entiende como una forma primaria de antielitismo, lo cual puede ser una forma de reflejo que encandila.

Este populismo viral tiene como sello de la casa la afirmación de que son ellos los que tienen en exclusiva la solución de vida de los ciudadanos a quienes representan. Cualquier otra forma de representación no es válida y si alguien opina en contrario se les tacha de traidores, se les descalifica y se les desaprueba por decreto. La gente parece fascinada por esta forma de comportamiento y les da un apoyo sin límites: los sienta en el trono del poder y los defiende con fe ciega. Están blindados, aparentemente.

Lo triste es que estos populistas que critican el sistema se comportan de forma autoritaria, no ven ni escuchan razones, desde luego no atienden a nadie que tenga un punto de vista diferente y califican en formas ofensivas a los que se atreven a hacerles ver que están equivocados. Así, sustentados por una popularidad a prueba de balas, se emborrachan de poder y van como chivos en cristalería sin importarles los trastos rotos que van dejando en el camino.

Este tipo de populismo puede ocasionar un daño significativo a la cultura política y demócrata pues van en contra de números, cifras, datos duros y se enrollan en la bandera de la democracia para hacer lo que se les da la gana. ¿Eso es ser democrático? Es fácil subir a la gente al carro antisistema, pues la demagogia siempre ha tenido adeptos: es sencillo encandilar a la gente. Salir a postularse como la esperanza y la solución a toda dolencia, enciende la pasión de la gente. Generar rabia y resentimiento tiene un efecto mediático inmediato.

Lo más sensato sería resistir esta hondonada de gente que abre la boca y se resiste a aceptar la crítica. Tratar de evidenciar la fantasía colectiva que se está inoculando en la población. El populismo acelerado que estamos viviendo en el mundo rechaza la tolerancia, la transparencia, el respeto y la pluralidad. Cuando nos demos cuenta de que estamos siendo encandilados por un espejismo, el populismo comenzará su desaceleración. Basta mirar lo que está sucediendo con el Brexit para darse cuenta. A Trump ya le empezaron a frenar el carro. Maduro tiene un éxodo de venezolanos. En México, apenas vamos a sentir los efectos.

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