La visión de Charlie Hebdo 

Los kioskos de París ponen en sus vitrinas el ejemplar de la semana de Charlie Hebdo. Lo sabemos, no es una revista fina, no usa un lenguaje diplomático ni le gusta atenuar la realidad, en todo caso, la exagera. Usan el cartón político como un género de opinión y se escapan de todo cartabón teórico de reglas y preceptos. Si se tiene la piel delgada, mejor no acercarse a estas páginas. Enarbolados en la libertad de expresión, toman posiciones extremas y de repente se les pasa la mano. Sin embargo, retratan el sentir general y se atreven a poner en tinta lo que muchos no se atreven. 

Si el Presidente Trump se asomara a ver las viñetas de Charlie Hebdo vería una caricatura que lo retrata según lo ven muchos franceses. Visión que muchos otros comparten. Lo dibujan con una figura muy similar a la de un cerdo, un sujeto gordo que usa ropa que le deja expuesto el trasero, parte que se rasca constantemente. Lo plasman llegando tarde, minimizando la ceremonia del 14 de julio, sin saber que significa su presencia, haciendo comentarios fuera de lugar y sin darse cuenta que no se da cuenta, comiendo sin modales, diciendo estupideces, cometiendo incorrecciones con la esposa del anfitrión, en fin, siendo quien es.

A Macron lo dibujan como un Apolo o como un Eros que mira a su invitado con desprecio.  El cartón ocupa toda la plana de la página 2. En la portada la cara del Presidente Francés se representa con los dientes de fuera y los ojos abiertos mientras el estadounidense va con los ojos cerrados y cara de bulldog. Las caras de ambos se asientan sobre unas cuchillas que llevan los colores de Israel, el Estado Judío. Abajo, como aplastados, se ven caras de personas angustiadas que sistiene banderas francesas. Make 14 julliet great again. El que quiera entender, debe abrir los ojos. El mensaje deja la piel de gallina.

Charlie Hebdo no es una publicación complaciente, todo lo contrario. Parece que ellos ven a Macron como a un hombre serio y de Trump confirman lo que todos en el mundo alcanzamos a ver. El comentario editorial es fulminante, la profundidad de este señor se refleja en 140 caracteres, no da para mucho más. También lo plasman como un tarado muy peligroso.

Debo decir que, en general, Charlie Hebdo no es de mis publicaciones favoritas. Creo que hay temas que siempre se deben tratar con respeto y que ellos abordan en forma sumamente insolente y hasta desconsiderada. No obstante, el ejemplar de esta semana me causó gracia y despertó mi empatía. No se trata de una postura puritana —lejos de ellos— en la que se ve a los Estados Unidos como la encarnación de la antifrance, se trata de reflejar una figura que sólo los estadounidenses entienden qué hace ahí. 

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