Fuera prejuicios sobre la autopublicación: No fotografíes soldados llorando

Jordi Sierra i Fabra,

No fotografíes soldados llorando,

Amazon Publishing,

Luxemburgo, 2017

Siempre he creído que cada libro tiene un camino específico para llegar a su mejor lector. Por años y desde que me dedico a ésto, las ideas sobre la autopublicación tienen un halo de valentía y mal olor. Los panegíricos en torno a dejar de lado la edición tradicional y lanzarte a la libertad de publicar lo que venga en gana contrastan con el cuidado editorial y los argumentos sobre la calidad del texto. Al escuchar ambas posiciones siempre he dudado sobre hacia dónde se debe inclinar el fiel de la balanza y me queda claro que cada caso es distinto. El autor y el libro en sí mismos hacen la diferencia. Para muestra No fotografíes soldados llorando de Jordi Sierra i Fabre.

No recuerdo como fue que llegó este libro a mis manos. Sé que lo pedí a Amazon —no hay otra manera de conseguirlo—, sin embargo, no me acuerdo quién me lo recomendó. Sospecho que pudo ser el propio programa de Amazon que me conoce y sabe de mis gustos mejor que yo misma. Tiene mejor memoria. En este caso, las razones metatextuales cuentan. La portada y el titulo tienen un maridaje espléndido. No fotografíes soldados llorando es una orden que viene acompañada con la imagen de un uniformado abatido. Eso, a querer o no, jala la atención del lector curioso. También, pica la curiosidad enterarte de que un autor que ya tiene experiencia en el medio, que cuenta con una obra extensa y ha sido publicado por grandes casas editoras, como Jordi Sierra i Fabra haya optado por Amazon Publishing.

Más allá de lo que rodea al libro, No fotografíes soldados llorando es una novela clara y con un objetivo autoral bien planteado. El lector se enfrenta a un texto que fue escrito por alguien que sabe mover la pluma y que es eficiente. No gasta más palabras de las necesarias, no se va por las ramas, no rodea: es directo y contundente. La novela arranca con un par de notas que son una especie de advertencia al lector que bien valen la pena releerlas al terminar la lectura del libro.

La narración arranca en la página uno, lo que generalmente no sucede en otro tipo de ediciones. El narrador es omnisciente, sin embargo, hay varias oportunidades en las que el lector sentirá que está escrito en primera persona. La obra está dividida en un prólogo y en capítulos que nos irán dando dirección y orden cronológico. La anécdota corre sobre los rieles de un fotógrafo de guerra al que le han advertido que tiene libertad para retratar lo que quiera menos soldados llorando y, desde luego, desobedece.

“Eres un reportero de guerra, no un fotógrafo de emociones… No es bueno para la moral. Publicar una foto así es un riesgo.” (p. 1)

La primera parte: La guerra (Bosnia-Herzegovina 1995) sitúa a Damián Roca en su primera misión y ha sido asignado a una base española que está participando en el conflicto como un punto de apoyo a la población. En su primera salida al terreno, son víctimas de un ataque, se hace la confusión y Damián se pierde y pasa la noche intentando volver. Por la mañana, logra regresar y a la distancia ve a un soldado llorando. La tentación es mucha: dispara el obturador y toma la foto.

“Estaba sentado en el suelo, con el casco a un lado y su arma al otro. La cabeza entre las manos. Lloraba. Damián se detuvo. La distancia no era excesiva y, utilizando el objetivo de 200 milímetros, podía incluso captar únicamente su cara, en primer plano. No fotografíes soldados llorando. Pero, ¿cómo no hacerlo?” (p.34)

La novela tiene claridad en la intención. Se vale de una anécdota que se irá desenvolviendo a lo largo de doscientas diez páginas de fácil lectura. El tema que explora es la guerra, la limpieza étnica, el honor y como todos se revuelven y se convierten en una misma intención.

“Hay muchas formas de hacer limpieza étnica. No hace falta disparar un tiro. Violan a una bosnia y listos. Ella queda deshonrada para siempre. Nadie va a quererla. Violada y despreciada por los suyos. Encima si o se suicida, la mata el padre o el hermano mayor, para limpiar el deshonor” (p.9)

En la segunda parte de la novela, La paz (España 2000), Damián ha ganado experiencia. Es un fotógrafo reconocido y busca la imagen que lo lleve a tomar esa imagen que detenga el tiempo y rasgue el corazón. Es un hombre que ha cambiado:

“Se miró al espejo y trató de reconocerse. No era fácil. Se le había endurecido el rostro, llevaba el cabello muy largo y revuelto, barba de dos o tres días, la piel tostada y estaba tan delgado que los pómulos destacaban formando ángulos de noventa grados en toda la cara.” (p.34)

Damián tiene una vida tranquila, una relación estable e incluso piensa en dejar el ajetreo para optar por una vida menos nómada y con mayor arraigo. Se le notan las ganas de echar raíces pero un encuentro lo lanzará a una búsqueda.

La búsqueda es la tercera parte en la que Damián iniciará una investigación con miras a escribir un reportaje de guerra con la distancia de tiempo que le pueda dar objetividad, o eso es lo que le dice al editor del periódico en el que trabaja y así consigue viáticos para visitar a ciertos soldados españoles implicados en su búsqueda y para volver a Bosnia. En estas páginas, Jordi Sierra i Fabra hace una crítica dura sobre miembros del ejército español. Entendemos las razones por las que esta novela debió de ser publicada de manera independiente. Una crítica tan dura a las fuerzas castrenses es difícil que alguien quisiera comprometerse y publicar. Sin embargo, y aunque es ficción, creemos lo que leemos. Sabemos que en la guerra se comenten atrocidades innecesarias y que quienes debieran defender o simplemente observar, desciende a la parte animal del ser y comete actos atroces por el simple gusto de hacerlos.

El regreso (Bosnia-Herzegovina 2000) es el cierre de la novela. Es la reflexión en torno a la rudeza de la guerra sobre el ser humano, más allá de las balas.

“Nadie olvida la guerra. Muchos muertos, muchas familias tristes, mucho odio, muchas ganas de venganzas. La paz es falsa.” (p. 188)

“No había mucha gente. Vieron a un hombre sentado en una ventana, a una mujer cargando un hato de leña y a una anciana caminando. Los miraron más que como extraños, como a intrusos.” (p.198)

“Todos parecían muy quietos, como estatuas cargadas de recelos” (p.199)

Jordi Sierra i Fabra cierra la novela y no pierde la oportunidad de dar su punto de vista en forma explícita sobre lo que piensa y siente sobre la religión, el honor y la guerra. Ojalá no lo hubiera hecho en forma de moraleja.

No fotografíes soldados llorando es una novela que se lee en forma fácil y rápida. Es una crítica fuerte y un recorrido ligero, la combinación le resulta bien al autor. Es la expresión de un acto terrible, sólo uno, dentro del terror que causa una guerra.

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