Mexico no ganó el mundial, pero le ganó a Alemania

Es cierto, los mexicanos podemos llegar a ser exagerados. Nos entra la pasión y nos da por festejar con toda el alma. Así somos. Creo que las victorias hay que celebrarlas, las cosechas hay que recogerlas y las oportunidades hay que aprovecharlas: no se dan todos los días. No se trata de ser ingenuos, se trata de estar felices cuando hay motivos y ganarle al campeón del mundo es para estar muy contentos.

Tampoco se trata de ser mezquinos y de regatear aplausos. Los que salen a advertir con esa mirada agria y expresión de suficiencia que no hay porqué pegar de brincos, se les agradece el toque de prudencia pero, sería muy bueno que aprendieran a aplaudir.

Todo en su justa proporción, la selección mexicana de futbol ganó ayer y eso nos hizo estar al borde de la silla durante noventa minutos. El gol de Hirving Lozano, el pase del Chícharo, las atajadas de Memo Ochoa nos hicieron pegar de saltos de gusto y de angustia. Todos queríamos que ganara México y pocos teníamos esperanza de que pudiera hacer un buen papel en el partido.

¡Ganamos!

La selección del criticado Juan Carlos Osorio le ganó a Alemania. No es un éxito menor. Es el primer partido y se arrancó con el pie derecho. Eso es. Ni referencias políticas, ni comentarios mordaces, ni arrogancias desorbitadas. Simplemente, el goce que sentimos después de noventa minutos al ver el marcador México 1, Alemania 0.

Es cierto, hay otros partidos, pero hoy, se ganó éste. Por lo pronto, tenemos esta semana para andar sonrientes, para olvidarnos de otras cosas y aferrarnos a esta alegría. Como dice Pamuk, defender la felicidad mientras nos dure. Nos toca defender nuestra alegría mientras esté presente. Otro día nos preocupamos de los asuntos relevantes, hoy hay pan y el circo fue bueno. Ni modo. Así funciona.

Sin otro afán, ganó México. ¡Viva México!

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