Los muros de Belén 

Cuando pienso en Belén, siempre evoco el pesebre, motivos relacionados con la Navidad, con Jesús niño, con el mistwrio de sus primeros días, con la Sagrada Familia, en fin, con unión, armonía y felicidad. Me vienen a la mente la Iglesia de la Natividad  y la Misa de Gallo. Sin embargo, me topo con una novedad que no estaba aquí hace veinte años: un muro que divide Israel y Palestina. Más allá de creencias religiosas, de posiciones políticas, de razones y sin razones, esta cortina de concreto con púas  electrificadas es  contundente. Ni juntos nirevueltos, separados y cada quien en su lugar.

El no pasarás es claro. Cruzar la línea es entender que la vida no se ve igual de  un lado que del otro. Amal, nuestra guía, nos explica que ella no puede cruzar la línea a placer. Si quiere hacerlo tiene que pedir permiso. Ese permiso no está disponible para todos los días, sólo para fiestas religiosas, sólo,para determinadas fiestas religiosas. Ni de chiste pasará a ir de compras, a tomar un café, a ir a la playa. El tema es serio.

Se vuelve aún más serio cuando se trata de los cristianos que viven en Belén dado que son una minoría. Además, su presencia en el lugar va descendiendo. Los franciscanos están a cargo de los sitios religiosos del catolicismo en la Tierra Santa. En Belén tienen escuelas: elementales e intermedias, preparan a los chicos para ir a la universidad. Pero, Amal nos cuenta que  muchos de los católicos nacidos en Belén emigran. Se van y no vuelven. Las razones son variadas, a pesar de que no existe persecución religiosa abierta, sí hay. También la falta de oportunidades se una razón para irse de ahí. Otra, la más común, es que los chicos salen de Belén para estudiar en otros lados,  se enamoran, se casan y ya no vuelven a su tierra original. 

Si los cristianos se van, los sitios religiosos quedarían en manos del Estado palestino que podría convertirlos en mesquitas o en museos, nos advierte Amal. No me gustaría ver la Basílica de la Natividad convertida en otra cosa. Salimos de la iglesia y antes de irnos de regreso a Jerusalén, veo los muros de la ciudad natal de Jesús.

Es un muro de cemento, alto, electríficado. El estómago se hace nudo y la piel se ponde de gallina. Amal lo ve y guarda silencio, mira al suelo y con palabras que se oyen rotas nos dice que eso tiene pocos años, tal vez seis o siete. Del lado de Belén hay pintas, dibujos, graffitti. Son representaciones de solidaridad, protestas, lamentaciones. Por ahí vemos el trabajo de Banksy y de muchos otros que usaron pintura para expresar reprobación ante esta forma brutal de separar.  Del otro todo es gris.

No me gustan los muros. No son solución 

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