I amsterdam

A veinticuatro grados centígrados, el cielo azul con nubes aborregadas, almendros que se mueven con la brisa que llega de los canales y el sol que brilla como si fuera un gran girasol, claro que amar Amsterdam es fácil. No tenía un buen recuerdo de esta ciudad que, como si supiera que le tenía cierto recelo, se ha mostrado maravillosa. Como una seductora experimentada que tiene interés en borrar esa impresión sombría, lluviosa, agresiva de hace más de veinticinco años. 

Decían que la decisión de convertir Amsterdam en una ciudad en la que se pudiera fumar mariguana con libertad le haría mucho daño. Creo que los primeros años fueron peores. En los primeros días de esa liberación, a mí me tocó estar en la ciudad. Efectivamente, lo que vi entonces ni me gustó ni me dejó un recuerdo grato. Hoy, en cambio, veo que Amsterdam devino bien. Es cierto, casi en cada esquina huele a hierba quemada. Más en ciertos barrios que en otros. Es cierto que el barrio rojo sigue con la fama que le pica la curiosidad a los turistas y en el que hay que tener la mente amplia para poder visitarlo. Pero, Amsterdam es mucho más.

Recuerdo que la primera vez que vine, estuve con mi hermana, con mi prima Pily y con mi amiga Paty. Eramos estudiantes. Quisimos entrar al Rijks Museum pero o pagabamos la entrada o nos sentábamos a desayunar. Por eso, me perdí de uno delas  mejores atractivos de la ciudad. Hoy, en cambio, pude entrar y ver de frente La Ronda de Noche. Visitamos el Museo de Van Gogh y tuvimos la suerte de entrat al Moco Museum a ver a Dalí y a Banksy. Cada visita fue única, con un sabor especial y con una sopresa particular. 

Evidentemente, el más abarrotado fue el Museo de Van Gogh. El mejor consejo es comprar las entradas por Internet para evitar las colas. La mejor hora para visitar es a las diez de la mañana, hora en que abren, para evitar empujones, aglomeraciones y poder ver las obras mejor. Nosotros lo hicimos a las cuatro de la tarde y el lugar estaba abarrotado. Los demás también estaban muy llenos, pero no al grado de que la gente no te deje ver.

El paseo por los canales fue una delicia. La cerveza sabe muy bien en las terrazas de Amsterdam. Si alguien cree que ver a gente fumando hierba por doquier es terrible y que las bicicletas son lo más increíble de la ciudad, se equivocan. Los ciclistas tienen prioridad por sobretodo. Una bici te puede arrollar lo mismo si vas caminando por la banqueta, si vas a cruzar la calle con la luz verde, si te distraes y pisas el carril exlusivo para ciclistas. Un turista despistado puede terminar flotando en el canal, empujado por alguien en bici, o con el manibrio de corbata. Cualquiera con una bici se vuelve rey y todos se tienen que subordinar a este imperio. 

Los holandeses son muy amables y me alegro mucho de haber venido. Amsterdam nos trató muy bien. La disfruté muchísimo. Pareciera otra cosa, pero es una ciudad a la que se le disfruta en familia. Sin duda, I amsterdam, como dicen aquí.

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