Entre la solidaridad y la rapiña

En México, la mayoría nos tomamos de la mano frente a la adversidad. Unidos le damos cara al dolor, a la destrucción, a los escombros, al polvo, a la muerte. Pero, también existen los contrastes. La realidad nos pone frente a lo mejor y a lo peor que tenemos y una raya separa claramente a los mejores de los peores. Por fortuna, la multitud de gente maravillosa supera a la minoría de abusivos, de estúpidos, de rateros, de chistosos que abusan del dolor ajeno.

Las redes sociales jugaron, frente a la tragedia del terremoto vivido el martes pasado, un lugar preponderante. En segundos, sabíamos dónde hacía falta ayuda y manos solidarias se hacían presentes sin mayor trámite que la convocatoria. Tristemente, algún payaso ponía información falsa. Gente con palas, picos, guantes de carnaza, comida, agua, llegaba para encontrarse que ahí no se necesitaba ayuda, que algún pasado de listo quiso reírse de la buena voluntad y mando una alerta de ayuda a un lugar en donde todo estaba bien. Lo peor era el descuido con el que la gente replicaba esa información sin verificar si era cierto o no.

Hubo alertas de destrozos en vigas del segundo piso, peticiones de peritos para casas que no existían, listas de desaparecidos con nombres falsos, derrumbes que eran falsos. Mentiras viles. La onda expansiva de la desinformación se hacía más grande porque, en una necesidad genuina de ayudar, se propagaba la necedad de algún imbécil, que en la insensibilidad frente al horror se moría de risa, sin  que hubiera freno. Los memes aparecieron y afortunadamente, no han sido tantos.

Hubo topos falsos, binomios de perros que no estaban entrenados, gente que quiso meterse a los derrumbes con chalecos falsas, noticias adulteradas que se difundieron, nombres de niños que no existieron. Por eso, de repente, había personas que se ofrecían a llevar los víveres que habían comprado, o centros de acopio que se formaron de manera espontánea y la gente prefería llevarlos personalmente para verificar que todo llegara a buen puerto, o de plano entregarlo en manos del Ejército o a las universidades para que no se hiciera mal uso de la ayuda.

Sí, seguimos creyendo en el Ejército y en la Marina, que han sido héroes que siguen trabajando día y noche para encontrar vida..

Lo asombroso era ver como las filas de gente que quería ayudar, las pilas de comida, medicina, agua, ropa que se formaban en los centros de acopio. Era tanta que conmovía el corazón. Pero, una línea divide y pone a la gente en lugares distintos. Por suerte, la solidaridad opaca a la rapiña. Las justificaciones de los que difundieron noticias falsas, no valen. No se puede jugar con la buena voluntad de la gente.

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