Lo malo de los caudillos

Dice Enrique Krauze que México no debe volver a ser un órgano de un sólo individuo y tiene razón. Los liderazgos que se centran en una persona terminan pudriendo el corazón de quien ejerce el poder y obnubilándole la mente. Puede ser que el líder tenga muy buenas intenciones, excelentes ideas, ideales altos, pero también tiene puntos ciegos como cualquier ser humano. Por más que quiera, jamás me podré ver la nuca. Lo malo de los caudillos es que se rodean de gente que les endulza el oído con alabanzas y no sale de sus labios crítica alguna que valga la pena escuchar.

Entonces, como en el cuento del Traje nuevo del emperador, nos encontramos mandatarios que endiosados por sus asesores son capaces de desfilar desnudos y ser la burla de un pueblo. Es difícil es escuchar críticas, es complicado luchar contra el ego y las cosas se hacen más duras cuando los lacayos que acompañan a un líder acomodan las cosas a su favor, tapan la verdad y hacen de las suyas.

López Obrador está viviendo la experiencia de ser caudillo. Al escuchar hablar a sus asesores uno percibe el amor que le tienen algunos, se nota lo auténtico de la admiración que le tienen; a otros se les ven los colmillos afilados y las uñas largas. Así son los caudillos, se rodean de muchos y se creen todas las alabanzas que reciben y descuidan la autocrítica.

Hemos visto como López Obrador permite que le lleven niños enfermos y los toca, como abraza a mujeres en lágrimas y le promete soluciones, como camina entre las multitudes y se le ve la tentación de empezar a dar bendiciones y prodigar indulgencias. Y, también sabemos que tiene a Elba Esther Gordillo, a Nestora Salgado, a Napoleón Gómez Urrutia y a Layda Sansores a su lado.

Abraza a sus compinches y les tolera sus debilidades, esas mismas que critica en otros. Para un caudillo, lo que en los suyos es alegría en los otros es vicio y borrachera. Layda nos metió a los contribuyentes un sablazo para que le paguemos desodorantes, tintes, pasta de dientes y setecientos mil pesos en chuchulucos. Lo hizo Ernesto Cordero y lo han hecho otros, es verdad. También es cierto que los excesos de la señora son legales porque hay presupuesto para servicios generales que ella ejerció. ¿Es correcto que le paguemos a una cortesana de López Obrador esos gastos?

En un mundo de caudillos, la respuesta correcta es la que diga el señor. A ese mundo, casi monárquico, estamos a punto de entrar. Siento una gran tristeza.

Anuncios

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: