Escuela Moderna Americana 

Como sucede con los grandes acontecimientos, parece que fue ayer que Carlos y yo estábamos a punto de tomar una de las decisiones más importantes de nuestra trayectoria de padres: la escuela a la que deberían ir nuestras hijas. La elección no fue fácil, especialmente por ese halo que cubre a la escuela en la que estudió mi marido. Oí todo tipo de opiniones, de propios y extraños, que si muy pesada, que si generadora de estrés, que si elitista, que si agresiva, que si sumamente competitiva. Y, efectivamente, todo eso es verdad. Decidimos que la Escuela Moderna Americana era la mejor opción que teniamos para heredar lo mejor que se le puede dar a un hijo: educación. 

La Escuela Moderna Americana es una escuela de alto rendimiento. Exige y forma. Prepara para enfrentar los obstáculos de un mundo competitivo. Sus egresados, en general, no se amedrentan con los riesgos, no se achican ante el riesgo, ni aceptan por cierto lo primero que se les dice. Saben defender sus ideas, aprenden a debatir, luchan por sus resultados. Al revés de lo que sucede en otros sistemas educativos, aquí los alumnos tienen que demostrar para ganarse una calificación. No hay prefectos que pongan contra la pared al profesor, no hay tutores que aboguen a posteriori para que se mejore una nota en forma artificial, no valen los ruegos, ni las amenazas. Vale el esfuerzo y se evalúa el mérito. 

Algunas veces, los egresados se quejan de la falta de apoyo que reciben de la escuela. Sienten que fueron dejados a su suerte al enfrentar una prueba o al tratar de defenderse de un acto de autoridad. Y, efectivamente, la Escuela Moderna Americana no apapacha, no acaricia, no consiente. Y, en esa condición, forma. Un egresado de la escuela no estará de rodillas pidiendo que se le suba puntos en el trabajo o en las pruebas. Ya saben que así no ganaran nada. Es verdad, bloquean en camino a la mediocridad. 

Lo sé porque he sido madre de dos alumnas de la Escuela Moderna Americana y ayer vi como Andrea uso toga y birrete en la ceremonia de graduación. Conozco de cerca, desde dentro, las quejas que hay, los actos de pequeña autoridad que ejercen algunos mandos administrativos, los puntitos que no brillan. No hay instituciones perfectas. Pero, en la evaluación global, la institución es magnífica. Así son las escuelas de alto rendimiento, preparan para la vida, dan herramientas para la reflexión que lleva a una buena toma de decisiones.

Si por sus hechos los conoceréis, veo a Carlos y en él reconozco los puntos admirables que le fueron grabados en la escuela. Miro a Andrea, sonriente y segura, no se traga el primer anzuelo, es prudente, reflexiva y tiene bases de análisis tan sólidas que me hacen valorar todo lo que la Escuela Moderna Americana le dio.

Ayer, mi hija Andrea traspasó el umbral, dejó de ser alumna, ya es egresada. Las palabras tienen la contundencia del agradecimiento por el trabajo realizado durante quince años: gracias, muchas gracias. A Miss Lilly, a Miss Ambar, a Miss Deny, A Miss Lourdes, a Miss María Luisa (qepd), al profesor Carlos Martínez del Toro, a Yara, a Tex, a Isabel Arregui, Fernando Trigo, Nuri Contreras, Miss Angie, a Javier García-Salcedo, a Yamil Narchi que pusieron en el corazón de Andrea las mejores herramientas para salir al mundo a enfrentar la vida. Gracias a la señora Rodríguez por haber tomado a mi Andrea en sus brazos que mirando a Carlos le dijo: gracias por haber vuelto y por tenernos la confianza para educar a tu hija. Te prometo que lo vamos a hacer bien, como lo hicimos contigo. No te vamos a fallar.  Efectivamente, después de quince años puedo decir que cumpmieron la promesa.

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