¿Cuántas vueltas de tuerca aguanta un lector? ( Recursos Inhumanos Pierre Lemaitre )

 

Recursos Inhumanos

Pierre Lemaitre, Juan Carlos Durán Romero (Traducción)

Negra Alfaguara, México 2017

En serio, ¿cuántas vueltas de tuerca aguanta un lector?, o lo qué es lo mismo, ¿cuánta confianza tiene el autor en su prosa como para someter a la paciencia del lector a semejante prueba? Por suerte, Recursos inhumanos, ganadora de varios premios de novela negra, cuenta con una prosa infernal muy bien escrita que atrapa la atención y muerde la curiosidad. En una especie de alquimia, Pierre Lemaitre nos hace pasar un buen rato haciéndonos sentir angustiados, enojados, perturbados y sin duda, identificados con Alain Delambre, el protagonista de la trama.

Recursos inhumanos es una espiral narrativa en la que los giros de la trama son parte fundamental de la forma de contar la historia y de desarrollar un thriller que nos toca el corazón, nos sienta en la orilla del sillón, nos lleva a querer lanzar el libro lo más lejos posible y nos fuerza a acabarlo a unas horas de haberlo empezado a leer.

El tema es fuerte: habla de la actualidad y de la realidad a la que se enfrenta gente con fuerza, experiencia, buenas credenciales, entusiasmo y ganas pero que carece de un bien fundamental: trabajo digno. ¿Por? Porque el tiempo pasó y después de los cuarenta y cinco ya eres un viejo. ¿Quién lo dice? Los cánones de recursos humanos. Pero, para no afectar las variables macroeconómicas y no hacer frente al terrible concepto de desempleo, simulamos el plenoempleo de Keynes a partir de un concepto ultramoderno y mega indigno: el miniempleo, como lo llama Lemaitre. Es decir, en términos económicos: el subempleo. ¿Qué es eso? Es la condición en la que una persona está desempeñando un trabajo para el que está sobre calificado, pero se contrata porque no tiene otra alternativa y, principalmente, porque tiene que seguir viviendo y pagando sus cuentas.

Pierre Lemaitre estructura la novela en tres grandes bloques: Antes, cuyo narrador es el protagonista, Durante en la que el narrador es Fontana, un exmilitar al que le fue encargado el operativo de un juego situacional y Después que es la conclusión de la novela y en donde la voz se le regresa al protagonista. La línea narrativa es progresiva, sigue un orden cronológico dentro de la novela. Los capítulos son cortos y van numerados en orden ascendente.

La trama es sencilla: Alain Delambre, un antiguo ejecutivo de recursos humanos que había tenido un éxito profesional aceptable, pierde el empleo —sin hacer muchos esfuerzos por conservarlo— y lleva cuatro años buscando trabajo, ha perdido la esperanza de encontrar empleo:

“La esperanza es una abyección inventada por Lucifer para que los hombres acepten su condición con paciencia” (p. 15)

Entonces, lleva años aceptando trabajos, cada vez más sencillos, más alejados de sus capacidades, menos suficientes para cubrir sus necesidades y tan sencillos que en ocasiones podrían dolerle a la familia.

“A mi edad, uno no se levanta a las cuatro de la mañana para ganar un cuarenta y cinco por ciento del salario mínimo simplemente para que no se te queden rígidas las articulaciones… No siempre le cuento a Nicole lo que hago, porque le dolería” (p.17)

Desde el primer capítulo nos muestra el hecho disruptivo que detonará la acción en la novela y que nos revelará la emoción regente: una combinación explosiva entre ira acumulada y desesperanza:

“No puedo leer los códigos sin gafas y eso para mí es un lío. Tengo que sacarlas del bolsillo, ponérmelas, contar los números… Y pierdo tiempo. Si me vieran hacerlo, la Dirección se enfadaría. Y precisamente esa mañana, el primer paquete que agarré no tenía código. Mehmet se puso a gritar. Me agaché, y en ese momento, me dio una patada en el culo. Eran poco más de las cinco de la mañana. Me llamo Alain Delambre y tengo cincuenta y siete años. Soy directivo en paro” (p.16)

Con una economía irresistible de palabras, el autor nos ha dejado claro de qué va la novela. También la tragedia de un francés que está súper calificado y se tiene que someter a la autoridad de un migrante turco que tiene un vocabulario semejante al de un niño de diez años y no sabe hablar el idioma. En tres pinceladas nos muestra el cuadro de la escena.

Evidentemente, Lemaitre apela a la empatía que el lector tendrá a su protagonista, a la solidaridad que habrá con Nicole, esposa del protagonista, con hijas. Sabe que habrá un rechazo hacia los grandes ejecutivos que se deshacen de sus trabajadores como un jugador de cartas deja sus piezas en el pote. Nos sube a una trama que en la sección de Antes se encarga de dibujar con una precisión de milímetro para no dejarle dudas al lector.

“El suelo de linóleo ya se comba de manera lamentable en las esquinas. Furiosa, en medio del desastre, Nicole lleva ese cárdigan de lana gastado que no puede reemplazar y que le da un aspecto enjuto. Un aire pobre” (p. 53)

“Deudas, problemas profesionales en un empleo anterior, familia problemática, hermana pequeña en una residencia para incurables, esposa alcohólica, vicios, excesos de velocidad, orgías, líos de faldas, amantes, dobles vidas, taras…, cosas de ese tipo” (p.91)

Hasta ahí, la novela es impecable, tal vez un poco trágica y victimizante, pero corre adecuadamente. Durante marca el punto de quiebre. Aquí la narración se convierte en un thriller que no parará de moverle el piso al lector. Cuando creemos que ya se está desanudando la trama, otro giro, otra vuelta de tuerca, más información, más datos, más posibilidades, otros desenlaces probables.

Lemaitre se enreda con la verosimilitud. A veces, lo hace en forma muy peligrosa y daña el escenario de credibilidad. Pero para resultar creíble, el autor se sustenta en la teoría moderna de Recursos Humanos y de Administración por Competencias, lo cual es loable. Encontramos ecos administrativos: el señor ha leído a Porter, Mayo y sabe del ciclo administrativo. También ha repasado economía y, sin mencionarlo, podemos descubrir a Keynes y a Adam Smith, también a David Ricardo.

Sin duda, encontraremos referencias directas, aunque no explícitas a Derridá, Proust, Sartre, Fiszgerald, Dante y a varios filósofos en los planteamientos reflexivos en torno a lo correcto, especialmente se puede reconocer la teoría kantiana.

Al llegar al punto final, el lector se siente cansado. Es posible que la novela brillara más si no se hubiera abusado tanto de la paciencia del lector en las secciones de Después y de Durante. Me queda claro que es una gran novela que apela a un problema muy concreto que se ha generalizado en el mundo y con el que muchos en varias partes de la Tierra nos podemos sentir identificados.

“Tengo que convertirme en alguien real, un hombre de carne y hueso, con rostro, un nombre, una esposa, hijos y una tragedia ordinaria que podría sucederle a cualquier lector. Debo convertirme en algo universal” (p. 281)

De la traducción de Juan Carlos Durán digo que está sumamente castellanizada. Como dijera Octavio Paz: Traduttore, traditore. Pierre Lemaitre es un escritor experimentado y su pluma luce por encima de la traducción. Hace varios guiños al lector y no le importa revelarse frente a quien recorre sus renglones con atención:

“Soy un novelista que busca información muy precisa sobre un secuestro con rehenes.” (p. 89)

“No estoy escribiendo mis memorias, solo estoy dejando constancia de mi historia” (p. 252)

“¿Si quisiera contarme su vida, que me contaría en primer lugar” (p. 261)

Recursos inhumanos es una lectura recomendable, con cierto toque moralizante que puede resultar algo chocante. Sin embargo, Pierre Lemaitre tuvo la puntería de dar en un blanco sumamente doloroso para cierto sector de la población que además es purulento, apestoso, viscoso con el que el resto de las personas no queremos tener contacto, no nos queremos identificar y nos llena de terror. ¿No son esos los elementos de un excelente thriller?

 

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