Cuando un barco se va

Hay, en los primeros días de enero, una especie de duermevela. Cada uno arrancamos el año en momentos diferentes. Pero, la cotidianidad nos llega a cada quien en momentos diferentes. En esta condición en la que el calendario marca que ya empezamos pero, cuando unos seguimos de vacaciones y otros ya están trabajando duro, pero no tanto como cuando todos lo estamos haciendo, hay un burbujeo curioso que es como los reflejos que se meten en la alberca. Son pero no son.

Esa especie de realidad alterna me recuerda las realidades virtuales a las que tenemos acceso. Es lo que es y parece otra cosa. Como cuando un barco avanza en el mar. La sensación de los que van a bordo es que la nave se desliza con suavidad y lentitud sobre las olas del mar, la realidad es que el avance desarrolla velocidades tan altas que en minutos se deja atrás lo que cae por la borda.

Así, en este estado que semeja una alteración de la consciencia, en el que hay tiempo para escuchar los parloteos de las chachalacas, para ver a los donluises que se paran en el vidrio y empiezan a silbar o a los pericos que viajan en pareja, o nos detenemos en el ritmo del pájaro carpintero que esta estrellando el pico en el dintel de la ventana, parece que cumplimos con esa remota ilusión de detener el tiempo y de poseer el espacio.

Ni el ayer, ni el sitio en el que estuvimos —cercano o lejano—, ni el futuro próximo y el de largo plazo, ni el frío o el calor, o el olor a sal interesan mucho. Hay un embrujo, una especie de amor que lo mismo baja del cielo, se enreda en las nubes, hace un chapuzón en el agua salada del mar y nos llena de azules profundos y delicados, de rosas y anaranjados, del sol que nace al nuevo día y del reflejo sobre las casas y la bahía mas hermosa del mundo.

Y, de repente, el barco se pone en movimiento y como un caracol avanza en una aparente lentitud que en realidad es vértigo y pienso en la vida. En como, tenemos la ilusión de detener el tiempo y en realidad vamos rapidísimo en las alas de un reloj que no se detiene y corre a grandes velocidades.

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Luis M. León de la Barra D.
    Ene 05, 2018 @ 10:58:37

    Estimada escritora Cecilia Durán, le deseo un ¡bondadoso y fructífero 2018!
    Me agrada mucho lo que escribe y leo que está ya en nuestro México querido. Me cautivó hoy su narrativa a partir de ‘Hay un embrujo…’ Habiendo conocido usted lo pequeño que somos en este mundo al viajar por Sudamérica y después arribar en Acapulco, me hace reflexionar, lo hermoso está en todas partes del mundo, sin embargo, lo hermoso está mucho más cerca de lo que pensamos.
    Bisabuelos míos viajaron en barco por el Atlántico, contando lo inmenso que eran los viajes a Europa arribando en ¡semanas! Usted viajó ¡muchas horas! ¿habrá tenido la misma sensación en Brasil? Vivir los adelantos tecnológicos es una sensación dichosa. ¡MUCHAS FELICIADES!

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