Vivir con ochenta y ocho pesos

Subió el salario mínimo. Las reacciones frente a esta decisión son pendulares, van de un extremo a otro. Por un lado, están aquellos que piensan que es justo y necesario y que el incremento se quedó corto y por el otro están los que opinan que el aumento tendrá un efecto inflacionario y que la mejora no servirá para nada. En fin, desde los extremos entre loas y diatribas, el salario mínimo llega a ochenta y ocho pesos con treinta y seis centavos. Este crecimiento salarial me lleva a pensar en las familias que se deben sujetar a este ingreso.

Las cifras son impersonales, frías, lejanas. Cuando aterrizamos en situaciones concretas se nos pone la piel de gallina. Imaginar cómo es la vida de aquellos que tienen que pagar una renta, servicios como luz, gas, comida y lo indispensable para vivir no nos lleva muy lejos. La fantasía se nos agota al tratar de ver cómo le hace una familia para pagar bienes y servicios que suben mucho más que lo que se incrementa su capacidad de pago.

Puede ser que la medida sea inflacionaria y que traiga menos beneficios que lo que nos quieren hacer creer. Seguramente, muchos políticos toman esta bandera para llevar agua a su molino y para conseguir puntos en el electorado que para aliviar la necesidad de la gente. Sí, pero la verdad es que con ochenta y ocho pesos con treinta centavos no hay forma de vivir con decoro.

No hablo de lujos o de necesidades superfluas, hablo de comer, de transportarse, de vestir: de tener lo básico. Entendiendo que el Estado se hará cargo de aquello que haga falta. Asumiendo que el Estado no sube los precios de los servicios que proporciona. No, no hay forma que podamos comprender cómo es que se pueda decir que ochenta y ocho pesos con treinta centavos le puede alcanzar a alguien para vivir. Estamos hablando de cuatro euros, de seis dólares y puesto en perspectiva ¿qué individuo puede hacer rendir esa cantidad?

Es probable que el incremento traiga ventajas menores a quienes debiera beneficiar. Es casi seguro que con ocho pesos más no se vaya a resolver ningún problema. Es seguro que el meollo del problema no radica en unos cuantos pesos de crecimiento del ingreso personal. El problema es que en México,  la gente que gana poco, gana muy poco.

 

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