Reflexiones sobre el Tercer Debate Presidencial

Algunos no teníamos grandes expectativas, después del segundo debate, resultaba complicado pensar en que se daría algo mejor y a quienes tuvieron los oídos, abiertos les llegó su recompensa. Vi a un López Obrador contento, muy rojo —bronceado en exceso, dirán algunos—, a un Ricardo Anaya triste y a José Antonio Meade sereno. El Bronco estaba ahí con cara sonriente pero se le notaba resignado.

El manejo de las cifras estuvo de parte de Meade, las sonrisas las prodigó un López Obrador que ya se siente en la oficina presidencial, ya hasta anda dando anuncios y cuando Ricardo Anaya quiso conectar algunos golpes, no lo dejaron.

Los moderadores estuvieron bien, Carlos Puig y Gabriela Warketin estuvieron moderando correctamente, Leonardo Curzio deslució, casi no se le notó. El museo del Mundo Maya fue un escenario espléndido, mucho mejor que el anterior. El formato me gustó mucho más que el del anterior debate. Pudimos escuchar a quienes saben del tema y a los que nada más fueron a abrir la boca.

Me gustaría que el país quede en manos de una persona que sabe de lo que está hablando y no de un hombre que vaya de una ocurrencia a la que sigue. Me gustaría que el voto fuera razonado más que enojado. Me encantaría que el fastidio que nos causa el tema político se traduzca en un sufragio que le sirva a México para vivir mejor.

En término de debates, ya todo está dicho por quienes debieron otorgar elementos. Ahora toca analizar y decidir.

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